Valor a la vida

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Alexander Africano

Por: J. Alexander Africano Macías.

Es la vida un conjunto de situaciones y expresiones que hacen de ella algo inefable, luego tenerla es un privilegio en el presente, en tanto que descalificarla se constituye en una responsabilidad propia y de terceros que pretenden amenazar su existencia, pero ¿cuán importante es la vida en estos tiempos?.

No matarás, así advertían en tiempos lejanos, sin embargo tal sentencia nos resulta anacrónica, pues la muerte en la actualidad ya no proviene siempre de otros sino de la misma persona que toma una fatal decisión, tan así es que ese deseo de vivir, esa vitalidad con el pasar de los años se ha perdido y con ella el valor de la vida.

¿para qué vivo? Tal vez se preguntaron en el pasado, sin embargo pareciera que hoy esa pregunta puede convertirse en una sentencia de muerte, y es que los jóvenes, llenos de vida, de esperanzas parecen haberlas perdido no se sabe en qué momento, en ellos o en algunos mejor el sentido de la vida cada vez más se pierde de manera alarmante.


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Pero hay algo que aún preocupa más y es que sus padres, sus naturales guiadores, poca atención prestan a estas situaciones e incluso llegan a desconocerlas o pasarlas como desapercibidas a pesar de las señales evidentes y que finalmente encaminan al suicidio, siendo éste un escenario trágico en todo el sentido del término, donde con esa conducta fatal los progenitores nunca se hallan propiamente responsables, sino que buscan una respuesta terrenal o divina y hasta exclaman «justicia» a sus tragedias propias, sin obtener respuesta.

Hay ocasiones donde tristemente se prefiere una mala muerte que una buena vida, cuanto valor ha de tener la vida para ello donde se toma la determinación de autoeliminarse por necesidad, siendo en últimas EL VIVIR CON BUENA VOLUNTAD la necesidad esencial del ser humano.

Ahora bien, cambiando de ejecutor de quienes acaban con su vida, hay otros que también rematan existencias humanas, sicarios de la vida, de la pervivencia, por simple «gusto», por ideales políticos, religiosos, económicos o por cualquier motivo superfluo terminan con el don más preciado de la existencia misma: LA VIDA, para ellos son más importantes la obtención de comodidades, buscando el mal necesario del dinero antes que la vida; luego pareciera entonces que en el presente pasa desapercibida la pertinencia de reconfigurar los bienes morales e inmateriales y la importancia de lo que poseemos, bien dice el lema «importancia a lo importante».

La miseria, la destrucción en algunas partes del mundo aseveran el sentimiento de indisposición a la vida de quienes bastante valor a ella le profesan, ¿será su muerte entonces un tributo a la vida?, qué sería de aquellos mártires si la vida fuera perpetuamente un tinte ilusorio, sólo sus ilusiones lo saben.


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De otra parte no siempre las muertes son tributos a la conciencia, en ningún caso lo son, el caso de los asesinos es un trasunto de nuestra autodestrucción, están ellos destruidos en varios aspectos: espiritual, corporal, económica, siendo este último el incentivo principal a su accionar terrorífico; en cambio si se tuviera el primero como incentivo quizás otro término se les aplicaría.

Resulta doloroso la normalidad atribuida a los dos escenarios aquí expuestos (suicidio, homicidio), como persona, familia, sociedad, Estado, no nos alarmamos, al fin de cuentas “uno más o uno menos que más da”, desde que no sea alguien cercano todo está bien… ¡hipócritas! …farsantes que sobreponen unas vidas sobre otras, siendo todas importantes.

¿Tienen valor quienes quitan o se quitan la vida? quizás así lo sea pero necesitamos otro tipo de valor para hacer de este mundo algo próspero y pletórico de esperanza, ojalá acabemos la indiferencia y la monstruosidad humana que hacen perder la fe en la humanidad, démonos el valor que como seres HUMANOS merecemos por derecho propio, eso hará surgir el valor que queremos: EL VALOR A LA VIDA.


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