La Universidad, un texto de complejas gramáticas

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Hector Trejos Ch. Docente ITP

Conversando con la universidad

En estos días del año 2012 me levanto muy temprano, hago la misma rutina descrita por Ernesto Sábato[1] en su libro Antes del Fin: «trato de no hacer ruido, voy a la cocina y me hago una taza de té, mientras intento recordar fragmentos de mis semisueños», pienso en la Universidad, un lugar donde he crecido durante 20 años.

Me despierto, con el canto de los pájaros que elevan mi ánimo, con el color de las flores; me dispongo a escribir algunos acontecimientos, entremezclados, difusos… en una desesperada búsqueda de la verdad». ¿Qué verdad? Quizá la que vengo acumulando en mi memoria; la verdad acerca de la universidad, y más aun, la verdad de la universidad en el Departamento del Putumayo. Una verdad que tiene un texto, un sentido, una gramática anclada en alguna tradición, en la historia de un territorio. Una verdad que debe ser develada, escrita, narrada a las nuevas generaciones, a la juventud del Putumayo en particular, a los gobernantes, al pueblo, al niño, al ciudadano, al maestro… de esta bella región andinoamazónica.

Hace tres años llegué a Putumayo-Colombia, venido de la universidad herencia de la historia en Pasto-Nariño. Llegué con la esperanza de comprometer mis afectos y preguntas, con el lenguaje acumulado en las clases de mis profesores y como profesor. Llegué leído y entre textos, folias, fragmentos pensé, en las escrituras inconclusas de Javier Vela[2] y en los diálogos de Platón. Entonces, recordé al Profesor Silvio Sánchez y su libro, “Las gramáticas de la universidad.” Libro que me regaló alguna vez en la universidad. De sus hojas puedo prestarme la siguiente frase: “muchos años he vivido en la universidad, y como casi siempre ocurre con los amores entrañable, me parece un instante.” (Sánchez 2000,p.16)

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Entonces pensé que sería bueno dedicarme a escribir sobre las gramáticas de la universidad en el departamento del Putumayo, lugar donde habito, para volver memorable el texto de los grandes maestros que me enseñaron a pensar la universidad; un texto semejante a un bosque de lenguajes, como un texto de complejas gramáticas que debe leerse con actitud de amante. Estas gramáticas entendidas como modos de pensar y sentir lo que alguna vez dijo Guillermo Páramo: «la universidad es el sitio para el orgullo de de ser,» (Sánchez 2000,p.15) o la mejor manera de estar en el mundo.

La pregunta fue mi compañera de estas travesías y aventuras del pensar. ¿Qué es la universidad? La mejora manera de habitar un mundo, es decir de estar en una morada. Un sitio que tiene nostalgias de modernidad, de enciclopedia, de verdad objetiva-subjetiva, de eficiencia y de productividad (Sanchez p.19). La universidad como una necesidad de la ciudad, como un texto que reclama una identidad de unidad y diversidad corporativa; como ese pedazo de territorio que merece la soberanía y la legitimación de un pueblo.

Recorro el pasillo de la casa donde vivo. El sol es radiante afuera. Algunos murmullos se escuchan ligeros y pasan. Vuelve el silencio. Espero que mis dos pequeños se despierten para volverlos al mundo y prepararlos para el colegio. Aun tengo la memoria fresca para recordar lo interesante que es recorrer los pasillos de la universidad. Se hace eterna la vida hablando con los estudiantes, creando mundos posibles, estableciendo vínculos con el saber, provocando realidades, pensando formulas y generando preguntas.

De cierta forma hago posible en mi mente, todas estas gramáticas que tienen un poco de currículo y de pedagogía, de tradición y memoria, de juego de palabras y de “universitas magistroni et scolarium” (la comunidad de maestros y estudiantes). Estos lenguajes que cobran sentido en los pasillos de la universidad del Putumayo, aquella Institución que aún le falta a la manera de Borges “la “conversaciones interminable”, en palabras de Kant, “llegar a la mayoría de edad”, en el sentido del “Lebenswelt” de Husserl, referido a «todos los actos culturales, sociales e individuales a los cuales nuestra «vida» no puede sobrepasar»; al decir de Heidegger, “la morada donde habita el ser”, y la universidad del Deleuze, referida a una «lógica del sentido».

Camino despacio pensando en estas frases y me pregunto si valdrá decir esto, si tendré que buscar las gramáticas no en los texto leídos, sino el texto de mi propia universidad donde habito, donde hago posible mis razones, mis exigencias, mis afectos y preguntas. En el lugar de lo posible, de la experiencia, del acontecimiento laboral, en el I.T.P., como se sabe por todos y se reconoce por la historia universitaria en el Putumayo.

Debo decir que soy un hijo de Nariño venido al Putumayo. No quiero ser motivo de comentarios políticos ni politiqueros. Solo busco acercarme a la idea de universidad, una idea que la llevo en mi larga trayectoria de maestro. Solo quiero pensar en la universidad del Putumayo como un texto aun sin leer, sin escribir, sin narrar, sin editarse. Esta idea que escribo es apenas un esboso, es un texto hecho desde las periferias personales; necesita la confrontación, el debate, la búsqueda del sentido, la lectura, la escritura, la investigación y la conversación.

Quizá sea un pretexto para alertar a los docentes, a los estudiantes, a los investigadores, a los gobernantes, a los administradores, a la sociedad-estado sobre la urgencia que tiene pensar en un proyecto educativo común más allá de los reglamentos y las normas. Un proyecto educativo de universidad que una identidades, institucionalidades, investigaciones, lecturas, escrituras y espacios para la verdad y la escucha. Un proyecto que ligue la cultura y la vida, la ciencia y la tecnología, la innovación y la pedagogía. Un proyecto que tenga la visión docente, la misión investigadora y la proyección social anclada en la provocación de cambios culturales.

Finalmente, «pienso en las gramáticas de la universidad porque nos permite asumir una condición hermenéutica frente a ella, porque permite una discusión pedagógica franca, porque se hace una sola promesa, la de esperar. (Sanchez, 2000,p.27). Pero también pienso en la pregunta que no puede quedarse en el tintero para otra conversación interminable: ¿cuál es el puesto que tiene la universidad en el Putumayo para los Putumayenses?

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Referencias
[1]SABATO, Ernesto. Antes del Fin. Biblioteca El tiempo. Bogotá. 2005
[2] ALVAREZ Javier. La escritura del Habla. CIP. 2005

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