Por un carnaval sostenible

Las celebraciones en Putumayo deberían exaltar de manera decidida sus raíces étnicas y su riqueza ambiental.

Por : Oscar David Gaviria Serna

Los investigadores han llegado a la génesis de los carnavales de Negros y Blancos. Una rebelión de esclavos en Antioquia ocurrida en 1607 y celebrada por muchos años en Popayán conllevó a que la Corona Española, diera el 5 de enero como día de asueto y libertad.

Dichos esclavos se tomaban la ciudad con sus ritmos y danzas africanas y pintaban incluso grafitis en sus blancos muros. La fiesta tomó fuerza curiosamente en la fría ciudad de Pasto. Ya en 1854 con población negra escasa, ungiéndose la cara de negro, subsanaron el problema estadístico y la rumba se tomó la ciudad.

En 1912 un grupo de ilustres pastusos, atrapados por el amanecer de un día de reyes, en una reconocida casa de citas no tuvieron otra opción y en broma, se apropiaron de los talcos perfumados de las damiselas y se cuestionaron que si había un día de negros ¿por qué no podrían ellos celebrar un día de blancos? sellando así a partir de entonces, el maridaje carnavalero de negros y blancos el cual se extendió como polvo por los caminos del sur y en tanto la mayoría de colonos del valle de Sibundoy y Mocoa eran nariñenses, la fiesta no se hizo esperar y se arraigó en estas tierras.

Foto: Mauricio Fajardo

En otros municipios de putumayo, cuyos pobladores tienen diversos orígenes, vieron con recelo el goce del carnaval. En la misma Mocoa, cuya base poblacional cambió por efecto del desplazamiento forzado, el carnaval migró hacia prácticas inadecuadas, incluyendo el uso de harinas y otros productos nocivos, deteriorando la convivencia y el fin mismo de la fiesta.

En otras festividades como el día del agua, esta corre en derroche por todas las calles en contradicción con la carencia cotidiana y la sed de todo el año. Entonces la ciudad se transforma en una batalla campal de hordas de jóvenes que se agreden mutuamente, como si se jugaran el futuro incierto que les espera, como si tuvieran entre ellos cuentas pendientes, propias de las tribus y las bandas urbanas.

Foto: Mauricio Fajardo

Los tiempos han cambiado y nos exigen girar en coherencia con nuevos paradigmas sociales, culturales y ambientales. Debemos sí conservar por ejemplo, la necesidad del encuentro anual y el disfrute colectivo, la fiesta y el ocio, pero resignificarlo, introducir otros elementos que identifiquen al conjunto de la nueva sociedad con los nuevos valores.

Puerto Asís, a manera de referente, se vuelca anualmente al río Putumayo en una multitudinaria regata que si bien tiene mucho por mejorar, representa una nueva relación con el entorno. Puerto Caicedo hace lo propio en el plácido río San Juan y así convocan a la ciudadanía a un encuentro vivo y festivo con la naturaleza que las autoridades ambientales deberían mirar con otros ojos en tanto la pedagogía debe apropiarse de los espacios colectivos que son los escenarios donde se construye la cultura ciudadana.

Foto: Oscar David Gaviria

Estos dos ejemplos en pocos años han logrado convocar la atención de los putumayenses y sirven de referente para preguntarse qué hacer en cada espacio municipal.

Con lideresas del Tigre conversamos en torno a la promoción de diversas actividades como el salto desde el puente sobre el río Guamuéz, escenario trágico del conflicto armado, en el propósito de re-significarlo con actos de vida y acciones simbólicas que mantengan viva la memoria de sus seres queridos, para lo cual un grupo de jóvenes viene trabajando.

En el Valle de Sibundoy es hora de tirarse al agua en canoas por los canales, articulando rutas y plazoletas que muestren la majestad, la belleza y la tradición indígena de esta joya andino amazónica.

Mocoa cuyo balneario natural desde siempre ha sido Rumiyaco, requiere de la construcción de un malecón paralelo a este río, que permita albergar diversas actividades colectivas, lúdicas, culturales y deportivas, que por su interés proscriba las “bombas de agua” del 28 de diciembre y acoja a la comunidad los fines de semana. Este malecón como parque lineal, conectaría un circuito virtuoso entre la ciudad y el río, privilegiando a los peatones y la ciclo ruta, generando un corredor turístico, económico y social, siempre que su implementación y operación esté bajo la tutela comunitaria y se garantice un enfoque ambiental.

Foto: Oscar David Gaviria

Todos los municipios de putumayo cuentan con bellos parajes que dotados como parques, la ciudadanía disfrutaría en su reencuentro y exaltando su riqueza, aportarían a la construcción de identidad acogiendo a propios y visitantes.

En el mundo de hoy, hay avidez del turismo por nuevas experiencias y Putumayo tiene diversos y extraordinarios escenarios que por sí mismos no son suficientes si no se desarrolla una cultura anfitriona envidiable; para lograrlo, la educación tiene la palabra.

La pandemia debería ser el pretexto perfecto para repensar el rol de la región en aspectos estratégicos. Si empezamos a reorganizar la fiesta, mejoraríamos significativamente la convivencia.

Es hora de trascender los talcos y los sprays con eventos culturales convocantes. Es hora de diferenciarnos, de dotar de carácter a este carnaval con motivos ancestrales, étnicos e indígenas como epicentro de la fiesta misma, de manera que los atuendos, la comida, las danzas y la música entre otros, sean el motivo del diseño, del disfraz, de la carroza y el encuentro. El nuevo turismo mundial valora esas expresiones vernáculas y no escatima en dólares la oportunidad de conocer la reinterpretación de la cultura en convivencia con la naturaleza.

Foto: Oscar David Gaviria

La agenda de fin de año hay que reestructurarla incorporando nuevos elementos como los deportes extremos en los ríos circundantes, paseos en embarcaciones, escalada sobre rocas, guianza por los senderos de las cascadas y encuentros emotivos como salsa al parque o el festival del retorno, que han demostrado con creces que convocan y gustan.

Tenemos todos los elementos para la fiesta y el ocio, y es menester que las fuerzas de la región se articulen para el éxito de este gran emprendimiento cultural.

Estas son solo unas ideas para provocar un conversatorio, pues el verdadero carnaval debe ser una construcción colectiva que recoja inquietudes de los jóvenes, de los comerciantes, de las mujeres; en fin, que tenga más elementos para la discusión y el disfrute y no se límite exclusivamente a los polvos de un amanecer en una casa de citas.