Reseña de Biografía del Aviador José Luis Marín Cuellar

Mg. Gerardo Sánchez
Mg. Gerardo Sánchez

PAGINAS SUELTAS DE UN MAESTRO.
por el Mag. Gerardo Franco Sánchez Narváez.

La Mocoa Señorial es cuna de profesionales de distintas disciplinas del conocimiento, como lo he consignado en páginas anteriores, y también de valientes aviadores que surcaron los cielos azules de nuestra patria Colombia y desafiaron las inconmensurables alturas de otros países. Fueron ellos Jaime Ortega y Héctor Aux, hermano del inquieto periodista Chepe Aux, aviadores comerciales, y José Luis Marín Cuéllar piloto de la Fuerza Aérea Colombiana. Los tres fallecidos en accidentes cumpliendo con su deber.

Hoy dedicaré unas palabras pletóricas de sentimiento patriótico a José Luis Marín Cuéllar, quien nació en Mocoa el 3 de Enero de 1.947 en el hogar formado por don Antonio Marín Uribe y doña Rosario Cuéllar Figueroa. Don Antonio llegó al Putumayo al amparo de sus padres cuando tenía diez años de edad. Con ellos vinieron otras familias a esta región atendiendo la invitación que les hacía un antioqueño de raca mandaca, de esos de machete, carriel y ruana que se había internado en las selvas del Putumayo y decía que acá habían extensas tierras laborables, aptas para la agricultura y la ganadería las cuales podrían producir pingües ganancias. A esto se sumó el haber oído al sacerdote en un sermón de la misa del día domingo en Abejorral ( Antioquia ) a la que no faltaban porque eran católicos convencidos, que en el sur del país, según cartas de los padres Capuchinos, no solo se podía laborar tranquilamente la tierra sino encontrar grandes cantidades del más fino oro en las aguas de los ríos y también en las rocas de los alrededores.

De labios de Antonio también escuchaban sus hijos que la travesía fue larga pero sin mayores obstáculos, hasta llegar a la vereda El Ejido cercana a la ciudad de Pasto, en donde fueron recibidos por autoridades Civiles y Eclesiásticas acompañadas de un grupo de ciudadanos que les dieron la bienvenida al son de la papayera y les brindaron comida y toda clase de auxilios. Posiblemente este evento que se encuentra en investigación histórica, da origen a la “ Llegada de la Familia Castañeda ” que forma parte de los Carnavales de Pasto.

Continuando su trayecto, acamparon en varios lugares junto al río Mocoa, ubicándose finalmente en un sitio que ellos denominaron Colonia Alvernia. Con el correr del tiempo se dieron cuenta que su trabajo no producía lo que ellos esperaban y por lo tanto la mayor parte de las familias regresaron a los pueblos de donde habían salido, unas pocas resolvieron marchar al alto y bajo Putumayo y la familia Marín Cuéllar se quedó en Mocoa y sus descendientes viven en esta ciudad.

Volviendo a la vida de José Luis Marín Cuéllar, sus estudios primarios los realizó en Mocoa y el título de Bachiller lo obtuvo en el Colegio Emilio Cifuentes de la ciudad de Facatativá, Cundinamarca. Ingresó a la Escuela de Aviación Marco Fidel Suárez en la ciudad de Cali en el año 1.964, graduándose de Subteniente con todos los honores en 1.966. Se hizo acreedor a una beca que otorgaba el Gobierno de Estados Unidos para realizar estudios de pilotaje en aviones supersónicos de combate T 37 Y T 38. A su regreso se desempeñó en la Fuerza Aérea como Instructor de los primeros aviones con estas características que llegaron a Colombia.

Sufrió un accidente de aviación el día 5 de Febrero de 1.970 en la ciudad de Mariquita, Tolima, en el que falleció dejando un profundo dolor en el corazón de su familia y de todos los que lo conocieron.
Entre los libros que él tenía encontraron una carta premonitoria a manera de una despedida , que me la hizo llegar amablemente su hermana Elizabeth Marín Cuéllar, y que la transcribo a continuación:

“Si la muerte me sorprende en las alturas, si con su fatal guadaña a de
cegar mi vida entre la nubes, compañeros, no vayas a llorar por mí,
pensad tan solo que he emprendido un viaje sin retorno a las regiones
insondables de la muerte y el olvido, que el trágico recuerdo de mi
muerte dure en vuestra mente lo que dure en vuestro oído el fúnebre
adiós de la corneta y se extinga con la última nota del silencio.

Quise llevar mi sueño a las alturas, pero el peso de mi anhelo agobió
la fuerza de mi nave haciéndome precipitar para siempre.
Continuad vosotros tenaces en su empeño sin cejar antes las
amenazas del peligro ni las tristes experiencias que él os brinde. Pues
es demasiado glorioso caer desde las nubes vencido por el peso de
nobles ambiciones.

No os aflijáis cuando sepáis de mi muerte, ni vayáis a comentar entre
vosotros “era un buen muchacho” pues entonces ya no necesitare de
tales reconocimientos. Solo quiero el más sagrado culto que pueda
tributárseles a los muertos el dulce y misterioso olvido en cuya paz
descansare para siempre.

Nunca fui lo que quise ser, nunca estuve satisfecho de mí mismo.
Antes de despedirme elevad por mi descanso una última oración.
Sepultad por mí en tierra madre, sembrad sobre mi tumba una
palmera, que sus raíces me estrechen en un final y eterno abrazo y su
tallo se yerga hacia las nubes buscando en su copa la gloria que
jamás pudo encontrar mi aspiración. No escribáis epitafios en mi
tumba”

Siendo Comisario Especial del Putumayo el Ingeniero Agrónomo Alfonso Bastidas Rebolledo, para quien va mi saludo, y Alcalde de Mocoa Carlos Gómez (Q.d.D.g.), le rindieron un homenaje póstumo dándole el nombre de José Luis Marín Cuéllar al recinto del Concejo Municipal y colocaron su fotografía ampliada con el uniforme de Piloto. Hoy al no mirarla, dialogué con el Honorable Presidente del Concejo Municipal Jesús Melo quién me dijo que había sido quitada temporalmente para pintar el edificio de la Alcaldía y que al saber quien la tenía le iba a hacer cambiar el marco que estaba un tanto deteriorado para que después ocupe el lugar que le corresponde.

En la actualidad hay personas importantes ocultas en el incomprensible silencio de la sociedad. José Luis Marín Cuéllar fue un ejemplo para la posteridad y por lo tanto debe ser conocido de todos, especialmente de los jóvenes mocoanos que desean superarse.


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