
𝘌𝘭 𝘔𝘪𝘤𝘳𝘰𝘵𝘳𝘢𝘧𝘪𝘤𝘰 𝘦𝘯 𝘔𝘰𝘤𝘰𝘢 𝘦𝘴 𝘶𝘯𝘢 𝘢𝘮𝘦𝘯𝘢𝘻𝘢 𝘴𝘪𝘭𝘦𝘯𝘤𝘪𝘰𝘴𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘺𝘢 𝘨𝘰𝘭𝘱𝘦𝘢 𝘢 𝘫𝘰́𝘷𝘦𝘯𝘦𝘴 𝘺 𝘧𝘢𝘮𝘪𝘭𝘪𝘢𝘴
*Por: Alexander Africano
La reciente captura de un presunto expendedor de drogas en Mocoa no es una victoria. Es una 𝐩𝐫𝐮𝐞𝐛𝐚 𝐦𝐚́𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝐟𝐫𝐚𝐜𝐚𝐬𝐨 𝐜𝐨𝐥𝐞𝐜𝐭𝐢𝐯𝐨 frente a un problema que se nos salió de las manos: el microtráfico y el consumo de drogas ya no están en la periferia, 𝙚𝙨𝙩𝙖́𝙣 𝙚𝙣 𝙡𝙤𝙨 𝙗𝙖𝙧𝙧𝙞𝙤𝙨, 𝙚𝙣 𝙡𝙖𝙨 𝙛𝙞𝙚𝙨𝙩𝙖𝙨, 𝙚𝙣 𝙡𝙤𝙨 𝙘𝙤𝙡𝙚𝙜𝙞𝙤𝙨 𝙮, 𝙥𝙚𝙤𝙧 𝙖𝙪́𝙣, 𝙚𝙣 𝙢𝙪𝙘𝙝𝙖𝙨 𝙘𝙖𝙨𝙖𝙨.
Mientras celebramos capturas, la realidad es incómoda: 𝐥𝐚𝐬 𝐝𝐫𝐨𝐠𝐚𝐬 𝐞𝐦𝐞𝐫𝐠𝐞𝐧𝐭𝐞𝐬 𝐞𝐬𝐭𝐚́𝐧 𝐜𝐢𝐫𝐜𝐮𝐥𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐜𝐨𝐧 𝐟𝐚𝐜𝐢𝐥𝐢𝐝𝐚𝐝, se transportan en bolsillos, mochilas o frascos, y se consumen sin miedo los fines de semana, en fiestas clandestinas o reuniones “inofensivas”. Jóvenes y adolescentes están cayendo, incluso hijos de familias con buenos recursos económicos, que aún creen que esto es un problema ajeno.
Según el comandante del Departamento de Policía Putumayo, coronel Álvaro Correa, esta estructura ilegal estaría generando ingresos superiores a los 40 millones de pesos mensuales, una cifra que dimensiona el impacto económico y social del microtráfico en barrios residenciales del municipio.
Más allá del resultado judicial, el caso deja una alerta clara: el consumo de sustancias psicoactivas se está normalizando en espacios juveniles, incluidos fines de semana, fiestas clandestinas y encuentros sociales donde muchos padres y cuidadores 𝐝𝐞𝐬𝐜𝐨𝐧𝐨𝐜𝐞𝐧 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐥𝐞𝐭𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐥𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐡𝐚𝐜𝐞𝐧 𝐬𝐮𝐬 𝐡𝐢𝐣𝐨𝐬. Incluso, se ha identificado que el fenómeno ya alcanza a familias con buenos recursos económicos, desmontando el mito de que el problema solo afecta a sectores vulnerables.
Para nadie es un secreto que desde hace algún tiempo a Mocoa vienen ingresando drogas emergentes, de fácil transporte, alto poder adictivo y rápida comercialización, lo que ha facilitado su expansión entre adolescentes y jóvenes. Esta realidad pone 𝐞𝐧 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐞𝐝𝐢𝐜𝐡𝐨 𝐥𝐚 𝐞𝐟𝐞𝐜𝐭𝐢𝐯𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐩𝐥𝐚𝐧𝐞𝐬 𝐝𝐞 𝐩𝐫𝐞𝐯𝐞𝐧𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞𝐥 𝐜𝐨𝐧𝐬𝐮𝐦𝐨 𝐝𝐞 𝐝𝐫𝐨𝐠𝐚𝐬, los cuales, a la luz de los hechos, no estarían funcionando de manera óptima.
Si bien las autoridades avanzan en la investigación para determinar si existen más personas vinculadas a esta presunta red de microtráfico, el desafío es más amplio y urgente: f𝐟𝐨𝐫𝐭𝐚𝐥𝐞𝐜𝐞𝐫 𝐥𝐚 𝐩𝐫𝐞𝐯𝐞𝐧𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐫𝐞𝐚𝐥, 𝐥𝐚 𝐜𝐨𝐫𝐫𝐞𝐬𝐩𝐨𝐧𝐬𝐚𝐛𝐢𝐥𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐟𝐚𝐦𝐢𝐥𝐢𝐚𝐫, 𝐞𝐥 𝐜𝐨𝐧𝐭𝐫𝐨𝐥 𝐢𝐧𝐬𝐭𝐢𝐭𝐮𝐜𝐢𝐨𝐧𝐚𝐥 𝐲 𝐥𝐚 𝐚𝐜𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐜𝐨𝐦𝐮𝐧𝐢𝐭𝐚𝐫𝐢𝐚, antes de que el problema siga cobrando vidas, proyectos de vida y la tranquilidad de la ciudad.
El microtráfico no solo se combate con capturas. Se enfrenta con prevención efectiva, educación, vigilancia social y decisiones firmes, porque cuando el consumo se instala en la juventud, el costo lo termina pagando toda la sociedad.
Aquí nadie quiere asumir responsabilidades. 𝐋𝐚𝐬 𝐢𝐧𝐬𝐭𝐢𝐭𝐮𝐜𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬 𝐦𝐢𝐫𝐚𝐧 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐝𝐢́𝐬𝐭𝐢𝐜𝐚𝐬, 𝐥𝐚𝐬 𝐟𝐚𝐦𝐢𝐥𝐢𝐚𝐬 𝐦𝐢𝐫𝐚𝐧 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐨𝐭𝐫𝐨 𝐥𝐚𝐝𝐨 𝐲 𝐥𝐚 𝐬𝐨𝐜𝐢𝐞𝐝𝐚𝐝 𝐬𝐞 𝐬𝐨𝐫𝐩𝐫𝐞𝐧𝐝𝐞 𝐬𝐨𝐥𝐨 𝐜𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐡𝐚𝐲 𝐮𝐧𝐚 𝐜𝐚𝐩𝐭𝐮𝐫𝐚 𝐨 𝐮𝐧𝐚 𝐭𝐫𝐚𝐠𝐞𝐝𝐢𝐚. Pero el daño ya está hecho: proyectos de vida truncados, jóvenes atrapados y familias rotas.
El microtráfico no se combate solo con allanamientos. 𝐒𝐞 𝐞𝐧𝐟𝐫𝐞𝐧𝐭𝐚 𝐜𝐨𝐧 𝐝𝐞𝐜𝐢𝐬𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬 𝐢𝐧𝐜𝐨́𝐦𝐨𝐝𝐚𝐬, 𝐜𝐨𝐧𝐭𝐫𝐨𝐥 𝐬𝐨𝐜𝐢𝐚𝐥, 𝐚𝐮𝐭𝐨𝐫𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐞𝐧 𝐜𝐚𝐬𝐚 𝐲 𝐩𝐫𝐞𝐯𝐞𝐧𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐬𝐞𝐫𝐢𝐚, 𝐧𝐨 𝐜𝐨𝐧 𝐜𝐚𝐦𝐩𝐚𝐧̃𝐚𝐬 𝐬𝐢𝐦𝐛𝐨́𝐥𝐢𝐜𝐚𝐬. Si no reaccionamos ahora, mañana no habrá excusas, solo consecuencias.
*Consejero de Paz – Defensor de DDHH