10 preguntas que todo periodista debe hacerse al cubrir unas elecciones – Parte 2

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¿Cómo ser un medio de comunicación objetivo al informar en época electoral?

La objetividad no se puede reducir a un reparto mecánico del tiempo, ni a la presentación de opiniones extremas o enfrentadas, sin tomar partido y dejando a cargo del lector, oyente o televidente la tarea de escoger. Es mucho más que eso.
La objetividad es una actitud que señala la radicalidad de la independencia del periodista cuando informa. Su tarea no puede ser interferida ni por sus sentimientos personales, ni por sus opiniones.
Los códigos de ética insisten en separar las opiniones personales de la información y rechazan, como una práctica contraria a la ética, la presentación de las opiniones junto con los datos de una información, sin diferenciación alguna. En todos restos códigos se da por supuesta la independencia del periodista que informa, respecto del periodista que opina, aunque se trate de la misma persona. Por eso un periodista con la autoridad y la experiencia de Walter Cronkite, anota: «no hay un solo hombre que pueda verdaderamente decir que no guarda en su pecho prejuicios, parcialidades o fuertes sentimientos en pro o en contra de algunos, si no de todos los temas del día. Sin embargo constituye la marca distintiva del periodista profesional, estar capacitado para dejar a un lado sus opiniones

Documentación.

Según la versión aceptada, la objetividad fue implantada para terminar con el sensacionalismo decimonónico. Y en gran medida así fue, gracias a los periodistas serios. La «objetividad » exigía más disciplina de reporteros y redactores, pues preveía que cada afirmación se le atribuyera a alguna autoridad. No se podía reportar ningún accidente de tráfico sin citar a un sargento de policía. La «objetividad» aumentó la cantidad de hechos literales en las noticias e hizo mucho por fortalecer el creciente sentido de la disciplina y de la ética en el periodismo.
Pero esa nueva doctrina no era en verdad objetiva. Individuos diferentes que describen la misma escena nunca producen exactamente la misma narración. Y la manera como se aplicó la objetividad costó muy cara al periodismo.
Con todas su ventajas técnicas, la «objetividad» contrariaba la naturaleza del periodismo, subjetivo en esencia. Cada u no de los pasos fundamentales en el proceso periodístico implica juicios de valor: del infinito número de acontecimientos que ocurren, ¿cuáles serán reportados y cuáles pasados por alto? De las numerosas observaciones que recoge el reportero, ¿cuáles serán consignadas? De los hechos observados ¿cuáles se incluirán en la nota? De los detalles recabados, ¿cuáles se pondrán en el párrafo inicial? ¿Qué noticia se hará aparecer de manera destacada en la primera plana? ¿Cuál se enterrará en las páginas interiores, e incluso cuál será descartada? Sobre ninguno de estos aspectos es posible tomar decisiones verdaderamente objetivas. Pero las técnicas disciplinarias de la «objet
La «objetividad » hizo abrumador hincapié en las voces establecidas, las voces oficiales, y tendió a desentenderse de aspectos de genuina relevancia sobre los cuales las autoridades preferían no hablar. Hizo aparecer las fuerzas sociales como concursos de oratoria entre personalidades y el reportero carecían de autoridad para llenar los notorios huecos de la información o de los razonamientos oficiales. Así se profundizó el abismo que amenaza constantemente a la democracia: la diferencia entre las realidades del poder privado y las ilusiones de sus imágenes públicas.

Publimayo

Ben Bagdikian
En El monopolio de los medios de difusión.Fondo de Cultura. Ciudad de México. 1986.

Publicado por: Javier Darío Restrepo en jun 26, 2001 12:00

¿Es ético ejercer como periodista y al mismo tiempo asesorar a un candidato político?

La credibilidad del periodista, que es su mayor capital y parte de su servicio a la sociedad, depende de la independencia que el público le reconozca. Esta es la razón de fondo para las normas que prohíben a los periodistas el trabajo en campañas de propaganda o de relaciones públicas, sobre todo cuando la voz, la figura o el trabajo del periodista resultan identificados con un producto comercial, con una institución, con un partido, con un gobierno o con una figura política. Es como si el pacto del periodista con el público tuviera una exigente y celosa cláusula de exclusividad. No se formula en esos términos, pero en la práctica los receptores de información no toleran la apariencia de un periodismo con lealtad dividida y exigen la lealtad total como condición para otorgar, en reciprocidad, su fe en el periodista. El argumento del dinero escaso no es excusa. En los casos más críticos el periodista acude a otras actividades compatibles, como la enseñanza, o trabajos técnicos en una editorial: lector de originales, editor o corrector. En todo caso conviene pensarlo: ¿qué sería de un periodista sin credibilidad?. Que es el peligro a que se expone quien pasa a ser el vocero o voceador de un producto, de un gobierno, de un partido o de un candidato.

Documentación

Salvo para el diario The Washington Post, no trabajamos para nadie sin autorización de los superiores. Muchas tareas y actividades externas son incompatibles con el adecuado rendimiento laboral en un diario independiente. Mantener contactos con el gobierno figura entre las actividades más reprochables. Con el propósito de evitar conflictos de intereses, reales o aparentes, en la cobertura de los mercados comerciales y financieros requerimos que todos los integrantes de la sección Economía y Finanzas den cuenta de sus inversiones y activos financieros al editor encargado de la sección. Sin embargo, la posibilidad de que surja un conflicto de intereses no está circunscrita solo a los miembros de la sección. Requerimos que todos los redactores y editores de todas las secciones revelen cualquier interés financiero que pudiera estar en conflicto o diera la apariencia de estarlo en sus tareas relacionadas tanto con el hecho de informar como de editar. No trabajamos de manera independiente para nadie y no aceptamos compromisos de palabra sin autorización de los jefes responsables de departamentos. Las autorizaciones para trabajar de manera independiente podrán ser otorgadas solo si el diario no tiene interés en determinada noticia y solo si va a ser publicada en un medio que no compite con The Washington Post. Es importante que no se acepte ninguna tarea periodística independiente ni honorario alguno cuando de alguna manera pudiera ser interpretado como una dádiva encubierta.

Del Código de Conducta de The Washington Post.

El periodista de El Tiempo trabaja solamente en y para este periódico. No debe tener un empleo adicional. Publicidad y Relaciones Públicas son actividades particularmente incompatibles con el ejercicio del periodismo. Se exceptúan las actividades académicas y la colaboración esporádica en otro medio, previa autorización expresa de las directivas de la Redacción en cada caso. Tampoco podrá ejercer cargos oficiales, pertenecer a corporaciones públicas, desempeñar cargos diplomáticos, ni tener relaciones de dependencia alguna con los poderes públicos.

Del Manual de Redacción del diario El Tiempo, de Bogotá, Colombia. A 102.20

Publicado por: Javier Darío Restrepo en jun 17, 2011 12:15
Principios, Credibilidad y Seriedad impulsan ejercer cada Responsabilidad…

Publicado por: Ricardo Gabriel Cipagauta Gómez en jun 18, 2011 01:07
Eso, lamentablemente sucede en toda América Latina, y se debe a los paupérrimos salarios que los comunicadores perciben. De tal suerte, éstos se tienen que «prostituír» mediante la tinta fácil y la alegoría alquilada, para el candidato en turno. Por eso es importante rotar fuentes informativas, para que los periodistas no se «aquerencien» co0n los políticos que, sabedores de las necesidades de los reporteros, les prometen miel… y luego ésta, se convierte en hiel.

Saludos desde Zacatecas, México.

Publicado por: Alejandro Valencia en jun 22, 2011 08:37

Tomado de : http://eticasegura.fnpi.org/2013/04/16/10-preguntas-que-todo-periodista-debe-hacerse-al-cubrir-unas-elecciones/

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