Inundaciones en Puerto Asis


Foto : Fenner Hernández
Foto : Fenner Hernández

Por  : Fenner Hernández

De nuevo la furiosa corriente del río Putumayo se desborda de su cauce provocando estragos en la población, esto debido a la creciente generada por las constantes lluvias que se presentan en la región.

La comunidad del barrio Hong Kong, conocido popularmente como la playa siempre han sido los primeros y los mas afectados por el desborde de las aguas de este río de gran cauce, (el tercero del país en aguas navegables).

Hong Kong, es un barrio del municipio de Puerto Asís (Putumayo) ubicado a quince minutos del parque principal. La vía que conduce a el (solo hay una) está en un estado, deteriorada, llena de huecos y bastante angosta para el trafico que circula por ella. La población del barrio, casi que en su totalidad, son personas desplazadas por el conflicto armado que se vive en la region.

Las casas, generalmente la mayoría están construidas a base de madera (a excepción de unas pocas) que obtienen de las laderas del río y todas se elevan como mínimo a dos metros del suelo.

«las personas las construyen altas, para que las aguas del río no entren y tampoco los animales», comenta un residente del sector mientras sigue remando. Vamos a bordo de una quilla, que cumple la función de socorrer a las personas que se han quedado atrapados dentro de sus casas y corren riesgos de ser arrastrados por la corriente.

Los lugareños se encuentran tan acostumbrados a este tipo de acontecimientos que para todos es algo casi que normal.

«El año pasado fue peor», sigue comentando el remador a quien considero el Capitán del Navio (Quilla), pues es toda una proeza andar por estas aguas con la fuerza de la corriente y la oscuridad de la noche.

Al parecer la poca atención y la mínima ayuda que ha recibido esta comunidad por parte de la administración publica del municipio y del departamento es la que ha alimentado la creencia popular de que poco sirve quejarse ante las entidades publicas, pues estas a parte de regalar unas colchonetas (no para todos los damnificados), y algunos alimentos, no han hecho nada con respecto a como terminar definitivamente con esta problemática.

Se quejan de que el año anterior cuando hubo una inundación muy fuerte les prometieron una reubicación, que vienen dando desde hace casi una decada y nunca se ha cumplido.

«Nos quieren mandar al potrero mas lejos que tiene el pueblo. Alla es peor que aca, por que aquí hay por lo menos de que vivir», me dice mi compañero de viaje.

Por ahora su mayor preocupación al igual que la de toda la población del barrio es que el caudal del río baje y mermen las lluvias, de lo contrario cientos (tal vez miles) de personas se habrán quedado sin hogar nuevamente.

Ahora solo piensan en que no aparezcan victimas mortales como en ocasiones anteriores.

Llegamos a una casa donde nos esperan tres niños una anciana y un señor. El agua esta apunto de entrarse, los niños se alegran a la vez que empiezan a gritar «tio, tio, tio»; son mis sobrinos me explica jaime, el capitan del navio quien se alegra de que la casa aun no haya sido arrastrada por el agua.

«Hace un año, con la creciente tan fuerte que hubo el río le arrastro la casa. Saco a los niños pero la mujer se le ahogo», me explica Jaime antes de empezar a subir a los niños a la quilla.

Al igual que el hermano de Jaime, hay muchas personas traumatizadas por estos episodios y tienen que seguir conviviendo con la misma zozobra de que en cualquier momento se repite la historia.

Ya todos a bordo la tarea es regresar a tierra firme. Al igual que la familia de Jaime, muchas personas tendrán que pasar el resto de la noche en la casa campesina lugar donde se alojan las personas que no encuentran donde pasar la noche.

Jaime por su parte regresara a seguir colaborando con el rescate de mas personas pues sabe que son muy pocas las entidades que acuden a socorrer a los damnificados y generalmente llegan cuando el peligro ya ha pasado.

«Lo peor es que la propia gente de aquí del puerto viene y mira esto como un circo, se sacan los zapatos se acercan hasta la orilla se mojan los pies y se toman fotos, muchas fotos», concluye Jaime antes de despedirse.


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