¡Hagamos una gran campaña…!

Por: Rafael Alfredo Colón

Los colombianos debemos repensar en lo que se nos viene encima una vez se acuerden todos los puntos de la agenda de negociaciones entre el gobierno y las guerrillas de las Farc.

Nada fácil para el gobierno y la sociedad colombiana será la implementación de los acuerdos que se establezcan en La Habana; materializar sobre el terreno lo que diga el papel requiere una movilización y campaña nacional por la paz, innovadoras formas de gobernar, programas de desarrollo con enfoque territorial, iniciativas que permitan la integralidad y sostenibilidad de la oferta institucional.

Por eso los gobiernos locales y regionales deben prepararse para la refrendación de los acuerdos y, a partir de este mismo momento, comenzar el desembarco sobre una cabeza de playa (el país rural), de todas las capacidades institucionales del Estado, de sus poderes públicos y el concurso de la misma sociedad en su conjunto.

Con la misma efectividad y contundencia que hemos bombardeado campamentos guerrilleros debemos hacer una gran campaña para desembarcar programas que faciliten el buen vivir de las comunidades rurales, reclutar contingentes de jóvenes para educarlos y formarlos como buenos ciudadanos, o ¿de qué otra forma podemos transformar, lo que se ha hecho mal en el país?

Implementar acuerdos que cambien el panorama de los territorios olvidados y agobiados por los espirales de violencia de las redes criminales requiere mucho más que educación; construir paz está directamente relacionado con el fortalecimiento institucional para profundizar la democracia, transformar la realidad en las regiones del país, crear un ambiente político favorable y en consecuencia hacer una gran campaña para la construcción de confianzas.

Los mecanismos de participación ciudadana que se establezcan para implementar los acuerdos con las guerrillas deben motivar a los alcaldes y gobernadores a no hacer más de lo mismo.

Lecciones aprendidas en regiones como Kerala al sur de la India, enseñan que sí es posible combinar durante la implementación de cualquier acuerdo de desarrollo rural la descentralización democrática altamente participativa de las comunidades, con procesos de responsabilidad compartida y flujo de recursos directamente a las organizaciones comunitarias, delegación de mayores responsabilidades a los gobiernos locales, con mecanismos administrativos transparentes, ágiles y flexibles.

Una iniciativa practicada exitosamente en países con escenarios de transición hacia el posconflicto consistió en establecer un cuerpo de profesionales voluntarios que apoyaron técnicamente a los gobiernos locales en la formulación y diseño de proyectos, y Colombia reclama buenos gobiernos territoriales que estrechen positivamente los vínculos entre el campo y la ciudad. Las universidades pueden desempeñar un rol importante en esta materia incentivando a sus estudiantes de último año para que apoyen los equipos de los alcaldes de municipios rurales; el gobierno debe subsidiar estas iniciativas.

Las entidades a cargo de movilizar recursos para transformar territorios deben contar con los mejores funcionarios que sirvan como los ágiles goleadores de una selección; deben meter goles todos los días a la incapacidad, pasividad e ineficacia; no pueden dejarse tentar de los malos políticos y de algunas entidades oficiales llenas de burocracia e ineficiencia. En esta etapa de transición a un escenario de posconflicto, no hay cabida para apetitos, codicias… ¡ni pago de favores!

En la práctica, por poner un ejemplo, el gobernador del Putumayo debe resolver los problemas más sentidos de sus veredas y corregimientos instalando los servicios básicos en los centros más poblados, reubicando aquellas comunidades donde nunca llegará el Estado; debe lograr, al mismo tiempo, establecer con la Armada Nacional y la Fuerza Aérea un sistema de transporte regional que permita a los ribereños de los ríos Putumayo y Caquetá llevar sus productos a Florencia, Puerto Asís y traer a Paloquemao en Bogotá la carne del ganado gordo que se vuelve viejo en Puerto Leguízamo porque no hay forma de sacar la cantidad de carne que se produce. Debe alargar 200 metros la pista y llevar aviones con bodegas y capacidad de frío.

Ese gobernador debe tener la capacidad de actuar sin tanto conducto regular; pasar el río Putumayo y hablar con el alcalde de El Carmen (Ecuador), para que mañana mismo pasen un cable debajo del río y le pongan luz a Puerto Ospina (Putumayo), población que nunca se ha comido un helado producto de una interconexión eléctrica que se planea en cientos de binacionales, pero: ¡nunca pasa nada!

Construir paz, requiere altas dosis de innovación y responsabilidad social, para esto debemos comenzar ahora mismo a crear formas novedosas de gobernar y de asociar a las comunidades rurales, para que de verdad ocurran las cosas que se acuerden con las Farc. De no hacerse una gran campaña institucional, en un par de periodos presidenciales, en contra de la opinión de muchos, estaremos presenciando un cara a cara por la definición de la banda presidencial, entre uno de los exjefes de las guerrillas y uno de los políticos tradicionales.

¡Hagamos una gran campaña…!

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