HISTORIA PARA ELGUIZAMEÑOS/AS (18)

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Por : JOHN ELVIS VERA SUAREZ

PRIMERA PARTE DEL SIGLO XX:

CAUCHERIAS Y MASACRES.

TRAICION A LA PATRIA E INVASIÓN.

Publimayo

Siglo de transformaciones en todas las naciones y todos los rincones del planeta, y la Amazonia no sería la excepción.  Inicia el siglo con el más atroz genocidio cometido por un puñado de hombres en contra de Etnias enteras de la gran cuenca amazónica, en lo que nos atañe, las Comunidades y Naciones Indígenas de las cuencas de los grandes Ríos del Caquetá y Putumayo, sufrieron toda clase de vejámenes: sometimiento, violaciones, esclavitud, castigos crueles, persecuciones, masacres.

Sigue nuestro país o los representantes de Él, más bien, entregando grandes porciones del territorio nacional a los países vecinos. Cediendo sin ningún pudor lo que era de todos los Colombianos y en especial de los Nativos de la Amazonia Nacional.

Todo esto mientras el poder central mira sin el más pequeño asomo de vergüenza como el gran territorio del Caquetá y Putumayo, cae en manos de filibusteros extranjeros, y continúan con la disputa del poder político en aras de mezquinos beneficios partidista y personales. Ya se estaban dando un nuevo pero tímido impulso a la colonización amazónica en estrecha colaboración con los Misioneros.

Se reanuda nuevamente la presencia de los Misioneros y conjuntamente con el Gobierno Central buscan lograr asentarse en el territorio.

Viene la confrontación armada entre los países hermanos de Colombia y Perú, precisamente con el trasfondo de los territorios del Caquetá Y Putumayo, donde la empresa cauchera peruana de Julio Arana, poseía su mayor explotación con un inmenso predio que reclamaba para sí, y su más grande recurso:  los Indígenas Esclavizados.

  • “Bajo las circunstancias del agotamiento de las existencias de caucho en el Ortegüaza y el Caguán, a causa de la Guerra de los Mil Días (y la consecuente alza de los precios de los víveres y productos demandados por los caucheros), lo mismo que por el desplazamiento de los extractores hacia el Caraparaná, el Igaraparaná y el Putumayo, los circuitos comerciales surgidos durante el auge cauchero del Alto Caquetá-Putumayo, es decir, las relaciones de abastecimiento e intercambio entre Neiva, Garzón, Florencia, Pasto, etc., con las zonas de explotación, sufrieron un ruptura tal que Iquitos y Manaos se convirtieron, iniciándose el siglo XX, en los centros principales y más accesibles para el aprovisionamiento de aquellas sociedades y agencias colombianas cuyos propietarios y trabajadores se habían desplazado hacia los bosques aledaños a los ríos en referencia. De esta manera Larrañaga y otros empresarios entraron en relaciones con las casas de comercio de Iquitos, Manaos y en algunos casos con las de Belém de Pará.”[i]
  • “Los contratos celebrados por empresas privadas y personas particulares con el fin de emprender o reiniciar la navegación a vapor por los ríos Putumayo y Caquetá tuvieron el propósito fundamental de acceder a apreciables extensiones de baldíos para la explotación de árboles de caucho negro – castilla – balata, siringa, juansoco, etc. de manera similar, los contratos celebrados por particulares para la apertura y arreglo de los caminos que comunicarían la selva oriental con los Andes, tuvieron por finalidad la explotación del caucho y, en menor proporción, la extracción de algunos otros recursos. No puede, entonces, perderse de vista el interés que hasta la década de 1910 persistía entre los empresarios por hacer fortuna alrededor de la extracción de látex, de tal forma que la navegación a vapor y/o la adecuación de infraestructura vial fue la “ruta” más propicia para lograr la adjudicación de grandes extensiones de bosques y, particularmente, de áreas ricas en cauchos silvestres.” [ii]
  • “El periodo de máximo auge de las caucherías en el mundo y, específicamente en la amazonia, coincide con el periodo más álgido del imperialismo europeo, resultado de la Revolución Industrial y la lucha por nuevos mercados y fuentes de materias primas.

El desarrollo del imperialismo se da simultáneamente con las demarcaciones nacionales y el progresivo aumento de las ideologías nacionalistas. Las líneas de fronteras divisorias entre países se convierten en una verdadera obsesión, queriendo cada país abarcar el máximo de territorio posible, utilizando cualquier argumento, pero principalmente la fuerza.

Aunque la frontera generalmente significó frontera de recursos y materias primas, muy pocas veces se luchó por ella con ese objetivo explícito; casi siempre se esgrimieron argumentos históricos, culturales, ideológicos o simplemente románticos. Los argumentos jurídicos basados en la posesión colonial o utipossidetis, funcionaron para definir los nuevos núcleos nacionales de América Latina, pero, lógicamente, funcionaron muy poco para los territorios alejados de éstos núcleos, porque no existía una delimitación clara en la legislación colonial. España no hacía leyes para países separados sino para administrar las colonias americanas como un todo; por eso era muy poco precisa en cuanto a fronteras, porque éstas no existían en realidad.

Para la región amazónica el problema era todavía mayor. El despoblamiento sistemático, debido al esclavismo, había creado un desierto donde habitaban pequeños grupos indígenas que se guiaban por pertenencias claniles o de comunidades y no por vagas pertenencias nacionales. Además, al finalizar el periodo colonial, España y Portugal no habían podido definir fronteras amazónicas. Las famosas Comisiones de Límites, de finales del Siglo XVIII, en las cuales participó Francisco Requena por parte de España, aclararon muy poco la situación jurídica del Alto Amazonas y ese problema fue heredado por las repúblicas suramericanas.

Las caucherías, al convertir las fronteras amazónicas en fronteras de recursos, produjeron situaciones de facto que, en la mayoría de los casos, fueron más afectivas que las decisiones jurídicas. Los caucheros, interesados en mantener sus intereses personales, se convirtieron en fervientes defensores de los intereses nacionales. Levantaron mapas, pagaron guardias de fronteras con sus propios recursos, hicieron informes pormenorizados sobre situaciones de fronteras, se opusieron a que los caucheros de los países vecinos explotaran los gomales y la mano de obra de sus respectivas naciones y, en algunos casos, como el de Demetrio Salamanca, realizaron estudios pormenorizados, históricos y jurídicos, sobre derechos territoriales amazónicos.   

          El comportamiento de los caucheros y su actitud de unificar sus intereses personales con los intereses nacionales, son sorprendentemente parecidos con los comportamientos y actitudes de los colonos y las compañías que actuaron sobre colonias conquistadas durante la misma época. (Chaunu, 1.984; Miége, 1.980; Chesneaux, 1.976).

Otra de las actitudes que asemejan al cauchero con el colonialista extranjero es la facilidad con que entra a negociar territorios con caucheros de otras nacionalidades, cuando le conviene a sus propios intereses: Hernández, Calderón y Larraniaga le venden a los Arana, los Arana le venden a los ingleses; Norzagaray le intenta vender a los brasileños y norteamericanos, Cano-Cuello le vende a los norteamericanos, etc., etc. No resulta demasiado diferente de la actitud del inglés-norteamericano Stanley, negociando con los ingleses y para los belgas los territorios conquistados en el Congo, con destino a las caucherías de Landolphia.

Como barrera para el egoísmo personal actuaban los intereses de los otros caucheros, los cuales mantenían a raya esa voracidad por medio de memoriales al gobierno nacional y a las autoridades regionales, denunciando las actitudes que podían perjudicarlos colectivamente. En otras palabras, el interés de los caucheros se convierte en interés general y presiona el Estado para asumir, como tal, la negociación internacional de fronteras para preservar esos intereses.

Nuevamente semejándose a la actitud colonialista, esas negociaciones se realizan sin tener en cuenta si son convenientes o inconvenientes para la población nativa. Simplemente se les ubica o reubica donde mejor sirvan al interés nacional dominante; o sea, al de los caucheros. Los grupos étnicos y hasta las familias, se reparten en nacionalidades diferentes, llegando a ser removidas a centenares de kilómetros de su lugar de origen. Así ocurrió con los Witotos, Boras, Andoques y otras etnias que trabajaban entre el Putumayo y el Caquetá con la Casa Arana, los cuales fueron conducidos, por dicha compañía, hasta el Napo y el Amazonas, luego del arreglo de límites entre Perú y Colombia, en 1932 (Pineda, 1988:206).

          Todo este proceso que se dió en la Cuenca Amazónica y cuyos efectos perduran hasta la actualidad, nos está mostrando que la definición de esas fronteras fue una respuesta a intereses extrarregionales. Se adecuó jurídicamente un espacio para poderlo someter mejor a la economía extractiva y no para el bienestar de sus habitantes autóctonos. Internamente se actuó en la misma forma que el colonialismo internacional: organizando regiones de saqueo para enriquecer a los detentadores de poder político, tecnológico o militar externos a ellas. Ante tal actitud es imposible organizar un territorio para el beneficio de sus propios habitantes, porque mientras se siga pensando que la Amazonia solo sirve para extraerle sus riquezas no pasará de ser una simple colonia empobrecida.”[iii]  

  • “A principios de siglo, Colombia decide buscar una presencia más activa de su parte en la región amazónica, estableciendo la Intendencia Oriental y una aduana sobre el río Negro. El río Putumayo y sus afluentes por la margen izquierda se encontraban dominados por una firma comercial colombiana, que dirigía un señor Larrañaga que residía en la Chorrera. Sin embargo, cuando murió el colombiano y Julio C. Arana, de nacionalidad peruana compró los derechos del comerciante, extendiendo su poderío por la región, de hecho, Perú comenzó a ocupar territorios colombianos por intermedio de la compañía cauchera.”[iv]
  • Algunas de las Agencias Caucheras sobre el Río Caquetá fueron: -La de Santa Bárbara, más abajo de la Tagua y cercana a la desembocadura del Río Caguán, esta fue en algún momento de propiedad de Manuel Muñoz, después estuvo en manos de Pedro Cristancho. –La de Santa Elena, cerca de la anterior, estuvo bajo las órdenes de Pedro Ortega, perteneciendo un tiempo después a Jesús Molina asociado a un señor Moreno,-La Agencia de la desembocadura del Cuirá, más conocida como Puerto Pizarro, creada  por Pedro Antonio Pizarro,-La de las Delicias estuvo en manos los hermanos Gregorio, Teófilo y Alonso Calderón, oriundos de Pitalito Huila, quienes fueron los pioneros de las explotaciones caucheras del Caquetá y Putumayo,-La del Mecaya, en manos del pastuso Paulino Solís, quien aprovechaba a las Comunidades Coreguajes y Tamas,- La de Puerto Príncipe, cercana al Mecaya, cuyo propietario fue Mauricio Cuellar,-La de la Isla Numancia, en propiedad de Félix Mejía Peláez, trabajando con Witotos del Caraparaná, quienes se le rebelaron  sitiando la Agencia, huyendo estos después  a la desembocadura del mismo río; esta Agencia fue después tomada por la compañía Pizarro,-La de Cuemaní, creada por  el pastuso Cuellar, quien estableció relación con los Karijonas y después tuvo que huir por  los ataques de la gente de los Arana,- La Agencia de La Tagua, que en algún momento perteneció a Mateo Isamá, se apoderaron de ella los hermanos Emilio y Urbano Gutiérrez, Emilio junto a 66 compañeros fueron asesinados “en un espacio de un mes, por órdenes emanadas de la Casa de la Chorrera, que en aquel tiempo pertenecía a Larrañaga, Arana y Compañía… Después de asesinarlo, saquearon la casa de los depósitos de goma elástica y de mercancías.”[v]
  • El impacto de la explotación del caucho fue decisivo en la recomposición territorial y étnica de la región, sobre todo para los pueblos indígenas.  La cauchería en sí no generó procesos consolidados de colonización, pero sí la reubicación y destrucción de los Pueblos Indígenas, así como la iniciación de la ampliación de la frontera agrícola.

Un factor importante para el poblamiento del Putumayo en las primeras décadas de este siglo, lo constituyó la llegada de los misioneros capuchinos, quienes centraron su trabajo en la reducción y conversión de los Indígenas de la región, amparados en el convenio entre el Gobierno Nacional y la Misión, firmado en el año 1887.[vii]

  • “Los Sionas que vivían en las regiones altas del Putumayo no gustaban del sistema de patronato y fueron menos afectados que los Tukanos occidentales, aguas abajo, tales como los Oyo y los Makaguajes, cuyas actividades de recolección y las relaciones con el patrón contribuyeron a su desaparición. La historia oral de los Siona incluye recuentos sobre las atrocidades que sufrieron esos grupos. Una se refiere al recolector que se llevó unos sesenta Oyos al Perú por las deudas que tenían con él. con su partida forzada, solo unos cuantos indios Oyo quedaron en el Putumayo. La recolección de resinas continuó en el área hasta mediados de 1920.”[viii]
  • “La actitud indígena frente a las formas de control y de tortura a que fue sometida, no fue pasiva. No obstante, en este aspecto se requiere mayor investigación y sistematización de las fuentes. Se sabe sin embargo, de actos de resistencia colectivos en los cuales la exhibición pública de las víctimas y otras formas de escarmiento también fueron practicadas por los nativos. A comienzos del presente siglo los Andoque dieron muerte a un numeroso grupo de colombianos, peruanos y brasileros que habían ascendido hasta el Caquetá (Yapurá) con el propósito de “conquistar”esa etnia y fundar allí centros caucheros entre ellos.”[ix]
  • “Durante la época cauchera, además de la persecución contra ancianos, contra los líderes y guías espirituales, los indios fueron obligados a abandonar sus malocas, sus cultivos, sus parientes y fueron confinados en los campamentos caucheros donde se les mantuvo cautivos, al servicio de los “blancos”. En estas condiciones, humillados, deprimidos y esclavizados, con sus hijos retenidos y sus mujeres violadas, los grupos indígenas entraron en una profunda decadencia, y, sin motivaciones para vivir, fueron presa de la disolución, del aislamiento, del alcoholismo y de la melancolía.”[x]
  • “Como en la época colonial, la resistencia pasiva fue una de las formas que los indígenas implementaron para rechazar a los caucheros peruanos y consistió en la convocación de una serie de fuerzas espirituales, naturales y extranaturales, representadas en la brujería, la hechicería, el chamanismo y el canibalismo. Fue un tipo de resistencia si bien es cierto no tan efectiva, en el sentido de haberse manifestado en acciones y resultados militares, sí representó un factor desestabilizador y de tensión permanente para el invasor. El chamanismo, la hechicería, el canibalismo, el consumo del tabaco, del Yagé y otras prácticas rituales y/o espirituales inherentes a la cultura de los indígenas, como el sonido del maguaré, se convirtieron para los caucheros peruanos en un factor de tensión y agitación permanente que hacían ver a los invasores fantasmas y sublevaciones donde y cuando no los había.

Otras formas de resistencia indígena que no fueron propiamente pasivas pero que se asimilaron mucho a esta naturaleza, fueron la no colaboración, el cimarronismo y la no procreación.

La no colaboración se manifestó en la ausencia del trabajo, la negativa de las mujeres a servir de concubinas a los caucheros, la solidaridad de los muchachos con sus compañeros de raza.”[xi]

  • Ya Rafael Uribe Uribe, a principios de siglo exponía: “… la población indígena del Putumayo y Caquetá se emplea en la extracción del caucho y de otros productos naturales, por valor de varios millones de pesos en oro anuales, y aunque es cierto que eso ni directa ni indirectamente aprovecha el país, sobre  todo desde que la casa Arana, del Perú, logró hace poco completar la absorción de esas comarcas, eliminando todo elemento colombiano, siempre es un caso notable e instructivo del modo como puede utilizarse al indígena, sin necesidad de retirarlo de sus bosques. Los peruanos sólo tienen en mira el negocio, y claro es que desde ese punto de vista sus relaciones son más dañinas que provechosas a los salvajes, ya porque los engañan villanamente en los tratos, ya porque los habitan al alcohol, ya porque los hacen matarse entre sí, ya porque los reducen a la esclavitud, arrebatando a esos hijos de Colombia para mandarlos a Iquitos y otras colonias usurpadas donde son vendidos. Cuando en interés pecuniario y de mera explotación agregue el verdadero el verdadero soberano los cuidados de la educación religiosa, mental e industrial y los de la defensa contra el raptor forastero, difícil será reducir a guarismos aritméticos las ventajas morales y materiales que la nación obtendrá.”

“Es, pues, un cuádruple fin el que con la reducción debemos realizar: llamar a la civilización cristiana considerable número de seres humanos privados de sus luces, sacar ventajas del suelo aún ocupado por las razas autóctonas, utilizar a éstas, y prevenir futuras  complicaciones que si no conjuramos desde ahora, por fuerza habrán de sobrevenir. Desgraciadamente, las tribus de que más debemos  temer están hacia las fronteras  de los países vecinos…. Esta circunstancia debe redoblar nuestra atención: siendo colombianos esos indios, tenemos deberes de protección para con ellos, impidiendo que se les asesine, explote, corrompa y esclavice por extranjeros desalmados, como actualmente sucede. Y nada tendría de sorprendente que si nuestra negligencia continúa, fuesen empleadas esas tribus contra nosotros y nuestra soberanía, de lo cual hay también algo más que indicios.[xii]

  • Los primeros intentos de evangelización no fueron muy fructíferos, en parte, porque los caucheros, al ver amenazada su fuente de mano de obra, obstaculizaron la labor de los misioneros en las tierras bajas del Putumayo.[xiii]
  • Puede decirse, con muy pocas excepciones que, en la primera mitad del presente siglo, los misioneros Capuchinos siempre estuvieron vinculados, directa o indirectamente, con todas las fundaciones de pueblos y con la construcción de vías en el Putumayo y Caquetá.

Desde una posición indigenista actual podría haber desacuerdo con relación a los duros métodos que emplearon para “civilizar” a los Indígenas aculturándolos; sin embargo, es importante no olvidar que durante el periodo en el cual ellos trabajaron en la Región esa era la ideología dominante tanto a nivel nacional como internacional.[xiv]

  • “Si bien es cierto que los capuchinos fueron pioneros en materia de políticas y ejecución de los proyectos colonizadores en el piedemonte amazónico colombiano y especialmente en el Putumayo, muchos de los colonos del Putumayo (en ocasiones incorporados por los mismos misioneros) se vieron frecuentemente censurados y perseguidos por los religiosos. Estos elevaron cartas y solicitaron en ocasiones sanciones de las autoridades contra muchos de los colonos que no siempre estuvieron de acuerdo con el autoritarismo de los religiosos y con el régimen que establecieron, que incluía el pago generalizado de diezmos y primicias, lo mismo que el trabajo personal obligatorio a favor de las obras religiosas y de otras de carácter público, como la apertura y adecuación de caminos. Las familias colonas del Caquetá escaparon de ese autoritarismo misionero, pero no gozaron de las ventajas que su gestión logró en el Putumayo, como fue la pronta instauración de planteles educativos de primaria y más tarde de bachillerato, a los que accedieron desde temprano un considerable número de niños de la región.”[xv]
  • Volviendo a Rafael Uribe U., este exponía de igual manera que: “La navegación por el interior de nuestro continente serviría no sólo para el comercio internacional sino para la colonización de los territorios de las riberas y, por consiguiente, para el aumento de la riqueza pública.”

“Unidos Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia al Brasil, respectivamente por el Ríonegro, el Caquetá, el Putumayo, el Napo, Morona, Pastaza, Javarí, Ucayale, Madre de Díos, Beni, Mamoré y Madeira; unida Bolivia a la Argentina por el Pilcomayo; unidos Argentina y Brasil, como se ha visto, por el Paraguay y el Tocantins; unidos la república Oriental y el sur del Brasil con la Argentina por el río Uruguay; y unido el centro del Brasil con la misma Argentina por el Paraná, sobre todo cuando concluya el ferrocarril de San Paulo a Matto-Grosso; se obtendrá la convicción de que ningún otro continente dispone de medios interiores de comunicación tan numerosos y baratos.”[xvi]


[i]                             Domínguez, Camilo; Gómez, Augusto. LA ECONOMIA EXTRACTIVA EN LA AMAZONIA COLOMBIANA 1.850-1.930. TROPENBOS. COA. Bogotá. Pág. 181

[ii]                            GOMEZ LOPEZ, AUGUSTO J. HISTORIA GENERAL DEL DEPARTAMENTO DEL PUTUMAYO – Texto de guía para la enseñanza – II. Ministerio de Cultura. Bogotá, D.C. Mayo 2001. Pág. 389

[iii]                           Domínguez, Camilo; Gómez, Augusto. LA ECONOMIA EXTRACTIVA EN LA AMAZONIA COLOMBIANA 1.850-1.930. TROPENBOS. COA. Bogotá. Pág. 227-229

[iv]                           CONSEJO REGIONAL DE PLANIFICACION. CORPES AMAZONIA. ESTADO DEL ARTE DE LOS ESTUDIOS SOBRE  EL RIO  PUTUMAYO Y SU AREA DE INFLUENCIA. Santa Fe de Bogotá. 1998

[v]                            ARTUNDAGUA  BERMEO,  FELIX.   HISTORIA  GENERAL DEL CAQUETA.  Fondo Mixto para la Promoción de la Cultura y las Artes del Caquetá.  Cuarta edición.  1999.  Pág.  85-86

[vi]                           Varios Autores. ATLAS CULTURAL DE LA AMAZONIA COLOMBIANA.   LA CONSTRUCCIÓN DEL TERRITORIO EN EL SIGLO XX.   Ministerio de Cultura;  Instituto Colombiano de Antropología;  Corpes Orinoquía;  Corpes Amazonía.  Mapa 1.

[vii]                           Varios Autores. ATLAS CULTURAL DE LA AMAZONIA COLOMBIANA.   LA CONSTRUCCIÓN DEL TERRITORIO EN EL SIGLO XX.   Ministerio de Cultura;  Instituto Colombiano de Antropología;  Corpes Orinoquía;  Corpes Amazonía.  Pág. 35

[viii]                          Pineda- Camacho, Roberto.  Alzate Ángel, Beatriz.  LOS MEANDROS DE LA HISTORIA EN AMAZONIA. Talleres Abya-Yala. Cayambre – Ecuador. Julio de 1990. Pág. 25

[ix]                           Domínguez, Camilo; Gómez, Augusto. LA ECONOMIA EXTRACTIVA EN LA AMAZONIA COLOMBIANA 1.850-1.930. TROPENBOS. COA. Bogotá. Pág. 198

[x]                            GOMEZ LOPEZ, AUGUSTO J. HISTORIA GENERAL DEL DEPARTAMENTO DEL PUTUMAYO – Texto de guía para la enseñanza – II. Ministerio de Cultura. Bogotá, D.C. Mayo 2001. Pág. 492

[xi]                           CASAS AGUILAR, JUSTO.  EVANGELIO Y COLONIZACIÓN. Una aproximación a la historia del Putumayo desde la época  prehispánica a la colonización  agropecuaria. Santa fe de Bogotá. Septiembre de 1999. Pág.124

[xii]                           URIBE URIBE,  RAFAEL. POR LA AMERICA DEL SUR. Tomo 1. BOGOTA D. E.. 1953. Pág. 159

[xiii]                          Varios Autores. ATLAS CULTURAL DE LA AMAZONIA COLOMBIANA.   LA CONSTRUCCIÓN DEL TERRITORIO EN EL SIGLO XX.   Ministerio de Cultura;  Instituto Colombiano de Antropología;  Corpes Orinoquia;  Corpes Amazonía.  Pag. 35

[xiv]                          DOMÍNGUEZ, CAMILO. GOMEZ, AUGUSTO.   NACIÓN Y ETNIAS.   Los Conflictos Territoriales en la Amazonia 1750-1933.  COAMA. 1994. Pág. 52

[xv]                           GOMEZ LOPEZ, AUGUSTO J. HISTORIA GENERAL DEL DEPARTAMENTO DEL PUTUMAYO – Texto de guía para la enseñanza – II. Ministerio de Cultura. Bogotá, D.C. Mayo 2001. Pág. 402

[xvi]                          URIBE URIBE,  RAFAEL. POR LA AMERICA DEL SUR. Tomo 1. BOGOTA D. E.. 1953. Pág. 1490-491

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