Reubicar la iglesia Inmaculada

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Jorge E. Kuaran – Columnista

Por: JORGE KUARAN

Si el sacerdote de la iglesia la inmaculada, construida sobre la zona rosa de Mocoa, no puede descansar tranquilo en sus aposentos, y unas cuantas ovejas con raza de borregos les molesta el dinamismo lógico que tiene el comercio de los locales de esparcimiento y diversión en Mocoa, propio de toda zona rosa en cualquier ciudad del mundo; pues lo más recomendable y santo es que se tome la decisión de reubicar la Iglesia la Inmaculada.

Ya que así les moleste a sus mercedes, toda ciudad y la ciudadanía en general tienen derecho a estos sitios públicos, como tienen derecho al trabajo las personas que desarrollan esta actividad y los propietarios de estos centros de esparcimiento, máxime cuando las autoridades regionales y locales todavía no han dado con la fórmula que ayude a contrarrestar el rampante y creciente desempleo que existe en Putumayo; digo que no han dado con la fórmula porque catastrófico sería pensar que ni siquiera lo han intentado o el tema del desempleo en Mocoa y Putumayo no están en sus agendas de gobierno, ya que hasta ahora no se ha escuchado ni una palabra al respecto.

De igual forma hay que ser claro y vehemente en manifestar que esta actividad comercial lícita es uno de los renglones que fortalecen la economía local de Mocoa, considerada una ciudad donde la mayor oportunidad para sostener los niveles de empleo están dados en el comercio formal e informal y la infraestructura que presta servicios de atención y turismo; de otro lado no vemos ninguna industria, ni reglones agropecuarios fuertes que apalanquen la economía del municipio, a parte de las instituciones gubernamentales que la mayoría sabemos no tienen la capacidad para emplear a toda la fuerza laboral Mocoense y Putumayense; amén de decir que los contratistas de obras y servicios de estas instituciones gubernamentales algunos son foráneos y los dineros no se ven reinvertidos en el circuito económico de la ciudad y la región, sino que pasan a engrosar las arcas personales y familiares en sus ciudades de origen.

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Otra cosa es que se siga alcahueteando la mojigatería y el pensamiento parroquiano de pocos, aún a costa y sacrificio de muchas familias que derivan su sustento de este comercio legalmente constituido, del cual tampoco entendemos el silencio soterrado de la Cámara de Comercio para defender a sus agremiados y la economía local.

Pretender ganar adeptos para la iglesia con actitudes inquisidoras de pedir a las autoridades locales que prohíban, persigan y castiguen todo acto que tenga que ver con el esparcimiento y la diversión, propias del género humano, no creo que sea el camino santo a seguir; más bien, si el Putumayo contara con sacerdotes Putumayenses que manejen y administren nuestra iglesia junto a un gran ejemplo de humildad, sencillez y desprendimiento económico como fue la vida de nuestro señor Jesucristo, creo que los adeptos a la iglesia Putumayense no se podrían contar en número alguno.

La Zona Rosa en Mocoa debe existir y debe quedarse en el lugar que se encuentra ya que es el mejor espacio que tiene la ciudad; lo que sí es un grave error es que el señor Alcalde de Mocoa actuara constriñendo, persiguiendo y limitando el libre desarrollo de este renglón económico, basado en las presiones de sermones beatones y puritanos. Ω

 

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