Historia para Leguizameños/as – 14

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John Elvis Vera Suarez

1857

El coronel Agustín Codazzi, partiendo desde Santa Librada (Suaza-Huila), en   diciembre 30 de 1956, pasando por La Ceja y de ahí al rió Bodoquero, de este al Orteguaza, al Caquetá y de este al Mecaya y el Senseya. Subiendo por el Caquetá hasta encontrar el camino a Mocoa.[i] Tomó el antiguo camino de las misiones que, subiendo el Mecaya, seguía por tierra hacia el pueblo de Tapacunti cerca de las ruinas de Concepción, en el Putumayo.[ii]

“Agustín Codazzi… da para 1857 una cifra de 43.263 habitantes aproximadamente, entre reducidos y salvajes. A unos y otros se deben agregar los habitantes de raza negra, quienes a pesar de que no figuren en los censos, también existieron.

Publimayo

¿Cómo era la vida de unos y otros (reducidos y salvajes), a la mitad del siglo XIX? Según Agustín Codazzi, los aborígenes reducidos y los salvajes tenían poca agricultura, apenas cultivaban lo necesario para la vida. Los reducidos sembraban plátano, maíz, yuca, caña dulce, arroz y un poco de tabaco en el Aguarico. Los no reducidos sembraban lo mismo, menos el tabaco y muy poco arroz, el que no usaban como alimento sino para hacer las bebidas fermentadas. Estos frutos los producían en abundancia y su siembre era anual, menos el plátano y la caña de duraba muchos años sin necesidad de cultivar.

Los anteriores renglones alimenticios los complementaban con la carne de aves, animales silvestres y pescado.

Existía dentro de los indígenas una división sexual del trabajo, sustentada en creencias relacionadas con la fecundidad y la productividad. El hombre era el que talaba los árboles y preparaba el terreno para la siembra, la cual dejaba exclusivamente a la mujer, así como sabía parir, sabía sembrar mejor para que la tierra pudiera parir semillas o raíces que se habían depositado en su seno. En el mismo orden de ideas, al llegar a una playa o un nuevo lugar de residencia, era el varón el que proporcionaba la leña para que la mujer prendiera el fuego, conseguía los materiales para improvisar el rancho y protegerla del sol o de la lluvia. Las mujeres limpiaban las chagras (parcelas) y recogían los frutos.  El hombre proporcionaba la caza, la pesca y productos vegetales (no agrícolas).

En lo que a manufacturas se refiere, dice también Codazzi que  el varón indígena fabricaba con paciencia estupenda sus bodoqueras, arcos de flechas, dardos, redes, hamacas, canoas, remos, canaletes, cedazos para la yuca, bateas, platos, cucharas, peines de caña, petaquillas de corteza de bejuco; con las hojas de palma hacían canastos; construían también cajitas de madera, arpas, bandolas y violines, trapiches de mano y sabían beneficiar la cera blanca que obtenían de las numerosas abejas en estado silvestre y que podían domesticar.

Las mujeres hilaban algodón y lana, tejían mantas y fajas, hacían ollas de todos los tamaños, y las del Putumayo fabricaban una especie de loza de barro con un cierto grado de perfección.

Como se puede observar, la economía de los aborígenes era de subsistencia, aunque, ya habían sido articulados de alguna manera a las redes de comercio; al que se vincularon por medio de un amplio número de productos, conformado por cera blanca, cera negra, zarza, vainilla, barniz, achiote preparado para manufacturas y para guisar, copal, caraña, ungüento de María, ajengibre, flor de canela, pita, hamacas, veneno, bodoqueras, manteca de tortuga, peje salado, carne ahumada, cacao silvestre y oro. Estos artículos eran llevados hacia Neiva, Popayán, Pasto, Perú y Brasil. En cambio, de introducía en el Caquetá plata, sal, lienzo, sarasa, bayeta, pailas, hierro bruto, herramientas, (hachas, machetes, cuchillos, serruchos) abalorios, anzuelos, espejos, cerdos y perros de caza.”[iii]

1857

Ley 15. 

Crea el Estado del Cauca, comprendiendo las provincias de Buenaventura, Chocó, Pasto, Popayán, el territorio del Caquetá. [iv]

1857

“El Prefecto del Caquetá, informa al poder ejecutivo (Colombiano) acerca de que algunas autoridades y ciudadanos de este Imperio (Brasil) insisten en el propósito de fundar establecimientos y de ejercer actos depredatorios sobre tierras y aguas de la Republica” (Nota de relaciones Exteriores de Colombia en su correspondiente del Brasil).[v]

1858-1863

Confederación Granadina.

“Desde 1849 se habían  expresado fuertes tendencias en el país hacia la organización federal, las cuales quedaron de manifiesto en la expedición de la Constitución de 1853, que dio, tanto a las provincias como a los municipios, autorización para dictarse constituciones propias. En virtud de esta autorización constitucional, se fueron formando varios Estados. Para 1858 ya existían los siguientes: Antioquia, Bolívar, Boyacá, Cauca, Cundinamarca, Magdalena, Panamá y Santander. Cada uno se componía de provincias y tenía independencia de los demás para administrar sus asuntos y gobernarse.

El Congreso de la República aceptó esa realidad, consagró la situación en la llamada Constitución de 1858 y dio al país la denominación de Confederación Granadina. Esta Constitución afirmó el derecho de cada Estado para gobernarse a si mismo; estableció la elección directa para el Presidente y encomendó al Gobierno General la conservación del orden público y la guarda de la Constitución.”[vi]

1858-1861

Periodo de gobierno del conservador Mariano Ospina Rodríguez. En su gobierno se dio el regreso de los jesuitas.[vii]

1860

Guerra Civil.

“A pesar de que el gobierno hizo todo cuanto estuvo en sus manos para sofocar la rebelión, las fuerzas revolucionarias terminaron por imponerse en la batalla de Usaquén, el 18 de julio de 1861.”[viii]

1861-1864.

“El general Mosquera se hizo cargo del gobierno con el título de Presidente Provisorio de los Estados Unidos de la Nueva Granada.

Se creó el Estado del Tolima y a Bogotá se le denominó Distrito Federal, como sede del Gobierno.

A fines de 1861 el gobierno convocó un Congreso de representantes de los Estados y una Convención Nacional, con el fin de que se dictara otra Constitución para la República.”[ix]

1860-1870

“El interés por la región creció considerablemente…, cuando la demanda inglesa de corteza de quina para tratar a los soldados enfermos de malaria en la India desencadenó un auge económico de la quina que fue sólo el anticipo de lo que vendría al final del siglo con la comercialización del caucho. Por primera vez, las selvas del Putumayo y las fronteras inexploradas de Colombia, Ecuador, Perú y Brasil se volvieron tema de preocupación nacional.”[x]

1862

La actividad comercial de los negociantes en el Territorio del Caquetá, que incluía los actuales Putumayo, Amazonas, Caquetá y Vaupéz, en dicho año se estimó en $10.000, considerado bajo para la época.[xi]

1863

La Constitución de Ríonegro.

Dio a la República el nombre de Estados Unidos de Colombia. Anexa el Territorio del Caquetá al Estado soberano del Cauca.[xii]

1864-1866

Gobierno del Abogado, Manuel Murillo Toro, primer Presidente civil.[xiii]

1864

El inglés Charles Ledger, había extraído (robado) semillas de altísima calidad de la región de Chulumaní, cerca del Río Beni (Cuenca Amazónica Boliviana). Fueron estas llevadas a las Indias Neerlandesas. En poco tiempo java se convirtió en el productor de casi el noventa por ciento (90%) de la quina a nivel mundial. [xiv]

1866-1867

Cuarta presidencia del general Mosquera. Se llevó a cabo una conspiración en su contra, el 23 de mayo de 1867. Fue condenado a dos años de prisión por quien había sido su segundo Vicepresidente, general Santos Acosta.[xv]

1867

“Mocoa era un lugar de intercambio entre los artículos colombianos llegados de Pasto, por los productos de extracción regional, quina, caucho y zarzaparrilla, y también por los artículos legados del Brasil y del Perú, en canoas y lanchas que subían por el Putumayo, artículos que luego, por tierra y a espaldas, habían sido llevados a Mocoa. Es la acción de estos comerciantes pastusos la que en esta época lleva la presencia de la sociedad nacional colombiana a estas regiones.”[xvi]

1868

“Secularmente los indígenas del Putumayo consideraron al “blanco” como portador de enfermedades, e incluso tenían la convicción de que el “blanco” utilizaba deliberadamente las enfermedades (los gérmenes patógenos) para matarlos. Así se desprende, por ejemplo, de los informes que sobre Mocoa y el Putumayo elaboró Pedro Urrutia en el transcurso de la década de 1860, época durante la cual la viruela azotó ostensiblemente a la población indígena de la región, fracasando los intentos de vacunación que se realizaron precisamente por esa misma convicción.”[xvii]

Años 70’

“El territorio solo empezó a ser tenido en cuenta (precariamente por el Estado) cuando algunos de sus recursos, la quina y el caucho, tuvieron demanda en el mercado internacional. En efecto, cuando transcurría la mitad del 70 y, ante el agotamiento de la existencia de quinas en el interior del país, Rafael Reyes socio de la Casa Comercial Elías Reyes, incursionó en las selvas del Putumayo en busca de la corteza.” (Justo Casas Aguilar)[xviii]

1873

“A fines de 1873 me preparé para la exploración del Putumayo, del Caquetá y del Amazonas, que proyecté desde que hice la de Tajumbina cuando, trepado en la copa de elevados árboles, veía extenderse hacia el oriente la inmensidad de selvas cual mar. (Reyes,1986: 105)”[xix]

1873

Henry Whikham, un inglés que poseía bosques de caucho en el río Tapajós, mandó dibujos y hojas del árbol de caucho (Hevea brasiliensis) al director del Kew Botanical Garden en Londres.  Pronto recibió la orden de conseguir semillas y, evadiendo la aduana, llevó unas 70.000 hasta Liverpool.  Cuarenta años más tarde, los ingleses invadían el mercado mundial con el caucho malayo cultivado en plantaciones y, por consiguiente, más productivo que el amazónico.[xx]

1874

Rafael Reyes, realiza un viaje por el Río Putumayo, llegando hasta al Brasil, en esta, el Emperador Pedro II, le otorga la concesión para navegar libremente por los ríos Putumayo y Amazonas con derechos de importación y exportación. A partir de ahí, estableció sucursales quineras y una red de intercambio comercial con el Brasil apoyado en sus embarcaciones a vapor.[xxi]

“Dos días después (de haber salido de Mocoa) llegaban a un punto donde el cauce tiene, en todo tiempo, seis pies de profundidad. Era el sitio indicado, para terminar la navegación a vapor,… Aquel lugar fue llamado “La Sofía” (en honor a su novia). Pág. 77.

“Mientras avanzaban lentamente a favor de la corriente, se iban deteniendo a visitar algunas tribus nómadas y pacíficas que erraban por las riberas selváticas del Putumayo. Todas ellas los trataron con benevolencia y hasta con generosidad, obsequiándoles con provisiones de pescado y carnes ahumadas. Esas tribus fueron, principalmente, las de los Cusacuntis, los Montepas, los Tohayá y los Inquisilla. Reyes los describió en sus relatos posteriores:”Apenas tienen habitaciones de ranchos de paja y cultivan pequeñas plantaciones de plátano y yuca que se extienden en los claros de las selvas, las cuales derriban con hachas de piedra y consumen con el fuego. Viven casi desnudos y conservan la más absoluta autonomía cada tribu con respecto a las otras. El idioma que hablan es una mezcla de siona y de quipchúa. No tienen otra religión que la adoración de los espíritus malos, con los que sus sacerdotes o “payés” dicen que se ponen en comunicación, para lo cual se embriagan con el jugo de una planta narcótica que llaman “yoco”. Pág. 78.

“Visitaron entonces e hicieron amistad con otras tribus, que no se distinguían por su pacifismo, como los Huitotes, los Beneció, los Orejones, los Carijonas, los Garaparaná y los Campuya. Pero afortunadamente, todas los recibieron y trataron con benevolencia y generosidad. “Pág. 80

De regreso: “Entre tanto, ayudados por el capitán portugués Francisco Antonio Bosao, levantamos la carta cartográfica del río Putumayo, la única que se ha publicado de nuestras exploraciones.” Pág. 86.[xxii]

1874

Febrero 5.

Rafael Reyes, sale por primera vez de Pasto a Mocoa, acompañado por diez cargueros mestizos e indígenas (entre ellos Benjamín Larrañaga); otros diez se le agregaron en Sibundoy.[xxiii]

“Después de dos días de navegación, llegamos a un punto que bautizamos con el nombre de “La Sofía”, el de mi esposa, en donde el río tiene seis pies de profundidad en todo tiempo y que es el término de la navegación a vapor.” Pág.19

“Gastamos un mes desde “La Sofía” hasta el punto conocido por los salvajes de Mocoa, ó sea una extensión de seiscientas millas. En todo este proyecto el río es navegable por vapores de cinco pies de calado, sin inconveniente alguno; sus márgenes están cubiertas por espesas selvas en donde abunda el caucho o jeve, cacao, zarzaparrilla, marfil vegetal o tagua, hipecacuana, otras plantas medicinales y variedad de maderas finas. Visitamos las tribus nómadas, que nos trataron con benevolencia y hasta con generosidad, obsequiándonos con provisiones ahumadas, productos de la caza y de la pesca, que constituyen su principal ocupación.

Estas tribus son: los Cosacuntis, los Montepas, los Tohallá y los Inquisilla, todas de hombres bien formados y constantes migradoras en busca de la caza y de la pesca. Apenas tienen habitaciones de ranchos de paja y cultivan pequeñas plantaciones de plátano y yuca, que se extienden en los claros de la selva, las cuales derriban con hachas de piedra y consumen con el fuego. Viven casi desnudos y conservan la más absoluta autonomía cada tribu respecto de las otras.” Págs. 19 – 20.

“Gastamos dos meses en recorrer la parte baja del río, porque nos detuvimos para hacer exploraciones en sus márgenes y permanecimos algunos días visitando las diferentes tribus.”

“Lo más penoso de aquella nuestra primera exploración, no era el calor de 45º centígrados, soportado sin sombra alguna, puesto que la canoa iba descubierta, bajo un sol abrasador, ni la fatiga de ir remando a la par de los indios durante el día, ni tampoco la mala y escasa alimentación, ni los peligros, que se corrían entre aquellos antropófagos. Eranlo, sí, las noches pasadas en las  inmensas playas del río, sobre arenas quemantes, calcinadas por el sol, en las cuales teníamos que cavar una especie de sepultura y cubrirnos con ellas, dejando sólo descubiertas las narices, como la hacían los salvajes, para liberarnos de las picaduras de los zancudos, los que hay en tal abundancia, que puede decirse que la atmósfera se compone de ellos, tal la llenan y obscurecen; al cerrar las dos manos, quedaba entre ellas una masa sólida de mosquitos. Con las primeras luces de la aurora, que hacen huir a los zancudos, salíamos de esas fosas, improvisados dormitorios en los cuales reposábamos desnudos, cubiertos por una argamasa formada por la arena y por el sudor, que se había endurecido sobre nuestra piel con el frío de la mañana, y nos lanzábamos al río para que el agua nos libertara de su pesadumbre y de su asco, y luego nos poníamos los escasos y desgarrados  vestidos que aún nos quedaban. Navegábamos durante todas las horas de luz, y solamente nos deteníamos con el fin de hacer caza y pesca de lo que necesitábamos para nuestra alimentación. De noche preparábamos los alimentos que necesitábamos para nuestra alimentación. De noche preparábamos los alimentos que habíamos conseguido durante el día.” Pág. 21

“Al fin, después de grandes fatigas, atravesada la Cordillera y recorridas ya a pie, ya en canoas, las 1.400 millas del río Putumayo, llegamos al Amazonas. Nuestros esfuerzos habían sido coronados con éxito feliz. Habíamos conseguido el propósito que perseguíamos al emprender la expedición, propósito que era el de descubrir un río navegable a vapor, que comunicará a Colombia con el Amazonas.     

Exploraciones tan penosas como las que acabo de describir, hicimos después durante varios años, con mis hermanos Enrique y Néstor, en los ríos Caquetá, Napo, Ucayali, Yavarí, Yuruá, etc. etc., y los otros que se señalan en el mapa que os acompaño.” Pág. 22

“De Rió de Janeiro regresamos al Pará, en donde compramos el vapor “Tundama”, nombre de nuestra provincia natal en Colombia, y lo tripulamos y aprovisionamos para hacer el viaje por el Putumayo hasta” La Sofía”. Pág. 23

“Gastamos dos meses navegando las 1.200 millas de este río hasta “La Sofía”. Teníamos que preparar allí el combustible para el vapor.

Ayudados por el capitán portugués Francisco Antonio Bisao, levantamos la carta geográfica del río Putumayo, la única que se ha publicado de nuestras exploraciones.

A nuestro paso por el territorio de las tribus salvajes, las que meses antes nos vieron desprovistos de recursos y nos ayudaron para continuar la expedición, pudimos obsequiarlas con largueza y hacerles admirar los objetos y las curiosidades de una civilización desconocida para ellos, que llevábamos en el vapor. A muestro amigo Chua, el cacique de la poderosa tribu de los Mirañas, le obsequiamos con armas que nunca usó contra nosotros, con herramientas de agricultura, con semillas y con vestidos para sus numerosas mujeres.” Pág. 24[xxiv]


[i]                             Mejía  Gutiérrez.  O.C.  Pág.  78

[ii]                            DOMÍNGUEZ, CAMILO. GOMEZ, AUGUSTO.   NACIÓN Y ETNIAS.   Los Conflictos Territoriales en la Amazonia 1750-1933.  COAMA. 1994. Pág. 47

[iii]                           CASAS AGUILAR, JUSTO.  EVANGELIO Y COLONIZACIÓN. Una aproximación a la historia del Putumayo desde la época  prehispánica a la colonización  agropecuaria. Santa fe de Bogotá. Septiembre de 1999. Pág.85-87

[iv]                           BASTIDAS URRESTY, EDGAR.   NARIÑO HISTORIA Y CULTURA.  Santa Fe de Bogotá, D.C.  1999

[v]                            Mejía  Gutiérrez.  O.C.  Pág.  78

[vi]                           BARRIOS, LUIS  A. HISTORIA DE COLOMBIA. Ediciones Cultura. Bogotá – Colombia. Quinta Edición. 1984. Pág. 147

[vii]                           BARRIOS, LUIS  A. HISTORIA DE COLOMBIA. Ediciones Cultura. Bogotá – Colombia. Quinta Edición. 1984. Pág. 147

[viii]                          BARRIOS, LUIS  A. HISTORIA DE COLOMBIA. Ediciones Cultura. Bogotá – Colombia. Quinta Edición. 1984. Pág. 148

[ix]                           BARRIOS, LUIS  A. HISTORIA DDE COLOMBIA. Ediciones Cultura. Bogotá – Colombia. Quinta Edición. 1984. Pág. 148

[x]                            DAVIS, WADE.  EL RIO, EPLORACIONES Y DESCUBRIMIENTOS EN LA SELVA AMAZONICA. Banco de La República y El Ancora Editores. Bogotá D.E. 2001. Pág. 200 

[xi]                           Pineda- Camacho, Roberto.  Alzate Ángel, Beatriz.  LOS MEANDROS DE LA HISTORIA EN AMAZONIA. Talleres Abya-Yala. Cayambre – Ecuador. Julio de 1990. Pág. 16

[xii]                           Mejía  Gutiérrez.  O.C.  Pág.  79

[xiii]                          BARRIOS, LUIS  A. HISTORIA DE COLOMBIA. Ediciones Cultura. Bogotá – Colombia. Quinta Edición. 1984. Pág. 148

[xiv]                          ARTUNDAGUA  BERMEO,  FELIX.   HISTORIA  GENERAL DEL CAQUETA.  Fondo Mixto para la Promoción de la Cultura y las Artes del Caquetá.  Cuarta edición.  1999.  Pág.  59.

[xv]                           BARRIOS, LUIS  A. HISTORIA DE COLOMBIA. Ediciones Cultura. Bogotá – Colombia. Quinta Edición. 1984. Pág. 149

[xvi]                          Pineda- Camacho, Roberto.  Alzate Ángel, Beatriz.  LOS MEANDROS DE LA HISTORIA EN AMAZONIA. Talleres Abya-Yala. Cayambre – Ecuador. Julio de 1990. Pág. 306

[xvii]                         GOMEZ LOPEZ, AUGUSTO J. HISTORIA GENERAL DEL DEPARTAMENTO DEL PUTUMAYO – Texto de guía para la enseñanza – II. Ministerio de Cultura. Bogotá, D.C. Mayo 2001. Pág. 485

[xviii]                        GOMEZ LOPEZ, AUGUSTO J. HISTORIA GENERAL DEL DEPARTAMENTO DEL PUTUMAYO – Texto de guía para la enseñanza – II. Ministerio de Cultura. Bogotá, D.C. Mayo 2001. Pág. 408-409

[xix]                          Domínguez, Camilo; Gómez, Augusto. LA ECONOMIA EXTRACTIVA EN LA AMAZONIA COLOMBIANA 1.850-1.930. TROPENBOS. COA. Bogotá. Pág. 58

[xx]                           Varios Autores. ATLAS CULTURAL DE LA AMAZONIA COLOMBIANA.   LA CONSTRUCCIÓN DEL TERRITORIO EN EL SIGLO XX.   Ministerio de Cultura;  Instituto Colombiano de Antropología;  Corpes Orinoquía;  Corpes Amazonía.  Pág. 26

[xxi]                          SILVA, MARIA CECILIA. RAIGAMBRE No. 6. Julio – Diciembre, 1994

[xxii]                         LEMAITRE, Eduardo. RAFAEL REYES. BIOGRAFÍA DE UN GRAN COLOMBIANO. Bogotá. 1981.

[xxiii]                        Domínguez, Camilo; Gómez, Augusto. LA ECONOMIA EXTRACTIVA EN LA AMAZONIA COLOMBIANA 1.850-1.930. TROPENBOS. COA. Bogotá. Pág. 66

[xxiv]                        REYES, RAFAEL. A TRAVES DE LA AMERICA DEL SUR. EXPLORAICONES DE LOS HERMANOS REYES. Trabajo Presentado en la II conferencia Pan – Americana, Reunida en México, por el General R. Reyes, Delegado de Colombia. Flota Mercante de Colombia. Litografía Arco, Bogotá, 1979.

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