HISTORIA PARA LEGUIZAMEÑOS/AS (13)

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John Elvis Vera Suarez

7.1.        SIGLO XIX (mediados)

  • “A mediados del siglo XIX la población del Alto Caquetá-Putumayo era predominantemente indígena y por entonces era difícil adquirir datos fijos sobre la demografía regional y sólo se contaba con noticias vagas, confusas y contradictorias, en virtud de la gran extensión del territorio y del escaso número de individuos que allí habían logrado penetrar por el temor a la “ferocidad y barbarie de los indios”. Sin embargo, y según las precarias noticias que habían podido recogerse y aun basándose en los libros (de bautismos, matrimonios y defunciones) e informes realizados, durante el siglo XVIII, por los padres misioneros Franciscanos, se estimaba de manera aproximada que en los términos del Cantón de Timaná habitaban “en los Andaquíes”, entre indígenas “salvajes” y los ya “reducidos”, por lo menos 23.150, “divididos  en doce tribus conocidas”, así: Andaquíes, 500; Tamas, 700; Haquez, 5.000; Coreguajes, 6.000; Witotos, 7.000; Payaguajes, 2.000; Macaguajes, 6.000; Cenceguajes, 300; Yuríes, 400; Quiyogoes, 300; Aguanengas, 200; y Encabellados, 150.(Informe Gobierno Eclesiástico, 1843, T.18 Fls. 885-888). (Las cifras citadas suman sin embargo 28.500).

Según los mismos informes, cada una de éstas “tribus” o “parcialidades” poseía un idioma particular y diferente, pero existía analogía o semejanza en algunas voces. Un reducido número de Andaquíes, Tamas, Huaques y Coreguajes ocupaban por entonces las “semipoblaciones” del Bodoquero, Santa Rita, Picuntí, San Francisco Solano, La Concepción y Mecaya y este reducido número era de los ya asimilados y bautizados. Se aseguraba que los Huaques y Coreguajes salvajes tenían poblaciones en las llanuras y sabanas situadas hacia el oriente y al norte de ese territorio y que estos sostenían frecuente guerra “devorándose con los Witotos”. Se ignoraba si las demás “tribus” tenían poblaciones, pero se aseguraba que vivían errantes.

Estos grupos proveían lo de su subsistencia por medio de la agricultura, pequeñas sementeras de maíz, plátano, yucas, caña, cacao silvestre y cría de animales, con la pesca y con la caza de animales cuadrúpedos y de aves. Trabajaban en sacar y beneficiar la cera de abeja blanca y el cultivo del tabaco y comerciaban con estos dos productos y también con resinas, con curare (“veneno que extraen de un bejuco de este mismo nombre”), con bodoqueras, hamacas de pita trabajadas por ellos mismos, con barniz, pájaros, pieles y plumajes. Mediante el intercambio de estos bienes se proporcionaban herramientas y otros efectos que les eran necesarias.”[i]

Publimayo
  • “El alto Amazonas colombiano y en particular el área del río Putumayo fue, especialmente a partir de la segunda mitad del siglo XIX, recorrida por comerciantes pastusos o brasileros y también por brasileros traficantes de esclavos, que buscaban capturar indígenas para venderlos en poblaciones del medio y bajo Amazonas o en el Río Negro. A partir de 1870, la Casa Elías Reyes y Hermanos, inicio un proceso de ocupación extractivo del Caquetá y del Putumayo.”[ii]
  • “La colonización contemporánea del Putumayo, al igual que la del resto de la Amazonia, ocurrió dentro del proceso de incorporación del territorio a la vida nacional y tuvo lugar en dos etapas; una primera que apenas fue de penetración, se desarrolló según algunos autores (Gómez y Domínguez, por ejemplo) en el marco de la demanda internacional de productos tropicales. Esta, a su vez, comprendió dos periodos: el de extracción de la quina, de 1870 a 1885; período que fue sucedido por la explotación del caucho, cuyo primer ciclo se extiende de 1885 a 1930 y su demanda tuvo como objetivo abastecer la segunda revolución industrial. La actividad extractiva estimuló el desplazamiento de población hacia la región en demanda de fortuna y empleo.”[iii]
  • “Se sabe por los censos de población y su dinámica, e informes elaborados por los prefectos, que para mitad del siglo XIX y años anteriores y posteriores, el territorio del Caquetá se dividió en 5 corregimientos: Mocoa que comprendió las poblaciones de Mocoa, Yunguillo, Descansé, Limón y Huchipayaco; Sibundoy, formado por las poblaciones de Sibundoy, Santiago y Putumayo; Solano, integrado por las poblaciones de Solano, Turayaco (Yurayaco) y Pacayaco; Putumayo, que comprendió las poblaciones de San Diego, San José, Cuembí, Picudo, Montepa, Concepción y Compcapuid; El corregimiento de Aguarico, formado por las poblaciones de Aguarico, San Miguel y La Coca; y por último en los censos figura Mesaya, que al parecer no tiene  la categoría de corregimiento y estaba formado por las poblaciones de Mesaya y Caguán.”[iv]
  • En un contexto de búsqueda de nuevas “fuentes de riqueza” y en general

                   de expansión de la frontera económica, la “reducción de salvajes” se constituyó en un problema por resolver hasta muy avanzado el siglo XX. Desde el periodo colonial se habían realizado frecuentes intentos de reducción de los grupos indígenas del territorio /amazónico Colombiano. Los resultados obtenidos fueron precarios, ya que aun los pueblos de misiones que fundaron en el piedemonte del Caquetá-Putumayo tuvieron una existencia efímera.[v]

1850-1930

“Comparando los diversos tipos de economía extractiva que se desarrollaron en a la región amazónica entre 1850 y 1930, encontramos grandes diferencias en dichos procesos. Sin embargo, ellos guardan algunos elementos básicos comunes que nos permiten señalar algunas tendencias que podríamos encontrar también en los procesos extractivos actuales.

Lo más importante de estas tendencias es su incapacidad de revertir a la región esa riqueza que se crea. Después de cada proceso extractivo que se produjo en la Amazonia ésta quedaba más pobre que antes: los recursos agotados, la población indígena diezmada y los poblados sumidos en el abandono y a la espera de un nuevo ciclo que los viniera a sacar de la ruina.

Las compañías extractoras, casi sin excepción, se comportaron en la Amazonia como en territorio ocupado, entregado a ellos para el despojo. Muy poca diferencia se puede observar en las formas de comportamiento de extranjeros y los colombianos, lo cual nos indica que se guiaron por principios e ideologías semejantes. En la correspondencia escrita de varios personajes,… se puede observar en forma relevante la utilización de una jerga muy parecida a la de las compañías imperialistas que colonizaron el Asia y África. Expoliación, robo y genocidio aparecen, como por arte de magia, convertidos en civilización, cristianización y defensa de los pueblos “bárbaros”. Más aun, esta actitud no era solamente la de individuos o compañías aisladas; también se puede reconocer en la correspondencia del Estado. Ministros y altos funcionarios apoyan y promueven estas actitudes por medio de decretos, concesión de privilegios y en escritos varios, que nos indican que existía todo un clima favorable para promover este colonialismo interno.

El indígena, dentro de su modo de producción precapitalista o como productor articulado al extractivismo, siempre resulta perjudicado por el choque cultural. Debido al mayor desarrollo tecnológico y al apoyo del Estado, la cultura “blanca” se comporta con el indígena como grupo conquistador que adquiere dominio sobre un grupo más débil. Tales relaciones se traducen en avasallamiento cultural, prestación de servicios, despojo de la tierra, esclavización o muerte. No se dan relaciones entre iguales que permitan llegar a una negociación verdadera; son, en todo el sentido de la palabra, imposiciones del vencedor sobre el vencido.

Por los caminos y ríos de la región se movían toneladas de productos cuyo resultado producía millones de pesos oro; tal fue el caso de las quinas y aún mayor el de los cauchos. Sin embargo, al finalizar cada ciclo el saldo geográfico y social para la región era negativo: se había retrocedido en lugar de avanzar. Para las compañías extractoras la selva era un enemigo por vencer y no un hogar por crear. La referencia al infierno verde, la vorágine o la tragadora de hombres, refleja más odio que respeto y una ausencia total de cariño. No es extraño que el quinero o cauchero usaran las técnicas más predatorias para extraer los productos; lo importante era enriquecerse pronto y no importando cómo. Luego irse lo más lejos posible a disfrutar esa riqueza. Eran seres desarraigados, alienados, hostiles, capaces de cualquier daño con tal de obtener sus objetivos. Que quedaba luego de su salida no eras su preocupación. No era su tierra ni su gente.»[vi]

1850

Los Sionas extendían su territorio desde el Río Orito hasta las riberas Del Caucaya.  Vivian dispersos en diversas localidades (San Diego, San José, Montepa, Concepción).  Los MaKaguajes habitaban las partes altas de los Ríos Mecaya, Senseya y Caucaya. Ambos sexos vestían una túnica de corteza vegetal color morado, llevaban las cejas depiladas y las orejas, narices y labios horadados, colocándose allí plumas y chaquiras. Cultivaban yuca amarga, recolectaban hormigas, capturaban tortugas. Aunque gustaban mucho del arroz con mantequilla, sus platos preferidos eran el CASARAMANO y el gusano MOJOJOY.  Comerciaban en particular con Cera, Hamacas, Curare, Peines, etc., a cambio de herramientas y chaquiras que recibían de los Pastusos.[vii]

1850

En esta década, “el fisiólogo francés Claude Bernard había revelado con precisión cómo mataba el veneno (Curare). Los impulsos del cerebro en el cuerpo activan las puntas de los nervios y producen una sustancia química llamada acetilcolina, que a su turno estimula los músculos. En una serie de experimentos clásicos, Bernard demostró que el curare bloquea la transmisión de los impulsos nerviosos a los músculos, precipitando así la parálisis.  Este descubrimiento tuvo aplicaciones clínicas inmediatas. Durante el resto del siglo XIX, el curare se usó para tratar enfermedades que causaban severos dolores y contracciones musculares. Los resultados variaron, en gran parte porque los preparados no eran consistentes. Mientras los médicos victorianos administraban venenos amazónicos en rama a víctimas de rabia y de tétano, ningún botánico había logrado identificar los componentes silvestres. A diferencia de los avances médicos, el ritmo de los descubrimientos botánicos fue lento.”[viii]

1850

“…el consumo mundial del caucho llegaba aproximadamente, a 200 toneladas (Santos, 1980:49),”[ix]

1850-1920

En este largo periodo “se transforman totalmente las formas productivas de la Amazonia como resultado de su activa participación en el desarrollo del comercio mundial. La primera Revolución Industrial exigió un extraordinario aumento en la demanda de materias primas para las fábricas europeas y norteamericanas y la Amazonia fue utilizada como un área para la extracción de ellas. Especialmente hay que mencionar las quinas de la cordillera andino-amazónica y los cauchos y siringas de la planicie.

Las quinas (Cinchonae) de la región amazónica fueron extraídas por compañías con sede en Bogotá, Neiva, Popayán y Pasto, las cuales tenían nexos comerciales en Europa y Estados unidos. Las más conocidas de ellas, como Elías Reyes Hermanos, Compañía Colombia y Cano-Cuello, iniciaron sus trabajos sobre la vertiente occidental de la Cordillera Oriental de los Andes y poco a poco, se introdujeron hacia la vertiente oriental amazónica. Como leña trabajadores utilizaron principalmente a la población del Valle del Magdalena y habitantes de la cordillera, muchos de ellos indígenas en proceso de mestización.

Estas relaciones productivas están nítidamente descritas en las MEMORIAS del General Rafael Reyes, el principal pionero de las quinerías y caucherías en la amazonia. (Reyes, 1986). Estos trabajadores saquearon las montañas para extraer la cáscara de quina pero no crearon asentamientos permanentes  en ellas. Una vez agotado el recurso se trasladaban a una nueva región extractiva o volvían a sus lugares de origen. Mientras tanto, las compañías lograron acumular capitales relativamente altos para la época (Reyes, 1986) que sirvieron para iniciar otras inversiones en el interior del país o para iniciar la extracción cauchera en la Amazonia.

Sin bien las quineras no tuvieron ningún efecto sobre el poblamiento amazónico colombiano en forma directa si tuvieron un notable efecto indirecto. Produjeron el conocimiento necesario para que las compañías quineras se convirtieran en compañías caucheras y se asentaran en las planicies orientales organizando una de las formas de capitalización más salvaje que ha conocido el país en toda su historia.

Para conocer este fenómeno a cabalidad es necesario hacer un gran número de distinciones históricas y geográficas que marcan diferencias muy importantes en el desarrollo socioeconómico de cada proceso. Brevemente se resumen en lo siguiente: Cuando se inicia la extracción regional, aproximadamente entre 1880 y 1895, se extraía caucho negro (Castilloa) al pié de la Cordillera, el cual se agotó rápidamente porque el árbol tenía que derribarse para poder extraer el látex (Rocha, 1905). Igualmente, las compañías del interior del país. Algunas, como la Compañía Colombia, solo usaron peones asalariados (Restrepo, 1955) porque los indígenas de algunas zonas habían sido aniquilados durante la Colonia.    

Al agotarse el caucho negro se inicia la extracción de las siringas (Hevea)  cuya distribución geográfica se da muy lejos de la cordillera hacia el oriente. Este proceso, que se inicia entre 1890 y 1895, transforma totalmente las relaciones de producción del caucho. Ya no se trata de mano de obra libre sino de relaciones serviles y, luego, relaciones esclavistas. Los indígenas eran la única posibilidad de tener mano de obra barata, puesto que la llevada de peones y de alimentos para sostenerlos, desde el interior del país hasta las áreas de extracción se hizo antieconómica. Por medio del terror (Cassement, 1912) se articula a los indígenas como mano de obra forzada en el comercio mundial, hasta llegar al paroxismo entre 1910 y 19124, antes de iniciarse el derrumbe por la competencia de las caucherías coloniales del Asia. Este periodo, que, por motivos geográfico-políticos, se prolonga hasta 1932, trae como consecuencia una enorme hasta 1932, trae como consecuencia una enorme mortalidad de la población indígena. Sería, por lo tanto, un segundo periodo de despoblamiento cuyas consecuencias todavía se hacen sentir en la parte oriental de la Amazonia Colombiana (Jimeno, 1987).”[x]

1850 – 1885

Rafael Reyes en sus memorias sobre este periodo al exponer haber encontrado Naciones Indígenas como los Cosacunty, Orejones, Yosotoaró, Nómades, Mirañas, Karejonas y Cíbaros, dice que “Estos indios tienden a desaparecer aniquilados por las epidemias o sacrificados por los que hacen la caza y comercio de hombres y por los negociantes del caucho”.

“… Entre el Puerto de Sofía y el territorio habitado por los salvajes nómadas y antropófagos, residen las tribus Incuisilla, Cosacunty y Montepa. Estos últimos, navegan el alto Putumayo y tienen comercio y relaciones con los Mocoas. Parte de esa tribu se estableció con el nombre Cuembí en La Sofía. De ellos formamos después, los pilotos o prácticos para la navegación por el río Putumayo…”

“… Los indios Incuisilla habitan la región entre los ríos Putumayo y Caquetá y tienen un campamento en el río Incuisilla, en las cercanías del lugar que bautizamos con el nombre de la Concepción y en el cual con mi sobrino Alejandro Plazas Reyes, tratamos de fundar una explotación agrícola y de recolección de caucho…” (En la obra “Atlas Cultural de la Amazonia, la construcción del territorio en el siglo XX”, en su carpeta de mapas, aparece la “Concepción” como una Fundación Cauchera ubicada sobre el río Caquetá más arriba de La Tagua. En otro mapa, La Concepción aparece en las riberas del río Putumayo en lo que hoy en día pertenece al Amazonas, cerca de los límites actuales del Municipio de Leguízamo. No debemos olvidar La Concepción fundada por los religiosos y que hoy continúa existiendo, aunque no el poblado que ellos crearon).

1851

Septiembre.

El censo fechado en dicho mes, llevado a cabo en el “Territorio del Caquetá” que incluía el actual Putumayo e inclusive el Napo, mencionaba las Tribus o Naciones Indígenas de Tamas y Coreguajes en rió Caguán; Guaques en los ríos Mesaya, Ajaju y Cuñaré; Macos y Cabijuiris en el río Yarí; Guitotos, Andakíes, Enaguas, Mainejanarís y Jejilias en la Banda Meridional (mano derecha  bajando o lado sur) del río Caquetá; Yuries, Mizaños, Ojones, Agustinillos, Ficuas y Jaguas en el río Putumayo; Macaguajes en el rióSenseya; Kofanes en  el Aguarico y Angoteres en la Banda Septentrional (mano izquierda bajando o lado norte) del río Napo. Sumando estas dan 19 naciones y 59.662 individuos entre hombres y mujeres.[xi]

1851

Guerra Civil.

“A causa de la agitación de las pasiones políticas, el país estaba viviendo un clima muy peligroso. Muchas personas se encontraban descontentas con el gobierno por no reprimir los brotes tumultuarios de las sociedades artesanales, a lo cual se agregan dos hechos que contribuyeron a agigantar el descontento entre los grupos de oposición: la expulsión de los jesuitas y la liberación de los esclavos. Estas circunstancias fueron aprovechadas por los descontentos para lanzarse a la guerra civil, con el ánimo de derrocar al gobierno. Iniciada en el Cauca, la guerra se extendió al Tolima, Antioquia, Boyacá y Santander. Pero, mal planeada y con poco apoyo de las clases populares, fue fácilmente vencida.”[xii]

1853

Nueva Constitución.

“Para satisfacer la ambición de las provincias que consideraban que se les diera mayor autonomía en el manejo de sus propios asuntos, el Congreso… aprobó una reforma constitucional que, sin ser enteramente federalista, tenía fuertes tendencias de tal.

Aun cuando esta constitución se discutió y aprobó durante el régimen de José Hilario López, solamente fue sancionada y entró en vigencia, bajo la presidencia de José María Obando, en 1853.”[xiii]

1853

Abril 1.

Nuevo Presidente, José María Obando. Quien fue derrocado por su Ministro de Guerra, José María Melo, el 16 de abril de 1854, siendo puesto a prisión por el mismo. Este a su vez fue derrocado por una revuelta militar organizada por el Congreso.[xiv]

1853

El Perú crea un gobierno político y militar con el nombre de Loreto, en el cual incluye ambas orillas del Amazonas desde el Brasil hasta el Ecuador, abarcando de igual manera el Putumayo y Caquetá, motivando la protesta colombiana.[xv]

1853

El Teniente Mattew Fontaine Maury, Superintendente de los Servicios Hidráulicos de la Unión Americana, publicó un libro sobre la importancia de la Amazonia, en el cual abogaba por su internacionalización (Trías Vivian-212). Esta propuesta coincidió con el desarrollo de la navegación a vapor, cuestión de sumo interés para la búsqueda de recursos en la Amazonia y su explotación turística.  Igualmente, con el comienzo de las explotaciones caucheras.[xvi]

“La región amazónica, y más específicamente Brasil, mantuvo un monopolio casi absoluto en las primeras fases del boom cauchero. Sin embargo, los intentos que hizo Brasil por usufructuar ese monopolio en beneficio propio resultaron infructuosos. Inglaterra primero y luego Estados Unidos y varios países europeos, mantuvieron un asedio permanente, tanto diplomático como económico y técnico, para arrebatarle al Brasil y a los países tropicales una fuente de lucros tan extraordinaria.

Uno de los pilares de ese asedio fue la campaña para que se declarara libre la navegación del río Amazonas al comercio mundial. Una campaña que alcanzó su máximo impulso con el teniente de la marina norteamericana Mattnew Fontaine Maury, un clásico exponente de la mentalidad norteamericana de la época que llevó a la conquista de Texas, Florida, Cuba, Puerto Rico, Filipinas, Panamá y muchos otros territorios. Maury escribió el libroThe Amazon River and Atlantic Slopesof South America, en el cual hace una descripción fantástica de las riquezas amazónicas y de la incapacidad de los países ribereños para llevar la civilización a esa región. Por lo tanto, ella debía ser abierta al comercio mundial y los pueblos industrializados sabrían usarla en forma apropiada. El libro tuvo una acogida extraordinaria e influyó mucho en la opinión norteamericana.”[xvii]

1853

Llega al Brasil un adelanto técnico de gran importancia que ayudará a la penetración en la Amazonia, a su transformación y posterior desastre con la esclavización y aniquilamiento de muchos de sus pueblos, nos referimos a la navegación a vapor.[xviii]

1854

Robert Markham, un ambicioso funcionario de la Britain´s India Office. Sin ser botánico, contaba con una aguda visión del potencial económico de algunas plantas tropicales. En este año, colaboró activamente en la consecución de las semillas de cinchona del Perú y Ecuador, que fueron la base de las plantaciones de quina de Ceilán y de la India, una industria tan exitosa que el precio de la quinina para la malaria bajó dieciséis veces en menos de una década. A partir de 1870, Markham se concentró en el caucho.[xix]

1855-1857

Presidencia de Manuel María Mallarino.[xx]


[i]                             Domínguez, Camilo; Gómez, Augusto. LA ECONOMIA EXTRACTIVA EN LA AMAZONIA COLOMBIANA 1.850-1.930. TROPENBOS. COA. Bogotá. Pág. 147-148

[ii]                            SILVA, MARIA CECILIOA. Revista Raigambre. Santafé de Bogotá. No. 5. Enero – Junio 1994. 

[iii]                           CASAS AGUILAR, JUSTO.  EVANGELIO Y COLONIZACIÓN. Una aproximación a la historia del Putumayo desde la época  prehispánica a la colonización  agropecuaria. Santa fe de Bogotá. Septiembre de 1999. Pág. 2,

[iv]                           CASAS AGUILAR, JUSTO.  EVANGELIO Y COLONIZACIÓN. Una aproximación a la historia del Putumayo desde la época  prehispánica a la colonización  agropecuaria. Santa fe de Bogotá. Septiembre de 1999. Pág. 97

[v]                            DOMÍNGUEZ, CAMILO. GOMEZ, AUGUSTO.   NACIÓN Y ETNIAS.   Los Conflictos Territoriales en la Amazonia 1750-1933.  COAMA. 1994. Pág. 37

[vi]                           Domínguez, Camilo; Gómez, Augusto. LA ECONOMIA EXTRACTIVA EN LA AMAZONIA COLOMBIANA 1.850-1.930. TROPENBOS. COA. Bogotá. Pág. 259-260

[vii]                           Pineda Camacho, Roberto. EL CICLO DEL CAUCHO. Biblioteca Virtual del Banco de la Republica.

[viii]           DAVIS, WADE. EL RIO, EXPLORACIONES Y DESCUBRIMIENTOS EN LA SELVA AMAZONICA. Banco de La República y El Ancora Editores. Bogotá  D.E: 2001. Pág. 251

[ix]             Domínguez, Camilo; Gómez, Augusto. LA ECONOMIA EXTRACTIVA EN LA AMAZONIA COLOMBIANA 1.850-1.930. TROPENBOS. COA. Bogotá. Pág. 115

[x]                            Varios Autores. POBLACIONES HUMANAS Y DESARROLLO AMAZONICO. Universidad de la amazonia. Instituto Amazónico de Investigaciones – IAMI. Florencia, 1990  

[xi]                            CASAS AGUILAR, JUSTO.  EVANGELIO Y COLONIZACIÓN. Una aproximación a la historia del Putumayo desde la época  prehispánica a la colonización  agropecuaria. Santa fe de Bogotá. Septiembre de 1999. Pág.83-84

[xii]                           BARRIOS, LUIS  A. HISTORIA DE COLOMBIA. Ediciones Cultura. Bogotá – Colombia. Quinta Edición. 1984. Pág. 144

[xiii]                          BARRIOS, LUIS  A. HISTORIA DE COLOMBIA. Ediciones Cultura. Bogotá – Colombia. Quinta Edición. 1984. Pág. 144

[xiv]                          BARRIOS, LUIS  A. HISTORIA DE COLOMBIA. Ediciones Cultura. Bogotá – Colombia. Quinta Edición. 1984. Pág. 145

[xv]                           Mejía  Gutiérrez.  O.C.  Pág.  77

[xvi]                          TRIANA ANTORVEZA,  ADOLFO.  AMAZONIA IDENTIDAD Y DESARROLLO.  Dependencia y Etnodesarrollo en la Amazonia Colombiana. Fondo FEN Colombia. Fundación MANOA. 1989. Pág. 29

[xvii]                         Domínguez, Camilo; Gómez, Augusto. LA ECONOMIA EXTRACTIVA EN LA AMAZONIA COLOMBIANA 1.850-1.930. TROPENBOS. COA. Bogotá. Pág. 115

[xviii]                        Pineda- Camacho, Roberto.  Alzate Ángel, Beatriz.  LOS MEANDROS DE LA HISTORIA EN AMAZONIA. Talleres Abya-Yala. Cayambre – Ecuador. Julio de 1990. Pág. 306

[xix]                          DAVIS, WADE. EL RIO, EXPLORACIONES Y DESCUBRIMIENTOS EN LA SELVA AMAZONICA. Banco de La República y El Ancora Editores. Bogotá  D.E: 2001. Pág. 361

[xx]                           BARRIOS, LUIS  A. HISTORIA DE COLOMBIA. Ediciones Cultura. Bogotá – Colombia. Quinta Edición. 1984. Pág. 145

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