POr : Alvaro Chaves – Economista
Hay audios en manos de las autoridades donde miembros de las disidencias de las Farc les dicen a campesinos del Guaviare, del Meta y del Caquetá cómo tienen que votar, amenazándolos con quitarles las tierras si no obedecen y diciéndoles que ojalá gane Cepeda porque así los van a poder apretar otros cuatro años, y el registrador nacional ya pidió acompañamiento especial de la fuerza pública en varias regiones por la magnitud de estas presiones, y la Misión de Observación Electoral tiene abiertos sesenta casos por posible uso de recursos del Estado para beneficiar candidaturas, y sin embargo la vida sigue, los titulares pasan al siguiente tema y el país continúa como si nada de eso fuera suficientemente grave para detenerse, que es exactamente lo que este gobierno ha logrado construir durante cuatro años, una Colombia tan acostumbrada al escándalo que ya no reacciona ante él.

Y lo de la polarización que azota al país cual temible virus, merece decirse con claridad porque hay quienes la presentan como algo que simplemente le pasó al país, como si fuera un fenómeno natural, cuando en realidad es una construcción política que Petro viene trabajando desde sus años en el Senado, cuando aprendió que dividir entre los buenos y los malos, entre el pueblo y la oligarquía, entre los que están con el cambio y los que están contra él, era la herramienta más eficaz para mantener una base fiel y para convertir cualquier crítica en traición, y esa estrategia que perfeccionó en la oposición la trasladó al gobierno con los recursos del Estado y con la cuenta de X más influyente del país para amplificarla, de tal manera que cada vez que un escándalo amenaza con volverse insostenible aparece otro que lo entierra, una pelea diplomática, una denuncia explosiva, una declaración que mueve todos los titulares hacia otro lado, y la gente termina tan saturada que no alcanza a procesar nada con la profundidad que merece.
Hemos normalizado la delincuencia que opera con una comodidad que hace unos años habría sido impensable, los escándalos de corrupción que pasan sin que nadie rinda cuentas , y el candidato del gobierno que llega a estas elecciones esquivando debates, sin proponer nada concreto, siendo el último de los punteros en reportar sus cuentas ante el CNE y solo haciéndolo cuando la presión se volvió imposible de ignorar, con un primer reporte que mostraba cero pesos en eventos públicos mientras él mismo presumía más de cien concentraciones masivas por todo el país, y con una actualización posterior en la que sus gastos casi se duplicaron de un día para otro, todo financiado con un préstamo de una sola cooperativa, la misma que financió al Pacto Histórico en 2022, como si la cadena nunca se hubiera roto.
En el escenario en que Cepeda sea presidente, que ojalá no sea ese, Colombia no estrena gobierno nuevo sino que consolida uno que ya mostró durante cuatro años exactamente lo que es, con sus métodos, con sus alianzas y con su manera de relacionarse con quienes ejercen el poder por fuera de la ley, y los países de esta región donde ese proceso llegó hasta el final saben mejor que nadie lo difícil que es encontrar el camino de regreso una vez que ciertas cosas se instalan como la nueva normalidad, porque la normalidad es precisamente eso, algo que deja de verse como un problema y empieza a verse como el paisaje.
El panorama que vive el país, indudablemente no es de los mejores, y se requiere un Gobierno que gobierne, construya, corrija, y establezca un programa estructurado encaminado a sacar a flote nuevamente al país.
La anestesia que gradualmente los ciudadanos del país venían recibiendo desde el pasado, las estratagemas manifestadas en constantes cortinas de humo intentando tapar la realidad, finalmente cumplieron su cometido: Darle la estocada final al país como lo hace el torero después de haber lidiado con las esperanzas y los sueños de los colombianos!!!