Cuando eramos felices y no lo sabiamos

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Por: Carlos Esteban Patiño.

Al observar estas imágenes, se vienen incomparables recuerdos de aquellos tiempos que se inmortalizaron en la mente y hoy los añora con tristeza el alma.

De aquellos momentos cuando jugábamos desapercibidos en medio de la nada y los zapatos eran un lujo que solo nos dábamos para ir a la escuela por que el calzado se heredaba de los hermanos mayores que con el paso del tiempo debían dejarlos para el que venga, ya que estas reliquias que muchas veces sacaban la lengua eran un gesto de amor en medio de la miseria e ingratitud de la vida y el estado.

Como sufriste vieja… como sufrieron viejos queridos…


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En una época donde si te enfermabas debías curarte con la formula, porque para visitar al médico tocaba vender la gallina zaratana ya que la plata si acaso pa la sal alcanzaba.

Nada de subsidios jóvenes … eso se lo inventaron ahorita…

Tiempos donde los hilos de la cabuya pasaban por tus sagradas manos mi querida vieja, llevándose en sus hebras tu sangre preciosa y tus carnes sudorosas con las que nuestras bocas alimentabas.

Como olvidar, que te fuiste satisfecha hace veinte cantares a encontrarte con el corazón del sagrado hombre que mucho veneraste y fue el patrono de tu casa.


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Vaya…. tantos y tantos innumerables recuerdos.

¿Pero qué sabrán ustedes jóvenes de esto?,
Sabrán acaso cuando la tierra nos prestaba su laborioso barro para jugar a la casita y fabricar la vajilla de la mas fina porcelana?

Cuando las hojas de los arboles simulaban los billetes de la denominación mas cara.

Como hacerles comprender a ustedes estos asares si viven en un mundo donde es placer jugar sentado al frente de una máquina que los obliga a permanecer callados, o talvez a dialogar con alguien que nunca han estrechado entre sus brazos y ni siquiera han podido tomar su mano.

Como anhelo en mirar a las niñas jugar a las cocinadas lejos del vicio de la tecnología que emboba.
Al chiquillo arrastrando su carrito de plástico o la lata de sardina tirado con la cuerda simulando la labranza.

Como no añorar esas épocas donde antes de comer rezábamos, dábamos gracias y el adagio del padre y el abuelo se repetía cuantas veces fuese necesario «En la mesa y en el juego se conoce al caballero»

Hay tanto que recordar ….. y tan poco tiempo para escribir….

Que los niños sean niños y vivan su niñez,
¿para que apresurar su tiempo?
Pero permitámosle conocer su cuna, su raíz y la estructura de nuestro mundo.
No el que pinta la Internet no….
Tampoco el que marcan las tendencias de la moda….
El que inculca una familia que sueña con su verdadera felicidad y que mira en ellos el reflejo del amor.
Por que lo que se ama, se valora, se defiende y educa.

K´esteban


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