Próximo alcalde de Bogotá: detenga la deforestación en la Amazonia!!


 Foto: archivo/Semana.

Por: Guillermo Rivera

Gracias a una publicación de la Revista Semana en conjunto con el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible y el gobierno noruego para llamar la atención de los riesgos que se ciernen sobre Colombia y el mundo por causa de la deforestación, me encontré, entre otros, con este elocuente párrafo:

“La Amazonía regula el clima mundial. La transpiración de los árboles genera déficits de presión en el ambiente que arrastran la humedad desde el océano Atlántico, generando así ríos de agua o humedad. Las masas de bosque retienen estos ríos y luego los descargan en los Andes. Chingaza le debe la mitad de su líquido a los ríos de agua que vienen del Atlántico y que retienen los bosques amazónicos”.

Ciudadanos de Bogotá: así como se puede leer en el párrafo anterior, Chingaza, la despensa de agua de todos ustedes, le debe la mitad de su líquido al descargue de agua y humedad que hacen en la cordillera de los Andes los bosques amazónicos. Dicho desde una perspectiva negativa: por cada hectárea de bosque talado en la Amazonía, Bogotá pierde abastecimiento de agua en la proporción correspondiente.

A siete meses de que los ciudadanos que residimos en Bogotá vayamos a las urnas para elegir a quien dirigirá esta ciudad por los siguientes cuatro años, nuestras preocupaciones difícilmente trascienden las expectativas sobre la movilidad –que incluye la construcción del metro-, la seguridad, la contaminación del aire por cuenta de las alertas ambientales que han traído el tema como una novedad al debate y las consabidas propuestas para mejorar los sistemas de educación y salud.

¿Alguna vez esta ciudad se ha preguntado si sus fuentes abastecedoras de agua son suficientes? Y, si lo son ahora, ¿por cuánto tiempo lo seguirán siendo? Salvo las reflexiones de los expertos en materia ambiental, me temo que nadie lo ha hecho, incluidos quienes ahora postulan sus nombres como candidatos a Alcalde Mayor.

Llegó la hora de hacerse ese tipo de preguntas y de pedirles a quienes aspiran a gobernar esta ciudad que miren más allá de las fronteras del Distrito Capital y pongan el ojo en nuestros bosques amazónicos, así estos se encuentren a miles de kilómetros de distancia.

De las enormes cifras conocidas sobre deforestación en Colombia, hay que destacar que el 75% ha ocurrido en la Amazonía y, por lo tanto, hay razones fundadas para preocuparse.

Los lectores me dirán, con buen criterio, que nada puede hacer al respecto un Alcalde de Bogotá para detener la deforestación en la Amazonía porque un asunto de esa naturaleza escapa a sus competencias. Yo les respondo que sí, que tienen razón, que un Alcalde de la Capital no tiene injerencia sobre las autoridades ambientales nacionales o territoriales cuya jurisdicción no es la del Distrito. Sin embargo, esta ciudad es la del mayor número de habitantes, es el centro de decisión política y lo que aquí suceda tiene necesariamente un impacto nacional. Imagínense ustedes a un Alcalde planteándole públicamente estas preocupaciones al Presidente de la República y movilizando a sus ciudadanos alrededor de la necesidad de detener la deforestación en la Amazonia. La consecuencia sería apenas lógica: los dirigentes nacionales reaccionarían rápido y positivamente en torno a una genuina preocupación de los habitantes de Bogotá.

Detener la deforestación no puede seguir siendo una exclusiva e insular preocupación de los ambientalistas; tiene que ser una preocupación de todos los colombianos y Bogotá debería estar a la vanguardia porque esta de por medio el futuro de la despensa que provee de agua a esta ciudad.

Guillermo Rivera, ex-ministro del interior


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