Mocoa de ayer y de hoy – Parte 1

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Gerardo Franco Sánchez Narváez
Gerardo Franco Sánchez Narváez

Estamos en el año 1980. Quien viaja de Pasto a Mocoa tiene que atravesar páramos con frailejones,un hermoso valle, zonas montañosas y pendientes pronunciadas, por una carretera angosta y casi en su totalidad destapada en forma de serpentina que culmina en Pto Asís, una floreciente ciudad distinguida por el Ministerio de Educación Nacional como la ciudad educadora.

Si llega el día domingo a las 7 p.m. al parque General Santander, se encuentra con la gente que sale de misa y se queda escuchando la retreta de la banda de música ubicada en el atrio del Palacio Intendencial. Unas personas se sientan en las bancas y sardineles y otras caminan por los corredores de granito del parque, bajo las elegantes palmeras traidas desde el Africa por el Padre Capuchino Jaime de Igualada, que por su altura parece que quisieran alcanzar las estrellas en noches estivales.

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En la década de los 50 esta ciudad todavía era pequeña. Carecía de energía eléctrica, acueducto y alcantarillado, por lo tanto las aguas lluvias corrían por el centro de las calles con rumbo a los riachuelos vecinos. Las únicas calles pavimentadas eran las del rededor del parque y la que quedaba frente a la Wiskería El Bodegón, que era atendida personalmente por sus propietarios en parte de la noche.

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En época de invierno los ríos Mulato, Sangoyaco y Mocoa se salían de sus causes inundando casas vecinas y causando innumerables daños. Ante esta situación las Autoridades ordenaban construir gaviones en las partes mas vulnerables, que eran grandes piedras colocadas una sobre otra y aseguradas con gruesos alabres, para que detengan el impetu de las aguas.

Las familias que formaban este conglomerado llevaban los apellidos Guerrero, Viveros, Castro, Gómez, Chamorro, Acosta, Revelo, Bravo, Fajardo, Jurado, Hidalgo, Burbano, Dávila, Vallejo, Mustafá, Quiroz, Liñeiro, González, Erazo, Arciniegas, Chanchí, Narváez, Gaviria, Calderón, Bermeo, Chicunque, entre otros.

Algunos años atrás, cuando fácilmente se podía indicar con el dedo de la mano las casas de Mocoa, Don Neftalí Gaviria cariñosamente conocido como El Cachimba porque le gustaba fumar pipa, buen amigo, gran trabajador y con el alma de gitano, cuenta que llegaron al lugar dos alemanes uno de apellido Fuerbringer con el ánimo de impulsar dos proyectos que generaran ingresos y dieran mano de obra. El primero era la construcción de un Hospital en la vereda El Pepino en unos terrenos que habían adquirido. La idea surgió al mirar personas que necesitando ser intervenidas quirúrgicamente eran colocadas en » chacanas » y por caminos inhóspitos y breñas escarpadas los llegaban a Pasto, si no morían en el camino.

La » chacana » estaba compuesta por unos maderos livianos de tres metros de largo, unidos entre sí por otros mas pequeños a semejanza de una escalera, por un colchón y unas cobijas que cubrían al enfermo, recostando la cabeza en una almohada. Posteriormente dos hombres fornidos preferiblemente de igual estatura se colocaban en los dos extremos y sobre sus hombros movilizaban la » chacana «. Se iban turnando de dos en dos porque quien acompañaba esta acción era un grupo numeroso.

Como se necesitaba un recurso humano calificado que dirigiera el Hospital, a Mary hija del alemán Jorge Fuerbringer se la mandó a estudiar medicina, convirtiéndose luego en un médico de prestigio, que en la actualidad trabaja en México.

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