Historia para Leguízameños/as (3)


Por : John Elvis Vera Suarez

LENGUAS INDIGENAS DE LA AMAZONIA COLOMBIANA

El Siona tuvo una fortuna singular por lo que fue utilizado por los misioneros franciscanos como «lengua general de los indios del Putumayo y Caquetá». De ella se tiene bastante información, desde el siglo XVII (Cf. Wheeler A., 1987). El orejón-maihuna del Perú parece pertenecer a otra subagrupación dentro del occidental. » He propuesto llamar grupo tucano al antiguo grupo betoya, después de haber mostrado que el betoi que había servido a bautizarla debía ser excluido para ser ligado a la familia chibcha» ( Beuchat H. & Rivet Paul, 1911 : tomo 17) .

El betoi es mencionado por Hervás y Panduro como una lengua de las misiones de Casanare y dice que tiene afinidad con las lenguas jirara y ele (macaguán antiguo). Estas lenguas han desaparecido y los investigadores las han relacionado en ocasiones con el tunebo y, por ende, con la familia chibcha (es la posición de Rivet), o con el yaruro (para algunos también de procedencia chibcha). Hervás (p.223) citando a Gilij dice que en la población Macaguane hay «habitadores» eles, airicas y araucos. Se nos ocurre que, la clasificación de todo este grupo con las lenguas hoy llamadas tucano occidentales, pueda haber surgido por una confusión entre los Macaguane de Casanare y los Makaguaje, «habitadores» del Caucaya en el Putumayo, hablantes de una lengua cercana al Coreguaje

El conocimiento de las lenguas orientales o lenguas del Vaupéz se ha acrecentado mucho en estos últimos treinta años y esto permitiendo un principio de estudios comparativos. Uno de los puntos más delicados de trabajo en esta rama es el de las subagrupaciones. Loukotka no separa los occidentales de los orientales, sino que divide toda la familia en 9 ramas, de las cuales la occidental no es sino una. Como dato digno de rescatar dentro de esta clasificación que contiene confusiones, mencionemos que el investigador checo constituye un subgrupo para el yahuna con el tanimuca, y otro subgrupo para el cubeo, lenguas también consideradas atípicas dentro del grupo oriental por los investigadores contemporáneos (Elsa Gómez-Imbert : comunicación personal).

Hay todavía cierta incertidumbre sobre la diferenciación lingüística interna de las «lenguas» occidentales. Parece que familias que se autodesignan «Tama», «Makaguaje» hablan hoy coreguaje y viven en pueblos auto designados «coreguaje». (Marín S. P. 1984).[i]

3. PRESENCIA PREHISPÁNICA EN LA AMAZONIA COLOMBIANA

 

En la medida en que los investigadores avanzan en el conocimiento de la Amazonia, se va reconociendo como han existido asentamientos humanos desde hace miles de años, algunos afirman que de por lo menos de 11 mil a 14mil A.P., aunque los últimos estudios hablan de que, en 45.000 años, se estima la presencia de los primeros colonizadores.

De igual manera cada día se conoce con más detalle el legado dejado por estos pueblos que acumularon sabiduría para el manejo adecuado de un entorno bastante particular y complejo.  Aunque lamentablemente de igual debe ser más lo que se perdió definitivamente, gracias a la presencia y accionar destructivo y genocida de la Cultura Blanca Occidental.

Lo anterior dio como resultado que de igual manera florecieran cientos de Culturas y Naciones Amazónicas, en cada uno de los rincones de nuestra selva ecuatorial. Muchas de estas Culturas y Naciones que desaparecieron para siempre, para perdida de la misma humanidad.

 

  • Así, según todos los datos disponibles, el poblamiento inicial lo efectuaron grupos asiáticos que, procedentes de Siberia, migraron por el Estrecho de Bering a América y se dispersaron por el Continente, entrando luego a América del Sur por el Istmo de Panamá. Este proceso del advenimiento del hombre en el Nuevo Mundo y su lenta penetración, se efectuó en la última era glacial, es decir, en tiempos relativamente recientes, y los movimientos migratorios de estos primeros grupos humanos estaban, durante miles de años, determinados por factores climáticos que, desde luego, variaban según la época y la región. En aquellos tiempos gran parte del Continente estaba poblada por una fauna extinta, de elefantes, camellos y otros mamíferos de gran tamaño (megafauna). Los hombres que formaban bandas migratorias, eran portadores de un cultural material rudimentaria, lo que desde luego no excluye el conocimiento de tradiciones y creencias relativamente complejas, derivadas de sus orígenes asiáticos; ellos eran cazadores y recolectores omnívoros, provistos de artefactos toscos de cuyo empleo eficaz dependía en gran parte su supervivencia. A través de milenios estas bandas buscaron adaptarse a las más diversas condiciones físicas del medio ambiente americano y, en el curso de este largo proceso, se modificaron sus herramientas, sus modos de sobrevivir, y así lentamente comenzaron a diferenciarse ciertas tradiciones culturales locales.”[ii]

 

  • La principal característica de su población es el carácter pluriétnico. …porque viven (en la actualidad) cerca de 59 grupos étnicos, con lenguas, tradiciones y formas de pensamiento distinto.» [iii]

 

  • “…la irrupción de las primeras hordas del Paleoindio que provenían de América Central y pasaron a América del Sur por la región del Daríen, en el Noroccidente del país. La antigüedad de este evento se remonta probablemente a más de 45.000 años p., a juzgar por algunos hallazgos arqueológicos efectuados en el Estado de Piauí, nororiente del Brasil, y por las recientes dataciones realizadas en el Parque Nacional Natural Chiribiquete, en Colombia.

 

Es indudable que los primeros pobladores de América basaron su subsistencia en la caza y la recolección de variados alimentos, de lo cual se infiere que su subsistencia hubo de depender tanto del éxito de sus tecnologías para la obtención y preparación de su comida, como de un conocimiento creciente de la historia natural de su entorno, y por ello no es aventurado suponer que hubiese, por entonces, manifestaciones artísticas y estéticas que generaron el uso de plumas de aves para la elaboración de ornamento de uso ritual, como componentes del vestuario personal, y con ello, el desarrollo del arte plumario.

El conocimiento progresivo de los animales y plantas, y de su utilización, produjo así mismo el desarrollo de una visión cultural que en no pocos casos fue incorporada a la religión, cosmogonía y mitos de las diferentes culturas que progresivamente se diferenciaron.  No cabe duda de que las psitácidas ocuparon una posición importante dentro de las culturas indígenas de la región neotropical, si bien en la mayor parte de los casos los alcances del uso de estas aves dentro de tales culturas permanecen desconocidos ante la imposibilidad de recuperar la información, o ante la insuficiencia de las investigaciones etnográficas, a causa de la extinción de las etnias indígenas o de su aculturación o deculturación.

…las guacamayas eran animales que volaban y por tanto podían llegar al cielo donde se hallaba la divinidad; además, su capacidad de aprender la lengua indígena las jerarquizaba como magnificas y eficaces emisarias ante la deidad para transmitir los mensajes.  El colorido exuberante del plumaje hubo de determinar también la asociación, particularmente en cuanto a la gama amarillo – naranja – rojo y su relación con la vida (sangre) y la luz (celaje, ocaso y alba).

Esta vinculación simbólica sobrenatural con un principio vital y la deidad solar permanece en muchas tribus y, aunque el colorido vivas del plumaje era de hecho un atractivo ornamental que pudo generar, en algunos grupos, el uso de las plumas de Ara y la costumbre de mantenerlas cautivas, es muy probable que, dentro del complejo cultural de la selva tropical, estuviese muy generalizado el aludido simbolismo sobrenatural (aun en grupos lingüísticos no relacionados).  Por esto, el uso de plumas pudo haber generado una ritualización o incorporación de intereses empíricos o utilitarios, dentro de la mitología y la cosmogonía.

La adopción de una especie animal como emblema de un grupo, clan o banda indígena, convencionalmente se ha considerado como una manifestación de totemismo, aunque, en el caso de las guacamayas, por identificarlas como mensajeras de la deidad, el totemismo sensu lato pasaría a ser una sacralización.  Esta adopción es tradicional en muchas tribus amazónicas.

En general, para casi todas las tribus la caza de guacamayas grandes ha tenido un doble propósito: procurarse alimento y el de aprovisionarse de plumas para la elaboración de sus utensilios rituales.  No obstante, la captura y mantenimiento de animales vivos es también una permanente fuente de aprovisionamiento de esta materia prima.  Para algunas comunidades estas pueden ser embellecidas resaltando o cambiando sus colores originales mediante técnicas novedosas, en las que aplican a los animales cautivos diversos colorantes y mezclas de otros productos; practica que es llamada tapirage.

Este proceso es aun muy poco conocido, en cuanto al funcionamiento fisiológico que determina el colorido en las aves así tratadas, y al número de tribus indígenas que lo utiliza.  Sin embargo, parece estar restringidas a algunas etnias de las selvas húmedas y cálidas cisandinas de América del Sur, incluidas varias de la Amazonia Colombiana. ”[iv]

 

  • En el proceso de colonización de prácticamente cada una de las ecoregiones y ecosistemas existentes en Suramérica, los clanes o grupos humanos que entraban a una nueva región dependían básicamente de los recursos existentes allí para su supervivencia; todo lo proveía la naturaleza; pesca y caza en abundancia fueron la fuente de alimentos primordial, así como raíces, frutas y todo lo que hubiese disponible; se sospecha que era tal la dependencia, que muchas especies de animales, sobre todo de megafauna pleistocénica, como mastodontes, perezosos gigantes, caballos y bisontes, fueron exterminados por los cazadores del paleo-indio o indígenas colonizadores nómadas.”

 

“Con el tiempo, identificaron cuales especies de la región eran susceptibles de domesticación; animales y plantas con características especiales que permitían la manipulación y el cultivo. El curí o cuy se domesticó a partir de animales silvestres en lo que era el territorio Muisca en el altiplano cundiboyacence; igualmente la llama y la alpaca en el altiplano Andino y el pavo en México; con algunas plantas sucedía lo mismo: el maíz, el fríjol, el zapallo, la papa, los ajíes, la coca, la yuca, el camote, la arracacha y muchas frutas.”

“A partir de individuos salvajes que producían fruta apta para el consumo     animal y humano, se seleccionaron los mejores en términos de productividad, tolerancia a las condiciones adversas locales como sequías, inundaciones y   patógenos y por la calidad nutricional.”

“Cada región y cada cultura, poseía sus propias especies así seleccionadas; algunas probaron ser tan exitosas que fueron adoptadas por las comunidades vecinas, y así se extendieron por el continente, como pasó con el maíz.

Por este largo proceso también pasaron muchas frutas como piñas, aguacates, papayas, cacaos, zapotes, nísperos, madroños, pitayas, caímos, guamas, chontaduros, anones, guanábanas, chirimoyas, granadillas y muchas más.”

“Generalmente cada cultura avanzada, en cada región, tenía un paquete de especies para la alimentación básica: maíz, fríjol y zapallo en Meso América; papa, camote y quinua en los Andes; yuca, coca y maní en la Amazonia. Estos alimentos básicos se complementaban con carne de caza, pesca y frutas.”[v]

  • Según documentación arqueológica inédita, en la región de Araracuara en la amazonia, el aprovechamiento de la fauna y sus recursos, a través de la caza de subsistencia, data de hace más de 10.000 años y se mantiene vigente en la actividad actual de los grupos étnicos que habitan la zona (Gómez et al., 1994).”

 

“Las culturas precolombinas se alimentaban con aves, pescados, mariscos, tortugas, iguanas, armadillos, ranas, renacuajos, abejas melíferas, entre otros animales silvestres.”

“Entre los grupos de animales que formaron parte de la dieta indígena en la época prehispánica, están insectos, moluscos, crustáceos, afidios, lagartos, caimanes, tortugas y mamíferos. También se usaron en el alumbrado, en jabonería, para unturas y otros usos medicinales grasas animales de caza o de gusanos, huevos de saurios como iguana, caimán y babilla; tortugas, peces, aves como el guácharo (Steatornis caripensis) (Patiño, 1990), entre otros que aún se usan en la actualidad.”

“Algunos animales fueron utilizados para hacer utensilios, como bolsas de cuero hechas de la piel de venados y chigüiros, picos de tucán para cucharones, huesos varios para cucharas; conchas de tortuga – marinas o continentales, fluviales o terrestres – como recipientes; caparazones de armadillos de armadillo se usan como ollas para preparar comidas y colmillos de caimán para yesqueros; cuentas de collares, bocinas u ocarinas eran fabricadas con caracoles. Las conchas marinas, por su carácter ornamental, tenían gran aceptación y eran objeto de comercio y se han hallado en tumbas indígenas de zonas del interior (Patiño, 1990). Estos productos manufacturados también servían para el intercambio.” (Luis Guillermo Baptiste-Bellera o otros: LA FAUNA SILVESTRE COLOMBIANA: Una historia Económica y Social de un Proceso de Marginación).[vi]

 

  • La domesticación del maíz, la yuca y muchas otras especies alimenticias y medicinales, surgieron de la manipulación y requirieron un mínimo de 8 a 10 mil años para alcanzar su actual grado de selección y perfeccionamiento” (LATHRAP, 1975).[vii]

 

“La yuca, por cierto, es originaria de las tierras bajas del oriente de Sudamérica y fue domesticada allá en épocas aún más antiguas, para extenderse luego a través de los Andes hacia la región noroccidental, es decir a Colombia.”[viii]

 

  • “La agricultura itinerante creada por los indios centro y suramericanos es un sistema de alto retorno de la energía humana empleada.

 

…la chagra de yuca amazónica y su beneficio como alimento gastan alrededor de cien jornales por año (ochenta de ellos femeninos) en superficies de aproximadamente 3 hectáreas; es de anotar que la yuca, en las condiciones más precarias de fertilidad (suelos arenosos del Alto Ríonegro) devuelve 14 calorías en comida por cada caloría invertida en trabajo (Uhl y Saldarriaga, 1986).

La yuca ocupa el primer lugar en el mundo en cuanto a potencial de producción de biomasa comestible por unidad de superficie: en términos energéticos la yuca es el cultivo más promisorio para la humanidad.”[ix]

  • “La yuca –Manihot esculenta Krantz- parece ser la principal creación agrícola femenina indígena suramericana; algunas variedades de yuca poseen el máximo potencial de producción de material comestible en el mundo: ciento setenta toneladas a las mejores condiciones del pie de monte y valles aluviales amazónicos colombianos. La yuca es el cultivo de tierras bajas, que va decreciendo con la altitud hasta desaparecer hacia los 1.800 m.

Tanto en las áreas de máxima diversidad de yuca (Boster, 1984), como de brava (el autor, 1986), las mujeres seleccionan los cultivares que aparecen espontáneamente por hibridación natural en las chagras, propagados por semilla sexual.”[x]

  • “Maíz y yuca aparecen asociados a la cerámica en Araracuara (Amazonia colombiana central) 7.200 años antes del presente (Herrera y otros. 1939. comunic. Pers.) Carbones fechados hace 6.250 años hallados en el Alto Ríonegro colombo-venezolano (Uhl y Saldarriaga, 1986) sugieren la relación con la invención de la chagra de corte y quema, en la actualidad basada exclusivamente en yuca brava.”[xi]

 

  • “Lathrap, 1977, citado por Cohen, 1977, sugiere la génesis de la agricultura en la Amazonia y el caribe como “modelo unitario seis a siete mil años antes del presente”.

 

Algunos autores (Meggers, 1978, Patiño, 1987, por ejemplo) sugieren directa relación entre la fragmentación paleoclimática de selvas y sabanas y la especiación lingüística.

Brücher 1989, sostiene que la agricultura se origina en Suramérica y migra hacia el norte a través de Panamá.”[xii]

  • “Se puede suponer entonces que, durante el periodo aproximado de 3.000 a 1.000 a. de C., Colombia, Ecuador y el Alto Amazonas formaban la verdadera área de clímax cultural del Nuevo Mundo, la cual servía de fuente cultural al Perú y a Mesoamérica, regiones que en aquel entonces eran aún marginales a la gran corriente de los desarrollos americanos.”[xiii]
  • “Los hallazgos de herramientas de piedra, objetos cerámicos y terras pretas[1]dan testimonio de ocupación continua y de milenarias tradiciones culturales. Aunque aún no puede hablarse con certeza sobre existencia de sociedades complejas y fuertemente jerarquizadas del tipo de los cacicazgos o los estados andinos si puede afirmarse que los grupos amazónicos, bien fuere por adopción o por desarrollos propios, consolidaron sofisticados sistemas de organización social, complejos lingüísticos y sistemas económicos que hoy en día se revelan como estructuras de alta eficacia social y ambiental.

De hecho, lo que evolucionó en el Amazonas fue una civilización indígena diferente de aquellas de los Andes, Meso – América o Europa. Se trata de una civilización que no ha dado lugar a la acumulación material ni al desarrollo urbanístico, sino que se organiza a partir de poblaciones dispersas a lo largo de un enorme territorio. Tiene su base en estrategias comunes para el manejo del medio ambiente tropical, una visión común sobre el propósito de la producción y el intercambio y un orden moral común que asegura la sustentabilidad de su civilización (Chase Smith, p.153:1996).

Además de los vestigios materiales de presencia humana la coexistencia de múltiples idiomas permite afirmar, por igual, que la historia del hombre amazónico es densa en tiempo y en espacio. Efectivamente el arraigo de complejos lingüísticos tales como el que se encuentra en el Vaupéz, el desarrollo de lenguas como el geral o el tukano, así como la diversidad de familias lingüísticas deja al descubierto la filigrana histórica que debió tejerse durante centurias o milenios en la región.”[xiv]

  • Las investigaciones en la prehistoria sur americana muestran cómo, en tiempos prehistóricos, el movimiento de gente y la difusión de ideas en el continente tuvo lugar a lo largo de las rutas fluviales, y cómo por la cuenca del Amazonas se expandieron algunas culturas en Suramérica.

Por el año 2000 s.v. ya los elementos de la Cultura Tropical se habían expandido por las riveras de los principales ríos del trópico suramericano llegados hacer las ineludibles rutas comerciales.”[xv]

“Los petroglifos desde el Bajo Amazonas y a lo largo del Caquetá señalan una vía, una de las más continuas y directas, entre el oriente sudamericano y el occidente de Colombia por la cual se movieron en época prehistórica pueblos de diversa estirpe étnica y cultural ascendiendo y descendiendo el curso de estas dos grandes arterias fluviales. No hay duda de que el papel desempeñado en las relaciones históricas entre las civilizaciones andinas y los pueblos de las llanuras del Este por los ríos Caquetá, Putumayo, Napo, Ucayali y Madeira fueron muy importantes en el lejano pasado.”[xvi]

[1] Terras pretas o suelos negros: tierras de origen antrópico. “Además del peculiar color negro, que se piensa lo producen las cenizas, tienen contenidos variables, pero generalmente más altos que los suelos circundantes, de fósforo y calcio. Parecen evidenciar uso continuo y se propone una rata de formación de 1 cm. por cada 10 años” (Herrera, p.28: 1987)

[i]                             LANDABURU, JON.  CLASIFICACION DE LAS LENGUAS INDÍGENAS COLOMBIANAS.  Clasificación de las Lenguas Indígenas Colombianas (3). www.benrep.gov.co/blaavirrtual/letra-l/lengua/clas03.htm.

[ii]                            Varios Autores. MANUAL DE HISTORIA DE COLOMBIA. TOMO I. Círculo de Lectores. Segunda Edición. Bogotá 1983. Pág. 36

[iii]                           CASTILLO ORDOÑEZ, ELSY YANETH.  OTALORA MORENO, FABIO ALBERTO.  CUADERNOS PEDAGOGICOS. Ambiente y Derechos Ambientales. Corporación Viva la Ciudadanía. Fundación Esawa.  Florencia 2004. Pag. 66

[iv]                           RODRÍGUEZ-MAHECHA, JOSE VICENTE.  HERNÁNDEZ-CAMACHO, JORGE IGNACIO.  LOROS DE COLOMBIA.   Conservación Internacional, Colombia.  Bogotá, D.C. 2002

[v]                            ASOCIACION RED COLOMBIANA DE RESERVAS NATURALES DE LA SOCIEDAD CIVIL. FRUTAS Y FRUTI CULTURAS EN COLOMBIA. CARTILLA DE FRUTICULTURA Nº 1. Fondo para la Acción Ambiental. Santiago de Cali. Mayo 2004. Pág.  10.

[vi]                           Varios Autores. ROSTROS CULTURALES  DE LA FAUNA. Las relaciones entre los humanos y los animales en el contexto colombiano. Instituto Colombiano de Antropología e Historia. Fundación Natura. Bogotá. Abril – 2002. Pág. 297-299

[vii]                           RIECHEL DUSSAN, ELIZABEHT.  ASENTAMIENTOS PREHISPÁNICOS EN LA AMAZONIA COLOMBIANA.  Biblioteca Virtual del Banco de la Republica.

[viii]                          Varios Autores. MANUAL DE HISTORIA DE COLOMBIA. TOMO I. Círculo de Lectores. Segunda Edición. Bogotá 1983. Pág. 60

[ix]                           Mejía Gutiérrez, Mario. DIVERSIDAD DE YUCA. Maihot esculentaKrantz en Colombia. Visión Geográfico – cultural. COA. Bogotá. 1991. Pág. 7

[x]                            Mejía Gutiérrez, Mario. DIVERSIDAD DE YUCA. Maihot esculentaKrantz en Colombia. Visión Geográfico – cultural. COA. Bogotá. 1991. Pág. 11

[xi]                           Mejía Gutiérrez, Mario. DIVERSIDAD DE YUCA. Manihot  esculentaKrantz en Colombia. Visión Geográfico – cultural. COA. Bogotá. 1991. Pág. 9

[xii]                           Mejía Gutiérrez, Mario. DIVERSIDAD DE YUCA. Manihot esculentaKrantz en Colombia. Visión Geográfico – cultural. COA. Bogotá. 1991. Pág. 11

[xiii]                          Varios Autores. MANUAL DE HISTORIA DE COLOMBIA. TOMO I. Círculo de Lectores. Segunda Edición. Bogotá 1983. Pág. 48

[xiv]                          INSTITUTO SINCHI. LA MAZONIA DE HOY. Agenda 21. Amazonia Colombiana. Enero 2001.Pág. 18 – 19.

[xv]                           MORA DE JARAMILLO, YOLANDA.  ALIMENTACIÓN Y CULTURA EN EL AMAZONAS. Ediciones Fondo Cultural Cafetero. 1986. Pág. 113

[xvi]                          Pineda- Camacho, Roberto.  Alzate Ángel, Beatriz.  LOS MEANDROS DE LA HISTORIA EN AMAZONIA. Talleres Abya-Yala. Cayambre – Ecuador. Julio de 1990. Pág. 304

 


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