Colombia 2026: nadie gana en primera vuelta: No es casualidad y podría ser causalidad

Por : Alvaro Chaves – Economista

Quiero comenzar mencionando lo siguiente: este análisis parte de los datos y llega donde los datos llevan, destacar que siempre “el dato mata al relato”. Si algo de lo que sigue incomoda, no es mi culpa, es lo que los números dicen.

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Arranquemos con una pregunta simple. ¿Cuántos presidentes colombianos han ganado en primera vuelta desde que ese mecanismo existe en Colombia? Uno solo. Álvaro Uribe Vélez, dos veces consecutivas. En 2002 con el 53% y en 2006 con el 62%, según los registros de la Registraduría Nacional del Estado Civil. Todos los demás: Samper, Pastrana, Santos, Duque, Petro, necesitaron una segunda vuelta. Antes de 1991 no podría realizarse esta pregunta, porque fue la Constitución vigente la que introdujo ese mecanismo. Comparar presidentes anteriores sería como comparar un partido de fútbol con uno de rugby porque ambos usan una cancha.

Entonces, ¿por qué es tan difícil ganar en primera vuelta? No es mala suerte ni debilidad de los candidatos, es la forma en cómo está diseñada la estructura del sistema.

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Colombia tiene más de quince partidos con personería jurídica activa y decenas de movimientos regionales. Los votos se dispersan por naturaleza. A eso se le suma una polarización sin preferencia: tres bloques ideológicos duros: izquierda, derecha y centro, que se cancelan entre sí y ninguno supera el 35-40% de manera individual. Cruzar esas fronteras sin perder la propia base es una operación que casi nadie logra. A esto, se suma que las maquinarias regionales negocian su respaldo hasta último momento, casi siempre en segunda vuelta cuando el precio político sube. Cómo telón de fondo de todo esto, el Latinobarómetro 2023 ubica a Colombia entre los países con menor confianza en partidos políticos de América Latina, con cifras del 8 al 12%, y cuando la gente no cree en los partidos, no construye coaliciones amplias antes de la primera ronda. Espera a ver quién pasa y decide después, casi siempre por descarte.

Uribe fue la excepción que confirma la regla. En 2002 confluyeron cinco hechos al mismo tiempo que difícilmente se van a repetir: una crisis de seguridad que unificó el voto del miedo, ausencia de un rival consolidado, un mensaje que cruzó fronteras ideológicas, maquinaria y opinión urbana juntas, y una movilización extraordinaria de su base. Hoy ningún candidato reúne más de dos de esas condiciones. La segunda vuelta no es un fallo del sistema, es su resultado lógico.

“El voto en blanco: el candidato que nadie quiere debatir”

Hay un actor en esta elección que no sale en los afiches ni debate en televisión, pero que tiene reconocimiento constitucional explícito: el voto en blanco. El artículo 258 de la Constitución y el Acto Legislativo 01 de 2009 establecen que si supera a todos los candidatos en primera vuelta, la elección se repite sin los mismos candidatos. Es un rechazo institucionalizado a toda la oferta política disponible.

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Siendo honestos con la evidencia que reportan los números, en elecciones presidenciales colombianas el voto en blanco históricamente ha tenido más peso simbólico que decisivo en primera vuelta. Su mensaje es claro y legítimo, pero rara vez ha cambiado el resultado de una primera ronda. La firma Invamer en abril de 2026 lo ubica en 4,8%, relevante como señal política, pero insuficiente para definir quién pasa a segunda vuelta.

Donde sí puede ser determinante es en la segunda vuelta. La firma Guarumo en su medición del 30 de abril proyecta que en un duelo Cepeda-Valencia, el 15,3% de los encuestados no votaría por ninguno. Y aquí vale la pena un matiz importante: ese centro que hoy dice que no votaría por ninguno históricamente termina votando en segunda vuelta, no necesariamente con convicción sino por el argumento del «menos malo.» Ese movimiento tardío del centro pragmático es uno de los factores más difíciles de anticipar en cualquier modelo electoral colombiano, y puede definir la elección tanto como las bases duras de cada candidato.

“Cepeda lidera pero no cierra”

Iván Cepeda llega al tramo final como el candidato mejor posicionado. Todas las firmas encuestadoras lo ubican primero. Invamer en abril lo pone en 44,3%, AtlasIntel en 38,7%, Guarumo en 38% y GAD3 en 35%. El rango varía según la metodología de cada firma, pero la conclusión es la misma: Cepeda primero, y nadie cerca del 50%.

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Hay que reconocer además que su tendencia ha sido consistentemente al alza. No es un candidato estancado, ha crecido semana a semana y la medición de Invamer de abril es su mejor número hasta ahora. Con buena movilización en las semanas que quedan, acercarse más no es imposible. Pero ganar en primera vuelta sigue siendo una barrera muy alta: necesitaría superar los 10 u 11 millones de votos con una participación considerable, algo que ninguna encuesta hoy sugiere que esté al alcance, tanto así, que la mayoría de analistas coincide en lo mismo: probablemente habrá segunda vuelta.

¿Por qué ese techo? Porque Cepeda carga con la herencia de un gobierno que prometió transformación y acumuló escándalos. No todos lo involucran directamente, pero en política la percepción pesa tanto como la realidad. El presidente de Ecopetrol, Ricardo Roa, fue imputado penalmente por la Fiscalía General por tráfico de influencias y sancionado por el Consejo Nacional Electoral por violación de topes de financiación de la campaña Petro en 2022. Ante una pregunta directa sobre Roa, Cepeda respondió que «va a terminar su período.» Una evasión que no suma votos de centro.

Más grave fue su silencio ante el escándalo «Calarcá.» Según investigaciones de La Silla Vacía y la Fundación Paz y Reconciliación, disidentes de las FARC habrían usado los mecanismos de la Paz Total para favorecer intereses criminales con conocimiento de funcionarios cercanos al gobierno. Cepeda tardó días en pronunciarse sobre algo que golpea directamente la bandera de paz que es el eje de su campaña, y ese silencio es hoy su mayor debilidad electoral.

El dilema de Cepeda no tiene solución fácil a menos de un mes de la primera vuelta: necesita el voto duro del petrismo para no colapsar su base, y necesita distanciarse del gobierno para crecer hacia el centro. Las dos cosas al mismo tiempo. Es como querer frenar y acelerar a la vez.

En segunda vuelta el panorama se complica, y aquí las firmas encuestadoras muestran escenarios muy distintos. Invamer lo ve ganando contra cualquier rival, 51,2% frente a Valencia y 54,6% frente a De la Espriella. Guarumo, en cambio, lo muestra perdiendo frente a Valencia con 40,1% contra 44,6%, y empatado técnicamente con De la Espriella. El Centro Nacional de Consultoría y GAD3 coinciden en un empate técnico alrededor del 43% en el duelo con Valencia. Esa divergencia entre firmas serias no es un error, es la señal más honesta de que esta elección no está resuelta. El resultado va a depender de cómo se reagrupen los votos de los candidatos que no pasen, de cómo se mueva ese centro que hoy dice abstención pero que en cabina suele terminar marcando una opción, y de lo que ocurra en las últimas semanas de campaña.

“El diagnóstico”

El sistema electoral colombiano casi siempre termina en segunda vuelta porque refleja lo que somos: una sociedad fragmentada, desconfiada de sus instituciones y sin consensos mayoritarios estables. Eso no es un defecto, es una radiografía. La segunda vuelta existe precisamente para construir la legitimidad que la primera vuelta no puede garantizar sola.

Cepeda tiene el liderazgo pero no la mayoría. Tiene la base pero no el centro. Tiene la experiencia en paz pero un gobierno que la manchó. El voto en blanco y ese 15% que dice no votar por ninguno en segunda vuelta son señales importantes, pero la historia electoral colombiana enseña que ese porcentaje se reduce cuando llega el momento de marcar, porque el colombiano de centro pragmático al final vota, aunque sea tapándose la nariz.

Mi lectura: Cepeda llega primero a segunda vuelta, pero esa segunda vuelta no está ganada. Colombia no va a saber quién gobierna los próximos cuatro años hasta el 21 de junio de 2026.

Fuentes: Registraduría Nacional del Estado Civil; Political Database of the Americas, Georgetown University; Invamer (abril 2026, n=3.800, margen de error 1,89%); Guarumo–EcoAnalítica (30 de abril de 2026); AtlasIntel (abril 2026, n=3.617); GAD3 (marzo 2026); Centro Nacional de Consultoría (marzo 2026, n=2.157); La Silla Vacía; Fundación Paz y Reconciliación — Pares; Latinobarómetro 2023; Constitución Política de Colombia, artículos 190 y 258; Acto Legislativo 01 de 2009.


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