Fin al glifosato

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Foto : Archivo Espectador.com
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El uso del glifosato en aspersiones aéreas para erradicar cultivos de coca y amapola quedó proscrito en Colombia. La decisión adoptada en mayo por el Consejo Nacional de Estupefacientes entró en plena vigencia.

El organismo acogió las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, sobre los efectos malignos que genera el peligroso herbicida no solo en la salud humana sino en el medio ambiente. Adicionalmente, acató dos fallos del Consejo de Estado sobre los efectos nocivos

Acabar con el uso del glifosato en las fumigaciones es histórica y abre una nueva era en la política antidroga, como estrategia para enfrentar el narcotráfico.

La política de fumigación fue una exigencia de Estados Unidos con perversos resultados. El herbicida usado incluso en parques naturales y áreas de reserva generó graves impactos ambientales.

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El macizo colombiano, la estrella fluvial del país,  no fue  ajeno a esa nefasta política antidroga con todos los efectos todavía no cuantificados en su extenso ecosistema.

Según el organismo internacional hay pruebas convincentes de que el glifosato puede causar cáncer. El herbicida puede causar alteraciones en  los cromosomas en las células humanas, generando malformaciones congénitas. Numerosas evidencias de estas alteraciones genéticas se han documentado en el sur del país, especialmente en Caquetá, Huila, sur del Tolima, Cauca y Putumayo, blanco predilectos de esas operaciones.

Los programas de erradicación  forzosa fueron usados además como un componente en la lucha antisubversiva, se convirtió en arma de guerra, calentó el conflicto armado y desató en las zonas intervenidas grandes desplazamientos. Pese al nocivo impacto, el gobierno nacional mantuvo la política,

La suspensión del glifosato, no significa que se acabe con los programas para combatir los cultivos de coca o amapola. Por el contrario, el Gobierno presentó recientemente una estrategia integral con otro enfoque.

La estrategia prevé seis frentes: inversión social, sustitución, interdicción, investigación y judicialización, consumo y reforma institucional.

La erradicación será manual, voluntaria y comunitaria y estará supervisada por la Agencia Nacional de Sustitución de Cultivos con el apoyo de Naciones Unidas. Comenzará a partir del próximo año en Putumayo y Nariño, las grandes zonas productoras, pero tendrá que ampliarse a otras regiones como Caquetá, otro centro de producción, duramente castigado por el conflicto armado.

En las zonas priorizadas se trabajará en construcción de vías, colegios, puestos de salud, acueductos y redes de servicios. Las comunidades beneficiadas tendrán acompañamiento, financiación y asesoría técnica para emprender proyectos agropecuarios apropiados. El nuevo enfoque abrirá, sin duda, otra esperanza.

“Acabar con el uso del glifosato en las fumigaciones es histórica y abre una nueva era en la política antidroga”.

Fuente : http://www.lanacion.com.co/index.php/columnas-opinion/editorial/item/259294-fin-al-glifosato

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