Canciones emblemáticas del Putumayo

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Lo escuché a amigos y conocidos…

Por: GUIDO REVELO CALDERON

Suceso 1:

– “Lo único que recuerdo es que mi vecino de aquí en Mocoa, cuyos hijos fueron mis compañeros de escuela, había llegado de Puerto Asís. Los niños se llamaban (¿se llaman?) Alberto y Jaime. Sus padres, el señor Isaías Horta y Doña Anita, en alguna oportunidad invitaron a su casa a un músico, opita como ellos. Hasta mi casa, todas las tardes, llegaban los acordes de sus ensayos diarios de trompeta.”

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Suceso 2:

– “Fue la primera vez que yo leí un letrero donde se publicitaba la venta de una casa y figuraba el nombre de mi papá. Fue para mí una novedad saber cómo se podía vender una casa. En un cartel fijado en una ventana, decía: “Se vende esta casa. Entenderse con Alfredo Calderón Leal “. Don Isaías Horta había confiado la venta de su casa en Puerto Asís, a mi padre.”

Foto : Internet

Suceso 3:

– “Desde mi época de niño no había vuelto a escuchar una canción dedicada al Putumayo. Recuerdo que en mi infancia escuchaba en la voz de Garzón y Collazos la canción “El ruiseñor”:

     ♫ Y en un playón del Putumayo,

                triste cantaba un ruiseñor…

                y en su cantar, así imploraba:

                se fue mi amada, devuélvemela, Señor! ♫

Los anteriores son comentarios sueltos y fragmentarios que provienen aisladamente de tres personas que lo único que tienen en común es que son conocidos míos, su edad ronda por encima de los sesenta años, y que en alguna manera están articulados alrededor de una composición musical que durante muchos años fue canción símbolo de nuestro territorio.

La música, una forma de viajar en el tiempo…

Empecemos por nuestro tercer evento, que es un testimonio escuchado durante un almuerzo en Puerto Asís. A raíz de la graduación de nuestros alumnos de licenciatura en Etnoeducación fuimos invitados todos los profesores a un almuerzo, que servía a la vez para darle la bienvenida al Putumayo a quien sería nuestro nuevo Obispo, Monseñor Luis Albeiro Maldonado. Como invitado, siempre gratamente lo ha sido, también figuraba el profesor y compositor Gabriel Coral y su esposa. Entre charla y charla el almuerzo transcurrió normalmente hasta la hora del postre. Se me ocurrió que el profesor Gabriel Coral podría agregarle la cereza que le faltaba al postre, interpretando su canción “Río y selva”. https://www.youtube.com/watch?v=nQATFoA3LMs

 Le conseguimos la guitarra y absortos, en absoluto silencio, disfrutamos la canción. El auditorio, fascinado, rompió en aplausos que solo fueron interrumpidos por Monseñor Luis Albeiro que tuvo a bien rememorar su niñez haciendo el comentario oportuno, en quien se le notaba la sorpresa de volver a escuchar una hermosa canción diferente a “El ruiseñor”, dedicada al Putumayo y según el, con mayor agrado, pues había podido escucharla en la voz de su propio autor.

Un colono opita de largo andar…

Por coincidencia en alguna oportunidad le comenté la anterior anécdota a un paisano asisense, Carlos Calderón, quien hoy se dedica a los avalúos y compraventa de bienes inmuebles, y rememoró alusiones a esa canción en boca de un amigo mocoano, pero a la vez le hizo recordar que la primera vez que en su vida miró un letrero publicitando la oferta de un inmueble fue en Puerto Asís. Me cuenta que siendo niño le sorprendió que muy cerca de la casa de la señora Lucía Rivas, frente al parque, colgaba un letrero ofertando en venta la casa del señor Isaías Horta y solicitaba, para quien deseara más información, dirigirse a su señor padre, el de Carlos. Por supuesto que el opita Isaías Horta era buen amigo de su padre y lo era también de los míos y la persona a quien ellos le compraban sus quesos que producía en la finca que poseía en las afueras de Puerto Asís. El señor Horta al parecer era colono de largo andar, pues antes de llegar a Puerto Asís vivió en Tarapacá, caserío en el actual departamento del Amazonas, donde para llegar hay que navegar unos ocho días río Putumayo abajo. Carlos me dio una muy buena “pista” acerca de una pifia por la cual, en su tiempo de estudiante en la Universidad de Antioquia había pasado nuestro común amigo Álvaro Quiroz y mucho tenía que ver con la canción emblemática del Putumayo de aquel entonces.

NOTA: Paradoja grande la de Carlos; quién iba a pensar que los asuntos inmobiliarios se iban a convertir en su dedicación laboral, en “su amor” de todos los días. Vueltas que da la vida.

El que tiene boca se equivoca, pero también canta…

Siendo estudiante de la Universidad de Antioquia en los años setenta, Álvaro Quiroz fue invitado por amigos y vecinos a interpretar en su guitarra una canción dedicada al Putumayo. Realmente hasta ese momento no había otra más conocida que “El ruiseñor”, en versión del inigualable dueto de Garzón y Collazos. https://www.youtube.com/watch?v=YYEHZryzuik

Cuando Álvaro terminó de interpretarla y esperaba el aplauso, lo que escuchó fueron pocos aplausos, pero sí muchas carcajadas.  Pero antes de pasar al porqué de tal burla, permítame pasearme un poco por lo que esta canción representaba para los putumayenses de la época: era su canción emblemática, casi que un himno cuando, en versión de estudiosos y entre ellos mi difunto amigo Parménides Guerrero, ya se habían compuesto cuatro himnos al Putumayo (yo sabía de tres), y en su mayoría desconocidos para nosotros. En aquel tiempo, musicalmente se identificaba al Putumayo con “El ruiseñor”.

Vuelvo a Álvaro y sus amigos de viernes cultural. Sus contertulios le explicaron que el ruiseñor es un pájaro muy propio de Europa y que en el Putumayo, ni por casualidad se podría encontrar uno y esa era la razón de la mofa a la letra de la canción. Pienso que algún aficionado a la ornitología hacía parte de la tertulia.

La música lo transportó a su niñez en Mocoa cuando asistía a la escuela junto a sus amiguitos Alberto y Jaime Horta que vivían en la casa contigua a la suya. Por ellos se enteró de la invitación que su padre, Don Isaías, le había hecho a un paisano, seguramente buen amigo, músico para más señas. Su nombre: Luis Alberto Osorio https://www.lanacion.com.co/luis-alberto-osorio-un-juglar-verdadero/

Luis Alberto Osorio, compositor huilense. Foto : Diario La Nación

Todas las tardes las notas de sus ensayos con la trompeta llegaban hasta la casa de Álvaro. Lo que nunca se imaginó mi amigo es que aquel foráneo, andariego y músico, fue el gran compositor no solo de “El ruiseñor” , sino del hoy himno del Huila, “Alma del Huila”, y de quien en Mocoa alguna vez se rumoraba en voz baja que recibía la visita amistosa de un sacerdote capuchino que, con nostalgia de patria catalana, le había sugerido, al oído del músico, lo del pajarito cantor para título de alguna canción.

A propósito de himnos…

De los símbolos que tienen los pueblos, el himno es de los más sentidos y reconocidos por la gente de cualquier nación. Me decía el buen amigo Parménides Guerrero (alma en el cielo) que, antes del actual himno, alcanzó a conocer cuatro himnos del Putumayo. Le dije en su momento que lo sentía ganador, pues yo solamente conocía de tres. Parménides, con mucha precisión lograba recordar la música y letra del segundo y tercero -los tarareaba-, y me mostró las hojas impresas con los himnos, con las cuales soportaba su afirmación. Leí un primer himno con un contenido absolutamente religioso y un segundo que no distaba mucho del primero en su concepto. El tercero y el cuarto que Parménides me mostró ya se encuadraban en una orientación conceptual más seglar, y, como haya sido, son los que le antecedieron al himno de los putumayenses que ahora conocemos. Del himno actual podríamos hacer algunas anotaciones, a guisa de discusión: por la letra del coro podría decirse que es un himno muy apropiado para la época de su creación. Al autor lo inspira y encuadra su mensaje al proceso de colonización del territorio, pero existe un desconocimiento total, absoluto, de lo que muchos putumayenses consideramos uno de los mayores patrimonios de la región: las etnias y su inmensa riqueza cultural. Sobre ello ni una sola línea, ¡una verdadera lástima !

Mocoa, Putumayo, agosto 4 de 2021

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