El postconflicto se anticipa con bienestar y belleza

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12_de_mayoInteresados en la riqueza de la biodivesidad de Colombia, Felipe José Lara y Julián González, fundadores de la empresa, encontraron en la agricultura y las comunidades campesinas la manera de elaborar un producto que generara varias corrientes de beneficios, que a lo largo de estos diez años de empresa se han materializado en una gama de cosméticos 100% naturales.

En medio de sus estudios en finanzas y relaciones internacionales, buscaron una conexión más directa con la realidad del mundo y sus avances tecnológicos, científicos e investigativos, y comenzaron a trabajar por el desarrollo del país.

Después de algunos meses de análisis y estudio, el sector de los cosméticos fue el escogido para este proyecto con el que querían marcar, además, una diferencia en el mercado nacional e internacional. “Estábamos innovando en la idea de no usar químicos y no probar en animales un producto para los humanos, confiesa González, en tener una línea de cosmética natural que interviniera en la transformación social, económica, ambiental y productiva del país. Esa fue la decisión que nos impulsó con más fuerza por este camino”.

10- foto Vhera lucci

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Julián González y Felipe José Lara, dueños de la empresa

Gracias a la consciencia que existe sobre las consecuencias que algunos activos dejan en la piel, la biocosmética es una innovación en el mercado. La marca surge con esta propuesta como base y se enfoca, además, en contribuir al mejoramiento de las condiciones de las comunidades vulneradas por la larga historia de narcotráfico del país.

“Cuando decidimos hacer los biocosméticos buscamos exhaustivamente a las comunidades que cultivaran algún ingrediente estrella que pudiéramos usar, porque siempre tuvimos el propósito de ayudar al desarrollo trabajando con nuestros campesinos, y fue así como llegamos al Sacha Inchi; el ingrediente de nuestros biocosméticos”, comenta González.

González y Lara desde hace 20 años tuvieron claro que su objetivo como empresa era trabajar en la construcción de paz y hoy cuentan que lo están logrando. Este emprendimiento involucra a 700 cultivadores del Urabá chocoano y antioqueño, de las comunidades indígenas Emberá Dovida y Emberá Eyavida, y otras de Cauca, Tolima, Cundinamarca, Vichada y Boyacá que producen Sacha Inchi y otros productos agrícolas orgánicos, representados bajo el rostro de tres mujeres líderes de proyectos sociales en sus comunidades, para mostrar la multietnicidad de nuestro país.

Con un arduo y largo trabajo, lograron consolidar en tres líneas de productos el proyecto que durante toda su vida habían soñado: Sacha Inchi, Uchuva y Pomarrosa en leches hidratantes, aceites, splash y fragancias frutales.

El Sacha Inchi es un maní en forma de estrella que nace en una enredadera, es cultivado a 3.300 mts. nivel del mar. Llegó al territorio colombiano en el siglo XV por el pueblo Inga, en el departamento del Putumayo, y fue desapareciendo como consecuencia del conflicto y los cultivos ilícitos. “Nosotros lo estamos rescatando para aprovechar su beneficio, apoyar el agro y trabajar con comunidades vulnerables para que lo siembren. Queremos formar capital humano, integrar a las comunidades a la cadena, incentivarlos y orientarlos en la creación de empresa en la industria cosmética para que crezcan y prosperen con esta joya que tienen. Trabajar en comunidad es nuestro propósito final”, reitera González.

Para ellos, las empresas son herramientas para transformar el país desde la realidad de la agroindustria y biodiversidad. González y Lara quieren que su marca esté conectada a la realidad, en la coyuntura, pero que sea constante y que todos los colombianos se sumen a pensar en cómo generar comunidad a partir de las diferencias, cómo aprovechar las riquezas que existen y transformar el país para contribuir en el camino que sigue por trazar en la historia de Colombia.

http://www.cromos.com.co/vida-social/el-postconflicto-se-anticipa-con-bienestar-y-belleza-22961

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