Por: Carlos Mauro Rosero (Periodista Independiente)
𝐄𝐥 𝐝𝐞𝐛𝐚𝐭𝐞 𝐬𝐨𝐛𝐫𝐞 𝐥𝐚 𝐀𝐦𝐚𝐳𝐨𝐧𝐢́𝐚 𝐡𝐚 𝐦𝐮𝐭𝐚𝐝𝐨. Ya 𝐧𝐨 𝐞𝐬 𝐮𝐧𝐚 𝐞𝐱𝐜𝐥𝐮𝐬𝐢𝐯𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐝𝐞𝐥 𝐚𝐜𝐭𝐢𝐯𝐢𝐬𝐦𝐨 𝐫𝐨𝐦𝐚́𝐧𝐭𝐢𝐜𝐨; es, en esencia, la tensión máxima de la economía política en Colombia. Bajo la bandera de proteger los “𝐛𝐢𝐨𝐦𝐚𝐬 𝐚𝐦𝐚𝐳𝐨́𝐧𝐢𝐜𝐚𝐬”, el país transita hacia un cerco normativo contra las industrias extractivas. La intención es noble; la ejecución, un enigma. ¿𝐀 𝐪𝐮𝐞́ 𝐜𝐨𝐬𝐭𝐨 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐦𝐨𝐬 𝐬𝐚𝐥𝐯𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐞𝐥 𝐩𝐮𝐥𝐦𝐨́𝐧 𝐝𝐞𝐥 𝐦𝐮𝐧𝐝𝐨?

𝐄𝐥 𝐏𝐮𝐥𝐬𝐨 𝐞𝐧 𝐥𝐚 𝐂𝐚𝐩𝐢𝐭𝐚𝐥: 𝐋𝐚 𝐌𝐨𝐯𝐢𝐥𝐢𝐳𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐔𝐒𝐎
A esta hora, las calles de 𝐁𝐨𝐠𝐨𝐭𝐚́ son el escenario de una fractura evidente. 𝐋𝐚 𝐔𝐧𝐢𝐨́𝐧 𝐒𝐢𝐧𝐝𝐢𝐜𝐚𝐥 𝐎𝐛𝐫𝐞𝐫𝐚 (𝐔𝐒𝐎), con una delegación determinante de la “𝐒𝐮𝐛𝐝𝐢𝐫𝐞𝐜𝐭𝐢𝐯𝐚 𝐎𝐫𝐢𝐭𝐨 (𝐏𝐮𝐭𝐮𝐦𝐚𝐲𝐨)”, se planta frente al 𝐌𝐢𝐧𝐢𝐬𝐭𝐞𝐫𝐢𝐨 𝐝𝐞 𝐀𝐦𝐛𝐢𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐲 𝐃𝐞𝐬𝐚𝐫𝐫𝐨𝐥𝐥𝐨 𝐒𝐨𝐬𝐭𝐞𝐧𝐢𝐛𝐥𝐞.
No es una marcha de cortesía. Es una “𝐬𝐞𝐧̃𝐚𝐥 𝐝𝐞 𝐚𝐥𝐞𝐫𝐭𝐚 𝐭𝐞𝐦𝐩𝐫𝐚𝐧𝐚”. La dirigencia nacional y regional denuncia que 𝐄𝐜𝐨𝐩𝐞𝐭𝐫𝐨𝐥 la joya de la corona estata parece estar “𝐜𝐚𝐩𝐢𝐭𝐮𝐥𝐚𝐧𝐝𝐨” ante políticas que la 𝐔𝐒𝐎 califica de “𝐚𝐧𝐭𝐢-𝐩𝐞𝐭𝐫𝐨𝐥𝐞𝐫𝐚𝐬”. Según los manifestantes, no se trata solo de proteger el crudo, sino de evitar el colapso de un ecosistema mucho más frágil: el modelo económico nacional.
𝐄𝐥 𝐍𝐮𝐝𝐨 𝐆𝐨𝐫𝐠𝐢𝐚𝐧𝐨: 𝟓𝟔𝟔 𝐂𝐨𝐧𝐬𝐮𝐥𝐭𝐚𝐬 𝐏𝐫𝐞𝐯𝐢𝐚𝐬
El trasfondo jurídico es aún más complejo de lo que parece. Mientras el discurso oficial avanza, la realidad en el territorio se detiene. (𝐄𝐥 𝐌𝐢𝐧𝐢𝐬𝐭𝐞𝐫𝐢𝐨 𝐝𝐞𝐥 𝐈𝐧𝐭𝐞𝐫𝐢𝐨𝐫 𝐡𝐚 𝐨𝐫𝐝𝐞𝐧𝐚𝐝𝐨 𝐫𝐞𝐚𝐥𝐢𝐳𝐚𝐫 𝐩𝐫𝐨𝐜𝐞𝐬𝐨𝐬 𝐝𝐞 «𝐜𝐨𝐧𝐬𝐮𝐥𝐭𝐚 𝐩𝐫𝐞𝐯𝐢𝐚» 𝐜𝐨𝐧 𝟓𝟔𝟔 𝐜𝐨𝐦𝐮𝐧𝐢𝐝𝐚𝐝𝐞𝐬 𝐩𝐫𝐞𝐬𝐞𝐧𝐭𝐞𝐬 𝐞𝐧 𝐞𝐥 𝐚́𝐫𝐞𝐚 𝐝𝐞𝐥 𝐛𝐢𝐨𝐦𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐞 𝐩𝐫𝐞𝐭𝐞𝐧𝐝𝐞 𝐝𝐞𝐜𝐥𝐚𝐫𝐚𝐫).
Este dato no es menor: representa un desafío logístico y social sin precedentes. Intentar blindar un territorio de tal magnitud sin el consenso de quienes lo habitan o ignorando el impacto en sus formas de vida ligadas a la industria es una receta para la parálisis estatal.
El «𝐄𝐥𝐞𝐟𝐚𝐧𝐭𝐞» en la Casa de Nariño
Colombia padece una esquizofrenia económica: se predica la descarbonización mientras se gasta el dividendo petrolero. Ignorar que el petróleo financia el gasto público, las regalías y la inversión social no es “𝐩𝐫𝐨𝐠𝐫𝐞𝐬𝐢𝐬𝐦𝐨”, es negacionismo fiscal.
Reducir la actividad sin un reemplazo tangible generará tres efectos dominó:
𝐃𝐞́𝐟𝐢𝐜𝐢𝐭 𝐟𝐢𝐬𝐜𝐚𝐥: Menos recursos para la misma ambición social.
Asfixia regional: 𝐃𝐞𝐩𝐚𝐫𝐭𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐨𝐬 𝐪𝐮𝐞, 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐏𝐮𝐭𝐮𝐦𝐚𝐲𝐨, dependen del encadenamiento productivo del sector.
Pérdida de soberanía: Pasar de ser exportadores a importar energía costosa.
𝐁𝐢𝐨𝐦𝐚𝐬 𝐜𝐨𝐧 𝐑𝐞𝐚𝐥𝐢𝐬𝐦𝐨: 𝐄𝐥 𝐂𝐚𝐬𝐨 𝐏𝐮𝐭𝐮𝐦𝐚𝐲𝐨
La protección de los biomas es innegociable, pero la política ambiental no puede ser una «𝐬𝐞𝐧𝐭𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚 𝐝𝐞 𝐡𝐚𝐦𝐛𝐫𝐞» 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐥𝐚𝐬 𝐫𝐞𝐠𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬. 𝐄𝐧 𝐞𝐥 𝐏𝐮𝐭𝐮𝐦𝐚𝐲𝐨, la economía no es una cifra macroeconómica en un Excel de Bogotá; es el sustento diario y la presencia del Estado en territorios históricamente marginados.
“𝐋𝐚 𝐭𝐫𝐚𝐧𝐬𝐢𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐞𝐧𝐞𝐫𝐠𝐞́𝐭𝐢𝐜𝐚 𝐝𝐞𝐛𝐞 𝐬𝐞𝐫 𝐟𝐢𝐧𝐚𝐧𝐜𝐢𝐚𝐝𝐚 𝐩𝐨𝐫 𝐞𝐥 𝐩𝐞𝐭𝐫𝐨́𝐥𝐞𝐨, 𝐧𝐨 𝐬𝐮𝐬𝐭𝐢𝐭𝐮𝐢𝐝𝐚 𝐩𝐨𝐫 𝐞𝐥 𝐯𝐚𝐜𝐢́𝐨.”
𝐂𝐨𝐧𝐜𝐥𝐮𝐬𝐢𝐨́𝐧: El Síntoma y la Enfermedad
La discusión ha caído en la trampa de la falsa dicotomía: “𝐩𝐞𝐭𝐫𝐨́𝐥𝐞𝐨 𝐯𝐬. 𝐚𝐦𝐛𝐢𝐞𝐧𝐭𝐞”. Esta simplificación es peligrosa. La protesta de la 𝐔𝐒𝐎 en 𝐁𝐨𝐠𝐨𝐭𝐚́ es solo el síntoma de una gestión que parece priorizar la estética internacional sobre la estabilidad doméstica.
El verdadero desafío es evitar que, en el afán de ser líderes mundiales de la sostenibilidad, terminemos siendo un país con 𝐛𝐢𝐨𝐦𝐚𝐬 𝐩𝐫𝐨𝐭𝐞𝐠𝐢𝐝𝐨𝐬, pero con una economía en cuidados intensivos.