Uribe vs Santos, el fácil camino de la guerra o el difícil camino de la paz

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En los últimos meses hemos sido espectadores de uno de los más enconados capítulos de la pugna populista entre Santos y Uribe por la próxima presidencia, en la cual, como siempre, la guerra ha sido el tema central. Aunque con diferente estilo se la han pasado atacándose mutuamente, algo bastante raro considerando que hasta hace poco se alababan el uno al otro. En este enfrentamiento de popularidad cada uno trata de convencer al país que es mejor que el otro para hacer la guerra y combatir a la guerrilla, a la que hasta hace poco ambos decían que ya la habían acabado con la Seguridad Democrática y que ya no quedaba nada de ella. A través de los medios de comunicación y las redes sociales cada uno trata de demostrarnos a los colombianos que ha matado más que el otro.

Agustín Ordoñez G. – Presidente de la ASEP

Desgraciadamente la guerra se convirtió en lo más importante en este país en los últimos años y dentro de ese contexto guerrerista en que se enmarcó la política colombiana, lograron convertir a la Paz en algo extraño, indeseable e inconveniente y las personas que la anhelan y la buscan son señalados como personas no gratas y hasta peligrosas. O sea que lograron cambiarle el paradigma de la guerra y la paz a los colombianos invirtiendo los papeles: ahora los amigos de la guerra, la sangre y la muerte son los buenos, hagan lo que hagan y como lo hagan y los amigos de la paz y de la vida son los malos. En esto lógicamente también tuvieron incidencia directa los continuos actos violentos de los grupos al margen de la ley, de los que el país se hastió tanto que convirtió en ídolos indispensables a quienes le ofrecieron acabarlos.

Hacer la guerra es algo muy fácil. Solo se requiere una mente siniestra y perturbada, un odio incontenible y una sed de venganza y sangre insaciables. Para hacer la paz se requiere inteligencia, prudencia, serenidad y sobre todo conciencia y espíritu transparentes. Virtudes que es imposible encontrar en los defensores y gestores de la guerra.

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Para hacer la guerra basta con tomar el presupuesto de la nación, incluso el que está dirigido a la inversión social y destinarlo a dicho fin, como ha sucedido en el país en los últimos años y gobiernos. Comprar más armas, más municiones, construir más bases, ampliar el pie de fuerza y listo, a disparar. Para hacer la paz no hay que tomar, hay que dar, renunciar y perdonar.

“Fanfarrones que llegan inventando la guerra”, dice un conocido tema musical (La puerta de Alcalá), refiriéndose a aquellos tiranos que creen que la guerra es su gran invento, su gran obra y a falta de ideas claras y capacidad para gobernar y resolver de otra forma los problemas, han hecho de ella su única plataforma ideológica y política y con su discurso desafiante y belicoso mantienen distraída a la opinión pública para que no vea el desastre y la corrupción que han generado y quieren tapar.

El camino de la paz es estrecho, difícil y tortuoso, sobre todo en Colombia, donde hay tantos intereses para que la guerra no termine, porque para algunos es un lucrativo negocio que mueve billones. Por esto el sendero de la paz siempre estará sembrado de retos, enemigos, intereses, trampas y mentiras.

Aunque en Colombia los actores del conflicto han preferido el camino fácil y amplio de la guerra, el anuncio del Presidente Santos de iniciar diálogos de Paz con la guerrilla, indicaría la posible intención de cambiar este rumbo. Ojalá este anuncio sea producto de una verdadera y transparente voluntad de Paz y no se trate de un simple cambio en la estrategia política hacia la reelección o para utilizarla como cortina de humo para aplicar medidas y reformas en contra de los sectores sociales más desprotegidos, como ha sucedido en otros procesos de paz. Ojalá tenga una respuesta igualmente clara por parte de la guerrilla y no sea una estrategia de reorganización. Sería muy frustrante para el país un nuevo fracaso.

Los procesos y diálogos de paz son muy complejos y están plagados de todo tipo de dificultades. Solo una firme voluntad y sinceridad de las partes permitirá superar todos los retos. Los enemigos de la paz van a estar tratando por todos los medios de que fracase.

En los meses siguientes la pugna entre Uribe y Santos adquiere una connotación distinta. Uribe, como siempre, ya que no conoce otro lenguaje ni otro tema, seguirá promoviendo la guerra y se constituirá en el principal enemigo de los diálogos de paz, mientras que Santos tendrá que hablar de paz y defender los diálogos con la guerrilla.

Para quienes, como organizaciones sociales y sindicales, hemos defendido la propuesta de una salida concertada al conflicto, esta posibilidad que se abre nos llena de esperanza y a pesar de lo intrincado del camino de la paz y de los riesgos, creemos que el proceso que se inicia debería recibir el respaldo de los colombianos y el de los putumayenses que hemos sufrido tanto los horrores de la guerra.

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