¿El desagradecido?

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Jaime Erazo – Columnista. CNP Putumayo

Los políticos de profesión y sus acólitos se han inventado el calificativo de “desagradecido” para descalificar a aquellos que durante mucho tiempo fueron avasallados y que un día tuvieron la valentía de dejar esa indigna condición a la que estaban sometidos atreviéndose a pensar, a poner en tela de juicio o discutir argumentos y decisiones que responden más a sus intereses personales que a los intereses del partido al que dicen pertenecer.

Loros repetidores de palabras santificadas

Cuando se escucha a seres humanos repitiendo como loros palabras que sus “jefes” o, dicho de otra manera, “dueños y señores” les enseñan a pronunciar con fuerza y sonoridad en procura de complacerlos, lo primero que se puede preguntar es si saben realmente lo que significa esa palabra. Las respuestas fácilmente permiten identificar que están más confundidos que perros asustados con el estruendoso estallido de la pólvora durante la quema de los años viejos en un 31 de diciembre.

La confusión una estrategia política que deja buenos dividendos

Publimayo

Igual que la ignorancia y mantener mal informado al pueblo y a sus seguidores, la confusión es una estrategia que a los políticos de profesión les produce buenos resultados, empezando por desalentar la deserción de sus filas de la gran mayoría de timoratos que le siguen y aglutinan a su alrededor esperando en actitud servil obtener sus pobres y condicionados favores.

Pensemos un poco

Invito al lector a reflexionar sobre quien es más mal agradecido, si quien goza de las bondades y gabelas que se derivan de su posición o quienes con su esforzado trabajo político hicieron posible que esos personajes estén donde están. No se olvide que a los cargos de elección popular no se llega porque sí, se llega gracias al trabajo de cercanos colaboradores y al voto de un nutrido número de ciudadanos a quienes el electo les debe gratitud. Lo que sucede es que cuando llegan a ocupar el cargo al que aspiraban se olvidan de quienes lo elevaron a él, comienzan a esconderse, a no contestar el teléfono, a hacerse los difíciles para entrevistarse con ellos, a negarse, a mirarlos por debajo del hombro. Su mayor mal es el de la ingratitud que les endilgan a otros.

La apropiación de las oportunidades públicas

Como en  Colombia y específicamente el departamento del Putumayo, se carece de una adecuada red de bienestar social que asegure a los ciudadanos la satisfacción de sus necesidades básicas como empleo, educación, salud, vivienda, recreación, servicios de acueducto, aseo, alcantarillado, energía eléctrica y otros, los políticos de profesión tienden a apropiarse de las oportunidades públicas y a distribuir los cargos o trabajos disponibles como un favor personal, de igual manera las becas, las casas financiadas o subsidiadas por el Estado, los servicios públicos, todo a cambio del voto, es lo que conocemos como “clientelismo” mediante el cual se crea una relación de dependencia personal entre el político de profesión, el colaborador o el votante. La representación efectiva de estos señores se reduce o limita a los intereses de grupos muy específicos y localizados de electores, quedando huérfana la representación de la mayoría de los ciudadanos, como sujetos con intereses y convicciones sociales, económicas y culturales que constituyen las verdaderas fuerzas sociales.

Diferencias abismales

La diferencia entre lo que gana un congresista con lo que gana un empleado común y corriente es enorme. Al respecto, muchos se preguntan ¿Por qué tanta diferencia? Pero además de un exorbitante salario tienen derecho a primas, viajes, seguridad social, vehículo, telecomunicaciones, subsidio de vivienda y otras no tan santas. Su poder trasciende las funciones de legislar puesto que se extiende a lo administrativo, basta ver la influencia que los parlamentarios tienen en algunas instituciones del Putumayo para corroborar lo dicho.

Con todas esas gabelas o ventajas ¿no debería ser agradecido? Que no salgan con el cuento que las lograron por sí solos debido a su inteligencia o brillantez. Al respecto, decía un gran pensador que “son las circunstancias las que hacen al hombre y no el hombre a las circunstancias”. ¿Quién es desagradecido, el que todo lo tiene o el que poco o nada tiene?

El trabajo político de los colaboradores también vale

Los colaboradores cercanos que realizaron un intenso trabajo político son cohacedores y por lo tanto, en justicia, deberían ser también copartícipes de las bondades políticas y administrativas obtenidas. Cualquier nombramiento que se le haga a uno de ellos en la administración pública por su influencia se debe ver como la justa retribución a su trabajo, no como un favor. Ahora bien, los cargos no son de su propiedad ni los sueldos que reciben los nombrados salen de sus bolsillos. Entonces, de dónde sale el decir que fulano de tal es desagradecido porque el parlamentario tal o cual le dio de comer ¿Es que solo el trabajo del parlamentario vale?

El irrespeto al otro contradice el respeto que predican

El no estar de acuerdo con un político, el tener el coraje para liberarse del servilismo o vasallaje al que se le ha sometido, el hecho de discutir la manera de ver o de pensar, así como también las decisiones que toma el político profesional en relación con el partido del hace parte como un miembro más no coincide con el calificativo de desagradecido. Calificar a las personas de tal manera es un irrespeto a la otra persona que contradice el respeto que predican pese a las diferencias.

Jaime Armando Erazo Villota,
Miembro del Colegio Nacional de Periodistas
Mocoa, 7 de octubre de 2012
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