Por : Aldo Manco
En una página de la revista Agrícola publicada en marzo-abril de 1966 aparece una joven sonriente sosteniendo un fogón de kerosene. Sobre su imagen se lee una frase sencilla y contundente: “Tan barato… y tan bueno…”. El anuncio promociona el fogón de kerosene Esso Candela como una solución moderna para cocinar más rápido, con menos esfuerzo y en cualquier lugar. A primera vista, podría parecer una publicidad más entre las muchas que circulaban en las revistas de la época. Sin embargo, observada desde la perspectiva histórica actual, esta imagen constituye una extraordinaria ventana para comprender cómo cambiaron las formas de producir y consumir energía en Colombia y cómo se construyó la sociedad del petróleo que hoy intenta transformarse mediante la transición energética.

Para los lectores de la Amazonia colombiana, esta historia posee un significado especial. Hablar de energía en el Putumayo es hablar de una región profundamente vinculada a la explotación petrolera, pero también de comunidades que durante siglos desarrollaron formas sostenibles de relacionarse con los recursos naturales. La publicidad de 1966 nos permite viajar a una época en la que el petróleo representaba progreso, bienestar y modernidad, mientras que hoy el mundo debate cómo reducir su dependencia de los combustibles fósiles.
Durante buena parte de la historia rural colombiana, la leña fue la principal fuente de energía utilizada para cocinar. En las casas campesinas y en las malocas indígenas de la Amazonia, el fuego ocupaba un lugar central en la vida cotidiana. Cocinar requería recolectar madera, mantener encendidos los fogones y dedicar largas horas a tareas domésticas que recaían principalmente sobre las mujeres. En ese contexto, la llegada de combustibles como el kerosene fue percibida como una auténtica revolución tecnológica. El anuncio de 1967 prometía cocinar más rápido, con menos trabajo, transportar fácilmente el fogón y utilizar un combustible económico y durable. El mensaje era claro: el futuro había llegado a la cocina.
Esta publicidad refleja una época marcada por la confianza en la tecnología y en los combustibles derivados del petróleo. Durante los años sesenta, numerosos gobiernos latinoamericanos impulsaban programas de modernización rural, electrificación y expansión de mercados. El acceso a nuevas fuentes de energía se consideraba una condición indispensable para el desarrollo. La revista Agrícola, dirigida a productores y habitantes del campo, se convirtió en un espacio ideal para promover estos cambios. No se trataba únicamente de vender un fogón; se estaba difundiendo una nueva manera de entender la vida cotidiana.
Resulta difícil imaginarlo desde la perspectiva actual, pero en 1966 el petróleo era visto como una de las grandes promesas del futuro. Empresas como Esso representaban innovación, crecimiento económico y bienestar. Sus campañas publicitarias no solo vendían combustibles; vendían una idea de progreso. La expansión del kerosene en los hogares rurales formó parte de un proceso mucho más amplio: la consolidación de la llamada sociedad del petróleo. Automóviles, tractores, fertilizantes, plásticos y combustibles comenzaron a transformar la vida moderna de maneras que parecían irreversibles.
La publicidad del fogón Esso Candela es una expresión concreta de ese fenómeno. Su mensaje transmite confianza en la industria petrolera y en la capacidad de la tecnología para resolver los problemas cotidianos. Lo que hoy puede parecer un simple utensilio doméstico era presentado como un símbolo de avance social. Sin embargo, detrás de esa imagen optimista se encontraba una transformación profunda de las relaciones entre las personas, la energía y el territorio.
La historia energética del Putumayo posee características únicas dentro de Colombia. Durante siglos, las comunidades indígenas de la Amazonia desarrollaron sistemas de vida basados en el aprovechamiento sostenible de los recursos naturales. La leña, obtenida de manera controlada, formaba parte de una economía de subsistencia integrada al entorno. A partir del siglo XX, la región comenzó a experimentar cambios acelerados asociados a la colonización, la apertura de nuevas vías de comunicación y, especialmente, a la exploración petrolera.
Paradójicamente, mientras el Putumayo se convertía en una de las regiones petroleras más importantes del país, muchas comunidades continuaban enfrentando dificultades para acceder a servicios energéticos modernos. Esta contradicción sigue siendo visible en algunos territorios amazónicos donde la riqueza energética convive con limitaciones en infraestructura y acceso a tecnologías limpias. Por ello, la publicidad de 1967 adquiere una dimensión especial para los habitantes del Putumayo. Representa un momento histórico en el que el petróleo era percibido como una herramienta para mejorar la calidad de vida, mucho antes de que surgieran las preocupaciones ambientales que hoy dominan el debate global.
Otro aspecto revelador del anuncio es la presencia femenina. La imagen muestra a una mujer sonriente sosteniendo el fogón, reforzando la idea de que la cocina era un espacio esencialmente femenino. La publicidad promete ahorro de tiempo y esfuerzo, reflejando cómo las nuevas tecnologías domésticas eran presentadas como mecanismos para aliviar el trabajo de las mujeres. Aunque hoy estas representaciones pueden parecer limitadas por los roles de género de la época, también evidencian cambios importantes en la organización de la vida cotidiana.
La incorporación de nuevas fuentes energéticas permitió reducir ciertas tareas domésticas, modificar rutinas familiares y ampliar las posibilidades de movilidad y productividad en los hogares rurales. En regiones como el Putumayo, donde las mujeres han desempeñado un papel fundamental en la agricultura, la economía familiar y la conservación de los saberes tradicionales, estas transformaciones tuvieron profundas implicaciones sociales.
Lo más fascinante de esta publicidad es que permite observar cómo cambian las ideas de progreso a lo largo del tiempo. En 1966, el kerosene era sinónimo de modernidad. Hoy, en cambio, los combustibles fósiles son objeto de intensos debates debido a su contribución al cambio climático. Lo que alguna vez representó el futuro es ahora parte de un modelo energético cuya sostenibilidad se encuentra en discusión. La transición energética busca precisamente reducir la dependencia del petróleo, el carbón y el gas mediante la incorporación de fuentes renovables como la energía solar, eólica y otras tecnologías de bajas emisiones.
Sin embargo, esta transición no consiste únicamente en reemplazar combustibles. También implica transformar hábitos de consumo, infraestructuras, economías y formas de relacionarnos con el medio ambiente.
Para territorios como el Putumayo, este desafío resulta especialmente complejo. La región posee una larga historia vinculada al petróleo, pero también cuenta con una extraordinaria riqueza ambiental, hídrica y cultural que la convierte en un escenario estratégico para pensar modelos energéticos más sostenibles.
La vieja publicidad del fogón Esso Candela nos recuerda que cada época construye sus propias ideas sobre el progreso. En 1966, millones de personas veían en el petróleo una promesa de bienestar y desarrollo. Medio siglo después, la humanidad enfrenta el reto de imaginar nuevas formas de prosperidad compatibles con la conservación del planeta. Para los habitantes de Mocoa, del Putumayo y de la Amazonia, esta reflexión tiene una relevancia particular. La región ha sido escenario de profundas transformaciones relacionadas con la energía, los recursos naturales y el desarrollo económico. Comprender esa historia es fundamental para participar de manera informada en los debates actuales sobre el futuro energético del territorio.
Porque, al final, aquella sencilla publicidad no solo vendía un fogón. También reflejaba una visión del mundo. Y precisamente allí reside su enorme valor histórico: nos permite entender cómo llegamos a la era del petróleo y por qué hoy nos encontramos construyendo una nueva transición energética cuyo desenlace marcará el futuro de las próximas generaciones.