
Por :Alvaro Chaves – Economista
Hay gobiernos que uno recuerda por lo que construyeron. Y hay gobiernos que uno recuerda por lo que destruyeron.
El de Gustavo Petro va camino a ser recordado por lo segundo.
No porque sea un villano de película. Sino porque repite, con una convicción casi religiosa, el mismo manual que ya fracasó en Venezuela, en Argentina, en Nicaragua. El manual del socialismo del siglo XXI: tomar el control de las instituciones, reemplazar a los técnicos por leales, culpar al sector privado de todos los males, y cuando los números no cuadran, buscar un enemigo.
Esta semana el enemigo fue el Banco de la República. La semana pasada fue el Congreso. Antes fueron las calificadoras de riesgo, los empresarios, los medios, las cortes. Siempre hay un culpable nuevo. Nunca es el gasto desbordado. Nunca es la deuda que creció 37% en tres años. Nunca es el déficit primario más alto en 30 años; el que Colombia solo había visto en crisis profundas como 1999 y la pandemia.
En mi blog lo documente con precisión hace dos años, cuando todavía era temprano para ver el cuadro completo: Petro no llegó a gobernar con técnicos. Llegó a gobernar con creyentes. Y cuando los técnicos le dijeron la verdad, como el ministro que pedía reducir el gasto y fue despedido, simplemente los cambió por alguien más obediente.
Eso tiene nombre en economía. Se llama marchitamiento institucional. No es un golpe de Estado. No hay tanques en las calles. Es algo más silencioso y más peligroso: las instituciones se van vaciando por dentro, pierden credibilidad, pierden personal calificado, pierden independencia. Hasta que un día ya no sirven de escudo.
Anoche vimos otro episodio. Petro salió en cadena a responderle al Banco de la República por haber subido las tasas. Anunció que prohibiría exportar fertilizantes para bajar precios internos, receta calcada del progresismo Kirchnerista en Argentina, cuando se ensayó con la soja y que terminó en desabastecimiento y paro agrario. Anunció una cuarta reforma tributaria. La cuarta. Después de que el Congreso le hundió las tres anteriores.
Y mientras tanto Colombia paga su deuda más cara que Ucrania. Que un país en guerra.
El socialismo no llega siempre con botas militares. A veces llega con micrófonos, con canales de televisión o en la radio, estratagemas ya utilizadas por el otrora nacionalsocialismo alemán bajo la dictadura de Hitler, con un lenguaje de redención que suena bonito pero que ya conocemos de memoria. Llega prometiendo que esta vez sí va a funcionar. Que los que fracasaron antes lo hicieron mal. Que aquí será diferente.
No va a ser diferente.
Los datos están abajo. Verificados. Con fuentes. Para que nadie diga que es opinión.


