Por: *Alexander Africano
El resultado electoral deja un mensaje evidente: Colombia sigue profundamente dividida entre dos visiones de país. Por un lado, una apuesta fuerte por seguridad, autoridad y orden; por el otro, una apuesta por paz territorial, derechos sociales y continuidad de los procesos de cambio.

Más que una simple pelea entre izquierda y derecha, esta elección muestra los miedos, esperanzas y heridas de cada región. Antioquia, Santanderes, Huila, Meta y buena parte del centro-oriente votaron desde una lectura de seguridad y control. En cambio, el Pacífico, la Amazonía, Bogotá, Nariño, Cauca, Chocó y Putumayo votaron con una lectura más social, territorial y de paz.
Putumayo habló con contundencia. Su voto no puede leerse como fanatismo, sino como el mensaje de un departamento históricamente golpeado por el conflicto, el abandono, la frontera, los cultivos ilícitos y la falta de oportunidades. Aquí la gente no vota desde la comodidad del discurso nacional; vota desde la experiencia del territorio.
Ahora viene una segunda vuelta donde el reto no será gritar más duro, sino convencer mejor. Colombia necesita menos odio, más argumentos y más respeto democrático.
El país decidió seguir debatiendo su futuro. Putumayo ya dejó claro cuál es su mensaje: paz, territorio y dignidad.