HISTORIA PARA LEGUIZAMEÑOS/AS (16)

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John Elvis Vera Suarez

1886 – 1900  

Perú impulsa la invasión de Caucheros al Putumayo, desde Iquitos, ciudad enclavada en la selva amazónica peruana.  Sacándole provecho a las guerras civiles de Colombia en los años 1885 y 1895 y la llamada “Guerra de los mil días”, ente los años 1898 y 1900.  A pesar de la desprotección del Estado Colombiano, civiles nacionales enfrentaron a los caucheros peruanos.  Años después, Cesar Piedrahita, expone episodios muy ilustrativos de esta lucha a través de su novela TOÁ.  De igual manera Rafael Reyes, aporta un listado de agencias caucheras fundadas por colombianos.[i]

1887

Publimayo

“Mientras todos estos sucesos (invasión de los caucheros) ocurrían ríos abajo en la convulsionada zona cauchera, otro proceso no menos conflictivo se gestaba en los centros de poder, no para redimir a las naciones indígenas abocadas al exterminio por la casa Arana, sino para consumar su conquista definitiva.

La llegada al poder de un régimen conservador como el de La Regeneración, liderado por la persona de Rafael Núñez, sentó las bases de una estructura jurídica pro-clerical, la cual no solo permitió a la iglesia la recuperación del poder perdido durante periodo de dominio radical, sino aumentarlo de manera considerable. Los fundamentos de esa nueva estructura jurídica fueron consagrados en El Concordato… El desarrollo de esa nueva legislación que rigió las relaciones entre la Iglesia y el Estado, contempló el establecimiento de las misiones en el antiguo territorio del Caquetá y el regreso a éste de la acción del as comunidades religiosas.” (Justo Casas Aguilar)[ii]

1887

Septiembre 29.

Se crea “una compañía anónima industrial, con domicilio en Garzón y con el de “Compañía del Caquetá”. Según los estatutos de esta, las poblaciones de Garzón y Santa Librada (hoy Suaza) serían las sedes de la Junta Directiva, debiéndose reunir la Asamblea General de socios en Timaná. La duración de la compañía se fijó en veinte años, prorrogables a criterio de la mayoría de los socios.   

Dos fueron los propósitos fundamentales de la nueva compañía: 1º. Promover y llevar a efecto, por medio de un contrato con el Gobierno, la apertura de un camino de herradura que pusiera en comunicación directa, rápida y segura, la parte sur del Departamento del Tolima Grande (que por esa época incluía el Departamento del Huila) con el territorio del Caquetá, en el Departamento del Cauca, camino que debía terminar precisamente en un río navegable y; 2º fomentar, ya fuera con el capital de la compañía o por otros medios, la fundación de una colonia en el expresado territorio y promover el establecimiento o fundación de dehesas artificiales, plantaciones de cacao, tabaco, café y otros artículos de exportación, principalmente la extracción de caucho, que debía exportarse por cuenta de la compañía. Esta se fundó con un capital inicial de veinte mil pesos, representados en acciones de doscientos pesos cada una.

Los accionistas fueron esencialmente personas originarias y establecidas en el sur del Gran Tolima, siendo importante observar que varios de los mismos accionistas se desempeñaron como caucheros, comerciantes o “aviadores” y establecieron agencias o “fundaciones” en el Alto Caquetá, llegando a desplazarse, más tarde, al Caraparaná e Igaraparaná.”[iii]

1888

“… con la invención de la rueda neumática, que revolucionó el transporte, la demanda de caucho creció más rápidamente que la oferta y los precios de esta materia prima natural aumentaron continuamente.”[iv]

1888

“…el hijo de un veterinario irlandés, John Dunlop, ganó una carrera de triciclos en Belfast con las llantas infladas que su padre había inventado para retar las ruedas sólidas de metal de los competidores.”[v]

1888

Ley 35.

La cual aprueba el Concordato firmado el año anterior, entre el Gobierno colombiano y la Santa Sede.

1888-1892

Ejerció la Presidencia en su carácter de Primer Designado, Carlos Holguín.[vi]

1890

Se crea la Ley 89.

Clasificando  a los aborígenes colombianos  en dos categorías.  Civilizados  y  Salvajes – quedando en la segunda los indígenas amazónicos.   A los primeros – los civilizados – se les garantiza el poder vivir en resguardos y gobernadores,  la propiedad sobre los resguardos, la tutoría  o minoría de edad en transacciones de bienes raíces.  Mientras los considerados “salvajes” son entregados totalmente a la Iglesia.   Esta Ley, autoriza al gobierno para crear servicios de evangelización y policía en la Amazonia. [vii]

1890

La Ley 72.

Delega en los misioneros la autoridad civil, penal y judicial, mientras el Decreto 74 de 1898 del Estado del Cauca da categoría de Jefes Superiores de Policía a los responsables de las misiones con facultad para nombrar Jefes Inferiores de Policía, Agentes y demás. Con esto se da pie en la práctica a una Dictadura Teocrática muy poderosa y omnipotente. [viii]

“Las misiones, por medio del Concordato entre Colombia y la santa Sede, adquieren el gobierno político y religioso debido a su derecho al veto de funcionarios que no fuesen de su simpatía. Además, debido a su preponderancia económica y a su dedicación con personal permanente a su obra evangelizadora obtienen la fuerza económica y moral para ser la suprema autoridad de ese territorio. Como se desprende de cualquier documento misional de la época, su función era la de “civilizar” indígenas, es decir, aculturarlos como blancos e introducirlos al aparato productivo nacional. Esto, visto en el contexto social del presente, puede ser interpretado en forma muy negativa; sin embargo, es necesario tratar de comprenderlo dentro del contexto histórico de la época, tanto a nivel nacional como internacional. El siglo XIX produjo la ilusión del desarrollo infinito bajo la Revolución Industrial y su ideología; por lo tanto, el mayor bien que se le podía hacer a cualquier grupo “diferente” era introducirlo en los “beneficios” de la “civilización”. Las caucherías se encargarían de demostrar su papel dentro de aquello que se creía ser lo mejor para las comunidades indígenas.”[ix]

1890

Manuel Paz, con base en los estudios del General Agustín Codazzi, pública el “Atlas de Colombia”, situando a los “Guitotos” entre los Ríos Izá (Putumayo) y Caquetá, en su curso medio.[x]

1890

Septiembre 5.

Notas de protesta enviadas por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia al Gobierno del Brasil, por las incursiones dadas desde mediados del siglo a los territorios del Caquetá y Putumayo, de cazadores y/o comerciantes que ejercían la trata de esclavos nativos, con el propósito de proveer de fuerza de trabajo a la región del bajo Amazonas (Brasil), donde la extracción y comercialización de las gomas ya constituían las actividades más prosperas. Actos violatorios de la soberanía nacional. Estas notas se repitieron el 6 de agosto de 1891, el 23 de mayo de 1894 y el 29 de julio de 1895.[xi]

1890

Diciembre 22.

Ley 103.

“… que autoriza al Gobierno para crear misiones y policía en la región regada por los ríos Putumayo, Caquetá y sus afluentes”[xii]

Artículo 2: “Autorizase así mismo al gobierno para que de acuerdo con la autoridad eclesiástica proceda a organizar misiones para reducir a la vida civilizada a las tribus salvajes que habitan el territorio de Colombia bañado por los ríos Putumayo, Caquetá, Amazonas y sus afluentes.”[xiii]

1891

Florentino Calderón Reyes, propone ante el Ministro de gobierno para “el establecimiento de la navegación por vapor en los ríos Caquetá, Putumayo y sus afluentes, y organización de misiones y colonias en el territorio del Caquetá”

….

“Situadas las misiones en dicho punto (desembocadura del San Miguel), como su centro, pueden comunicarse por el río San Miguel, aguas arriba, con el Aguarico y demás afluentes del Napo, como se sabe, tributario del Amazonas; por Senseya con el río Caquetá y sus afluentes, a la vez que, recorriendo distancias relativamente cortas, pueden penetrar a los Macahujes, Cosacunti, Incuesiya, Beneció y otros lugares, donde residen numerosas tribus salvajes.

El vapor debe traer para los misioneros los siguientes artículos: sal, arroz, carne americana en barriles, carne seca del a Argentina, que se importa al Pará en grandes cantidades y muy bien preparada; conservas, vinos, drogas y mercancías aparentes para los indios, como lienzos, zarazas, hachas, cuchillos, espejos, cuentas o abalorios, anzuelos, escopetas, municiones, etc.

Conceptúo, además, que el Gobierno debe dictar medidas que tiendan a estimular la emigración de colonos del Sur del Tolima y del Cauca hacia el Putumayo, ofreciéndoles auxilios para gastos de traslación, primas sobre los trabajos agrícolas y sobre los frutos naturales que se exploten, fijándoles, al mismo tiempo, fletes reducidos para la exportación e importación, en el buque del Gobierno.”[xiv]

1892-1896

Presidencia de Miguel Antonio Caro. En su gobierno se desató la guerra civil de 1895.[xv]

1892

Octubre 17.

“El Presidente de los Estados Unidos del Brasil, firmó el Decreto Nº 99, autorizado por el Congreso de aquel país, en el cual se facultaba al Gobierno brasileño para contratar con Benavides el transporte de mercancías y el establecimiento de la navegación a vapor en el Putumayo, por un término de cinco años.”[xvi] Por lo tanto el privilegio a través de una concesión que había obtenido el General Rafael Reyes, de parte del Ministerio de Relaciones Exteriores de la Corte Imperial del Brasil de “exportar e importar mercancías en navíos brasileros entre los puertos del Amazonas y los del interior de la Republica de Colombia por el Río Izá o Putumayo, sin que las mercancías de transito pagaran impuestos”, fue cedido al peruano Julio Benavides. De ahí en adelante los vapores con bandera peruana y soldados peruanos a bordo, surcaron el Putumayo y quisieron hacerlo con exclusividad. Como continuador de esa concesión siguió el colombiano Manuel Maria Vélez Uribe, durante 1899 y 1900.[xvii]

1893

Abril 29.

Florentino Calderón Reyes, envía “una relación sobre el territorio del Caquetá y sus productos” a una Casa comercial de Nueva York a solicitud que esta le había hecho desde enero del mismo año. Dicho informe “fue vertido al inglés y publicado en la importante Revista neoyorquina, llamada India RubberWorld, correspondiente a la primera quincena del mes de julio de 1893.”[xviii]

Expone entre otras: “… la naturaleza del terreno es plana en casi toda su extensión, y anegadiza en su mayor parte durante la época de invierno, por consecuencia de los grandes desbordes de los ríos; la fertilidad del suelo es asombrosa; el cacao se encuentra en estado silvestre; el banano, la caña de azúcar y todos los productos de las tierras cálidas se desarrollan allí admirablemente; en  la región que bañan los ríos Aguarico, afluente del Napo y San Miguel, que lleva sus aguas al Putumayo, hay riquísimos aluviones de oro, lo mismo que acontece en el río Caquetá y muchos de sus tributarios. Así mismo, en toda la extensión del territorio, se encuentran, en mayor o menor cantidad, según la zona, el caucho de diferentes calidades, la zarzaparrilla, la ipecacuana, sarrapia, bálsamos de Tolú y de Copaiba, nueces llamadas del Pará, taguas, fibras y superiores maderas de tinte y de construcción. La riqueza en quinas es verdaderamente sorprendente: encuéntrense en abundancia extraordinaria y de calidades diversas, según la zona, en una extensión de más de quinientas millas, partiendo del caserío llamado Descanse, sobre el río Caquetá casi en su nacimiento, hasta la desembocadura del Orteguaza, su tributario.”[xix]

1893

Los misioneros Capuchinos fueron designados por el Gobierno Nacional para desarrollar labores en los hoy departamentos del Caquetá y Putumayo.[xx]

Ese fue el comienzo de una nueva etapa en la vida cultural y material del Putumayo.  Los Capuchinos fundaron otra vez pueblos y escuelas, abrieron caminos y carreteras, promovieron la agricultura y el comercio, desde luego, todo ello para poder sostener sus actividades evangelizadoras.

Mientras esto ocurría, el Estado central, desde el comienzo mismo de la republica, mantenía en total abandono al Putumayo.  De ahí que los capuchinos llegaran a ejercer control único en la región, desde el punto de vista político y cultural.  Desde luego, iban transmitiendo a los indígenas las formas occidentales de producción y convivencia, y dejando de lado la cultura y la economía.  La fundación de Puerto Asís, por ejemplo, no tuvo por origen la presión de poblaciones colonizadoras, sino la necesidad de una base de apoyo para la evangelización en el bajo Putumayo y un lugar de acopio para los jugosos negocios que ya los grupos, misioneros habían emprendido en este y otros lugares, tanto en el Putumayo como en el resto del país.

La actividad evangelizadora de las misiones en el actual municipio de Puerto Asís, como en el resto de pueblos y puntos de influencia capuchina, fue transformando las costumbres, la lengua y la cultura material de los pobladores.  Los niños indígenas que aprendían al lado de sus padres la cestería, el tejido, la cerámica y la elaboración de instrumentos de caza y pesca, en el internado pasaron a ejercer la modistería y el tejido a dos agujas.  Y a recitar el catecismo de su nueva religión.

La agricultura migratoria, que hacia indispensable conocer la región, fue reemplazada por las parcelas rotativas.  La cultura dejó de transmitirse de padres a hijos para aprenderse en los internados misioneros.  Las rutas de colonización quedaron trazadas y se impuso a los suelos una vocación ganadera que no tenían.”[xxi]

1895

“…los hermanos Michelín asombraron a los críticos introduciendo con éxito llantas neumáticas en la carrera de autos París – Burdeos.”[xxii]

1896

José Gregorio Calderón, llegado a la región en 1886, funda la “Agencia Cauchera de Tres Esquinas”.  Posteriormente funda con sus hermanos las de La Unión, La Florida y Filadelfia, sucursales estas de El Encanto sobre el Caraparaná.[xxiii]

1896

“…el cónsul colombiano en Iquitos, Manuel Espinosa Montero, hizo una radiografía de las condiciones económicas de dicha ciudad. Informó que la ciudad experimentaba una gran prosperidad, la que atribuía a la explotación y comercio del caucho, pero llamaba la atención acerca de que la existencia del caucho  ya se estaba agotando en territorio peruano y que los caucheros se encaminarían hacia territorio brasileño y colombiano, y premonitoriamente pronosticó que:”destruirán las tribus que hoy poblan nuestros bosques como lo han hecho en los bosques peruanos donde se han cometido los mayores crímenes con los infelices salvajes”. Luego de hacer una descripción de la manera como los caucheros cazaban a los indígenas, a quienes luego de tener prisioneros “asesinan a unos, le roban las mujeres y los hijos para venderlos unos como esclavos, otros dejarlos morir de hambre y miseria por no ser cristianos”, advierte que “Teatro de todas estas calamidades será nuestro territorio bañado por el Putumayo y sus afluentes, si el gobierno no pone remedio a esos males”.

No fue esta la única voz que alertó al gobierno colombiano sobre los desmanes y desastres humanos que los peruanos causarían en el Putumayo, fueron muchas más, sin embargo el gobierno no hizo lo necesario para evitarlos.

Según el cónsul, peruanos y brasileños usufructuaban con toda libertad los recursos naturales del Putumayo y explotaban nuestros indígenas con la más entera libertad, mientras Colombia no ejercía el más mínimo acto de soberanía.”[xxiv]

1896

Los comerciantes Arana de Iquitos entraron en relaciones con los colonos colombianos de la región del Putumayo.  Ofrecían a estos dinero, mercancías y lanchas a cambio de caucho, que recogían como socios y transportadores.  Luego establecieron una línea de vapores entre Iquitos y los dos tributarios del

Putumayo, el Cara-paraná y el Igará-paraná, “proveyendo las necesidades de los colombianos y transportando al mercado de Iquitos todo el caucho que estos producían”. “Poco a poco tales relaciones cambiaron: los Arana, de simples intermediarios y socios se convirtieron en propietarios de las empresas colombianas de esas regiones”.[xxv]

“Habiéndose enterado de las ricas selvas caucheras del Putumayo, que venían siendo explotadas por varias pequeñas compañías colombianas, entró (J. C. Arana) al Putumayo en 1896 y muy pronto formó una sociedad con Benjamín y Rafael Larrañaga, dueños del establecimiento conocido como La Chorrera. Subsecuentemente se asoció con otras compañías colombianas de la región y habiendo comprobado que la del caucho era una empresa lucrativa, abrió una casa en Iquitos en 1898.”[xxvi]

1896-1900

Gobierno de Manuel Antonio Sanclemente. No ejerció completamente su mandato. Encargó inicialmente a su Vicepresidente José Manuel Marroquín. En su mandato estalló una vez más una guerra civil, más conocida como “La Guerra de los Mil Días”, que duró de 1899 hasta 1902.[xxvii]

“El territorio del Caquetá sirvió de refugio a muchos perseguidos en el interior del país, los cuales creyeron encontrar en la región no sólo seguridad sino fortuna en el negocio del caucho. Pero muchos de ellos encontraron lo que temieron en su tierra natal, la muerte. No hay aún la seguridad de que toda esta gente que emigró hacia la selva, hayan sido perseguidos políticos, pero sí serios indicios.

Además la coincidencia de la presencia del mayor número de personas procedentes del interior en la zona cauchera, con los años de duración de la guerra, 1900-1902, es clara, como lo es también la fundación del mayor número de empresas caucheras estos años, 1901 a 1903.

Hay algo que concuerda con lo anterior y que tiende a confirmar tal aseveración; es la más completa indiferencia que asumió el gobierno ante los sucesos que allí ocurrieron, a partir de 1899: La invasión peruana, el robo del patrimonio de esos colombianos a que se viene haciendo alusión y su asesinato, así como el de decenas de miles de aborígenes. 

Explicable hasta cierto punto esa conducta del gobierno durante el conflicto, por tener fijada la atención en la guerra, pero no después. Si bien es cierto el gobierno quedó completamente debilitado, la no intervención se explica, no por la incapacidad, sino por una actitud premeditada. ¿Cómo se explica que el Presidente Reyes, ante el pronunciamiento de la prensa sobre los trágicos sucesos que ocurrían a diario, hubiera amenazado con el panóptico o el destierro a los periodistas que se ocuparan del Putumayo? Lo cierto fue que por castigar los intereses de la nación, pues se le cercenó parte del territorio.

Por otro lado como afirman Domínguez y Gómez, la guerra significó el desplazamiento de las operaciones comerciales que se realizaban con el interior hacia el Brasil y el Perú, desligando más el territorio del centro y facilitando igualmente la penetración peruana. 

En conclusión, la guerra fue trágica desde todo punto de vista para la región porque significó la pérdida de territorio, la pérdida de riquezas representadas en todos los recursos extraídos y las fortunas y patrimonios construidos por los colombianos que se habían establecido, la pérdida de decenas de miles de vidas, de indígenas y emigrantes del interior.”[xxviii]

1898

“En este año el R.P. Antonio Calamocha recorrió el Aguarico, el Napo, salió a Iquitos y regresó por el Putumayo, visitando las siguientes tribus de indios: Macaguajes, Orejones, Pacuyas del Lagarto, Pacuyas del Aguarico, Cocayas, Pacayacos, Záfaros y Piojes. En esta correría empleó cinco meses.[xxix]

1898

“Del lado sur del Putumayo, el peruano Cappa y el Argentino Reátegui iniciaron la extracción del caucho sobre la banda derecha del Putumayo, entrando por el río Algodón. El Brasil estorbaba en Tabatinga las exportaciones, por lo que los empresarios matricularon como brasileña una lancha para poder seguir en el negocio.”[xxx]

1898

“…había en los Estados Unidos más de cincuenta compañías de automóviles. Olsmobile, la primera en tener éxito comercial, vendió cuatrocientos autos en 1901. Menos de una década después salieron de la línea de ensamblaje los primeros quince millones del modelo T de Henry Ford. Cada modelo necesitaba caucho, y la única fuente era el Amazonas. En sólo un mes, tres barcos extranjeros partieron de Belén de Pará, con destinos distintos y todos transportando caucho por valor de más de cinco millones de dólares.”[xxxi]

1899

“En ese mismo contexto de auge cauchero, los peruanos habían aniquilado en pocos años (en el transcurso de la década de 1890) a la población indígena del territorio de Loreto y arrasado allí los árboles productores de gomas. Estas circunstancias provocarían las incursiones, cada vez más frecuentes, a territorio colombiano, ecuatoriano y brasilero, de las empresas caucheras que tenían en Iquitos el centro de sus operaciones. Los informes que de aquel puerto peruano se producían, daban cuenta ya, en 1899, tanto del aniquilamiento de los nativos peruanos como de la escasez de las gomas, y advertían sobre la suerte que correrían los indígenas colombianos si el Gobierno no tomaba las medidas que la situación demandaba:”[xxxii]


[i]                             Mejía  Gutiérrez.  O.C.  Pág.  82

[ii]                            GOMEZ LOPEZ, AUGUSTO J. HISTORIA GENERAL DEL DEPARTAMENTO DEL PUTUMAYO – Texto de guía para la enseñanza – II. Ministerio de Cultura. Bogotá, D.C. Mayo 2001. Pág. 409-410

[iii]                           Domínguez, Camilo; Gómez, Augusto. LA ECONOMIA EXTRACTIVA EN LA AMAZONIA COLOMBIANA 1.850-1.930. TROPENBOS. COA. Bogotá. Pág. 142-143

[iv]                           Domínguez, Camilo; Gómez, Augusto. LA ECONOMIA EXTRACTIVA EN LA AMAZONIA COLOMBIANA 1.850-1.930. TROPENBOS. COA. Bogotá. Pág. 114

[v]                            DAVIS, WADE. EL RIO, EXPLORACIONES Y DESCUBRIMIENTOS EN LA SELVA AMAZONICA. Banco de La República y El Ancora Editores. Bogotá  D.C: 2001. Pág. 277                   

[vi]                           BARRIOS, LUIS  A. HISTORIA DDE COLOMBIA. Ediciones Cultura. Bogotá – Colombia. Quinta Edición. 1984. Pág. 153

[vii]                           Mejía  Gutiérrez.  O.C.  Pág.  83

[viii]                          Mejía  Gutiérrez.  O.C.  Pág.  83

[ix]                           Varios Autores. POBLACIONES HUMANAS Y DESARROLLO AMAZONICO. Universidad de la amazonia. Instituto Amazónico de Investigaciones – IAMI. Florencia, 1990  

[x]                            ARTUNDAGUA  BERMEO,  FELIX.   HISTORIA  GENERAL DEL CAQUETA.  Fondo Mixto para la Promoción de la Cultura y las Artes del Caquetá.  Cuarta edición.  1999.  Pág.  61.

[xi]                           Domínguez, Camilo; Gómez, Augusto. LA ECONOMIA EXTRACTIVA EN LA AMAZONIA COLOMBIANA 1.850-1.930. TROPENBOS. COA. Bogotá. Pág. 174

[xii]                           CALDERON REYES, Florentino. Nuestros Desiertos del Caquetá y del Amazonas y sus  Riquezas. Imprenta de Luis M. Holguín. Bogotá. 1902. Pág. 17

[xiii]                          CASAS AGUILAR, JUSTO.  EVANGELIO Y COLONIZACIÓN. Una aproximación a la historia del Putumayo desde la época  prehispánica a la colonización  agropecuaria. Santa fe de Bogotá. Septiembre de 1999. Pág.130

[xiv]                          CALDERON REYES, Florentino. Nuestros Desiertos del Caquetá y del Amazonas y sus  Riquezas. Imprenta de Luis M. Holguín. Bogotá. 1902. Págs. 25-26.

[xv]                           BARRIOS, LUIS  A. HISTORIA DE COLOMBIA. Ediciones Cultura. Bogotá – Colombia. Quinta Edición. 1984. Pág. 153

[xvi]                          REVERENDO PADRE  FRAY GASPAR DE PINELL. EXCURSION APOSTOLICA POR LOS RIOS PUTUMAYO, SAN MIGUEL DE SUCUMBIOS,  CUYABENO, CAQUETA Y CAGUAN. Imprenta Nacional. Bogotá. 1228. Pág. 50

[xvii]                         MORA DE JARAMILLO, YOLANDA.   ALIMENTACIÓN Y CULTURA EN EL  AMAZONAS.   Ediciones fondo cultural cafetero. 1986.  Pág.118

[xviii]                        CLADERON REYES, Florentino. Nuestros Desiertos del Caquetá y del Amazonas y sus  Riquezas. Imprenta de Luis M. Holguín. Bogotá. 1902. Pág. 17

[xix]           CALDERON REYES, Florentino. Nuestros Desiertos del Caquetá y del Amazonas y sus  Riquezas. Imprenta de Luis M. Holguín. Bogotá. 1902. Págs. 27-28

[xx]            Varios Autores, LOS POBLADORES DE LA SELVA. Historia de la Colonización del     Noroccidente de la Amazonía Colombiana. Instituto Colombiano de Antropología.  Colcultura.  P.N.R., Universidad de la Amazonía. 1995.  Tomo 2  Pág. 42

[xxi]                          GUERRERO ALBAN, FRANCO ARMANDO.  Putumayo economía, sociedad y selva. Bogota.  2000

[xxii]                         DAVIS, WADE. EL RIO, EXPLORACIONES Y DESCUBRIMIENTOS EN LA SELVA AMAZONICA. Banco de La República y El Ancora Editores. Bogotá  D.C: 2001. Pág. 277                   

[xxiii]                        Varios Autores. ATLAS CULTURAL DE LA AMAZONIA COLOMBIANA.   LA CONSTRUCCIÓN DEL TERRITORIO EN EL SIGLO XX.   Ministerio de Cultura;  Instituto Colombiano de Antropología;  Corpes Orinoquía;  Corpes Amazonía.  Pág. 22

[xxiv]          CASAS AGUILAR, JUSTO.  EVANGELIO Y COLONIZACIÓN. Una aproximación a la historia del Putumayo desde la época  prehispánica a la colonización  agropecuaria. Santa fe de Bogotá. Septiembre de 1999. Pág.114

[xxv]                         MORA DE JARAMILLO, YOLANDA.   ALIMENTACIÓN Y CULTURA EN EL AMAZONAS.   Ediciones fondo cultural cafetero. 1986.  Pág.118

[xxvi]                        Domínguez, Camilo; Gómez, Augusto. LA ECONOMIA EXTRACTIVA EN LA AMAZONIA COLOMBIANA 1.850-1.930. TROPENBOS. COA. Bogotá. Pág. 178

[xxvii]                        BARRIOS, LUIS  A. HISTORIA DDE COLOMBIA. Ediciones Cultura. Bogotá – Colombia. Quinta Edición. 1984. Pág. 154

[xxviii]                       CASAS AGUILAR, JUSTO.  EVANGELIO Y COLONIZACIÓN. Una aproximación a la historia del Putumayo desde la época  prehispánica a la colonización  agropecuaria. Santa fe de Bogotá. Septiembre de 1999. Pág. 105

[xxix]                        R.P. Fray Jacinto María de Quito. RELACION DE VIAJE, EN LOS RIOS PUTUMAYO, CARAPARANÁ Y CAQUETÁ Y ENTRE LAS TRIBUS GÜITOTAS. Imprenta de “La Luz”. Bogotá. 1908.

[xxx]                         Restrepo, Juan Camilo; Betancur, Luis Ignacio. ECONOMIA Y CONFLICTO COLOMBO – PERUANO. Villegas Editores. Diciembre de 2001. Bogotá. Pág. 91.                          

[xxxi]                        DAVIS, WADE. EL RIO, EXPLORACIONES Y DESCUBRIMIENTOS EN LA SELVA AMAZONICA. Banco de La República y El Ancora Editores. Bogotá  D.C: 2001. Pág. 277                   

[xxxii]                        Domínguez, Camilo; Gómez, Augusto. LA ECONOMIA EXTRACTIVA EN LA AMAZONIA COLOMBIANA 1.850-1.930. TROPENBOS. COA. Bogotá. Pág. 174

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