La Séptima Papeleta : Plebiscito para que Sombreron no se vaya del Putumayo

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Al calor del discurso político, muchas, la mayoría de las veces se dicen sandeces, se ofende al contradictor, se miente descaradamente, se endulza el oído del desprevenido elector diciendo lo que el quiere escuchar, se firman cheques o letras “chimbas” y a veces el rebuscador de votos escupe al suelo, con la punta de su pie derecho pisa y repisa la tierra donde cayó el escupitajo y de ellos hace una sola masa de barro que queda lista trabajarla en cualquier ladrillera, luego alza la cabeza al cielo a la par de su mano derecha, cruza los dedos y hace una cruz en el aire formalizando así el juramento que garantiza el cumplimiento de una promesa. Ante semejante juramento en el que se ha puesto por testigo al SEÑOR de arriba, difícil encontrar parroquiano que se resista a otorgar un voto de confianza al aspirante de turno.

Empecemos por decir que lo que menos caracteriza a ciertos políticos es la modestia: en su afán por sobresalir no pierden oportunidad para auto reconocerse, a falta de buenas acciones no desaprovecha oportunidad para hacerse notar en cuanta reunión o asamblea se realice, así sea para decir cosas no atinadas, a veces pendejadas, otras discursos cantinflanescos, retórica de decir muchas cosas que al final no dicen nada, pero eso sí: echa bastante saliva porque él sabe que la gente premia al que más habla y no al que más dice. Debemos admitir que hay personajes serios con propuestas serias: esos raramente ganan. Hay otros personajes más circunspectos en el ámbito de la política y se caracterizan por posar de intelectuales, entonces acuden a un lenguaje maravillosamente florido y complejo cuyas palabras suenan como coro de ángeles, pero es precisamente eso, una canción hermosa con una letra preciosa y elevada que necesita de intérpretes, aquellos que por estar en el cielo no pueden bajar a la Tierra para explicarnos lo que ese candidato quiso decir. Es decir, ratifican lo que alguna vez el maestro Gerardo Molina dijo de estos personajes: mientras la gente menos los entienda, piensan que más perfil de intelectual les reconoce el pueblo. En fin, como se dice: de todo hay en la viña del Señor…

Nuestro reconocido congresista Guillermo Rivera ha convocado al pueblo putumayense a pronunciarse el próximo 30 de Octubre en una especie de “séptima papeleta”, en favor de constituir el servicio público del agua potable, como una necesidad inaplazable y un sentimiento de todos los putumayenses: se quiere captar la atención de los mandatarios elegidos acerca de la importancia de tan vital servicio, carente en la mayoría de los municipios del territorio. Lastimosamente su propuesta no ha tenido eco y parece estar destinada a reposar en los anaqueles del olvido. Se nos ha ocurrido plantearle una idea, que de ser acogida, con seguridad incuestionable su propuesta reviviría el mandato ciudadano en favor del agua potable y el Putumayo entero, en especial Puerto Asís, se volcaría a las urnas. Pues bien, la idea iría colgada de la mano de una promesa que en campaña pasada, ante decenas de vecinos del barrio 20 de Julio hiciera el señor Agustín Santacruz: “…acompáñeme con su voto, confíen en mi, les juro que si antes de terminar el mandato del futuro gobernador, quien aquí me acompaña, Felipe Guzmán, no he pavimentado la Avenida El Sombrerón, me voy de Puerto Asís, y tal vez me vaya del Putumayo !.” Este juramento realizado con las formalidades arriba anotadas, constriñó a todos los habitantes de los sectores involucrados a volcarse a las urnas y elegir como diputado a la Asamblea Departamental del Putumayo al posteriormente famoso “Sombrerón” como cariñosamente lo conoce la gente.

La necesidad de cumplir con su juramento a los vecinos de ese barrio y de no pasar a ser calificado y demandado por abuso de confianza por el Señor de arriba cuando lo llame al juicio final, lo obligó a “pegarse” al Gobernador Guzmán, a “chuparle grueso” y a defender públicamente una gestión más que cuestionada, indefensable. Como aconteció con la mayoría de sus visitantes, Guzmán nunca atendió sus peticiones pues el tiempo no le alcanzaba sino para dedicárselos a los sabios consejos que de su principal confidente Gina Quijano recibía a las 8 de la mañana, al mediodía, a las 6 de la tarde, a las 9 de la noche, 12 de la noche, en las frías madrugadas mocoanas, es decir a toda hora, y sucedió lo que tenía que suceder: quedó “colgado de la brocha” nuestro singular personaje del sombrero, pues el destituido gobernador nunca “le paró bolas” a sus proyectos juramentados y ratificados con repisada de saliva en el suelo.

Publimayo

Viene entonces el gran dilema para los asisenses y los muchos putumayenses que conocen de los buenos oficios del ahora diputado “Sombrerón”, que se resume en la posibilidad cierta –es hombre de palabra- de que nos prive de su indiscutible liderazgo, sus inquietas iniciativas, su transparente gestión, su objetiva veeduría, su ponderado juicio y su popular sombrero. Solamente el de arriba sabe lo que el Putumayo pierde de hacer efectiva su promesa el señor Santacruz. Los putumayenses de bien no podríamos permitir que ello ocurra. Estamos a tiempo para persuadirlo que su juramento fue cosa de calentura, podemos convencerlo que cuando juró, el de arriba justamente giró la cabeza pues estaba en ese momento ocupado respondiendo una tutela de los pensionados o atendiendo un reclamo de los hermanos Nule y como último recurso apelamos al buen juicio e inteligencia del Dr Guillermo Rivera, su copartidario y jefe político. La propuesta es sencilla: porqué no vuelve a revivir la propuesta del agua potable pero ahora le pega a esa “séptima papeleta” una frasecita que rece “NO PERMITAMOS QUE SOMBRERON SE VAYA DEL PUTUMAYO”. El éxito está asegurado !. El pueblo se volcaría a las urnas alrededor de este plebiscito. Dr. Rivera, su propuesta del agua potable que cayó en el vacío, sin la menor duda, se salvaría colgada de, más que una petición, un ruego de los asisenses y putumayenses en general. El éxito está asegurado y de carambola los putumayenses por fin tendríamos agua potable!. Doctor Rivera: usted tiene la palabra, o mejor, el lapicero para que le agregue la frasecita sugerida a su fracasada propuesta inicial.

A Dos Manos

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