Según indígenas, inglés del yagé murió cuando iban en moto al hospital


 Filip Goemaere, el belga dueño del hostal de Mocoa donde se hospedó Henry Miller. Foto: Archivo particular

Filip Goemaere, el belga dueño del hostal de Mocoa donde se hospedó Henry Miller. Foto: Archivo particular

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Henry Miller fue abandonado en la vía. Tenía planeado viajar a Neiva, pero se le midió a al ritual.

Desde hace una semana no se realizan rituales de yagé en los alrededores de Mocoa. Todo cambió desde el 23 de abril, cuando los habitantes de esta capital no se levantaron con las noticias de enfrentamientos entre grupos subversivos y fuerza pública, sino con la historia de la extraña muerte de un extranjero, quien había asistido a un ritual de yagé, y su cuerpo había sido encontrado tirado en la trocha que conduce a Aguacate, por una ruta inmersa en las enormes montañas de la selva.

Las alarmas se prendieron, y al tiempo que la Policía hacía el levantamiento del cadáver que presentaba un aspecto bastante lamentable –según un periodista de la región que logró tomar las únicas fotos– las doce comunidades asociadas en la Organización Zonal Indígena del Putumayo (OZIP), cuyas oficinas quedan en el centro de Mocoa, entraron en pánico por lo que la noticia comenzaba a generar.

El cuerpo era el de Henry Miller, un joven de Bristol (Inglaterra), de 19 años, que hace dos meses se había despedido de sus padres, David y Elizabeth, para recorrer Colombia, con su mochila al hombro.

«Estuvo en varios sitios interesado por las historias de pueblos indígenas en donde se conservan tradiciones. Viajaba ligero de equipaje y cargado de sueños». Eso fue lo que le compartió Henry a Filip Goemaere, un belga dueño desde hace cuatro años del Hostal Casa del Río, ubicado a diez minutos de Mocoa, sobre la carretera que conduce al aeropuerto en Villa Garzón, donde se hospedó en dos momentos durante siete días.

El joven británico llegó al sitio acompañado de una pareja de Estados Unidos que conoció en el camino. «Los extranjeros se conocen así y se intercambian los sitios donde van a estar y llegan en grupos», comenta el belga.

En Putumayo, Henry recorrió varios sitios del Valle de Sibundoy, en donde la mayoría de sus habitantes son descendientes de poblaciones indígenas. Allí conoció exuberantes cascadas y paisajes de un verde impresionante.

Estaba absorto con tanta belleza. Intentaba hablar algo de español, pero sabía muy poco. Solo dijo que estaba feliz y que pronto partiría a Neiva. De hecho tenía su salida para el 22 de abril. Su interés, entiendo, era conocer San Agustín y otros lugares bonitos de esa región», relata Filip.

Sin embargo, a las 5 de la tarde del 22 de abril cambió de opinión, llamó por teléfono al taita Guillermo Mavisoy, un indígena de 67 años, y le dijo que quería estar en un ritual de Yagé.

Filip, de 39 años, cuenta que Henry le había manifestado su deseo, a partir de las conversaciones que les había escuchado a otros extranjeros que habían participado de los rituales, a quienes les solicitó los contactos.

«Se decidió de repente por lo que escuchó, pero cuando llegó no tenía ese interés, de hecho creo que muy poco sabía de eso. Si se hubiese ido a Neiva…», dice Filip.

Ese deseo de Henry por descubrir cosas que jamás había visto, lo llevaron a tomar la decisión de ir hasta Villa Nueva (Putumayo), al Resguardo Kamentsa Biyá, y estar en el ritual del taita Guillermo Mavisoy.

Filip hace un alto en su relato y enfatiza en que en su hostal no se le hace propaganda al Yagé, ni tampoco se incluye en su listado de lo que hay que conocer en la región. Es más, un aviso en Casa del Río reza: ‘Aquí están prohibidas las drogas’.

«Es importante decirlo porque se estigmatizan los hostales de los extranjeros con una facilidad, y aquí lo que nos interesa es promocionar la naturaleza. Ese es mi tema y por eso llegué a este país, luego de entrar por Cartagena y de recorrerlo casi todo», indica.

El belga retoma la historia que lo ha mantenido ocupado la última semana. «Henry era un chico sano, bien vestido. Eso se veía a simple vista. Culto, estudiado, no tenía tatuajes y hablaba de que próximamente retornaría a Bristol para comenzar su vida universitaria. Hablaba poco español, pero lo intentaba», dice Filip.

‘Lo intentaron llevar en moto al hospital’

Henry no divagó, tomó sus pertenencias y salió a Villa Nueva. Esa fue la última vez que lo vio vivo Filip.

En Putumayo, participar de una de estas ceremonias de Yagé cuesta entre 40 mil y 80 mil pesos, dependiendo de varios factores y el número de personas que asistan.

Un video que le tomaron unos franceses que estaban en la ceremonia, de la que participaron once personas en total, lo muestra ansioso y contento. De hecho su primera bebida no le produjo efectos inmediatos, por lo que decidió una segunda jornada y una segunda toma. A partir de ese momento las cosas se empezaron a poner mal para él y para el taita Guillermo, que desde hace 48 años hace los rituales del Yagé.

Henry comenzó a vomitar demasiado. El taita lo reanimó con cantos y con plantas con las que le sobaba la cabeza y el estómago, pues ello también hace parte de la ceremonia, ya que todos los participantes no reaccionan de la misma forma.

Cuentan funcionarios de la Defensoría del Pueblo de Putumayo, entidad que asistió a los involucrados en el caso, que al ver que no mejoraba, el taita, angustiado, les dijo a un hijo y a un sobrino, quienes están aprendiendo la práctica del Yagé, que llevaran a Henry al hospital de Mocoa.

Lo subieron entre dos en una motocicleta y partieron, pero, según su declaración, en el trayecto el joven murió, se les cayó y lo volvieron a subir en la moto, pero más adelante tomaron la decisión de dejarlo abandonado en la vía porque, según ellos, se asustaron.

La declaración fue dada por el hijo y el sobrino del taita a la Sijín de la localidad. Ellos comparecieron voluntariamente, dicen los funcionarios de la Defensoría, al igual que el taita Guillermo. Y en su relato fueron enfáticos en explicar que jamás les había pasado algo similar. También explicaron que el cuerpo se cayó y por eso Henry tiene un golpe fuerte en la cabeza.

Como Filip es el único extranjero que vive en la zona y el único que habla inglés, las autoridades le pidieron llamar a los padres de Henry. «Por medio de una red social contacté al padre del muchacho, David, y sin rodeos y con la honestidad que me caracteriza, a las 2 de la madrugada del 24 de abril, hora de allá, le dije que debía darle una mala noticia: ‘Su hijo ha muerto’. Fue tremendo, el señor lloraba y al fondo una mujer gritaba. Nunca me había tocado algo tan doloroso», cuenta Filip.

‘Presumimos que debía estar consumiendo otra sustancia’

El belga dueño del hostal dice que jamás había sucedido algo así en todos los años que lleva viviendo en Putumayo, o por lo menos él nunca había escuchado historia semejante. Lo que sí es cierto es que los rituales de Yagé han comenzado a aumentar en la zona.

La Defensoría del Pueblo le ha solicitado a la Secretaría de Salud Departamental que intervenga para que tome medidas, porque incluso se especula que hay falsos taitas o personas que apenas están aprendiendo una práctica milenaria y cultural de gran trascendencia, y no tienen la experiencia para hacerlo.

El brebaje original contiene cuando menos un bejuco llamado genéricamente yagé y una planta conocida como chagropanga. Esta preparación también recibe el nombre de ‘ayahuasca’. Pero en Mocoa, en las calles los habitantes cuenta que hay quienes le agregan borrachero, la planta base que se emplea en la escopolamina, por eso el asunto es de cuidado.

En la morgue del hospital de Mocoa está el cuerpo de Henry. Ya se contrató a la Funeraria La Asención para que lo traslade hasta Bogotá y posteriormente se lo puedan enviar a sus padres a Bristol, donde residen. Sin embargo en el hospital informaron que todavía no hay orden de traslado.

Filip Goemaere, quien fue policía, corrió motocicletas y estudió elecromecánica, manifiesta su preocupación sobre el tema. «Eso me inquieta, porque han pasado muchos días y no me imagino cómo van a recibir los padres el cuerpo de ese muchacho. Incluso entiendo que lo trasladarán por tierra, y con las amenazas de paro en las vías, quién sabe qué pueda suceder», comenta.

Por estos días, no hay otro tema de qué hablar en Mocoa. La OZIP sigue en reuniones, poco hablan con la prensa, solo para decir que evalúan el tema.

Mientras la Fiscalía anunció que investiga al taita Guillermo y a dos familiares más que participaron en el ritual, por homicidio culposo, él se refugió en la comunidad indígena. EL TIEMPO llegó hasta su casa-vivero, pero no quiso hablar.
Su hermano Luciano Mavisoy, gobernador del Cabildo Kamentsá Biyá, cuenta que «estamos tranquilos porque sabemos que esta situación es algo que se sale de las manos de cualquier taita».

Para Luciano, el ritual del Yagé es una costumbre de toda la vida y precisamente se hace siguiendo las recomendaciones que los taitas hacen antes de comenzar.

«Estamos esperando los resultados de la necropsia para que se clarifiquen las cosas, porque presumimos que el muchacho debía estar consumiendo otra sustancia», dice.

El indígena cuenta que estos rituales son comunes en toda la región y los buscan con mayor interés los extranjeros.

«Vienen muchos y de todos lados y casi todos tienen la idea de que esto es droga y que actúa como la marihuana, cuando claramente esto es para limpiar el cuerpo y el alma, para liberar las impurezas. Por eso, los taitas son precavidos y les explican bien cómo son las cosas y la importancia de que tengan el cuerpo dispuesto para tomar el Yagé», cuenta.
Luciano reiteró que nunca había sucedido algo así y que si su hermano no quería hablar era porque prácticamente se le estaba responsabilizando, por lo que estaba muy nervioso.

«Él ha aceptado colaborar con las autoridades, para rendir las declaraciones pertinentes porque sabe que no es su responsabilidad el desenlace de lo sucedido», dice

Por ahora no hay rituales de Yagé programados en las localidades cercanas que acostumbran a hacerlos.

«No hay que ponerle una marca negra a lo que nos trasmitieron nuestros ancestros, pero hay que lamentar lo sucedido», dice un taita de la región.

GINNA MORELO
Enviada Especial EL TIEMPO
Mocoa (Putumayo)