Una opinión

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John Elvis Vera Suarez

John Elvis Vera Suarez

Creo que es deber como ser social, analizar desde nuestra propia percepción, el actual proceso electoral. Esto debido obviamente a su gran importancia, ya que el mismo incide directamente en la vida de la población colombiana. Así como malas administraciones han llevado al deterioro de la calidad de vida de millones de familias, un buen gobierno, que es la ilusión de las mayorías, nos podría traer el bienestar colectivo tan requerido por toda la ciudadanía.

En estos meses de intensa campaña por parte de las organizaciones políticas, personalidades con determinada audiencia —incluyendo el presidente de la República, quien en teoría debería ser imparcial— y en ocasiones los propios gremios económicos han venido expresando sus preferencias, tratando de motivar el voto a favor de sus ungidos.

Los grandes medios de comunicación reiteradamente no informan sobre los mismos aconteceres, sino de manera solapada o inclusive más que visibles, toman partido en defensa de quienes defienden los intereses de sus patrocinadores, quienes no solamente inyectan grandes cantidades de dineros en comerciales que posibilitan la sostenibilidad económica de dichos medios, sino que por igual algunos son los dueños directos de estos.

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En las elecciones intervienen una buena cantidad y variedad de actores locales, regionales y obviamente nacionales. Las iglesias nunca han faltado en sus indicaciones “divinas” a sus feligreses. Las fuerzas militares con gran injerencia en el quehacer institucional vienen opinando y hasta presionando el apoyo para sus políticos cercanos, desde que estas fueron fundadas después de la creación de la República. Por igual los ministros, gobernadores, alcaldes y demás funcionarios a los cuales la ley les prohíbe su participación política-electoral, muchos toman partido abiertamente.   

Siempre hemos entendido que las instituciones están para defender el Estado. Otra cosa es que estas se pongan al servicio de quienes se han incrustado en él, para beneficio propio de sus mezquinos intereses. Es decir, se corrompan para que nada cambie, para poder seguir saqueando el erario. El presupuesto de todos los colombianos. Y para agrandar el problema, elección tras elección, presionan a contratistas para que realicen campañas o, si no les puede costar su trabajo.  

Llama mucho la atención que, al parecer, miles de voluntarios para ser testigos en las elecciones en todo el país, no les haya sido posible porque no les fueron entregadas sus credenciales. Además, la denuncia ciudadana habla que al menos en Armenia, el domingo pasado desapareció por encanto buena parte de los buses que debían garantizar el transporte de pasajeros urbanos. ¿Había quienes no querían que los votantes ejercieran su derecho?

Aunque la abstención disminuyó, se situó alrededor del 45%, ya que, de los 39.002.239 votantes potenciales, ejercieron su derecho 21.418.631, lo cierto es que se debe avanzar mucho más para que el gobernante elegido tenga toda la legitimidad otorgada por las mayorías. Votar bien, votar a conciencia, sigue siendo la mayor consigna, para lograr un país en plena democracia y con una paz duradera.   

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