La política sin sueños es politiquería

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Fuente: www.socivilputumayo.org

La causa principal que hoy tiene al Putumayo en crisis social, económica y política es el descuido y el manejo irresponsable que como personas hemos hecho del único instrumento capaz de transformar nuestra realidad: la política.

Hemos permitido que personas hábilmente inescrupulosas usen nuestras necesidades y aspiraciones para montar con engaños, promesas falsas y chantajes (si me ayudas ahora yo te ayudo después) ambiciones egoístas y perversas que han dado pie a la politiquería, el clientelismo y la corrupción que nos ha desgobernado.

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Con nuestra actitud nos hemos vuelto cómplices de la perdida en la política de lo sublime y lo trascendental, para dejarla caer en las cosas pequeñas y mundanas en donde con más garantía podemos encontrar beneficios. Como dice un amigo, que cambien el gobernador por uno bien ladrón, pero que sea amigo mío.

Los problemas que estamos padeciendo, nuestras necesidades y la falta de oportunidades, tienen como fundamento básico el comportamiento deshonesto y corrupto de la clase política que nos desgobierna con un ejercicio del poder público carente de principios morales, compromiso ético y responsabilidad social. La confianza entre la comunidad y el Estado está rota, no se cumplen las reglas de juego social que nos hemos trazado como sociedad en nuestra Constitución Nacional y el trabajo asociativo o en equipo ya no es posible.

¿Quiénes son los primeros que sufren? Pues los más indefensos y vulnerables, contando entre ellos a la naturaleza, que no es capaz de hacer nada para contrarrestarlo, pues su único fin es garantizar nuestra existencia y bienestar sobre la base de nuestras decisiones y acciones.

En ese sentido el camino para la transformación parece estar trazado: necesitamos llenar a la política de principios morales, compromiso ético y responsabilidad social para que florezcan la confianza, el cumplimiento a las reglas de juego y el compromiso social y que a su vez eso nos traiga como consecuencia un manejo honesto y honrado de los recursos públicos, el respeto y valoración de la vida como un fin esencial y trascendente de la humanidad.

Va a significar entonces que aquellos que quieran formar parte de la nueva política, la de la transformación, deberán estar henchidos de sueños sublimes y trascendentes, cimentados sobre la base de unos principios, valores y compromisos morales, éticos y sociales que sean capaces de garantizar que como gobernantes actuarán con altura frente a las necesidades de cambio de nuestra sociedad.

Determinar si una propuesta política tiene estos elementos no es sencillo, pero se puede ver revisando los antecedentes de quienes las proponen, de igual manera analizando la coherencia, continuidad y evolución que en el tiempo han tenido sus propuestas, así sea que en la actualidad sus logros más visibles sean la reflexión depurada de las mismas.

Pero ante todo necesitamos volver a creer en una política cargada de sueños, que sean capaces de avanzar en la resolución de nuestros problemas y necesidades cotidianas.

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