
Por : Guido Revelo
En la política electoral se acude, casi siempre, a los símbolos tales como colores, mascotas, logos, tipo de letra, etc que identifican una campaña. El Putumayo no es la excepción. La ciencia que estudia esos símbolos se llama semiótica. Todo lo anterior para hacer, al final, una pregunta que el día de hoy cobra vigencia por cuanto el Consejo de Estado falla una demanda contra nuestro Gobernador del Putumayo, John Molina.
La consideración apunta a una decisión que desde campañas pasadas adoptó el Partido Conservador del Putumayo: no jugar más en elecciones con el color azul y la C cursiva con pincel que siempre los caracterizó. Las razones son obvias, los vientos de transformaciones de la sociedad, las posiciones de su partido en el Congreso frente a los cambios y ajustes que requieren temas sensibles como salud, la justicia, etc les hizo ver que ni el tradicional azul ni la C grande son fáciles de vender. Y tienen razón: optaron por suprimir la C ( mas nó el aval conservador que si lo reciben con convicción), y los resultados empezaron a serles favorables.
En la última elección atípica para Gobernador su candidato, que fue claro ganador, adoptó en campaña el color amarillo, el eslogan “Putumayo vamos en serio” y su nombre muy sutil en azul conservador. Podemos decir que convirtió el color amarillo en símbolo ganador, tanto que optó por adoptar en 2026 estrategia similar para impulsar a sus ahora candidatos a la Cámara de Representantes.
Una consideración final es que el fallo de hoy sobre el gobernador le puede ser favorable y muy seguramente, salvo imponderables, la campaña pintada de amarillo estará “peleando” en grandes ligas, pero en un fallo adverso, qué diría la semiótica visual: el amarillo lo verían de la misma forma o mucha gente lo asociaría con un proyecto político frágil e irresponsable con la estabilidad administrativa del territorio?