CERAWeek 2025: el mundo avanza, ¿y cómo está Colombia?

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ACP – Frank Pearl / Presidente de la Asociación Colombiana del Petróleo y Gas, ACP

Hace unos días, en Houston, se realizó en CERAWeek 2025, una de las cumbres energéticas más influyente del mundo. Fueron jornadas intensas, con debates de alto nivel sobre el futuro de la energía y el papel que cada región está llamada a desempeñar en un contexto de creciente demanda, en procesos de transición energética y a través de desarrollos tecnológicos y de innovación.

Hace unos días, en Houston, se realizó en CERAWeek 2025, una de las cumbres energéticas más influyente del mundo. Fueron jornadas intensas, con debates de alto nivel sobre el futuro de la energía y el papel que cada región está llamada a desempeñar en un contexto de creciente demanda, en procesos de transición energética y a través de desarrollos tecnológicos y de innovación.

Una de las conclusiones más evidentes es que el mundo necesita más energía, no menos. Mientras algunos países avanzan en la incorporación de renovables, la realidad es que la estabilidad del suministro sigue dependiendo en gran medida de los hidrocarburos. Líderes de la industria global lo dejaron claro: la transición energética es necesaria, pero debe ser ordenada, sostenible, realista y, en todo caso, debe garantizar el abastecimiento y la autosuficiencia energética.


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Frente a esto, la gran pregunta es: ¿dónde está Colombia en esta conversación?

La paradoja colombiana

Colombia ha sido un actor clave en la seguridad energética de la región, con una industria que ha aportado desarrollo, empleo y estabilidad fiscal. Sin embargo, en este momento estamos en una encrucijada. Mientras el mundo reconoce la necesidad de diversificar, fortalecer y aumentar la producción de todas las fuentes de energía, en nuestro país estamos restringiendo la oferta y no estamos siendo conscientes de que la combinación de distintos fuentes de suministro es fundamental para que la matriz energética colombiana sea eficiente.

Hoy, enfrentamos una caída en las reservas de petróleo y gas (7,1 años en petróleo y 6,1 en gas según datos de la ANH a 2023), y no logramos aumentar la producción (774 mil barriles día en petróleo y 964 millones de pies cúbicos día en gas), una señal de alerta que no podemos ignorar, además porque las actuales reservas de petróleo llevarían a una caída de producción en los próximos años, generando déficit de 40 billones de pesos entre 2017 y 2025, frente a la proyección de producción del Marco Fiscal de Mediano Plazo.


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Las inversiones en exploración disminuyeron un 27% el año pasado, en parte por la incertidumbre regulatoria y fiscal, pero también por una narrativa que ha desdibujado el rol estratégico de esta industria en la transición energética.

No se trata de oponerse al cambio, sino de liderarlo con sensatez y pasos firmes. Pretender que podemos o debemos prescindir de los hidrocarburos de un día para otro es un error. Son estos recursos los que, bien gestionados, pueden financiar la transformación del sector energético y garantizar que millones de colombianos sigan teniendo acceso a energía confiable. También deberían utilizarse para diversificar y formalizar las economías regionales y reducir las brechas sociales.

En CERAWeek quedó claro que los países que mejor se están posicionando son aquellos que entienden la complementariedad entre distintas fuentes de energía. Estados Unidos, por ejemplo, está aprovechando la innovación en materia de tecnología, digitalización e inteligencia artificial para hacer su producción de petróleo y gas más eficiente, al tiempo que expande su capacidad en energías renovables e hidrógeno.

Colombia tiene todo el potencial para ser un actor clave en esta transformación. Tenemos recursos en el subsuelo, talento, infraestructura y una industria que ha demostrado su capacidad de adaptación y evolución. Lo que necesitamos es un entorno que fomente la inversión, reglas de juego claras y una visión de largo plazo que integre la sostenibilidad con la seguridad energética.

Los días de conferencias y discusiones en el marco de CERAWeek dejaron una certeza: el mundo no está esperando. Los países que entiendan la realidad del mercado energético y actúen con pragmatismo serán los que garanticen su desarrollo y competitividad en las próximas décadas.

Colombia debe ser parte de esta conversación global, no desde la trinchera de visiones ideológicas, sino desde el liderazgo estratégico buscando fortalecer las economías regionales. La industria está lista para aportar. Es momento de construir una política energética que nos permita seguir siendo protagonistas en la región y no espectadores del desarrollo de otros. El futuro de nuestra energía no puede decidirse en la incertidumbre. Necesitamos claridad, diálogo y, sobre todo, acción.


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