El jaguar no se somete : el mensaje que Putumayo dejó en la Casa Blanca

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Por: *JAAM

En política internacional hay regalos que son cortesía… y hay otros que son 𝗺𝗲𝗻𝘀𝗮𝗷𝗲. El jaguar que quedó en la Casa Blanca pertenece, sin rodeos, a la segunda categoría. No llegó como adorno ni como souvenir exótico. 𝗟𝗹𝗲𝗴𝗼́ 𝗲𝗻 𝗽𝗼𝘀𝗶𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗱𝗲 𝗰𝗮𝘇𝗮. Y eso, para los pueblos amazónicos, no es un detalle estético: es una declaración estratégica.

𝙀𝙡 𝙟𝙖𝙜𝙪𝙖𝙧 𝙦𝙪𝙚 𝙚𝙡 𝙥𝙧𝙚𝙨𝙞𝙙𝙚𝙣𝙩𝙚 𝙂𝙪𝙨𝙩𝙖𝙫𝙤 𝙋𝙚𝙩𝙧𝙤 𝙚𝙣𝙩𝙧𝙚𝙜𝙤́ 𝙖 𝘿𝙤𝙣𝙖𝙡𝙙 𝙏𝙧𝙪𝙢𝙥 no fue un gesto protocolario más. Fue una pieza cargada de simbolismo político y espiritual. En la Amazonía suramericana, 𝗲𝗹 𝗷𝗮𝗴𝘂𝗮𝗿 𝗿𝗲𝗽𝗿𝗲𝘀𝗲𝗻𝘁𝗮 𝗽𝗼𝗱𝗲𝗿, 𝗱𝗲𝗳𝗲𝗻𝘀𝗮 𝗱𝗲𝗹 𝘁𝗲𝗿𝗿𝗶𝘁𝗼𝗿𝗶𝗼 𝘆 𝘀𝗼𝗯𝗲𝗿𝗮𝗻𝗶́𝗮. No es un animal dócil ni ornamental: es un depredador que responde cuando se le desafía. Coopera si hay equilibrio, pero no se somete.

𝗨𝗻 𝗷𝗮𝗴𝘂𝗮𝗿 𝗵𝗲𝗰𝗵𝗼 𝗱𝗲 𝘁𝗲𝗿𝗿𝗶𝘁𝗼𝗿𝗶𝗼, 𝘁𝗶𝗲𝗺𝗽𝗼 𝘆 𝗰𝗼𝗺𝘂𝗻𝗶𝗱𝗮𝗱

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Esta obra no nació en un despacho ni en una fábrica. Nació en la 𝘃𝗲𝗿𝗲𝗱𝗮 𝗠𝗮𝗰𝗵𝗶𝗻𝗱𝗶𝗻𝗼𝘆, 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝗔𝗹𝘁𝗼 𝗣𝘂𝘁𝘂𝗺𝗮𝘆𝗼, en el taller 𝘈𝘳𝘵𝘦 𝘚𝘢𝘯𝘰, liderado por 𝗠𝗮𝗿𝗰𝗲𝗹𝗶𝗻𝗼 𝗖𝗵𝗶𝗻𝗱𝗼𝘆 𝗝𝗮𝗻𝘀𝗮𝘀𝗼𝘆, indígena que, sin titubeos, reconoce su 𝘀𝗮𝗻𝗴𝗿𝗲 𝗮𝗻𝗰𝗲𝘀𝘁𝗿𝗮𝗹: por parte de su padre, 𝗖𝗵𝗶𝗻𝗱𝗼𝘆; por parte de su madre, 𝗝𝘂𝗮𝗴𝗶𝗯𝗶𝗼𝘆. Identidad doble, raíz profunda.

El jaguar mide aproximadamente 𝟳𝟱 𝗰𝗲𝗻𝘁𝗶́𝗺𝗲𝘁𝗿𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗹𝗮𝗿𝗴𝗼 𝘆 𝟯𝟱 𝗱𝗲 𝗮𝗹𝘁𝗼, y está compuesto por cerca de 𝟭𝟭.𝟬𝟬𝟬 𝗽𝗲𝗽𝗶𝘁𝗮𝘀 (𝗰𝗵𝗮𝗾𝘂𝗶𝗿𝗮𝘀), pegadas una a una directamente sobre la madera. Fueron 𝘃𝗮𝗿𝗶𝗼𝘀 𝗺𝗲𝘀𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝘁𝗿𝗮𝗯𝗮𝗷𝗼 𝗰𝗼𝗹𝗲𝗰𝘁𝗶𝘃𝗼, donde participaron varios de los cerca de 30 artesanos con los que teje vida con mente, manos y corazón, y donde las obras de mayor complejidad como esta se construyen entre tres, cuatro o más artistas. Aquí no hay ego: 𝗵𝗮𝘆 𝗺𝗶𝗻𝗴𝗮, hay comunidad, hay método ancestral.

La postura del jaguar no es casual. Está en el momento exacto previo a la caza. Tenso. Alerta. Vivo. Como quien observa antes de actuar. Como quien conoce su fuerza y no necesita exhibirla.

𝗘𝗹 𝗷𝗮𝗴𝘂𝗮𝗿 𝗻𝗼 𝘀𝗲 𝗿𝗲𝗴𝗮𝗹𝗮: 𝘀𝗲 𝗽𝗿𝗲𝘀𝗲𝗻𝘁𝗮

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Por eso este jaguar no habla de complacencia. Habla de 𝗹𝗶́𝗺𝗶𝘁𝗲𝘀. Refuerza una idea que el presidente Petro ha reiterado en su discurso: Colombia puede cooperar, pero 𝗻𝗼 𝘀𝗲 𝘀𝘂𝗯𝗼𝗿𝗱𝗶𝗻𝗮. El mensaje es claro: la Amazonía no es un recurso disponible sin condiciones, y los pueblos que la habitan no aceptan imposiciones sin resistencia.

En un contexto de tensiones políticas e ideológicas entre ambos gobiernos, el símbolo cobra mayor fuerza. El jaguar no duerme, no se domestica y no baja la cabeza. Observa, resiste y está listo para atacar si su territorio es vulnerado. Es diplomacia con memoria larga, no con amnesia conveniente.

𝗣𝘂𝘁𝘂𝗺𝗮𝘆𝗼: 𝗱𝗲𝗹 𝗺𝗮𝗿𝗴𝗲𝗻 𝗮𝗹 𝗰𝗲𝗻𝘁𝗿𝗼

Mientras muchos siguen viendo al Putumayo como periferia, este jaguar demuestra lo contrario: 𝗱𝗲𝘀𝗱𝗲 𝗮𝗾𝘂𝗶́ 𝘁𝗮𝗺𝗯𝗶𝗲́𝗻 𝘀𝗲 𝗹𝗲 𝗵𝗮𝗯𝗹𝗮 𝗮𝗹 𝗺𝘂𝗻𝗱𝗼. No con discursos vacíos, sino con símbolos que pesan más que mil comunicados oficiales. Este gesto coloca a los pueblos indígenas en el centro del debate global, no como folklore, sino como 𝘀𝘂𝗷𝗲𝘁𝗼𝘀 𝗽𝗼𝗹𝗶́𝘁𝗶𝗰𝗼𝘀, 𝗰𝘂𝗹𝘁𝘂𝗿𝗮𝗹𝗲𝘀 𝘆 𝘁𝗲𝗿𝗿𝗶𝘁𝗼𝗿𝗶𝗮𝗹𝗲𝘀.

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Con su serenidad habitual, Marcelino agradeció la visibilidad que los noticieros y las redes sociales han dado a su trabajo, subrayando que este reconocimiento no es solo para él, sino para 𝘁𝗼𝗱𝗼𝘀 𝗹𝗼𝘀 𝗮𝗿𝘁𝗲𝘀𝗮𝗻𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗣𝘂𝘁𝘂𝗺𝗮𝘆𝗼 𝘆 𝗱𝗲 𝗖𝗼𝗹𝗼𝗺𝗯𝗶𝗮 𝗲𝗻𝘁𝗲𝗿𝗮. En sus propias palabras, compartidas en redes sociales:

“𝑈𝑛 𝑡𝑟𝑎𝑏𝑎𝑗𝑜 𝑚𝑎́𝑠 𝑑𝑒𝑙 𝑇𝑎𝑙𝑙𝑒𝑟 𝐴𝑟𝑡𝑒-𝑆𝑎𝑛𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑡𝑟𝑎𝑠𝑐𝑖𝑒𝑛𝑑𝑒 𝑓𝑟𝑜𝑛𝑡𝑒𝑟𝑎𝑠, 𝑙𝑙𝑒𝑣𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑎𝑙 𝑚𝑢𝑛𝑑𝑜 𝑢𝑛 𝑝𝑒𝑑𝑎𝑐𝑖𝑡𝑜 𝑑𝑒 𝑛𝑢𝑒𝑠𝑡𝑟𝑎𝑠 𝑐𝑢𝑙𝑡𝑢𝑟𝑎𝑠 𝐼𝑛𝑔𝑎 𝑦 𝐾𝑎𝑚ë𝑛𝑡𝑠𝑎́. 𝐼𝑛𝑓𝑖𝑛𝑖𝑡𝑎𝑠 𝑔𝑟𝑎𝑐𝑖𝑎𝑠 𝑎 𝑙𝑜𝑠 𝑎𝑟𝑡𝑖𝑠𝑡𝑎𝑠 𝑞𝑢𝑒 𝑚𝑒 𝑎𝑝𝑜𝑦𝑎𝑟𝑜𝑛 𝑒𝑛 𝑒𝑠𝑡𝑎 𝑜𝑏𝑟𝑎.”

𝗚𝗿𝗮𝘁𝗶𝘁𝘂𝗱 𝗾𝘂𝗲 𝘁𝗮𝗺𝗯𝗶𝗲́𝗻 𝗲𝘀 𝗺𝗲𝗺𝗼𝗿𝗶𝗮

En lo personal, este jaguar también me conecta con una historia íntima. 𝗔𝗴𝗿𝗮𝗱𝗲𝘇𝗰𝗼 𝗽𝗿𝗼𝗳𝘂𝗻𝗱𝗮𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗵𝗮𝗯𝗲𝗿 𝗰𝗼𝗻𝗼𝗰𝗶𝗱𝗼 𝗮𝗹 𝗺𝗮𝗲𝘀𝘁𝗿𝗼 𝗠𝗮𝗿𝗰𝗲𝗹𝗶𝗻𝗼 𝗖𝗵𝗶𝗻𝗱𝗼𝘆 hace algunos años, cuando le adquirí un banco muy antiguo tallado 𝗱𝗼𝗻𝗱𝗲 𝘀𝗲 𝘀𝗲𝗻𝘁𝗮𝗯𝗮𝗻 𝘆 𝘀𝗲 𝘀𝗶𝗲𝗻𝘁𝗮𝗻 𝗹𝗼𝘀 𝗮𝗯𝘂𝗲𝗹𝗼𝘀. No es un mueble: es un lugar de palabra, de memoria y de descanso espiritual. Aún lo conservo, porque hay objetos que no se desgastan con el tiempo: se heredan.

Mi gratitud es sincera con Marcelino, y con sus 𝗵𝗲𝗿𝗺𝗮𝗻𝗼𝘀 𝘆 𝗵𝗲𝗿𝗺𝗮𝗻𝗮𝘀 𝗮𝗿𝘁𝗲𝘀𝗮𝗻𝗼𝘀, porque su trabajo no solo embellece: enseña, cuida y resiste. Cada pieza que sale del taller 𝐴𝑟𝑡𝑒 𝑆𝑎𝑛𝑜 lleva algo que no se compra ni se imita: la dignidad de un pueblo que sabe quién es y de dónde viene.

𝗩𝗶𝘀𝗶𝗼́𝗻 𝗮 𝗳𝘂𝘁𝘂𝗿𝗼

Este jaguar nos deja una tarea clara: que el arte ancestral no sea usado solo como gesto simbólico, sino como 𝗽𝗼𝗹𝗶́𝘁𝗶𝗰𝗮 𝗰𝘂𝗹𝘁𝘂𝗿𝗮𝗹 𝘀𝗼𝘀𝘁𝗲𝗻𝗶𝗱𝗮; que los pueblos indígenas no aparezcan solo en la foto, sino en la 𝘁𝗼𝗺𝗮 𝗿𝗲𝗮𝗹 𝗱𝗲 𝗱𝗲𝗰𝗶𝘀𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀; y que el Putumayo no sea noticia solo por el conflicto, sino por su capacidad de 𝗰𝗿𝗲𝗮𝗿, 𝗽𝗲𝗻𝘀𝗮𝗿 𝘆 𝗽𝗿𝗼𝗽𝗼𝗻𝗲𝗿 𝗽𝗮𝗶́𝘀.

Porque si algo nos enseña el jaguar es esto: la fuerza verdadera no grita, 𝗼𝗯𝘀𝗲𝗿𝘃𝗮… 𝘆 𝗮𝗰𝘁𝘂́𝗮 𝗰𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗲𝘀 𝗻𝗲𝗰𝗲𝘀𝗮𝗿𝗶𝗼.

Y no, el jaguar no se somete.

Nunca lo ha hecho.

Nunca lo hará. 🐆

*Consejero de Paz Departamental Putumayo – Defensor de DDHH


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