

๐๐ฐ๐ณ: Alexander Africano*
La promesa de la ๐๐ข๐ป ๐๐ฐ๐ต๐ข๐ญ en Colombia enfrenta desafรญos significativos en regiones como Putumayo, donde la violencia y la presencia de grupos armados ilegales siguen afectando gravemente a las comunidades locales. A pocos dรญas de las elecciones atรญpicas programadas para el 23 de febrero de 2025, destinadas a elegir al gobernador del departamento y al alcalde de Puerto Guzmรกn, la situaciรณn de seguridad es alarmante.
El reciente secuestro de ๐๐๐ฆ๐ข๐ ๐๐ฬ๐ซ๐๐ณ, un joven de 36 aรฑos retenido al parecer el pasado 15 de febrero en la vereda Caรฑo Avena, municipio de Puerto Guzmรกn, es un claro ejemplo de la vulnerabilidad que enfrentan los habitantes de la regiรณn. A pesar de los desesperados llamados de su familia, difundidos ampliamente en redes sociales, las autoridades y organismos humanitarios han guardado un preocupante silencio.
๐๐ฅ ๐ฌ๐ข๐ฅ๐๐ง๐๐ข๐จ ๐๐ ๐ฅ๐ ๐๐๐๐๐ง๐ฌ๐จ๐ซ๐ขฬ๐ ๐๐๐ฅ ๐๐ฎ๐๐๐ฅ๐จ ๐ฒ ๐ฅ๐๐ฌ ๐๐ฎ๐ญ๐จ๐ซ๐ข๐๐๐๐๐ฌ
Uno de los silencios mรกs inquietantes es el de la Defensorรญa del Pueblo, entidad encargada de velar por los derechos humanos y servir como enlace entre las vรญctimas y el Estado. Hasta la fecha, no ha habido un pronunciamiento claro sobre la desapariciรณn de Yamid Pรฉrez, ni se ha ofrecido acompaรฑamiento a su familia. La ausencia de la Defensorรญa en una situaciรณn tan delicada como esta no solo deja en el desamparo a quienes sufren, sino que tambiรฉn envรญa un mensaje preocupante: en Putumayo, la protecciรณn de los derechos fundamentales sigue siendo una promesa incumplida.
Este no es un caso aislado. En regiones donde los grupos armados ilegales ejercen un control significativo, las denuncias de desapariciones forzadas, reclutamiento de menores y desplazamientos son constantes. Sin embargo, la respuesta institucional es mรญnima o nula. ๐๐ฎ ๐๐ฒ๐ณ๐ฒ๐ป๐๐ผ๐ฟ๐ถฬ๐ฎ ๐ฑ๐ฒ๐น ๐ฃ๐๐ฒ๐ฏ๐น๐ผ ๐ต๐ฎ ๐ฒ๐บ๐ถ๐๐ถ๐ฑ๐ผ ๐ฎ๐น๐ฒ๐ฟ๐๐ฎ๐ ๐๐ฒ๐บ๐ฝ๐ฟ๐ฎ๐ป๐ฎ๐ ๐ฒ๐ป ๐ฒ๐น ๐ฝ๐ฎ๐๐ฎ๐ฑ๐ผ ๐๐ผ๐ฏ๐ฟ๐ฒ ๐น๐ฎ ๐ด๐ฟ๐ฎ๐๐ฒ ๐๐ถ๐๐๐ฎ๐ฐ๐ถ๐ผฬ๐ป ๐ฑ๐ฒ ๐๐ฒ๐ด๐๐ฟ๐ถ๐ฑ๐ฎ๐ฑ ๐ฒ๐ป ๐ฒ๐น ๐ฑ๐ฒ๐ฝ๐ฎ๐ฟ๐๐ฎ๐บ๐ฒ๐ป๐๐ผ, ๐ฝ๐ฒ๐ฟ๐ผ ยฟ๐ฑ๐ฒ ๐พ๐๐ฒฬ ๐๐ถ๐ฟ๐๐ฒ๐ป ๐๐ถ ๐ป๐ผ ๐๐ฎ๐ป ๐ฎ๐ฐ๐ผ๐บ๐ฝ๐ฎ๐ปฬ๐ฎ๐ฑ๐ฎ๐ ๐ฑ๐ฒ ๐ฎ๐ฐ๐ฐ๐ถ๐ผ๐ป๐ฒ๐ ๐ฐ๐ผ๐ป๐ฐ๐ฟ๐ฒ๐๐ฎ๐?.
El silencio no solo proviene de la Defensorรญa del Pueblo, aunque es posible que estรฉn desarrollado un trabajo silencioso ยฟPor temor?. La Gobernaciรณn encargada y otras entidades tampoco han dado declaraciones sobre este hecho. A pocos dรญas de las elecciones atรญpicas, este vacรญo institucional deja en duda las garantรญas de seguridad para los votantes y para la poblaciรณn en general.
๐๐ง๐ ๐ ๐ฎ๐๐ซ๐ซ๐ ๐๐ง๐ญ๐ซ๐ ๐ ๐ซ๐ฎ๐ฉ๐จ๐ฌ ๐ข๐ฅ๐๐ ๐๐ฅ๐๐ฌ ๐๐จ๐ง ๐ฅ๐ ๐ฉ๐จ๐๐ฅ๐๐๐ข๐จฬ๐ง ๐๐ง ๐ฆ๐๐๐ข๐จ
La crisis de seguridad en Putumayo no solo se debe a la presencia de un grupo armado ilegal, sino a una disputa territorial en la que la poblaciรณn civil queda en medio del fuego cruzado. En la regiรณn se intensifican las confrontaciones entre los Comandos de la Frontera y las disidencias de las FARC, especรญficamente el Frente Raรบl Reyes y el Frente Carolina Ramรญrez.
Estos frentes, que forman parte de estructuras disidentes de las FARC, buscan consolidar su poder en zonas estratรฉgicas para el narcotrรกfico, el control de rutas y la extorsiรณn a campesinos e indรญgenas. Las comunidades rurales quedan atrapadas en una guerra ajena, donde los actores armados se disputan el territorio sin importar el impacto sobre la poblaciรณn civil.
En los lรญmites entre Puerto Guzmรกn y Puerto Leguรญzamo, se habla de varias familias que han quedado confinadas, sin poder salir de sus veredas por temor a enfrentamientos entre estos grupos. En la zona entre Puerto Caicedo y Puerto Asรญs, han circulado similares denuncias sobre nuevas retenciones y personas desaparecidas.
La situaciรณn es crรญtica: campesinos e indรญgenas son vรญctimas del reclutamiento forzado, amenazas, asesinatos selectivos y desplazamientos masivos. La presencia del Estado es prรกcticamente nula, y los grupos armados ilegales imponen su ley mediante la violencia.
๐๐ฅ ๐ฌ๐ข๐ฅ๐๐ง๐๐ข๐จ ๐๐ข๐ฎ๐๐๐๐๐ง๐จ: ยฟ๐๐จฬ๐ฆ๐ฉ๐ฅ๐ข๐๐ ๐จ ๐ซ๐๐ฌ๐ฎ๐ฅ๐ญ๐๐๐จ ๐๐๐ฅ ๐ฆ๐ข๐๐๐จ?
Pero no solo las autoridades han guardado silencio. La ciudadanรญa tambiรฉn parece haber caรญdo en la indiferencia o el miedo. Mientras el conflicto se intensifica y las vidas de campesinos e indรญgenas estรกn en riesgo, pareciera que la prioridad de muchos es quiรฉn ganarรก las elecciones entre los cuatro candidatos en disputa, en lugar de exigir garantรญas para la vida y la seguridad.
Sin embargo, este silencio no necesariamente es indiferencia. En Putumayo, el miedo ha sido impuesto como norma. La gente sabe que hablar demasiado o denunciar pรบblicamente puede convertirlos en objetivos de los grupos armados. El miedo a represalias es real y justificado.
El problema es que este miedo ha llevado a la resignaciรณn, a una especie de normalizaciรณn de la violencia donde la gente sigue con su vida, con sus elecciones, con sus preocupaciones cotidianas, mientras a su alrededor desaparecen personas y se consolidan estructuras criminales. ๐๐ถ๐ข๐ฏ๐ฅ๐ฐ ๐ญ๐ข ๐ท๐ช๐ฅ๐ข ๐ฉ๐ถ๐ฎ๐ข๐ฏ๐ข ๐ฑ๐ฆ๐ด๐ข ๐ฎ๐ฆ๐ฏ๐ฐ๐ด ๐ฒ๐ถ๐ฆ ๐ถ๐ฏ๐ข ๐ฆ๐ญ๐ฆ๐ค๐ค๐ช๐ฐฬ๐ฏ, ๐ญ๐ข ๐ด๐ฐ๐ค๐ช๐ฆ๐ฅ๐ข๐ฅ ๐ฆ๐ฏ๐ต๐ฆ๐ณ๐ข ๐ฆ๐ด๐ต๐ข ๐ฆ๐ฏ ๐ค๐ณ๐ช๐ด๐ช๐ด.
ยฟ๐ ๐ฅ๐ ๐๐ ๐ฅ๐๐ฌ๐ข๐? ๐๐ญ๐ซ๐จ ๐๐๐ญ๐จ๐ซ ๐ช๐ฎ๐ ๐ฌ๐ ๐ก๐ ๐ก๐๐๐ก๐จ ๐ ๐ฎ๐ง ๐ฅ๐๐๐จ
Histรณricamente, la Iglesia ha jugado un papel clave en la defensa de los derechos humanos en regiones afectadas por el conflicto armado. Sin embargo, en Putumayo, su voz ha sido prรกcticamente inexistente ante la violencia actual.
En otras รฉpocas, sacerdotes y lรญderes religiosos denunciaban pรบblicamente las atrocidades cometidas por los actores armados, servรญan de mediadores y protegรญan a las comunidades mรกs vulnerables. Hoy, ese rol parece haberse diluido. El miedo, la presiรณn o quizรก la falta de voluntad han llevado a la Iglesia a un segundo plano, mientras el conflicto sigue cobrando vidas.
El silencio eclesiรกstico es especialmente preocupante porque la Iglesia aรบn conserva influencia en muchas comunidades. Su ausencia en este momento crรญtico deja un vacรญo moral y social que debilita aรบn mรกs a quienes buscan justicia y protecciรณn.
๐๐ง ๐ฅ๐ฅ๐๐ฆ๐๐๐จ ๐ฎ๐ซ๐ ๐๐ง๐ญ๐ ๐๐ฅ ๐๐จ๐๐ข๐๐ซ๐ง๐จ ๐๐๐๐ข๐จ๐ง๐๐ฅ ๐ฒ ๐ ๐ฅ๐ ๐ฌ๐จ๐๐ข๐๐๐๐
La Paz Total no puede ser un mero eslogan polรญtico. Requiere de un compromiso real y acciones contundentes para desarticular a los grupos armados ilegales, garantizar la seguridad de las comunidades y responder de manera efectiva ante situaciones que vulneran los derechos humanos.
El silencio de la Defensorรญa del Pueblo, la Gobernaciรณn y el Gobierno Nacional no solo deja en el abandono a la familia de Yamid Pรฉrez, sino que tambiรฉn fortalece a quienes buscan mantener el control mediante el miedo y la violencia.
Pero tambiรฉn es momento de que la ciudadanรญa despierte y deje de ser espectadora de su propio sufrimiento. ๐๐ ๐ถ๐ป๐ฎ๐ฐ๐ฒ๐ฝ๐๐ฎ๐ฏ๐น๐ฒ ๐พ๐๐ฒ ๐ฒ๐ป ๐ฃ๐๐๐๐บ๐ฎ๐๐ผ ๐น๐ฎ ๐๐ถ๐ฑ๐ฎ ๐ฑ๐ฒ ๐๐ป๐ฎ ๐ฝ๐ฒ๐ฟ๐๐ผ๐ป๐ฎ ๐๐ฒ๐ฐ๐๐ฒ๐๐๐ฟ๐ฎ๐ฑ๐ฎ ๐ฝ๐ฒ๐๐ฒ ๐บ๐ฒ๐ป๐ผ๐ ๐พ๐๐ฒ ๐๐ป ๐๐ผ๐๐ผ ๐ฒ๐ป ๐๐ป๐ฎ ๐ฒ๐น๐ฒ๐ฐ๐ฐ๐ถ๐ผฬ๐ป. ๐ก๐ผ ๐ต๐ฎ๐ ๐ฑ๐ฒ๐บ๐ผ๐ฐ๐ฟ๐ฎ๐ฐ๐ถ๐ฎ ๐ฝ๐ผ๐๐ถ๐ฏ๐น๐ฒ ๐ฒ๐ป ๐๐ป ๐๐ฒ๐ฟ๐ฟ๐ถ๐๐ผ๐ฟ๐ถ๐ผ ๐ฑ๐ผ๐ป๐ฑ๐ฒ ๐ฒ๐น ๐บ๐ถ๐ฒ๐ฑ๐ผ ๐๐ถ๐น๐ฒ๐ป๐ฐ๐ถ๐ฎ ๐น๐ฎ๐ ๐๐ผ๐ฐ๐ฒ๐.
La paz no se decreta desde Bogotรก: se construye con hechos en los territorios. Mientras tanto, en Putumayo, la incertidumbre y el miedo siguen reinando, y la Paz Total parece, una vez mรกs, un sueรฑo lejano.
*๐ด๐๐๐๐๐๐๐ ๐๐ ๐ถ๐๐๐๐๐๐ ๐๐๐๐๐๐๐๐ ๐๐ ๐๐๐๐๐๐๐๐ ๐ก๐๐ – ๐ถ๐๐- ๐๐๐๐๐๐๐๐๐ ๐๐ข๐ก๐ข๐๐๐ฆ๐
