Diez cosas para mejorar la vida de las niñas campesinas

La educación de calidad es un factor fundamental para el desempeño de las más jóvenes en el sector rural. Sin embargo, también es necesario pensar desde hoy en el tipo de oportunidades a las que se enfrentarán en el futuro, como las laborales.

Fuente : iStock.

Vivir en el campo es muy diferente de hacerlo en la ciudad, y más en un país como Colombia, en donde factores como el conflicto armado han aumentado durante años brechas y la llamada “deuda histórica” con el sector rural. Entidades como el Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural (Rimisp) han llamado la atención sobre el impacto que la falta de oportunidades tiene en la población joven: 12 % de los jóvenes migran a las ciudades buscando mejores condiciones, pero las mujeres lo hacen en mayor proporción.

Pensar en lo que se puede mejorar para el futuro de las jóvenes y las más pequeñas es, entonces, relevante. A propósito del Día Internacional de la Niña y del Mes de la Mujer Rural, cuyo día es el próximo lunes 15 de octubre, la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en alianza con la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, resaltó las que considera son las principales tareas de la sociedad para rodear, proteger y crear condiciones de empoderamiento para las niñas campesinas y su futuro. Eso incluye, por supuesto, a sus familias y al resto del entorno. A partir de ese listado, le presentamos a continuación un breve diagnóstico de cada factor.

1. Pobreza

Según las cifras del DANE, la pobreza en términos de ingresos disminuyó más en zonas rurales (20,6 puntos) que en las ciudades (13,2 puntos) en los últimos 10 años. Pero la brecha aún existe: el año pasado, 36 % de los habitantes rurales eran considerados pobres, frente a 24 % de los urbanos. En cuanto a la pobreza en sus múltiples dimensiones (salud, vivienda, entre otras), la tasa es 36,6 % en zonas rurales y 11,4 % en cabeceras. Según Rimisp, las jóvenes rurales (entre 14 y 28 años) son cinco puntos más pobres que sus pares masculinos.

2. Formalización de tierras

Cerca de la mitad de las tierras en el país no están formalizadas, es decir, quien las trabaja no tiene un título de propiedad. No en vano, formalizar siete millones de hectáreas en los próximos años fue uno de los elementos del Acuerdo de Paz con las Farc. El asunto es importante debido a que sin título es difícil acceder a mecanismos como el crédito para sacar adelante una actividad productiva. FAO resalta este aspecto como fundamental, por ejemplo, para promover el fin de los cultivos ilícitos y mejorar las condiciones de las familias campesinas.

3. Importación de productos

Colombia importa cerca de la tercera parte de los alimentos que consume. Para que las niñas en un futuro tengan oportunidad de continuar, mejorar o ampliar la actividad agropecuaria que aprendieron de sus padres y de conservar las producciones ancestrales, FAO resalta la necesidad de generar condiciones de competitividad. Hoy, de los jóvenes que dejan el campo, 42,3 % lo hace en busca de oportunidades de trabajo.

4. Falta de acceso a crédito para pequeños productores

Como se vio, esta problemática tiene una relación con la formalidad de la tierra y es relevante para la competividad de los productores rurales. Según el último Censo Nacional Agropecuario, en las unidades de producción en las que los hombres son quienes toman las decisiones, 16 % solicitó crédito. La proporción es menor (12,6 %) cuando las mujeres toman las decisiones, pero mayor (20 %) cuando las decisiones se toman en conjunto. Según FAO, “el Ministerio (de Agricultura) destinó $14 billones de su presupuesto para que los pequeños agricultores mejoren su producción. El problema, como lo han señalado diferentes expertos, es que el crédito a veces no llega por problemas burocráticos”.

5. Desconexión comercial

Para una familia que vive de la producción agropecuaria, de poco sirve tener crédito si lo que en últimas se obtiene o se cosecha no se puede vender. Promover condiciones de acceso a mercados es uno de los retos en los que han insistido expertos del sector rural, como los que lideraron la Misión para la Transformación del Campo. “En este punto es clave la participación de todos los actores políticos locales, como los presidentes de las juntas de acción comunal (JAC), el alcalde y el gobernador del departamento”, dice la FAO. “Por ejemplo, el alcalde o gobernador puede implementar un programa de compras públicas y estimular la agricultura familiar campesina a través de la compra de alimentos para sus programas de alimentación escolar del departamento”, añade.

6. Vías terciarias

Se necesitan caminos que comuniquen las veredas de donde viene gran parte de la producción agropecuaria con el resto del país. Es el tipo de bienes públicos sobre los que la también llamada Misión Rural llamó la atención. La FAO resalta que, según el Instituto Nacional de Vías, solamente el 25 % de las vías terciarias del país están en buen estado. “Del total de vías terciarias, solamente el 6 % están pavimentadas. El 24 % son caminos polvorientos, por donde es difícil que cualquier camión pueda transitar, especialmente cuando se transforman en gelatinosos lodazales. Según el Instituto, para que el país cuente con vías terciarias en buen estado se necesitan mínimo 10 años y $50 billones en inversión”.

7. Educación de calidad

El 3 % de los jóvenes que viven en el campo no saben leer ni escribir, mientras que esa proporción en las ciudades es menor al 1 %. Según el documento de Rimisp sobre juventud rural, 14 % de los hombres que migran lo hacen por educación, frente a casi 22 % de las mujeres. FAO pone un ejemplo concreto: Putumayo. “Teniendo en cuenta que la población de estudiantes en el departamento es cercana a 97.000, alrededor de 24.000 jóvenes no van a la escuela. A eso se suma otro problema: la tasa de deserción de estudiantes en preescolar es del 7 %, en primaria del 5 % y en secundaria del 9 %”. Más en detalle, en un municipio como Colón hay 15 veredas pero solamente existen dos colegios.

8. Informalidad laboral

Si las cosas continúan como van, una niña campesina no tendrá las mejores condiciones laborales en un futuro. “De acuerdo con un estudio de la Universidad del Rosario publicado en 2016, la informalidad laboral en las zonas rurales alcanza el 88 %”, señala FAO. El 55,6 % de los jóvenes hombres se van a las ciudades para buscar oportunidades laborales, frente 31,3 % de las jóvenes mujeres (entendido como la población entre 14 y 28 años, según Rimisp).

9. Corrupción

Que haya vías, nuevos colegios u hospitales “depende en buena medida de las administraciones municipal y departamental”, dice FAO, y vuelve al caso de Putumayo: en el Índice Nacional de Transparencia, el departamento se ubica en el puesto 27 de 32 departamentos, “con un riesgo ‘muy alto’ de corrupción. Para dar un ejemplo: el exalcalde de Mocoa, Elver Porfidio Cerón, está siendo juzgado por desviar, supuestamente, $810.000 millones del presupuesto del municipio que debían destinarse a soluciones de vivienda”.

10. Violencia contra la mujer rural

Las mujeres en el campo dedican casi ocho horas al trabajo que no se remunera (como el cuidado de los niños) y es más del doble que dedican los hombres a lo mismo. FAO resalta los riesgos para la mujer rural de que en los hogares persistan profundas desigualdades de género, en las que la violencia se normaliza. “De acuerdo con la Defensoría del Pueblo, los homicidios a mujeres en áreas rurales son mayores que en los centros urbanos en departamentos como Córdoba (66 %), Caquetá (56 %) y Putumayo (60 %)”, apunta.

@alejandra_mdn

Fuente : ElEspectador


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