Puerto Asís : tres vidas, una frontera en construcción

Por : Aldo Manco

𝐂𝐫𝐨́𝐧𝐢𝐜𝐚 𝐡𝐢𝐬𝐭𝐨́𝐫𝐢𝐜𝐚 𝐞𝐧 𝐞𝐥 𝐦𝐚𝐫𝐜𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝟏𝟏𝟒 𝐚𝐧̃𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐟𝐮𝐧𝐝𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧.

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En la memoria viva de Puerto Asís, esa que no siempre se encuentra en los archivos escritos sino en las voces pausadas de los mayores, resuenan nombres que no solo pertenecen al pasado, sino que siguen habitando el presente. Con motivo de los 114 años del municipio, tres figuras emergieron con fuerza: el Padre Estanislao de Las Corts, Fray Ildefonso de Tulcán y, desde la memoria testimonial, hombres como Benjamín Perafán Gómez. Sus historias, entrelazadas, permiten comprender cómo este rincón de la Amazonía colombiana pasó de ser selva profunda para convertirse en un proyecto de nación.

Las entrevistas recogidas coinciden en describir al Padre Estanislao como “un hombre que no se quedaba quieto”. Nacido en Cataluña en 1876, llegó al Putumayo en un momento en que la región era más una frontera incierta que un territorio integrado a Colombia. Su obra no puede reducirse a la evangelización: fue, ante todo, un constructor de caminos, de pueblos y de proyectos políticos.

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Los testimonios recuerdan que su mayor obsesión era abrir rutas. “Sin camino no hay pueblo”, habría dicho en varias ocasiones, según relatan descendientes de colonos. La apertura del camino de herradura entre Pasto, Mocoa y el río Putumayo no solo facilitó la llegada de misioneros, sino que permitió la circulación de personas, productos e ideas. Este camino, como bien lo señalan las fuentes, se convertiría posteriormente en un elemento estratégico para la defensa del territorio en medio de tensiones con el Perú.

Pero su papel no estuvo exento de contradicciones. Desde una mirada crítica —necesaria en la historiografía contemporánea—, su accionar se inscribe en un proyecto civilizatorio que subordinó las culturas indígenas a una lógica occidental. Sin embargo, también es cierto que denunció abusos de los caucheros contra los pueblos originarios, lo que lo posiciona como una figura compleja: agente de transformación, pero también de imposición cultural.

La fundación de Puerto Asís el 3 de mayo de 1912 sintetiza su visión. No fue un acto improvisado, sino el resultado de años de exploración, debates y decisiones estratégicas. Como lo narran los testimonios, el lugar fue elegido no solo por su geografía, sino por su potencial como puerto fluvial y eje de colonización.

Si Estanislao fue el estratega, Fray Ildefonso de Tulcán fue el ejecutor cotidiano. Las voces recogidas lo describen como un hombre de carácter fuerte, disciplinado y profundamente comprometido con la obra misionera. Nacido en Ecuador, su vida estuvo marcada por la itinerancia y el trabajo directo con comunidades indígenas.

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Uno de los aspectos más recordados —y también más polémicos— es su rol en el Orfanatorio de Puerto Asís. Varios testimonios evocan su método educativo, basado en la disciplina estricta, incluso en el castigo físico. Estas memorias, lejos de ser anecdóticas, nos obligan a reflexionar sobre las prácticas pedagógicas de la época y las relaciones de poder en contextos misionales.

Sin embargo, su aporte va más allá de estas prácticas. Fue un puente cultural: hablaba la lengua inga, lo que le permitió interactuar de manera más directa con las comunidades indígenas. Además, desempeñó un papel clave en la consolidación del poblado en los momentos en que Estanislao se encontraba ausente.

En la narrativa histórica, figuras como Ildefonso suelen quedar en segundo plano. No obstante, las fuentes orales reivindican su importancia: sin su presencia constante, la continuidad del proyecto fundacional habría sido mucho más frágil.

Más allá de los misioneros, la historia de Puerto Asís también se construyó desde abajo, desde los trabajadores, peones e indígenas que hicieron posible la materialización del proyecto. En este sentido, el testimonio de Benjamín Perafán Gómez resulta fundamental.

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En una charla radial, su relato fue citado como uno de los más vívidos sobre la fundación. Perafán no era sacerdote ni autoridad, pero fue quien, junto a sus peones, recorrió la ribera del río hasta encontrar el sitio adecuado para el asentamiento. Su criterio práctico —rechazar zonas inundables y elegir un terreno seguro— fue determinante.

La escena que describe es profundamente simbólica: la colocación de una cruz de balso en el lugar escogido, como señal de fundación. Allí, frente a peones e indígenas, se pronunció por primera vez el nombre de Puerto Asís. Este acto, sencillo pero cargado de significado, marca el inicio de una nueva etapa en la región.

La inclusión de este tipo de testimonios permite democratizar la historia. Nos recuerda que los procesos históricos no son obra exclusiva de grandes personajes, sino de múltiples actores cuyas voces han sido tradicionalmente silenciadas.

El análisis conjunto de estas tres biografías revela que el progreso de Puerto Asís no fue lineal ni homogéneo. Fue el resultado de tensiones, alianzas y decisiones tomadas en un contexto de disputa territorial, explotación económica y transformación cultural.

Por un lado, los misioneros capuchinos impulsaron la fundación de pueblos, la apertura de caminos y la organización social. Por otro, el Estado colombiano comenzó a ver en la región un espacio estratégico, especialmente ante la presión de caucheros peruanos. En medio de estas dinámicas, los indígenas y colonos locales jugaron un papel activo, aunque muchas veces invisibilizado.

La historia oral recogida en la radio aporta un elemento clave: la dimensión humana de estos procesos. No se trata solo de fechas y decretos, sino de experiencias vividas, de esfuerzos colectivos y de memorias que siguen dando sentido al presente.

A 114 años de su fundación, Puerto Asís no puede entenderse sin estas historias. Pero tampoco puede quedarse anclado en ellas. La reflexión histórica invita a reconocer tanto los logros como las tensiones del pasado.

Las figuras de Estanislao, Ildefonso y Perafán nos muestran que el progreso no es un concepto neutro. Implica decisiones, impactos y consecuencias que deben ser analizadas críticamente. Al mismo tiempo, nos recuerdan la capacidad humana de transformar el entorno, de construir comunidad y de imaginar futuros.

Hoy, cuando las voces de la radio rescatan estas memorias, se renueva el compromiso con una historia más inclusiva, más crítica y cercana a la gente. Porque, al final, la historia de Puerto Asís no está solo en los libros: está en la palabra viva de quienes la recuerdan y la cuentan.


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