Por: *Alexander Africano
En las últimas horas ha generado preocupación en Mocoa la circulación de presuntos panfletos apócrifos, mensajes anónimos y no verificados que buscan alterar la tranquilidad ciudadana, sembrar miedo y generar zozobra colectiva. Frente a estos hechos, el llamado debe ser claro: mantener la calma, no difundir cadenas sin verificar y exigir una investigación seria por parte de las autoridades competentes.

𝗘𝘀𝘁𝗲 𝘁𝗶𝗽𝗼 𝗱𝗲 𝗺𝗲𝗻𝘀𝗮𝗷𝗲𝘀 𝗻𝗼 𝗽𝘂𝗲𝗱𝗲 𝘀𝗲𝗿 𝘁𝗿𝗮𝘁𝗮𝗱𝗼 𝗰𝗼𝗺𝗼 𝘂𝗻𝗮 𝘀𝗶𝗺𝗽𝗹𝗲 “𝗯𝗿𝗼𝗺𝗮”, 𝘂𝗻 𝗿𝘂𝗺𝗼𝗿 𝗱𝗲 𝗯𝗮𝗿𝗿𝗶𝗼 𝗼 𝘂𝗻𝗮 𝗽𝘂𝗯𝗹𝗶𝗰𝗮𝗰𝗶ó𝗻 𝗶𝗿𝗿𝗲𝘀𝗽𝗼𝗻𝘀𝗮𝗯𝗹𝗲. En territorios marcados por la violencia, un panfleto falso puede paralizar actividades, afectar la movilidad, intimidar comunidades, estigmatizar personas y revivir temores profundos en la población. Sembrar terror en una comunidad también puede tener consecuencias penales.
Desde una lectura jurídica preventiva, 𝗹𝗮𝘀 𝗮𝘂𝘁𝗼𝗿𝗶𝗱𝗮𝗱𝗲𝘀 𝗱𝗲𝗯𝗲𝗻 𝗮𝗻𝗮𝗹𝗶𝘇𝗮𝗿 𝗲𝘀𝘁𝗼𝘀 𝗵𝗲𝗰𝗵𝗼𝘀 𝗶𝗻𝗰𝗹𝘂𝘀𝗼 𝗯𝗮𝗷𝗼 𝗹𝗮 𝗽𝗼𝘀𝗶𝗯𝗹𝗲 𝗰𝗼𝗻𝗳𝗶𝗴𝘂𝗿𝗮𝗰𝗶ó𝗻 𝗱𝗲𝗹 𝗱𝗲𝗹𝗶𝘁𝗼 𝗱𝗲 𝘁𝗲𝗿𝗿𝗼𝗿𝗶𝘀𝗺𝗼, 𝗰𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗲𝗹 𝗽𝗿𝗼𝗽ó𝘀𝗶𝘁𝗼 𝘀𝗲𝗮 𝗽𝗿𝗼𝘃𝗼𝗰𝗮𝗿 𝗼 𝗺𝗮𝗻𝘁𝗲𝗻𝗲𝗿 𝗲𝗻 𝗲𝘀𝘁𝗮𝗱𝗼 𝗱𝗲 𝘇𝗼𝘇𝗼𝗯𝗿𝗮 𝗼 𝘁𝗲𝗿𝗿𝗼𝗿 𝗮 𝗹𝗮 𝗽𝗼𝗯𝗹𝗮𝗰𝗶ó𝗻 𝗼 𝗮 𝘂𝗻 𝘀𝗲𝗰𝘁𝗼𝗿 𝗱𝗲 𝗲𝗹𝗹𝗮. El Código Penal colombiano también contempla una modalidad específica cuando ese estado de terror se provoca mediante llamada, video o escrito anónimo, lo cual obliga a investigar con rigor la autoría, la intención y el impacto real de estos mensajes. 
De igual manera, la conducta podría relacionarse con otros delitos como amenazas, cuando por cualquier medio se atemoriza o amenaza a una persona, familia, comunidad o institución con el propósito de causar alarma, zozobra o terror; o con instigación a delinquir, si el contenido del panfleto promueve la comisión de delitos o acciones violentas. 
Por eso, 𝗾𝘂𝗶𝗲𝗻𝗲𝘀 𝗲𝗹𝗮𝗯𝗼𝗿𝗮𝗻, 𝗶𝗺𝗽𝗿𝗶𝗺𝗲𝗻, 𝗽𝘂𝗯𝗹𝗶𝗰𝗮𝗻 𝗼 𝗱𝗶𝗳𝘂𝗻𝗱𝗲𝗻 𝗲𝘀𝘁𝗼𝘀 𝗽𝗮𝗻𝗳𝗹𝗲𝘁𝗼𝘀 𝘀𝗲 𝗲𝘅𝗽𝗼𝗻𝗲𝗻 𝗮 𝗶𝗻𝘃𝗲𝘀𝘁𝗶𝗴𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗽𝗲𝗻𝗮𝗹𝗲𝘀. 𝗬 𝗾𝘂𝗶𝗲𝗻𝗲𝘀 𝗹𝗼𝘀 𝗿𝗲𝗲𝗻𝘃í𝗮𝗻 𝘀𝗶𝗻 𝘃𝗲𝗿𝗶𝗳𝗶𝗰𝗮𝗿 𝘁𝗮𝗺𝗯𝗶é𝗻 𝗽𝘂𝗲𝗱𝗲𝗻 𝘁𝗲𝗿𝗺𝗶𝗻𝗮𝗿 𝗮𝘆𝘂𝗱𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗮 𝗺𝘂𝗹𝘁𝗶𝗽𝗹𝗶𝗰𝗮𝗿 𝗲𝗹 𝗺𝗶𝗲𝗱𝗼, 𝗹𝗮 𝗱𝗲𝘀𝗶𝗻𝗳𝗼𝗿𝗺𝗮𝗰𝗶ó𝗻 𝘆 𝗲𝗹 𝗱𝗮ñ𝗼 𝘀𝗼𝗰𝗶𝗮𝗹. En tiempos de redes sociales y grupos de mensajería, reenviar sin confirmar también puede convertirse en una forma de amplificar el terror.
𝗘𝗹 𝗹𝗹𝗮𝗺𝗮𝗱𝗼 𝗲𝘀 𝗮 𝗹𝗮 𝗙𝗶𝘀𝗰𝗮𝗹í𝗮 𝗚𝗲𝗻𝗲𝗿𝗮𝗹 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗡𝗮𝗰𝗶ó𝗻, 𝗣𝗼𝗹𝗶𝗰í𝗮 𝗡𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹, 𝘆 𝗼𝗿𝗴𝗮𝗻𝗶𝘀𝗺𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗶𝗻𝘃𝗲𝘀𝘁𝗶𝗴𝗮𝗰𝗶ó𝗻 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗾𝘂𝗲 𝗮𝗰𝘁ú𝗲𝗻 𝗰𝗼𝗻 𝗽𝗿𝗼𝗻𝘁𝗶𝘁𝘂𝗱: 𝘃𝗲𝗿𝗶𝗳𝗶𝗰𝗮𝗿 𝗹𝗮 𝗮𝘂𝘁𝗲𝗻𝘁𝗶𝗰𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗱𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝗽𝗮𝗻𝗳𝗹𝗲𝘁𝗼𝘀, 𝗲𝘀𝘁𝗮𝗯𝗹𝗲𝗰𝗲𝗿 𝘀𝘂 𝗼𝗿𝗶𝗴𝗲𝗻, 𝗶𝗱𝗲𝗻𝘁𝗶𝗳𝗶𝗰𝗮𝗿 𝗮 𝘀𝘂𝘀 𝗮𝘂𝘁𝗼𝗿𝗲𝘀, 𝗿𝗲𝘃𝗶𝘀𝗮𝗿 𝘁𝗿𝗮𝘇𝗮𝗯𝗶𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗱𝗶𝗴𝗶𝘁𝗮𝗹, 𝗰á𝗺𝗮𝗿𝗮𝘀, 𝗽𝘂𝗻𝘁𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗶𝗺𝗽𝗿𝗲𝘀𝗶ó𝗻, 𝗴𝗿𝘂𝗽𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗱𝗶𝗳𝘂𝘀𝗶ó𝗻 𝘆 𝗽𝗼𝘀𝗶𝗯𝗹𝗲𝘀 𝗶𝗻𝘁𝗲𝗿𝗲𝘀𝗲𝘀 𝗱𝗲𝘁𝗿á𝘀 𝗱𝗲 𝗲𝘀𝘁𝗼𝘀 𝗺𝗲𝗻𝘀𝗮𝗷𝗲𝘀.
Mocoa necesita seguridad, pero también necesita serenidad. La ciudadanía no debe caer en el juego del miedo. 𝗡𝗼 𝘀𝗲 𝗱𝗲𝗯𝗲𝗻 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗮𝗿𝘁𝗶𝗿 𝗽𝗮𝗻𝗳𝗹𝗲𝘁𝗼𝘀 𝗻𝗼 𝘃𝗲𝗿𝗶𝗳𝗶𝗰𝗮𝗱𝗼𝘀, 𝗻𝗼 𝘀𝗲 𝗱𝗲𝗯𝗲𝗻 𝗵𝗮𝗰𝗲𝗿 𝘀𝗲ñ𝗮𝗹𝗮𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼𝘀 𝘀𝗶𝗻 𝗽𝗿𝘂𝗲𝗯𝗮𝘀 𝘆 𝗻𝗼 𝘀𝗲 𝗱𝗲𝗯𝗲 𝗿𝗲𝗲𝗺𝗽𝗹𝗮𝘇𝗮𝗿 𝗹𝗮 𝗶𝗻𝗳𝗼𝗿𝗺𝗮𝗰𝗶ó𝗻 𝗼𝗳𝗶𝗰𝗶𝗮𝗹 𝗽𝗼𝗿 𝗰𝗮𝗱𝗲𝗻𝗮𝘀 𝗮𝗻ó𝗻𝗶𝗺𝗮𝘀..
La calma también es prevención. La responsabilidad ciudadana consiste en verificar, denunciar y no amplificar mensajes que buscan alterar la convivencia. El miedo no puede convertirse en método de control social en Mocoa.
* Consejero de Paz Putumayo – Defensor de DDHH