Un sueño feliz

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Apartes del libro PAGINAS SUELTAS DE UN MAESTRO de
GERARDO FRANCO SANCHEZ NARVAEZ.
Gerardo Franco Sánchez Narváez
Gerardo Franco Sánchez Narváez

Me soñaba en Mocoa, recostado boca arriba sobre un césped colocando las manos entrelazadas como almohada. Se escuchaba a distancia el rumor de una cascada que se desprendía de las montañas y por entre las ramas de los árboles se miraba un cielo azul sin mácula.

Inesperadamente rasgaba el cielo una nube luminosa de donde salió una mujer hermosa con una rubia cabellera lanzada por la brisa hacia la espalda, cual ninfa vestida de blanco desde el cuello hasta los pies, de ojos color miel y labios de púrpura encendida.

Con voz dulce hizo estas consideraciones: Lo contrario a la noche es el día, la obscuridad a la luz, la guerra a la paz, la tristeza a la alegría. Yo combato la soledad, soy capaz de acabar con la noche, la obscuridad, la guerra y la tristeza.

Diciendo esto me tomó de la mano e insinuó que me levantara. Caminamos, caminamos y caminamos salvando obstáculos, entramos por un tunel, pasamos un riachuelo, trepamos por unas rocas de cuyas cimas se divisaba un extenso valle. Tenemos que llegar al otro extremo, afirmó.

Publimayo

Extenuado., siempre cogido de la mano llegamos a ese destino. Era una ciudad no populosa, habitada por buena gente que se había agolpado a nuestro alrededor. De entre la multitud salió una linda niña de dos a tres añitos de edad de carita de ángel, grandes ojos y largas pestañas, que al son de cánticos y golpes de manos danzaba delante de mí y de los concurrentes.

Posteriormente la dama de la cabellera rubia de una canasta de mimbre tomó panes y dulces y los repartió a los presentes. Luego en una gran poseta me bañé por largo tiempo porque en el trayecto había sudado demasiado e ingerí licores de los mejores viñedos de la región hasta quedarme dormido.

Allí se escribió gran parte de este libro porque mientras yo dictaba ella servía de amanuense.. De pronto, en el momento menos pensado dió un gran salto y elevándose por los aires gritó para que todos la escucháramos: la vida continúa, continúa y desapareció, mientras el eco respondía continúa, continúa, continúa.
Desperté y acompañado de mi soledad traté de interpretar el sueño.

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