La rectoría cantada en UNIPUTUMAYO : Andréa Silva gana, pero no representa a la mayoría del estudiantado

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Por : Alexander Africano

Más que una sorpresa, el resultado del pasado lunes fue 𝐥𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐟𝐢𝐫𝐦𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐮𝐧𝐚 𝐭𝐞𝐧𝐝𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚 𝐚𝐧𝐮𝐧𝐜𝐢𝐚𝐝𝐚, lo que se dejó claro es que dos de cada 3 estudiantes no votaron por la ungida Silva.

Los resultados de la votación estudiantil y docente el pasado 2 de marzo para conformar la terna a la rectoría de la Institución Universitaria de Putumayo dejaron algo claro 𝐬𝐞 𝐜𝐮𝐦𝐩𝐥𝐢𝐨́ 𝐞𝐱𝐚𝐜𝐭𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐥𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐝𝐞𝐬𝐝𝐞 𝐡𝐚𝐜𝐞 𝐦𝐞𝐬𝐞𝐬 𝐬𝐞 𝐯𝐞𝐧𝐢́𝐚 𝐚𝐧𝐭𝐢𝐜𝐢𝐩𝐚𝐧𝐝𝐨. La candidata que tenía el camino más despejado, la estructura más consolidada y el respaldo institucional más visible, terminó imponiéndose con amplia ventaja. Andrea Silva.

Las cifras hablan por sí solas. De un censo de 𝟐.𝟒𝟑𝟓 𝐞𝐬𝐭𝐮𝐝𝐢𝐚𝐧𝐭𝐞𝐬 𝐡𝐚𝐛𝐢𝐥𝐢𝐭𝐚𝐝𝐨𝐬, votaron 𝟏.𝟓𝟒𝟒, lo que representa una participación del 𝟔𝟑,𝟒 %‧Una cifra aceptable para un proceso universitario, aunque también refleja que 𝟖𝟗𝟏 𝐞𝐬𝐭𝐮𝐝𝐢𝐚𝐧𝐭𝐞𝐬 (𝟑𝟔,𝟔 %) 𝐧𝐨 𝐩𝐚𝐫𝐭𝐢𝐜𝐢𝐩𝐚𝐫𝐨𝐧, lo cual ya plantea una primera pregunta sobre el verdadero nivel de legitimidad del proceso.

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En ese escenario, Andrea Silva obtuvo 𝟖𝟑𝟑 𝐯𝐨𝐭𝐨𝐬, equivalentes al 𝟓𝟑,𝟗 % 𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐯𝐨𝐭𝐨𝐬 𝐯𝐚́𝐥𝐢𝐝𝐨𝐬 𝐞𝐦𝐢𝐭𝐢𝐝𝐨𝐬. En otras palabras, ganó con mayoría clara dentro de quienes participaron. Sin embargo, cuando se analiza el dato frente al total de estudiantes habilitados para votar, el panorama cambia: esos 833 votos representan 𝐚𝐩𝐞𝐧𝐚𝐬 𝐞𝐥 𝟑𝟒,𝟐 % 𝐝𝐞𝐥 𝐭𝐨𝐭𝐚𝐥 𝐝𝐞𝐥 𝐞𝐬𝐭𝐮𝐝𝐢𝐚𝐧𝐭𝐚𝐝𝐨. Esto significa que 𝐝𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐜𝐚𝐝𝐚 𝐭𝐫𝐞𝐬 𝐞𝐬𝐭𝐮𝐝𝐢𝐚𝐧𝐭𝐞𝐬 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐮𝐧𝐢𝐯𝐞𝐫𝐬𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐧𝐨 𝐯𝐨𝐭𝐚𝐫𝐨𝐧 𝐩𝐨𝐫 𝐞𝐥𝐥𝐚. Algunos porque apoyaron otras candidaturas, otros porque simplemente decidieron no participar.

El segundo lugar lo ocupó 𝐀𝐮𝐱𝐛𝐞𝐫𝐭𝐨 𝐅𝐚𝐣𝐚𝐫𝐝𝐨 𝐜𝐨𝐧 𝟒𝟎𝟒 𝐯𝐨𝐭𝐨𝐬 (𝟐𝟔,𝟐 %), seguido por 𝐆𝐮𝐢𝐝𝐨 𝐆𝐚𝐫𝐳𝐨́𝐧 𝐜𝐨𝐧 𝟏𝟖𝟕 𝐯𝐨𝐭𝐨𝐬 (𝟏𝟐,𝟏 %). Más atrás quedaron 𝐉𝐨𝐬𝐞́ 𝐘𝐞𝐩𝐞𝐬 𝐜𝐨𝐧 𝟏𝟎 𝐯𝐨𝐭𝐨𝐬 y 𝐃𝐢𝐚𝐧𝐚 𝐂𝐚𝐫𝐝𝐨𝐳𝐨 𝐜𝐨𝐧 𝐚𝐩𝐞𝐧𝐚𝐬 𝟔 𝐯𝐨𝐭𝐨𝐬, cifras que inevitablemente abren el debate sobre el papel real de algunas candidaturas dentro del proceso.

En escenarios electorales como este suele hablarse de candidatos “de relleno”: aspiraciones que no tienen estructura política, respaldo estudiantil ni presencia real en el debate público, pero que terminan participando para completar requisitos formales, como la conformación de una terna. 𝐂𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐮𝐧 𝐜𝐚𝐧𝐝𝐢𝐝𝐚𝐭𝐨 𝐨𝐛𝐭𝐢𝐞𝐧𝐞 𝐦𝐞𝐧𝐨𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝟏 % 𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐯𝐨𝐭𝐨𝐬, como ocurrió en este caso, es legítimo preguntarse si su candidatura respondía a una verdadera aspiración académica o simplemente a un requisito procedimental.

Otro dato relevante es el 𝐯𝐨𝐭𝐨 𝐞𝐧 𝐛𝐥𝐚𝐧𝐜𝐨, 𝐪𝐮𝐞 𝐚𝐥𝐜𝐚𝐧𝐳𝐨́ 𝟗𝟔 𝐯𝐨𝐭𝐨𝐬 (𝟔,𝟐 %). Aunque no cambia el resultado final, refleja un sector de estudiantes que decidió expresar inconformidad con las opciones presentadas.

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Si algo quedó en evidencia durante el debate estudiantil y en el desarrollo de la campaña, es que 𝐀𝐧𝐝𝐫𝐞𝐚 𝐒𝐢𝐥𝐯𝐚 𝐥𝐥𝐞𝐠𝐚𝐛𝐚 𝐜𝐨𝐧 𝐮𝐧𝐚 𝐯𝐞𝐧𝐭𝐚𝐣𝐚 𝐞𝐬𝐭𝐫𝐮𝐜𝐭𝐮𝐫𝐚𝐥 𝐞𝐯𝐢𝐝𝐞𝐧𝐭𝐞. Su cercanía con sectores de la actual administración universitaria, el respaldo visible de actores institucionales y una campaña organizada le permitieron posicionarse como la candidata con mayores probabilidades desde mucho antes de abrirse las urnas.

Por eso, más que una sorpresa, el resultado fue 𝐥𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐟𝐢𝐫𝐦𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐮𝐧𝐚 𝐭𝐞𝐧𝐝𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚 𝐚𝐧𝐮𝐧𝐜𝐢𝐚𝐝𝐚.

Ahora el proceso entra en su fase final. Este 2 de marzo los estudiantes definieron la terna, y el 6 de marzo el Consejo Directivo elegirá oficialmente al nuevo rector o rectora de la institución. Todo indica que la decisión seguirá la misma dirección que ya marcaron los números.

Sin embargo, más allá del resultado, la universidad queda con una tarea pendiente: fortalecer la transparencia, la participación y la confianza en sus procesos democráticos. Cuando una elección genera percepciones de ventaja previa, candidaturas débiles o silencios institucionales frente a cuestionamientos, el verdadero reto comienza después de las urnas.

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Ahora el proceso entra en su fase definitiva. Todo indica que la 𝐭𝐞𝐫𝐧𝐚 𝐪𝐮𝐞𝐝𝐚𝐫𝐚́ 𝐜𝐨𝐧𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚𝐝𝐚 𝐩𝐨𝐫 𝐀𝐧𝐝𝐫𝐞𝐚 𝐒𝐢𝐥𝐯𝐚, 𝐀𝐮𝐱𝐛𝐞𝐫𝐭𝐨 𝐅𝐚𝐣𝐚𝐫𝐝𝐨 𝐲 𝐃𝐢𝐚𝐧𝐚 𝐂𝐚𝐫𝐝𝐨𝐳𝐨. Y aunque formalmente la decisión final corresponde al Consejo Directivo, dentro de la universidad pocos dudan sobre cuál será el desenlace.

En ese sentido, más que una contienda abierta, lo ocurrido parece confirmar lo que desde hace meses se comentaba en los pasillos de la institución: 𝐞𝐥 𝐫𝐞𝐬𝐮𝐥𝐭𝐚𝐝𝐨 𝐲𝐚 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐛𝐚 𝐞𝐬𝐜𝐫𝐢𝐭𝐨 𝐞𝐧 𝐠𝐫𝐚𝐧 𝐩𝐚𝐫𝐭𝐞 𝐝𝐞𝐥 𝐠𝐮𝐢𝐨𝐧 𝐢𝐧𝐬𝐭𝐢𝐭𝐮𝐜𝐢𝐨𝐧𝐚𝐥.

El verdadero desafío para quien resulte elegida no será ganar la rectoría porque ese camino parece despejado sino 𝐜𝐨𝐧𝐬𝐭𝐫𝐮𝐢𝐫 𝐥𝐞𝐠𝐢𝐭𝐢𝐦𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐟𝐫𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐚 𝐮𝐧𝐚 𝐜𝐨𝐦𝐮𝐧𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐮𝐧𝐢𝐯𝐞𝐫𝐬𝐢𝐭𝐚𝐫𝐢𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐡𝐨𝐲 𝐨𝐛𝐬𝐞𝐫𝐯𝐚 𝐞𝐥 𝐩𝐫𝐨𝐜𝐞𝐬𝐨 𝐜𝐨𝐧 𝐦𝐚́𝐬 𝐩𝐫𝐞𝐠𝐮𝐧𝐭𝐚𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐜𝐞𝐫𝐭𝐞𝐳𝐚𝐬. Porque una cosa es ganar una elección… y otra muy distinta es 𝐫𝐞𝐩𝐫𝐞𝐬𝐞𝐧𝐭𝐚𝐫 𝐯𝐞𝐫𝐝𝐚𝐝𝐞𝐫𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐚 𝐭𝐨𝐝𝐚 𝐥𝐚 𝐮𝐧𝐢𝐯𝐞𝐫𝐬𝐢𝐝𝐚𝐝.

Porque gobernar una universidad no es solo ganar una votación. Es construir legitimidad frente a toda la comunidad académica.

*Consejero de Paz – Defensor de DDHH – Egresado ITP


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