Cuando llueve fuerte en Mocoa, dependemos de tres vigías valientes en la parte alta : su tecnología mas dura es la intuición, la experiencia y la malicia indígena

𝘔𝘪𝘦𝘯𝘵𝘳𝘢𝘴 𝘵𝘢𝘯𝘵𝘰, 𝘢𝘣𝘢𝘫𝘰 𝘦𝘯 𝘭𝘢 𝘤𝘪𝘶𝘥𝘢𝘥, 𝘭𝘢 𝘢𝘭𝘦𝘳𝘵𝘢 𝘲𝘶𝘦𝘥𝘢 𝘦𝘯 𝘮𝘢𝘯𝘰𝘴 𝘥𝘦 𝘶𝘯𝘢 𝘱𝘦𝘳𝘴𝘰𝘯𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘥𝘦𝘣𝘦 𝘤𝘰𝘯𝘷𝘦𝘳𝘵𝘪𝘳 𝘦𝘯 𝘮𝘦𝘯𝘴𝘢𝘫𝘦 𝘥𝘦 𝘞𝘩𝘢𝘵𝘴𝘈𝘱𝘱 𝘭𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘢𝘭𝘤𝘢𝘯𝘻𝘢 𝘢 𝘭𝘭𝘦𝘨𝘢𝘳 𝘥𝘦𝘴𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘮𝘰𝘯𝘵𝘢𝘯̃𝘢, 𝘴𝘪𝘯 𝘭𝘢𝘴 𝘮𝘪́𝘯𝘪𝘮𝘢𝘴 𝘤𝘰𝘯𝘥𝘪𝘤𝘪𝘰𝘯𝘦𝘴 𝘵𝘦́𝘤𝘯𝘪𝘤𝘢𝘴, 𝘴𝘶𝘫𝘦𝘵𝘢 𝘢 𝘳𝘦𝘱𝘰𝘳𝘵𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘷𝘪𝘨𝘪́𝘢𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘱𝘶𝘦𝘥𝘦𝘯 𝘲𝘶𝘦𝘥𝘢𝘳𝘴𝘦 𝘴𝘪𝘯 𝘴𝘦𝘯̃𝘢𝘭, 𝘲𝘶𝘦́ 𝘦𝘴𝘵𝘢𝘯 𝘴𝘪𝘯 𝘳𝘢𝘥𝘪𝘰𝘴, 𝘴𝘪𝘯 𝘭𝘪𝘯𝘵𝘦𝘳𝘯𝘢𝘴 𝘺 𝘴𝘪𝘯 𝘩𝘦𝘳𝘳𝘢𝘮𝘪𝘦𝘯𝘵𝘢𝘴 𝘴𝘶𝘧𝘪𝘤𝘪𝘦𝘯𝘵𝘦𝘴 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘱𝘳𝘰𝘵𝘦𝘨𝘦𝘳 𝘢 𝘵𝘰𝘥𝘢 𝘶𝘯𝘢 𝘤𝘪𝘶𝘥𝘢𝘥.

Image de referncia – Gemini IA

Por : *Alexander Africano

Publimayo

𝗖𝗮𝗱𝗮 𝘃𝗲𝘇 𝗾𝘂𝗲 𝗹𝗹𝘂𝗲𝘃𝗲 𝗳𝘂𝗲𝗿𝘁𝗲 𝗲𝗻 𝗠𝗼𝗰𝗼𝗮 𝗻𝗼 𝘀𝗼𝗹𝗼 𝗰𝗮𝗲 𝗮𝗴𝘂𝗮 𝘀𝗼𝗯𝗿𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝘁𝗲𝗰𝗵𝗼𝘀: 𝗰𝗮𝗲 𝗺𝗲𝗺𝗼𝗿𝗶𝗮. Se despierta el recuerdo doloroso de 2017, se mueve el miedo en los barrios, la gente mira hacia la montaña y vuelve la pregunta que nadie debería hacerse después de una tragedia tan grande: ¿𝗲𝘀𝘁𝗮𝗺𝗼𝘀 𝗿𝗲𝗮𝗹𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗽𝗿𝗲𝗽𝗮𝗿𝗮𝗱𝗼𝘀?

La respuesta, por dura que parezca, incomoda: 𝗠𝗼𝗰𝗼𝗮 𝗻𝗼 𝘁𝗶𝗲𝗻𝗲 𝗵𝗼𝘆 𝘂𝗻 𝗦𝗶𝘀𝘁𝗲𝗺𝗮 𝗱𝗲 𝗔𝗹𝗲𝗿𝘁𝗮𝘀 𝗧𝗲𝗺𝗽𝗿𝗮𝗻𝗮𝘀 𝗮 𝗹𝗮 𝗮𝗹𝘁𝘂𝗿𝗮 𝗱𝗲 𝘀𝘂 𝗵𝗶𝘀𝘁𝗼𝗿𝗶𝗮, 𝗱𝗲 𝘀𝘂 𝗱𝗼𝗹𝗼𝗿 𝗻𝗶 𝗱𝗲 𝘀𝘂 𝗿𝗶𝗲𝘀𝗴𝗼. Tiene personas valientes, sí. Tiene contratistas que hacen lo que pueden, claro. 𝙏𝙞𝙚𝙣𝙚 𝙩𝙧𝙚𝙨 𝙫𝙞𝙜𝙞́𝙖𝙨 𝙚𝙣 𝙡𝙖 𝙥𝙖𝙧𝙩𝙚 𝙖𝙡𝙩𝙖 𝙚𝙣 𝙇𝙖 𝙏𝙖𝙧𝙪𝙦𝙪𝙞𝙩𝙖, 𝙇𝙖 𝙏𝙖𝙧𝙪𝙘𝙖 𝙮 𝙇𝙖𝙨 𝙋𝙖𝙡𝙢𝙚𝙧𝙖𝙨 𝙦𝙪𝙚 𝙢𝙚𝙧𝙚𝙘𝙚𝙣 𝙧𝙚𝙨𝙥𝙚𝙩𝙤. Pero 𝘂𝗻𝗮 𝗰𝗶𝘂𝗱𝗮𝗱 𝗺𝗮𝗿𝗰𝗮𝗱𝗮 𝗽𝗼𝗿 𝗰𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗺𝘂𝗲𝗿𝘁𝗼𝘀, 𝗱𝗲𝘀𝗮𝗽𝗮𝗿𝗲𝗰𝗶𝗱𝗼𝘀 𝘆 𝗳𝗮𝗺𝗶𝗹𝗶𝗮𝘀 𝗱𝗲𝘀𝘁𝗿𝘂𝗶𝗱𝗮𝘀 𝗻𝗼 𝗽𝘂𝗲𝗱𝗲 𝘀𝗲𝗴𝘂𝗶𝗿 𝗱𝗲𝗽𝗲𝗻𝗱𝗶𝗲𝗻𝗱𝗼 𝗱𝗲 𝘀𝗶𝗲𝘁𝗲 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗮𝘁𝗶𝘀𝘁𝗮𝘀, 𝗰𝗲𝗹𝘂𝗹𝗮𝗿𝗲𝘀 𝗽𝗲𝗿𝘀𝗼𝗻𝗮𝗹𝗲𝘀, 𝗿𝗲𝗽𝗼𝗿𝘁𝗲𝘀 𝗽𝗼𝗿 𝗪𝗵𝗮𝘁𝘀𝗔𝗽𝗽 𝘆 𝗯𝘂𝗲𝗻𝗮 𝘃𝗼𝗹𝘂𝗻𝘁𝗮𝗱.

Publimayo

El propio informe técnico del SAT Mocoa explica que un Sistema de Alertas Tempranas debe entregar información oportuna, eficaz, técnica, científica y comunitaria para que la población pueda actuar con tiempo suficiente y reducir pérdidas humanas, sociales y materiales. También señala que su finalidad principal es salvar vidas. Pero cuando se mira la dura realidad actual, 𝘂𝗻𝗼 𝗲𝗻𝗰𝘂𝗲𝗻𝘁𝗿𝗮 𝗮𝗹𝗴𝗼 𝗺𝘂𝘆 𝗱𝗶𝘀𝘁𝗶𝗻𝘁𝗼: 𝘂𝗻 𝘀𝗶𝘀𝘁𝗲𝗺𝗮 𝗱𝗲𝗯𝗶𝗹𝗶𝘁𝗮𝗱𝗼, 𝗳𝗿𝗮𝗴𝗺𝗲𝗻𝘁𝗮𝗱𝗼 𝘆 𝘀𝗼𝘀𝘁𝗲𝗻𝗶𝗱𝗼 𝗰𝗮𝘀𝗶 𝗮𝗿𝘁𝗲𝘀𝗮𝗻𝗮𝗹𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲.

Sobre el papel, Mocoa llegó a contar con una estructura importante: sensores hidrológicos, estaciones meteorológicas, torres sonoras, estación central, sistema de comunicaciones, vigías, radio operadores, planes comunitarios y articulación institucional. El informe de 2022 registra 14 sensores hidrológicos y 6 estaciones meteorológicas instaladas en puntos estratégicos de las cuencas monitoreadas. También señala la existencia de 16 torres sonoras con alarmas, diseñadas para avisar a la comunidad y activar planes familiares, comunitarios, escolares e institucionales de gestión del riesgo.

𝗣𝗲𝗿𝗼 𝘂𝗻𝗮 𝗰𝗼𝘀𝗮 𝗲𝘀 𝘁𝗲𝗻𝗲𝗿 𝗲𝗾𝘂𝗶𝗽𝗼𝘀 𝗶𝗻𝘀𝘁𝗮𝗹𝗮𝗱𝗼𝘀 𝘆 𝗼𝘁𝗿𝗮 𝗺𝘂𝘆 𝗱𝗶𝘀𝘁𝗶𝗻𝘁𝗮 𝗲𝘀 𝘁𝗲𝗻𝗲𝗿 𝘂𝗻 𝘀𝗶𝘀𝘁𝗲𝗺𝗮 𝗳𝘂𝗻𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗻𝗱𝗼.

El mismo informe advierte que, tras el hurto del servidor de red de datos en abril de 2019, quedó sin conexión todo el componente de sensórica: sensores de nivel y estaciones meteorológicas. Desde entonces, las alertas se siguieron emitiendo con base en la información humana de los vigías ubicados en la parte alta de las cuencas Taruca, Taruquita y Mulato (dice el informe). Y ahí comienza el drama actual: 𝗰𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗹𝗮 𝘁𝗲𝗰𝗻𝗼𝗹𝗼𝗴𝗶́𝗮 𝗳𝗮𝗹𝗹𝗮, 𝗰𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗹𝗮 𝗶𝗻𝘀𝘁𝗶𝘁𝘂𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗻𝗼 𝗿𝗲𝘀𝗽𝗼𝗻𝗱𝗲 𝗰𝗼𝗻 𝗳𝘂𝗲𝗿𝘇𝗮 𝘆 𝗰𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗲𝗹 𝗺𝗮𝗻𝘁𝗲𝗻𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗻𝗼 𝗹𝗹𝗲𝗴𝗮, 𝗹𝗮 𝘃𝗶𝗱𝗮 𝗱𝗲 𝗺𝗶𝗹𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗺𝗼𝗰𝗼𝗮𝗻𝗼𝘀 𝘁𝗲𝗿𝗺𝗶𝗻𝗮 𝗱𝗲𝗽𝗲𝗻𝗱𝗶𝗲𝗻𝗱𝗼 𝗱𝗲 𝘁𝗿𝗲𝘀 𝗽𝗲𝗿𝘀𝗼𝗻𝗮𝘀 𝗺𝗶𝗿𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗹𝗮𝘀 𝗾𝘂𝗲𝗯𝗿𝗮𝗱𝗮𝘀 𝗲𝗻 𝗹𝗮 𝗺𝗼𝗻𝘁𝗮𝗻̃𝗮.

Publimayo

Esos tres vigías son valientes. No hay duda. Están arriba, en la parte alta, leyendo el color del agua, escuchando el sonido de las quebradas, observando el movimiento de la lluvia, interpretando señales que muchas veces solo conoce quien ha vivido el territorio. 𝗦𝘂 𝘁𝗲𝗰𝗻𝗼𝗹𝗼𝗴𝗶́𝗮 𝗺𝗮́𝘀 𝗱𝘂𝗿𝗮 𝗻𝗼 𝗲𝘀 𝘂𝗻 𝗿𝗮𝗱𝗮𝗿 𝗻𝗶 𝘂𝗻 𝘀𝗲𝗻𝘀𝗼𝗿 𝗺𝗼𝗱𝗲𝗿𝗻𝗼: 𝗲𝘀 𝗹𝗮 𝗶𝗻𝘁𝘂𝗶𝗰𝗶𝗼́𝗻, 𝗹𝗮 𝗲𝘅𝗽𝗲𝗿𝗶𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮, 𝗹𝗮 𝗺𝗲𝗺𝗼𝗿𝗶𝗮 𝗰𝗮𝗺𝗽𝗲𝘀𝗶𝗻𝗮 𝘆 𝗲𝘀𝗮 𝗺𝗮𝗹𝗶𝗰𝗶𝗮 𝗶𝗻𝗱𝗶́𝗴𝗲𝗻𝗮 𝗾𝘂𝗲 𝗽𝗲𝗿𝗺𝗶𝘁𝗲 𝗲𝗻𝘁𝗲𝗻𝗱𝗲𝗿 𝗰𝘂𝗮́𝗻𝗱𝗼 𝗹𝗮 𝗺𝗼𝗻𝘁𝗮𝗻̃𝗮 𝗵𝗮𝗯𝗹𝗮 𝗱𝗶𝘀𝘁𝗶𝗻𝘁𝗼.

𝗣𝗲𝗿𝗼 𝗲𝘀𝗮 𝘀𝗮𝗯𝗶𝗱𝘂𝗿𝗶́𝗮 𝘁𝗲𝗿𝗿𝗶𝘁𝗼𝗿𝗶𝗮𝗹 𝗻𝗼 𝗽𝘂𝗲𝗱𝗲 𝘀𝗲𝗿 𝗲𝘅𝗰𝘂𝘀𝗮 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗹𝗮 𝗽𝗿𝗲𝗰𝗮𝗿𝗶𝗲𝗱𝗮𝗱 𝗲𝘀𝘁𝗮𝘁𝗮𝗹.

Porque mientras ellos están arriba, abajo en la ciudad otra persona debe recibir como pueda esa información y convertirla en un mensaje de WhatsApp. 𝗔𝗵𝗶́ 𝗲𝘀𝘁𝗮́ 𝗹𝗮 𝗶𝗺𝗮𝗴𝗲𝗻 𝗺𝗮́𝘀 𝗰𝗿𝘂𝗱𝗮 𝗱𝗲𝗹 𝗦𝗔𝗧 𝗮𝗰𝘁𝘂𝗮𝗹: 𝘂𝗻𝗮 𝗰𝗶𝘂𝗱𝗮𝗱 𝗾𝘂𝗲 𝗻𝗲𝗰𝗲𝘀𝗶𝘁𝗮 𝗰𝗶𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮, 𝘀𝗲𝗻𝘀𝗼𝗿𝗲𝘀, 𝘀𝗶𝗿𝗲𝗻𝗮𝘀, 𝗿𝗮𝗱𝗶𝗼𝘀, 𝗽𝗿𝗼𝘁𝗼𝗰𝗼𝗹𝗼𝘀 𝘆 𝗱𝗮𝘁𝗼𝘀 𝗲𝗻 𝘁𝗶𝗲𝗺𝗽𝗼 𝗿𝗲𝗮𝗹, 𝗽𝗲𝗿𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝘁𝗲𝗿𝗺𝗶𝗻𝗮 𝗲𝘀𝗽𝗲𝗿𝗮𝗻𝗱𝗼 𝘂𝗻 𝗺𝗲𝗻𝘀𝗮𝗷𝗲 𝗲𝘀𝗰𝗿𝗶𝘁𝗼 𝗰𝗼𝗻 𝗯𝗮𝘀𝗲 𝗲𝗻 𝗹𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗮𝗹𝗰𝗮𝗻𝘇𝗼́ 𝗮 𝗹𝗹𝗲𝗴𝗮𝗿 𝗱𝗲𝘀𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗺𝗼𝗻𝘁𝗮𝗻̃𝗮. Si el vigía se queda sin señal, la ciudad queda más ciega. Si no hay radio, la alerta queda más lenta. Si no hay linterna, carpa, batería, botas o conectividad, la prevención se vuelve una apuesta.

𝗬 𝗠𝗼𝗰𝗼𝗮 𝗻𝗼 𝗽𝘂𝗲𝗱𝗲 𝗮𝗽𝗼𝘀𝘁𝗮𝗿 𝗰𝗼𝗻 𝗹𝗮 𝘃𝗶𝗱𝗮.

Publimayo

El informe de 2022 fue claro en señalar que el servidor de datos no estaba funcionando y que por esa razón no llegaba información a la central de operaciones para lectura y procesamiento; incluso sostuvo que el SAT Mocoa no tenía activo todo el sistema tecnológico de sensórica y fonía. Además, advirtió fallas en la central de operaciones: monitores para reemplazo, computador por actualizar, falta de cable para administración de radiocomunicaciones, banco de baterías dañado, problemas de respaldo de energía, cableado y mobiliario deteriorado.

𝗘𝘀𝗼 𝗻𝗼 𝗲𝘀 𝘂𝗻 𝗱𝗲𝘁𝗮𝗹𝗹𝗲 𝘁𝗲́𝗰𝗻𝗶𝗰𝗼. 𝗘𝘀𝗼 𝗲𝘀 𝘂𝗻𝗮 𝗮𝗹𝗲𝗿𝘁𝗮 𝗶𝗻𝘀𝘁𝗶𝘁𝘂𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹.

Y si la sensórica estaba en situación crítica, las sirenas tampoco ofrecen tranquilidad. El informe registró que de 16 torres sonoras solo 3 estaban en buen estado, 2 en estado regular y 11 en mal estado. Es decir, cerca del 70 % presentaba fallas graves. El documento incluso advierte que, en caso de una emergencia, no se podría dar la alarma adecuadamente a la comunidad.

Entonces hay que decirlo sin rodeos: ¿𝗱𝗲 𝗾𝘂𝗲́ 𝘀𝗶𝗿𝘃𝗲 𝗵𝗮𝗯𝗹𝗮𝗿 𝗱𝗲 𝗮𝗹𝗲𝗿𝘁𝗮 𝘁𝗲𝗺𝗽𝗿𝗮𝗻𝗮 𝘀𝗶 𝗹𝗮𝘀 𝘀𝗶𝗿𝗲𝗻𝗮𝘀 𝗻𝗼 𝗴𝗮𝗿𝗮𝗻𝘁𝗶𝘇𝗮𝗻 𝗮𝗹𝗲𝗿𝘁𝗮𝗿?

¿𝗗𝗲 𝗾𝘂𝗲́ 𝘀𝗶𝗿𝘃𝗲 𝗵𝗮𝗯𝗹𝗮𝗿 𝗱𝗲 𝗽𝗿𝗲𝘃𝗲𝗻𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝘀𝗶 𝗲𝗹 𝘀𝗶𝘀𝘁𝗲𝗺𝗮 𝗱𝗲𝗽𝗲𝗻𝗱𝗲 𝗱𝗲 𝗰𝗲𝗹𝘂𝗹𝗮𝗿𝗲𝘀 𝗽𝗿𝗼𝗽𝗶𝗼𝘀?

¿𝗗𝗲 𝗾𝘂𝗲́ 𝘀𝗶𝗿𝘃𝗲 𝗶𝗻𝘃𝗼𝗰𝗮𝗿 𝗹𝗮 𝗺𝗲𝗺𝗼𝗿𝗶𝗮 𝗱𝗲 𝟮𝟬𝟭𝟳 𝘀𝗶 𝘀𝗲𝗴𝘂𝗶𝗺𝗼𝘀 𝗮𝗰𝗲𝗽𝘁𝗮𝗻𝗱𝗼 𝘂𝗻 𝗺𝗼𝗱𝗲𝗹𝗼 𝘁𝗮𝗻 𝗳𝗿𝗮́𝗴𝗶𝗹?

La respuesta al derecho de petición tampoco tranquiliza. La Alcaldía reconoce que existen 102 planes comunitarios formulados en vigencias anteriores, pero que ninguno se encuentra actualizado. También afirma que la administración municipal no cuenta con inventario real de los equipos existentes del SAT, porque el sistema inició a cargo de la UNGRD. Esa respuesta, más que explicar, preocupa.

¿𝗖𝗼́𝗺𝗼 𝘀𝗲 𝗮𝗱𝗺𝗶𝗻𝗶𝘀𝘁𝗿𝗮 𝘂𝗻 𝘀𝗶𝘀𝘁𝗲𝗺𝗮 𝘀𝗶𝗻 𝗶𝗻𝘃𝗲𝗻𝘁𝗮𝗿𝗶𝗼 𝗿𝗲𝗮𝗹?

¿𝗖𝗼́𝗺𝗼 𝘀𝗲 𝗽𝗿𝗼𝘁𝗲𝗴𝗲 𝘂𝗻𝗮 𝗰𝗶𝘂𝗱𝗮𝗱 𝗰𝗼𝗻 𝗽𝗹𝗮𝗻𝗲𝘀 𝗰𝗼𝗺𝘂𝗻𝗶𝘁𝗮𝗿𝗶𝗼𝘀 𝗱𝗲𝘀𝗮𝗰𝘁𝘂𝗮𝗹𝗶𝘇𝗮𝗱𝗼𝘀?

¿𝗖𝗼́𝗺𝗼 𝘀𝗲 𝗽𝗿𝗲𝘁𝗲𝗻𝗱𝗲 𝗱𝗮𝗿 𝗰𝗼𝗻𝗳𝗶𝗮𝗻𝘇𝗮 𝘀𝗶 𝗻𝗶 𝘀𝗶𝗾𝘂𝗶𝗲𝗿𝗮 𝗵𝗮𝘆 𝗰𝗹𝗮𝗿𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗽𝗹𝗲𝗻𝗮 𝘀𝗼𝗯𝗿𝗲 𝗾𝘂𝗲́ 𝗲𝗾𝘂𝗶𝗽𝗼𝘀 𝗲𝘅𝗶𝘀𝘁𝗲𝗻, 𝗰𝘂𝗮́𝗹𝗲𝘀 𝗳𝘂𝗻𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗻 𝘆 𝗾𝘂𝗶𝗲́𝗻 𝗿𝗲𝘀𝗽𝗼𝗻𝗱𝗲 𝗽𝗼𝗿 𝗲𝗹𝗹𝗼𝘀?

Más grave aún: la misma respuesta señala que no se han realizado sesiones formales del Consejo Municipal de Gestión del Riesgo para tratar las deficiencias del SAT. 𝗘𝘀𝗼 𝗲𝘀 𝗶𝗻𝗮𝗱𝗺𝗶𝘀𝗶𝗯𝗹𝗲. 𝗦𝗶 𝗲𝗹 𝘀𝗶𝘀𝘁𝗲𝗺𝗮 𝗽𝗿𝗲𝘀𝗲𝗻𝘁𝗮 𝗳𝗮𝗹𝗹𝗮𝘀, 𝘀𝗶 𝗹𝗮𝘀 𝗹𝗹𝘂𝘃𝗶𝗮𝘀 𝗮𝗿𝗿𝗲𝗰𝗶𝗮𝗻, 𝘀𝗶 𝗹𝗮 𝗺𝗼𝗻𝘁𝗮𝗻̃𝗮 𝘀𝗶𝗴𝘂𝗲 𝘀𝗶𝗲𝗻𝗱𝗼 𝘂𝗻𝗮 𝗮𝗺𝗲𝗻𝗮𝘇𝗮 𝗰𝗼𝗻𝗼𝗰𝗶𝗱𝗮 y si la ciudadanía vive con miedo, el Consejo Municipal de Gestión del Riesgo debería estar sesionando, decidiendo, informando y dando la cara.

𝗡𝗼 𝘀𝗲 𝘁𝗿𝗮𝘁𝗮 𝗱𝗲 𝗮𝘁𝗮𝗰𝗮𝗿 𝗮 𝗹𝗼𝘀 𝘀𝗶𝗲𝘁𝗲 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗮𝘁𝗶𝘀𝘁𝗮𝘀. Ellos son, en este momento, el rostro humano de un sistema que intenta mantenerse en pie. 𝗧𝗿𝗲𝘀 𝗿𝗮𝗱𝗶𝗼 𝗼𝗽𝗲𝗿𝗮𝗱𝗼𝗿𝗲𝘀, 𝘁𝗿𝗲𝘀 𝘃𝗶𝗴𝗶́𝗮𝘀 𝘆 𝘂𝗻𝗮 𝗰𝗼𝗼𝗿𝗱𝗶𝗻𝗮𝗱𝗼𝗿𝗮 𝗻𝗼 𝗽𝘂𝗲𝗱𝗲𝗻 𝗰𝗮𝗿𝗴𝗮𝗿 𝘀𝗼𝗹𝗼𝘀 𝗹𝗮 𝗿𝗲𝘀𝗽𝗼𝗻𝘀𝗮𝗯𝗶𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗱𝗲 𝘂𝗻𝗮 𝗰𝗶𝘂𝗱𝗮𝗱 𝗲𝗻𝘁𝗲𝗿𝗮. 𝗘𝗹𝗹𝗼𝘀 𝗻𝗲𝗰𝗲𝘀𝗶𝘁𝗮𝗻 𝗲𝘀𝘁𝗮𝗯𝗶𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱, 𝗱𝗼𝘁𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻, 𝗳𝗼𝗿𝗺𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻, 𝗿𝗲𝗹𝗲𝘃𝗼𝘀, 𝗰𝗼𝗻𝗲𝗰𝘁𝗶𝘃𝗶𝗱𝗮𝗱, 𝗿𝗮𝗱𝗶𝗼𝘀, 𝗽𝗿𝗼𝘁𝗼𝗰𝗼𝗹𝗼𝘀, 𝗿𝗲𝘀𝗽𝗮𝗹𝗱𝗼 𝘁𝗲́𝗰𝗻𝗶𝗰𝗼 𝘆 𝗿𝗲𝘀𝗽𝗲𝘁𝗼 𝗹𝗮𝗯𝗼𝗿𝗮𝗹. 𝗣𝗲𝗿𝗼 𝘀𝗼𝗯𝗿𝗲 𝘁𝗼𝗱𝗼 𝗻𝗲𝗰𝗲𝘀𝗶𝘁𝗮𝗻 𝗾𝘂𝗲 𝗹𝗮 𝗶𝗻𝘀𝘁𝗶𝘁𝘂𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗱𝗲𝗷𝗲 𝗱𝗲 𝗱𝗲𝘀𝗰𝗮𝗻𝘀𝗮𝗿 𝘀𝗼𝗯𝗿𝗲 𝘀𝘂𝘀 𝗵𝗼𝗺𝗯𝗿𝗼𝘀 𝘂𝗻𝗮 𝗼𝗯𝗹𝗶𝗴𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗾𝘂𝗲 𝗲𝘀 𝗽𝘂́𝗯𝗹𝗶𝗰𝗮, 𝗹𝗲𝗴𝗮𝗹 𝘆 𝗺𝗼𝗿𝗮𝗹.

𝗠𝗼𝗰𝗼𝗮 𝗻𝗼 𝗻𝗲𝗰𝗲𝘀𝗶𝘁𝗮 𝘂𝗻 𝗦𝗔𝗧 𝗱𝗲 𝗽𝗮𝗽𝗲𝗹. 𝗡𝗲𝗰𝗲𝘀𝗶𝘁𝗮 𝘂𝗻 𝗦𝗔𝗧 𝘃𝗶𝘃𝗼. Un sistema con sensores operativos, estaciones meteorológicas funcionando, sirenas probadas, radios confiables, centro de información real, personal de planta responsable, contratos estables, simulacros periódicos, rutas de evacuación actualizadas, enlaces con emisoras locales, comunicación con barrios y veredas, y una sesión urgente del Consejo Municipal de Gestión del Riesgo.

𝗡𝗼 𝗺𝗮́𝘀 𝗲𝘅𝗰𝘂𝘀𝗮𝘀 𝗲𝗻𝘁𝗿𝗲 𝗡𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻, 𝗚𝗼𝗯𝗲𝗿𝗻𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻, 𝗔𝗹𝗰𝗮𝗹𝗱𝗶́𝗮 𝘆 𝗨𝗡𝗚𝗥𝗗. 𝗖𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝘂𝗻𝗮 𝗾𝘂𝗲𝗯𝗿𝗮𝗱𝗮 𝗰𝗿𝗲𝗰𝗲, 𝗻𝗼 𝗽𝗿𝗲𝗴𝘂𝗻𝘁𝗮 𝗾𝘂𝗲́ 𝗲𝗻𝘁𝗶𝗱𝗮𝗱 𝘁𝗲𝗻𝗶́𝗮 𝗹𝗮 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗲𝘁𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮. Cuando una sirena no suena, no distingue si el mantenimiento era nacional o municipal. Cuando una alerta llega tarde, quien paga el precio no es el contrato: es la gente.

Por eso hay que decirlo fuerte: 𝗠𝗼𝗰𝗼𝗮 𝗻𝗼 𝗽𝘂𝗲𝗱𝗲 𝘀𝗲𝗴𝘂𝗶𝗿 𝗱𝗲𝗽𝗲𝗻𝗱𝗶𝗲𝗻𝗱𝗼 𝗱𝗲 𝘁𝗿𝗲𝘀 𝘃𝗶𝗴𝗶́𝗮𝘀 𝘃𝗮𝗹𝗶𝗲𝗻𝘁𝗲𝘀 𝗲𝗻 𝗹𝗮 𝗽𝗮𝗿𝘁𝗲 𝗮𝗹𝘁𝗮 𝘆 𝗱𝗲 𝘂𝗻𝗮 𝗽𝗲𝗿𝘀𝗼𝗻𝗮 𝗮𝗯𝗮𝗷𝗼 𝗿𝗲𝗱𝗮𝗰𝘁𝗮𝗻𝗱𝗼 𝘂𝗻 𝗪𝗵𝗮𝘁𝘀𝗔𝗽𝗽 𝗰𝗼𝗻 𝗶𝗻𝗳𝗼𝗿𝗺𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗶𝗻𝗰𝗼𝗺𝗽𝗹𝗲𝘁𝗮, 𝘀𝗶𝗻 𝗰𝗼𝗻𝗱𝗶𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝘁𝗲́𝗰𝗻𝗶𝗰𝗮𝘀 𝘀𝘂𝗳𝗶𝗰𝗶𝗲𝗻𝘁𝗲𝘀 𝘆 𝗯𝗮𝗷𝗼 𝗽𝗿𝗲𝘀𝗶𝗼́𝗻 𝗱𝗲 𝘂𝗻𝗮 𝗰𝗶𝘂𝗱𝗮𝗱 𝗾𝘂𝗲 𝗲𝘀𝗽𝗲𝗿𝗮 𝘃𝗶𝘃𝗶𝗿.

𝗗𝗲𝘀𝗽𝘂𝗲́𝘀 𝗱𝗲 𝟮𝟬𝟭𝟳, 𝗹𝗮 𝗽𝗿𝗲𝘃𝗲𝗻𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗻𝗼 𝗽𝘂𝗲𝗱𝗲 𝘀𝗲𝗿 𝗶𝗺𝗽𝗿𝗼𝘃𝗶𝘀𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻. 𝗟𝗮 𝗮𝗹𝗲𝗿𝘁𝗮 𝘁𝗲𝗺𝗽𝗿𝗮𝗻𝗮 𝗻𝗼 𝗽𝘂𝗲𝗱𝗲 𝘀𝗲𝗿 𝗮𝗿𝘁𝗲𝘀𝗮𝗻𝗮𝗹. Y la memoria de nuestros muertos no puede ser usada solo en discursos conmemorativos.

Cuando llueve fuerte en Mocoa, no debería activarse el miedo. Debería activarse un verdadero Sistema de Alertas Tempranas: robusto, financiado, técnico, humano y digno.

𝗣𝗼𝗿𝗾𝘂𝗲 𝗹𝗮 𝗺𝗼𝗻𝘁𝗮𝗻̃𝗮 𝗽𝘂𝗲𝗱𝗲 𝗮𝘃𝗶𝘀𝗮𝗿. 𝗣𝗲𝗿𝗼 𝘀𝗶 𝗲𝗹 𝗘𝘀𝘁𝗮𝗱𝗼 𝗻𝗼 𝗲𝘀𝗰𝘂𝗰𝗵𝗮, 𝗹𝗮 𝗰𝗶𝘂𝗱𝗮𝗱 𝘀𝗲 𝗲𝗻𝘁𝗲𝗿𝗮 𝘁𝗮𝗿𝗱𝗲.

*Consejero de Paz

Ver menos


Publimayo