Reflexiones de un Liberal


Por : Luis Fabian Getial Chaves.

Me he propuesto hacer una serie de reflexiones políticas a propósito de la colectividad a la que con orgullo pertenezco, y además, de cara a la contienda electoral que se avecina. Espero no aburrirlos.

Anticipo las excusas debidas para quienes con mayor inteligencia discrepen o expresen su desacuerdo frente a las tesis planteadas. Mi aspiración es simple: dejar en el aire temas de sensibilidad departamental, como quiera que la política define buena parte la postración, o el mejor futuro de los pueblos.

Debo empezar diciendo que, en cualquiera sistema político basado en la democracia, es decir, en donde los ciudadanos tienen el poder de decidir aspectos claves de la cosa pública, son esenciales los partidos políticos, de ahí que a mayor firmeza de estas organizaciones un Estado puede gozar de estabilidad democrática, sobre todo en las transiciones del poder ejecutivo.

Sin partidos políticos fuertes los ejercicios de elecciones democráticas serán débiles, abiertas a factores indeseables de la politiquería, sujetas al valor del capital económico, en donde priman aspectos distintos a la razón primaria de ese ofrecimiento comedido al ciudadano para que observe la visión de país que se quiere desde la colectividad política, y éste, quien, en un ejercicio libre de contaminantes, opte por escoger la propuesta con la que mayormente se sienta identificado. Es decir, los partidos políticos son a la democracia representativa, lo que los cimientos a un edificio, su solidez le da firmeza a todo el andamio institucional del Estado, de ahí su importancia.

Soy Liberal, por las profundas convicciones liberales que contiene la plataforma ideológica del mi partido – la que por supuesto invito a conocer-. Luego de un análisis sesudo, cuando apenas entendía como funcionaba nuestro sistema democrático, interiorice mis ideales de sociedad basada en libertad, inclusión, solidaridad, socialdemocracia y función social; razones todas que me llevaron a decidir con rigor absoluto ser liberal; desde aquella época cuando apenas tenía 19 años, he sentido orgullo de mi filiación política, la que morirá conmigo.

Ingenuo seria pensar que los partidos políticos son instituciones ajenas al yerro en su accionar político, a la falta de coherencia en algunos casos, que termina desdibujando su ideología política, a su escasa posibilidad meritocrática para ser considerado dentro del mismo para ocupar un espacio de poder, y así podrían mencionarse otras. Todo esto, que resulta indeseable, parece propio de este tipo colectividades; sin embargo, mi opinión personal radica en que su fortalecimiento como institución política debe darse desde su interior, se debe tener la capacidad de auto censura, de autocorrección, y para que así suceda, debemos volverlo fuerte democráticamente, pluralista y mayormente ético.

A manera de corolario, hago una invitación respetuosa al jefe natural, a los directoristas municipales y departamentales, a los dignatarios que nos representan en el poder político, para que, de cara al horizonte de las elecciones que vienen, tengan la sabiduría para tomar decisiones que permitan la inclusión democrática dentro del partido, el disenso, la pluralidad de miradas distintas  a la nuestra sobre la forma en que resolveremos nuestros problemas, en fin, que las decisiones de representación y organización del partido sean cada vez más legítimas. Será una manera de acercarnos a darle solidez al partido para que el ejercicio del poder se haga con responsabilidad, de tal manera que el partido sea a su vez, elemento de contención cuando a bien observe desviaciones y solo la empresa electoral que prende motores meses antes de cada elección.

En la segunda entrega de estas reflexiones políticas, expondré los argumentos con los cuales defiendo la consulta popular como el mecanismo idóneo para escoger a quienes por el Partido Liberal nos representen en las próximas elecciones.


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