¡A la cárcel!

Por Felipe Alfonso Guzmán Mendoza

El 6 de mayo fui privado de mi libertad. La Corte Suprema de Justicia me condenó a 9 años, 2 meses y 22 días de prisión. Dios mediante, esta semana apelaré la decisión.

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Según la justicia, firmé dos convenios y un Decreto de manera irregular, en el famoso caso de los juguetes de madera.

Los delitos que me imputaron (con i) son Contrato sin cumplimiento de requisitos y Prevaricato por acción.

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Para los que no conocen, les explico brevemente. En diciembre de 2008, cuando Putumayo estaba en plena crisis por la caída del Grupo DMG y DRFE, viajé a Bogotá a gestionar soluciones frente al gobierno nacional.

Un día que estuve más de seis horas en Presidencia, con ministros a bordo, mi secretaria intentó comunicarse conmigo y no pudo (cuando uno entra a la casa de Nariño debe dejar el teléfono en un casillero). Quería contarme la idea que tenía la secretaria de Gobierno acerca de un proyecto.

Como no se pudieron comunicar conmigo, en Mocoa decidieron que lo planeado por ellos era una buena manera de enfrentar la crisis y procedieron a imitar mi firma en varios documentos, uno de ellos para legalizar hechos cumplidos.

El 24 de diciembre regresé a Mocoa y vi el fervor de muchas personas trabajando en la fabricación de juguetes. Inicialmente pensé que era un proyecto apoyado por Ecopetrol y otras empresas, que estábamos gestionando semanas antes. Después me enteré de que se trataba de unos convenios.

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Para curarme en salud y protegerme, lo fácil habría sido denunciar la falsificación de mi firma en enero, cuando enterado del problema me vi acosado por la oposición.

Confié en los abogados de la gobernación que dijeron que los convenios habían sido bien elaborados, que cumplían con los requisitos de ley.

Hoy es muy fácil decir “hubiera hecho esto o aquello”, pero en su momento nadie imaginaba que un par de convenios de doscientos y pico de millones terminaría en esto.

Las personas que ejecutaron el proyecto fueron desordenadas, torpes, abusaron de mi confianza… ¡pero no se robaron un peso! Creí y creo en la honestidad de ellas. Querían ser útiles, servir a los más necesitados.

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Un día fuimos llamados por los órganos de control. Una funcionaria dijo que yo firmé los convenios estando en Bogotá y los envié al Despacho por correo. En su momento acepté una explicación administrativa que hoy considero equivocada, y ese punto será tratado por mi defensa ante las autoridades competentes.

Hace unos años, durante la investigación, un perito grafólogo de la Defensoría del Pueblo viajó a Mocoa y descubrió que los documentos cuestionados tenían firmas manuscritas, con tinta de lapicero, lo cual prueba que no fueron enviados por internet como se dijo.

Un experto en documentología y grafología de la Fiscalía también estudió los documentos cuestionados, y los cotejó con mis firmas en otros documentos. Concluyó que las firmas originales proceden de una persona diferente a la que firmó los convenios y el Decreto. A juicio de mi defensa, esos dictámenes contienen elementos importantes que deben ser valorados en la impugnación.

¿Entonces por qué estoy aquí? Tendrán que estar pendientes del próximo capítulo, porque ahora les voy a contar un poquito sobre mi estancia aquí, en la cárcel de Villahermosa.

¿Saben qué me ha hecho llorar? Leer la ternura de mis hijos, el amor de toda mi familia, sentir el abrazo de mi amada esposa, chiquitita de corazón enorme.

Uno aquí se vuelve más sensible. Me contaron que Fulanito y Sutanita han estado pendientes de mí y eso me emociona. No escribo nombres porque estamos en época electoral y prudencia obliga.

Bonita la actitud de algunos líderes de Putumayo que, desde sus posiciones, han decidido apoyarme. Un día les agradeceré públicamente y Dios les pagará en lo más íntimo.

Gracias a usted que me lee. Por favor, cierre cinco segundos sus ojos y diga: “Dios de amor, te pido que cuides a mi amigo Felipe”. Ni un vaso de agua quedará sin recompensa.

Estoy recluido en un sitio de celdas limpias, espacios reducidos pero aseados, guardias respetuosos y compañeros increíbles. Todavía no los conozco bien, pero han sido generosos y amables conmigo.

Dice una filósofa de La Hormiga que “la buena vida cansa y la mala vida amansa”. Aquí, todos mansitos, hacemos devocionales todas las mañanas en diferentes grupos.

Oro por todos los involucrados en esta situación, incluso por quienes han pensado distinto a mí. Que Dios sane sus corazones y los bendiga. También oro por ustedes, para que Dios alegre sus vidas.

Esta situación ha sido una oportunidad para conocer mis límites, poner a prueba mis capacidades, recordar que Dios me ha hecho de un material fino y que he bajado a estas profundidades para tomar un nuevo impulso en mi vida.

Hoy (ayer) hubo visita familiar y vinieron mi esposa y mi hija Andrea Salomé. Estaban bellísimas. Trajeron unas hojas impresas con mensajes bonitos y cartas maravillosas. ¡Qué lujo de familia tengo! ¡Qué lujo de amigos tengo!

Mi celular está en manos de Andrés Felipe. A él le estoy enviando este escrito para que lo publique. Mi hijo ha sido mi soporte en esta situación límite.

Me gustaría abrazar pronto a mi Yuyita hermosa y a mi cuate Axel, quienes viven en el exterior. Me gustaría abrazarlos a todos ustedes, uno a uno, y reír, y contarnos historias. Porque la vida es bella, porque Dios es bueno y para siempre es su misericordia.

Mientras llega el momento, les abrazo con el alma.

Posdata escrita por Andrés: Cuidado con los perfiles falsos.
Mi papá a nadie pide donaciones. Gracias


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