¡Sí hubo fraude!

ElTiempo

En Colombia ya no hay excusas. O se defiende la democracia con uñas y dientes, o se la entregamos a quienes la desprecian.

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POr : Luis Felipe Henao

Gustavo Petro preparó al país para una ficción: la existencia de un fraude electoral en su contra. Atacó a la Registraduría, desacreditó anticipadamente los resultados, sembró dudas sobre las instituciones y construyó la narrativa de que solo existían dos opciones: ganar o ser víctima de una conspiración.

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Hoy la realidad es mucho más inquietante. Las investigaciones apuntan en dirección opuesta: el fraude no estaba contra el Gobierno. El fraude es dirigido desde el Gobierno.

Lo que estamos viendo es patrón sistemático. Participación política grosera desde la Casa de Nariño. Uso descarado de recursos públicos para favorecer a Iván Cepeda. Compra masiva de votos coordinada –según denuncias– desde los despachos de los ministerios, ofreciendo contratos y facilitándoles la logística “para poner la plata en la región”. (‘La Silla Vacía’ destapó convenios por medio billón de pesos con “contrataderos” que dependen del Gobierno). Clanes tradicionales (Calle, en Córdoba; Quintero, Trujillo y Bedoya, en Antioquia; Torres, los ‘Ñoños’, Musas y Pulgares, en la Costa, y un largo etc. de mafias corruptas) que encontraron en el petrismo una nueva plataforma de supervivencia.

Y, lo más grave, aparecen coincidencias difíciles de explicar entre los territorios donde el Gobierno instaló las Zonas de Ubicación Temporal (ZUT) para las disidencias y el ‘clan del Golfo’ y los resultados electorales obtenidos por Iván Cepeda.

Lo advertimos: la llamada ‘paz total’ estaba creando nuevos ‘Caguanes’ para consolidar control territorial sobre la población. El 21 de mayo entraron en funcionamiento siete ZUT en Córdoba, Chocó, Norte de Santander, Nariño y Putumayo. Días después, Cepeda obtuvo allí algunas de sus votaciones más altas: 75 % en Chocó, 71 % en Putumayo y más del 68 % en Cauca y Nariño. Eso no parece fervor democrático; parece control territorial.

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Las dudas aumentan cuando se conocen los hallazgos de ‘El Colombiano’: 218 mesas ubicadas en zonas de influencia de las disidencias, el Eln y el ‘’clan del Golfo’ registraron el 100 % de los votos para Cepeda. Es un patrón repetido en territorios donde el Estado ha cedido autoridad frente a grupos armados.

Más inquietante aún resulta la salida del mayor general Erick Rodríguez, quien denunció procesos de carnetización y presiones sobre comunidades en regiones bajo control de estructuras ilegales. Primero aparecieron los territorios especiales, luego los resultados extraordinarios y después las denuncias sobre control de la población. Que quien alertó sobre estos hechos haya terminado fuera de la institución militar solo aumenta las preguntas que el país tiene derecho a formular.

El 21 de mayo entraron en funcionamiento siete ZUT en Córdoba, Chocó, Norte de Santander, Nariño y Putumayo. Días después, Cepeda obtuvo allí algunas de sus votaciones más altas. Eso no parece fervor democrático; parece control territorial

Esto no es ‘paz total’. Es la captura de la democracia por una alianza entre poder político, clientelismo voraz y control armado territorial. Los proyectos autoritarios llegan prometiendo ampliar la democracia y terminan subordinándola. Hablan en nombre del pueblo mientras debilitan los controles. Invocan la voluntad popular mientras convierten las elecciones en mecanismos de perpetuación. Venezuela es un espejo: Chávez llegó por las urnas, Maduro las manipuló. Y Petro fue de los primeros en validar ese régimen cuya legitimidad electoral hoy es cuestionada por gran parte del mundo.

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Petro y Cepeda saben que no pueden entregar el poder. Los delitos acumulados estos cuatro años –desfalcos, contrataciones opacas, alianzas con ilegales– los atan al trono.

Esa es la lógica: miedo, corrupción y grupos armados para quedarse. El 21 de junio millones de colombianos saldrán a votar por el cambio real. Pero si el fraude no se detiene, ya tienen listo el plan B: incendiar el país. En Colombia ya no hay excusas. O se defiende la democracia con uñas y dientes, o se la entregamos a quienes la desprecian.

¡Sí hubo fraude! Y sigue en curso. La pregunta ya no es si existió. Es si lo vamos a permitir.

LUIS FELIPE HENAO CARDONA


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