Por : Alvaro Chaves – Economista
Desde 1986, la revista The Economist —una de las publicaciones económicas más serias del mundo, publica cada año el llamado Índice Big Mac, que es la famosa hamburguesa que ofrece el restaurante de comida rápida McDonald’s.

La idea nació de una pregunta simple: si los precios en el mundo fueran aproximadamente similares, una hamburguesa Big Mac debería costar lo mismo en todos los países, ajustando por el tipo de cambio. Este producto cumple con un supuesto utilizado por los economistas, el denominado “bien homogéneo”, es decir la misma hamburguesa, hecha con los mismos ingredientes, vendida en diferentes ciudades del mundo. Si en un país cuesta el doble que en otro, algo está pasando con esa moneda: o está muy cara, o está muy barata.
¿Por qué una hamburguesa y no el oro o el petróleo? Porque la Big Mac tiene de todo: carne, pan, lechuga, queso, salsa, y necesita para producirse de la agricultura, transporte, empaque, electricidad, mano de obra local, arriendo de local. Es, en miniatura, un resumen de lo que cuesta vivir en un país.
Hagamos el ejercicio para Colombia hoy, abril 2026:
→ Big Mac en Colombia: $22.900 pesos
→ Big Mac en EE.UU.: USD 6,12
→ Divide: $22.900 ÷ 6,12 = $3.742 pesos por dólar
→ Dólar real hoy (TRM): $3.573 pesos
Eso significa que según la hamburguesa, el dólar debería costar $3.742. Pero está en $3.573. El peso está comprando más dólares de lo que la economía real justificaría. En términos técnicos: el peso está sobrevalorado cerca de un 4,7%.
Dicho en cristiano: medido en dólares, Colombia sale cara. Y eso tiene consecuencias reales para la gente y las empresas.
¿Es esto un logro del Gobierno? No, por las siguientes razones:
Trump hundió el dólar globalmente con su guerra de aranceles. Los inversionistas salieron del dólar y Colombia, como otros países emergentes, se benefició de rebote. Nada diseñado, nada planeado desde Bogotá.
El Banco de la República tuvo que subir las tasas de interés al 11,25% para apagar el incendio de la inflación, que se disparó en parte por el aumento del salario mínimo del 9,5% real en un solo año, una decisión que los economistas advirtieron que era insostenible, y por el gasto público desbordado. Esas tasas altas le quitan plata del bolsillo a quien tiene crédito, encarecen la inversión y frenan el empleo. No son una virtud: son el costo de haber perdido el control fiscal.
Las calificadoras internacionales llevan más de un año enviando señales de alarma. Moody’s bajó la nota en junio 2025. Fitch la bajó en diciembre. Y el 8 de abril —hace apenas dos semanas— S&P rebajó a Colombia a BB−, el nivel más bajo desde 1993. Treinta y tres años sin caer tan bajo. La razón que dan todas es la misma: déficit alto, deuda creciendo, sin espacio para reducir los excesivos gastos. Eso no es un país al que el mundo le tenga confianza. Es un país al que le están cobrando más caro por prestarle dinero.
¿Qué tiene de bueno el dólar barato?
– Importar sale más barato.
– Viajar al exterior cuesta menos.
– Frena un poco la inflación de lo que viene de afuera.
Pero que es lo que no se dice en medio de la euforia y que lo gritan a los cuatro vientos: que este fenómeno es un gran logro del gobierno:
– Los exportadores colombianos, caficultores, floricultores, manufactureros, reciben menos pesos por cada dólar que ganan.
– La industria local compite contra importaciones que llegan baratas.
– Esta fortaleza es débil, pues cuando los inversionistas deciden invertir el capital en países más seguros y menos inciertos que Colombia, el dólar pega un salto y el que paga es el ciudadano de a pie.
– Nada de esto toca el problema de fondo: deuda creciendo, inflación por encima de la meta, poder adquisitivo real que no se recupera.
Hay una diferencia grande entre un país que tiene el peso fuerte porque su economía es sólida, y un país que lo tiene fuerte porque el dólar global está débil y las tasas están por las nubes para tapar errores fiscales.
Colombia hoy es lo segundo.
La foto puede verse bien. La película es otra cosa.
¿Usted siente que su plata rinde más que hace tres años? Esa es la pregunta que vale.