Las tres ciudades perdidas de Mocoa

Fundación Estanislao Merchán – Cano

Plano fisiografico de Mocoa

Existe una larga discusión sobre la fundación de Mocoa, la capital del Departamento del Putumayo, y la Fundación Estanislao Merchancano quiere aportar algunas aclaraciones sobre el tema, no obstante que la última palabra la tiene un documento que “duerme” en el archivo del Virreinato del Perú, sea en dicha república o en los archivos de España.

Hernán Pérez de Quesada, cofundador de Bogotá, fue el primero en llegar “a un Valle dentro en la sierra (andina) que se llama Mocoa, del cual habíamos tenido buena noticia” y de ahí “caminamos…..con muy gran noticia de una tierra que llaman Achibichi (y) nos hallamos en el Valle de Cibundoy”, según lo relata, en carta al rey del 16 de mayo de 1543 sobre su fallida expedición a El Dorado.

Pérez de Quesada encuentra un Valle de Mocoa en diciembre de 1542, y lo más probable es que, por lo indicado en su carta, aquel pueblo indígena, prehispánico, de Mocoa estaba organizado con viviendas en piedra pulida, como si fuera una avanzada oriental del imperio inca, tal y como lo describe el escritor y viajero Fray Juan de Santa Gertrudis dentro del sitio que él denomina “Pueblo viejo”, margen derecha del río Mocoa, en el año de 1756.

Publimayo

Entre los indígenas Kamentzá de Sibundoy, supervivientes de la etnia que los incas (y luego los españoles) denominaron “quillasinga” (en kechua: “quellaya” o “metal duro” y “singa” o “nariz”, esto es “narices de metal duro”, o “narices de hierro” como lo anota el cronista Antonio de Herrera) a Mocoa, su área geográfica, o su pueblo, se los llama “Shatojoa”.

El cronista Juan López de Velasco, en su “Descripción de las Indias” (1575) y con base en datos suministrados por el Cabildo de Pasto, anota que, en 1558, fue fundada Mocoa con el nombre de “Málaga la Nueva”, y ello coincide con el aporte del jesuita riobambeño Juan de Velasco quien señala que Mocoa fue erigida por Francisco Pérez de Quesada (no era familiar de don Hernán), por mandato del Virrey del Perú, Andrés Hurtado de Mendoza, por lo cual y en recuerdo de este Virrey, añade José Rafael Sañudo, inicialmente se llamó San Andrés de Málaga de Mocoa.

Uno de los fundadores que se conoce es Juan de Medellín, quien, ante los cabildantes de Pasto en sesión de mayo de 1568, les informa que renuncia a su cargo de Procurador y Mayordomo de la ciudad andina, pues, definitivamente, se va “a vivir a Málaga”, o sea (en ese momento) a Agreda de Mocoa, como su vecino y encomendero.

El citado padre Juan de Velasco, cuando residió en Pasto, a mediados del siglo XVIII, recogió información para su extensa obra “Historia del Reino de Quito”, incluyendo mapas y datos sobre las primeras épocas de Mocoa, y al escribir su libro se equivocó en algunos aspectos de este tema, como, por ejemplo, hacer salir al río Mocoa del lago Guamués, pero, curiosamente, habla de la tribu de los “patocos” que bien puede estar situada en las faldas del volcán Patascoy (pueblo de “Pastoco” según Cieza de León), o en la cuenca del río que después se llamó Patoyaco, el cual aparece en el mapa más antiguo (siglo XVI) que se conoce sobre estas regiones y que encontrara, en el Archivo de Indias (España), el obispo de Pasto, Antonio Pueyo de Val.En la copia de este mapa que acompaña al presente texto, la ciudad de Mocoa aparece en la margen izquierda del Patoyaco (“Pato…” se dice en ese mapa), cerca de su confluencia con el río Mocoa, lo cual es congruente con lo averiguado por Juan de Velasco hasta cierto punto, y con el hecho de que la tradición oral ha conservado, en Pasto y en el Departamento del Putumayo, que el camino antiguo que iba a Mocoa siempre ha pasado por Huairasacha (hoy municipio de San Francisco), la cresta del Portachuelo (divisoria de aguas respecto de las cuencas del río Caquetá y del Mocoa), las largas vueltas de Minchoy, el famoso Patoyaco, el Titango, el río Ninayaco, el sitio Papagayo, hasta salir a Campucana y, eventualmente, al sitio “Puebloviejo” citado en la Colonia (y no el de la actualidad?).

En un informe de julio de 1785 rendido por el comisionado español Ramón de la Barrera ante el Cabildo de Pasto, se habla del mencionado derrotero, y se añade el trayecto “Papagayo-Pucacusma-Campucana-Partidero” hasta llegar a “un llano caliente…donde estuvo fundada la ciudad de Mocoa ( la de San Miguel Arcángel o la de Santa Clara?)”, se pasa, por un vado, al río Mocoa y se pernocta en un sitio que tiene amplias cuevas.

En este último tramo del viejo camino (llamado también “de la cordillera de La Tortuga”), la tradición oral en Mocoa avisa que arriba del río Ponchayaco, subiendo por la cascada del Churumbelo (así la llamaron los españoles, tal vez algún andaluz, recordando a los bailarines de su tierra), viven, encantados, detenidos en el tiempo, los “ingas” (por “incas”), y se encuentran petroglifos de una antigua cultura amazónica, glífica, que se extendió entre las riberas del medio río Caquetá y del Vides (municipio de Villagarzón), acaso antecesora de la escultórica del Alto Caquetá y de San Agustín.

Una atracción más de este sitio son unas cuevas, amplias y largas en donde amarillea el oro (posibles socavones de minas de la antigua San Miguel o Agreda de Mocoa), similares a las descritas, como “pascana”, por De la Barrera en su escrito de 1785; al sur del Churumbelo, cerca del río Afán, existe otra chorrera “encantada” y también cristalina, la que se divisa sobre la carretera que de Mocoa parte para Pitalito y Bogotá, y, en fin, la del río Santa Clara que parece ser la que menciona Fray Juan de Santa Gertrudis, en su conocida obra “Maravillas de la naturaleza”, antes de llegar, como él dice, a la ciudad de Santa Clara de Mocoa, tercera en nuestra lista de Ciudades Perdidas que llevaron aquel nombre –que no es originario- de Mocoa. Se supone que, en este río Santa Clara, existía una gran cascada, pero lo curioso es que también existe otro río, y con un salto de agua, cercanos al pueblo de Santa Clara, que es una sección del municipio de Santa Rosa (extremo sur del Cauca) y, además, próximo al pueblo de Descanse; por otra parte, se puede conjeturar que la cascada de la cual habla el citado misionero, en su conocida obra, puede ser la muy hermosa que forma el río Ticuanayoy, afluente del alto Caquetá.

Volviendo a los principios de nuestra narración, se supone que, en el citado año de 1557, esta Villa de San Andrés de Mocoa se situó en aquel antiguo Puebloviejo y, de acuerdo a una cédula real del 12 de diciembre de 1567 (en la versión proveniente de la autoridad quiteña se transcribe la fecha de “1557”, por lo que faltaría cotejar con el original de esta cédula sea en el Archivo de Indias o en el Archivo municipal de la capital ecuatoriana) publicada por Juan Friede y la Municipalidad (es decir Concejo) de Quito, se ratifica que los indígenas de Mocoa, al ser reducidos a aquella Villa con el consentimiento de ellos, no serían encomendados “por 10 años más” pasando a ser, por lo mismo, dependientes solamente de la Real Corona.

Posteriormente, este primer Mocoa fue destruido por los indígenas Andakí, aliados con otras etnias cercanas, y sus minas se cerraron hasta que (como lo señala Sañudo) por orden del Gobernador de Popayán, Pedro de Agreda, se fundó de nuevo, hacia el 30 de septiembre de 1563, y con el nombre de San Miguel Arcángel de Agreda de Mocoa, o también “Agreda de Mocoa”, por el famoso Capitán mestizo y pastuso Gonzalo Rodríguez de Avendaño, con la colaboración de otros vecinos de Pasto como Alonso del Valle, Juan de Medellín, y Diego Galíndez (cofundador de Ecija).

Gonzalo Rodríguez de Avendaño (a quien Sañudo, dada la dificultad de la letra documental, equivocadamente menciona como “Gonzalo H. de Avendaño”) fue decapitado en su ciudad natal, por conspirar contra el rey, el 24 de mayo de 1564, seguramente en la hoy plaza de Nariño, porque así lo ordenó y ejecutó el propio Cabildo de Pasto, posiblemente por conveniencia política (los implicados que recibieron tortura delatarían a otros vecinos de la ciudad, y eso no debía saberse pues desfavorecía al conjunto todo de sus habitantes) y ante el mayor concurso de gentes, y, además, allí, hacía varios años, se había colocado el rollo o piedra sobre la cual se ejecutaban las penas capitales,Dicha orden, expedida con sorprendente precipitud – y supuestamente justificada por la gravedad del delito que se descubrió-, más la interpretación, digamos política, que surge de su lectura y del contexto de aquella época, la describen, en carta del 25 de ese mes, Luis Pérez de Leyva como Alcalde ordinario de Pasto y, en otra del mismo mes, el capitán Hernando de Cepeda.

Otros participantes en esta rebelión fueron Francisco de Olmos, Francisco de Chaves, y unos seis soldados entre los cuales figuran Juan Pablos, Julián Francés y tres de apellido Robledo, Vides, y Palomino, que eran vecinos de la recién reconstruida San Miguel de Mocoa y tal vez sobre el marco del citado poblado prehispánico en donde se fundara a San Andrés de Málaga, a veces llamado “Málaga la nueva” para diferenciarlo de su símil en España.En una carta a la Audiencia de Santafé, recogida en Sevilla (España) por Ernesto Restrepo Tirado y publicada en 1941, el Oidor Pedro García de Valverde afirma que a él le correspondió ejecutar en Pasto a Gonzalo Rodríguez de Avendaño (por vez primera lo menciona con sus apellidos completos), lo cual –como vimos- no es cierto, y en otra carta (del mismo archivo pero divulgada por Friede), fechada en Cali a 13 de junio de 1564, este Oidor informa que Mocoa se reedificó porque el Gobernador Agreda le concedió esa tarea a Rodríguez en pago disimulado de 800 pesos que este le ganara en el juego, dato que tampoco es confiable porque, en el primero que se anota en el presente párrafo, el Dr. Valverde hace conocer su tendencia a falsearlos, acaso para darse humos de funcionario diligente y mandón.

En consecuencia de lo aquí sustentado, respetuosamente sugerimos al Municipio de Pasto que, como un gesto de fraternidad y a la vez de apropiada recuperación histórico-cultural, se done, al municipio de Mocoa, el busto del Capitán Gonzalo Rodríguez que hoy se encuentra casi olvidado en la Plaza fundacional de San Andrés, sitio en el que -de acuerdo a nuestra interpretación global sobre aquellos años- no fue ejecutado.Según el cronista Fray Jerónimo de Escobar, San Miguel de Mocoa o “Agreda” “estaba fuera de camino (el ya descrito)”, y persistió, durante largo tiempo, con sus minas situadas en los ríos Patoyaco, Ninayaco y Afán, con pocos indígenas encomendados. Ya en 1708 y años siguientes, por el ataque de los Andakí, tal vez hacia 1694, se trasladó la ciudad a orillas del río Titango, cercano al Patoyaco, de acuerdo a información documental recogida por Sañudo.

El cabildo de Pasto, durante la época colonial, consideró, siempre, que Mocoa llevaba el título de ciudad, al igual que Almaguer, Popayán, Ecija, o la misma Pasto, por lo cual se deduce que se le debió otorgar ese privilegio especial, y el escudo de armas correspondiente, por cédula real que aún no se ha encontrado y que, posiblemente, corresponde a los años posteriores a 1557.En la década de 1750, la segunda ciudad de Mocoa –esto es San Miguel- otra vez es trasladada, desde el río Titango a las orillas del río Santa Clara, cerca del salto que forma este río para afluir al Mocoa. Allí, como lo relata Fray Juan de Santa Gertrudis, se le dio el nombre de Santa Clara de Mocoa, para no dejar morir la memoria de la vieja ciudad minera y, con esa denominación y en ese sitio, persistió hasta el año de 1795 cuando se traslada, finalmente, a dicha población al marco que, en la actualidad, ocupa entre los ríos Mulato y Sangoyaco, afluentes del muy cercano río Mocoa.

Esta refundación, con el viejo nombre de San Miguel de Mocoa, la encabezó el fraile agustino de Pasto, Fray Francisco Javier de Paz y Maldonado, después de haber convencido a los vecinos mestizos e indígenas, que aún moraban en el sitio de Santa Clara, para que se concentren en un valle que es relativamente próximo a la loma de Urcusique, remate de la cordillera oriental, antes de iniciarse el llano amazónico (hoy en el municipio de Villa Garzón). Este último traslado lo trabajó el religioso citado desde 1793, no obstante que, cerca de la actual Mocoa, existía un palenque creado por negros fugitivos hacía muchos años atrás, y, con otro similar y de cimarrones, Fray Francisco Javier logró organizar el pueblo de San Agustín de Nieto (en homenaje al Gobernador de Popayán, Diego Antonio Nieto quien había colaborado a las esforzadas expediciones del fraile agustino) en la boca del río Churuyaco en el Caquetá, reducción que duró algunos años hasta que se reconstituye, en su cercanía y por nuevos colonos, el viejo Pueblo del Caquetá, hoy Puerto Limón.

Por otra parte, Fray Francisco Javier, hacia 1800, reúne a indígenas kamentzá, ingas y andakí, en el nuevo pueblo de Descanse (actual Departamento del Cauca) el cual antes, en el siglo XVI, el escritor y capitán español Bernardo Vargas Machuca, había sido fundado -en un sitio alto próximo al Descanse de hoy- como Villa de Simancas o Iscancé, la segunda con este último nombre, si bien este es tema de una interesante página que la Fundación Merchancano está a punto de publicar.Todas estas ciudades perdidas, incluida la que posiblemente es prehispánica en inmediaciones de la sección Puebloviejo (municipio de Mocoa), saldrán a la luz y a la visita de los putumayenses y personas de todo el mundo, siempre y cuando los habitantes de este municipio colaboren en su redescubrimiento, y, desde esta página virtual, se los invita, muy cordialmente a ellos y al señor Gobernador Doctor Jimmy Harold Díaz Burbano, a esta tarea de recorrer los caminos antiguos por donde todavía transita la historia, esperando a que se la rescate.

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Además de dar un primer paso, y con peso social, para constituir definitivamente un gran Parque Ambiental (y a la vez Cultural en una mínima parte de su área)en el piedemonte Andino-Amazónico del Departamento del Putumayo y en zona similar de la llamada “Bota Caucana” (municipios de Rosal y de Santa Rosa), finalmente nos atrevemos a decir que así, con la ayuda de muchos mocoanos, aquel sería un singular ejercicio que aún no se ha realizado en Colombia y al cual, muy bien preparado, se lo llamaría “Turismo Participativo” o “turismo en grata compañía”, tal vez “turismo por la historia” o, con mayor precisión, “discovery tour”.

Al mismo tiempo, este nuevo dispositivo que, en últimas, busca generar ingresos y una fuerte autoestima y conciencia ambiental entre los putumayenses y, también, re-descubrir las ingentes maravillas del “realismo mágico” que caracteriza a Colombia, sin duda abarcaría el senderismo, el ecoturismo, el de aventura, al cultural, al gastronómico, el de paisaje, el de la Ruta de la Quina, y otros de carácter especializado, dada la enorme riqueza natural de esta región transitiva entre el piedemonte andino y el llano de la Amazonía.

Fuente : http://www.isidorohistoria.com/historia/?p=1994
Fundación Estanislao Merchán – Cano
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