Manantial Estéreo: la aventura de narrar el territorio

Foto: Rafael Caro
Foto: Rafael Caro

El colectivo radial Manantial Estéreo hace parte del proyecto Centros de Creación de Contenidos Culturales en Zonas de Frontera, de MinCultura.

Oscar Navia, líder de esta emisora comunitaria, nos relató apartes del trabajo periodístico en territorio que realizó con las tejedoras indígenas del Valle de Sibundoy.

Así, de un momento a otro como ocurren las tragedias, la figura inquietante de un gozque de tamaño mediano emergió de las sombras y galopó hacia ellos, enseñando sus colmillos filosos. Furioso y bramando como bestia salvaje, el can estaba dispuesto a arrancarles las carnes de un solo mordisco.

Despavoridos ante la amenaza, Oscar Navia, Luis Ernesto Jojoa y Jairo Hernán Zura corrieron como almas que lleva el diablo. Ellos hacen parte del proyecto Centros de Creación de Contenidos Culturales en Zonas de Frontera que coordina la Dirección de Comunicaciones del Ministerio de Cultura.

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Aquella tarde dantesca que jamás olvidarán, hacían la reportería periodística para el desarrollo de la crónica radial Tejiendo fronteras, un relato de las tejedoras indígenas del Valle de Sibundoy. Iban a visitar a María Concepción Janioy, indígena Kamsá que les iba a narrar su historia de vida, allá en la finca donde vive. Es que Navia siempre ha admirado el trabajo de estas mujeres que se han entregado a este arte milenario.

María Concepción hace parte de una estirpe de tejedoras Inga y Kamsá que trabajan la lana y los hilos para transformarlos en bellas piezas que son la fuente de sustento para sus familias. Gracias al don que recibieron de los dioses ellas mueven la economía del hogar: sus célebres y apetecidas fajas, sayos (ruana tradicional indígena) y coronas (tradicionalmente usadas en el Carnaval del Perdón) han adquirido una fama que ha traspasado las fronteras departamentales y nacionales hasta llegar a los Estados Unidos y Europa, donde la gente paga en dólares y euros lo que aquí no es valorado en su justa proporción.

Oscar Navia recuerda, entre risas, cómo aquel perro bravo le hizo llevarse el susto de su vida. “No sé qué hubiera pasado si el señor dueño de la finca que visitábamos no hubiera llegado, justo a tiempo cuando el perro ya nos iba a alcanzar”.

Pero eso no es problema para este hombre de 45 años de edad que carga a cuestas 22 años de experiencia en la radio. Él sabe sortear estos vericuetos, que entiende como gajes del oficio. Más bien, agradece a MinCultura por los talleres de producción radial, narrativas y tecnologías digitales que a través de la Dirección de Comunicaciones le ha brindado a él y otros 25 comunicadores pertenecientes a colectivos del Putumayo, como parte del mencionado proyecto Centros de Creación de Contenidos Culturales en Zonas de Frontera, que también opera en los departamentos de La Guajira, Cesar, Norte de Santander y Nariño.

Desde que Oscar era un ‘chiquillo’ y estudiaba en el Escuela Primaria Champagnat (que dirigen los Hermanos Maristas), ya mostraba maneras. Su profesor de literatura se dio cuenta de su facilidad para leer y declamar poesía y por eso, su voz se convirtió en la conductora de todas las izadas de bandera. Siendo apenas un adolescente, descubrió que el camino que recorrería de allí en adelante, sería el de la radio.

En Manantial Estéreo, próxima a cumplir tres lustros de fundación, lleva 14 años de trabajo que ha ejercido con toda la responsabilidad del caso: “Esta emisora comunitaria nació de la necesidad que tenían las comunidades del Valle de Sibundoy por tener un canal de expresión en el que dieran a conocer sus problemáticas, y de alguna manera mediar con los mandatarios locales, regionales y nacionales para conseguir soluciones”, apunta.

Durante sus correrías por las zonas rurales del Sibundoy, Navia viajó por trochas y caminos veredales de difícil acceso; unas veces iba en moto-taxi, otras en carritos por puesto. Sus pasos le condujeron a saber detalles que desconocía; aprendió que los tejidos pueden ser elaborados en materias primas sintéticas como la lana orlón, o de origen natural como la lana de oveja virgen. Estas últimas, las más apetecidas.

También conoció que esas artistas indígenas han aprendido los secretos de su oficio a la brava. “Manejar los telares de guanga, que son hechos artesanalmente en madera, es difícil”, cuenta Navia, quien asegura haberse estremecido con aquellas historias: “Abuelas, madres e hijas se transmiten de generación en generación las técnicas para dominar el oficio. Se requiere no solo creatividad, también conexión espiritual con la lana y los instrumentos utilizados; sólo así, con mística, logran resultados sorprendentes”, anota.

También se enterneció cuando ellas, con un discurso impregnado de una ingenuidad inconmensurable, le revelaron cómo sus madres o abuelas las regañaban y castigaban con dureza cuando no aprendían las minucias del oficio que les daría de comer de allí en adelante. “En este caso se puede aplicar aquel dicho de ‘La letra con sangre dentra’, pero aplicado al tejido”, afirma. Cree haber encontrado la justificación a tanta rigurosidad en lo que le dijo María Concepción: “Mamá me enseñó que para subsistir en la vida, hay que aprender a hacer algo bien”.

En estos recorridos Navia compartió con las tejedoras algo más que la palabra. “Todas fueron muy amables con nosotros, y al final de las entrevistas siempre nos daban chicha o café, también envueltos de mazorca o panes recién horneados. Eso me pareció muy bonito: los indígenas comparten lo poquito que tienen”.

Porque los Inga y los Kamsá son un reflejo de cómo es el putumayense: noble, generoso y solidario, siempre dispuesto a ayudar al amigo y también al forastero. No importa si son del alto Putumayo, donde la gente es calmada, tal vez por el frío o por su estilo de vida rural, amantes de la música andina y con una cosmovisión particular; muy diferentes al del medio y bajo Putumayo que son extrovertidos, rumberos y aventureros.

“No me gusta que estigmaticen al putumayense cada vez que salen noticias negativas que han golpeado a nuestro departamento como el conflicto armado, la bonanza de la coca o fenómenos sociales como las pirámides. A nosotros nos gusta trabajar, la vida en nuestro territorio ha mejorado en los últimos años”. Seguro que así, con gente comprometida por relatar aspectos positivos de su región, como en el caso del colectivo Manantial Estéreo con Tejiendo fronteras, se divulgará la verdadera cara del Putumayo. Próximamente, el 9 de septiembre, esta historia y otras tantas estarán publicadas en sus versiones completas en la página web de Las Fronteras Cuentan; también habrá fotografías y videos.

Escuché aquí un fragmento de la crónica radial Tejiendo Fronteras: http://www.mincultura.gov.co/?idcategoria=53984

http://www.mincultura.gov.co/?idcategoria=54009

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