Guillermo Perry destaca el rol desempeñado por Guillermo Rivera en el trámite de la Reforma a la Justicia

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No baje la guardia, Presidente!

La debacle de la reforma de la justicia hizo perder mucha credibilidad a los tres poderes públicos. Los ciudadanos nos percatamos de que continuamos con un Congreso impenitente, cuya mayoría de miembros no piensa sino en su propio interés y lo promueve a cualquier costo. De poco han valido el proceso 8.000 y el de la ‘parapolítica’.

También encontramos que muchos magistrados actúan en forma parecida: hacen hasta lo impensable para mantener y agrandar su cuota de poder y sus privilegios. La opinión también culpa al Gobierno por estar dispuesto a transigir en estas materias, en particular con el Congreso, para poder sacar adelante sus iniciativas de reforma legislativa. Hubo un inmenso clamor ciudadano a favor del ‘no todo vale’, muy similar al que casi lleva a la Presidencia a Antanas Mockus, por el enorme descontento que había en ese entonces con las prácticas uribistas. Pero, en estas condiciones, lo peor que podría pasar ahora es que el Gobierno se eche para atrás en su agenda de reformas.

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Lo que más molestó a la opinión es que el Congreso hubiera convertido el trámite de la reforma de la justicia en una oportunidad para quitarse de encima las investigaciones y sanciones de pérdida de investidura. Y que muy pocas voces, con excepción de las de Guillermo Rivera, Alfonso Prada, Germán Varón y algunos otros, se hubiesen alzado contra este proceder. Molesta también que muchos magistrados, después de hacer todo tipo de lobby para que no cambiaran las cosas, se resignaron a cambio de una extensión de su periodo. Y una buena parte de la opinión quedó muy molesta con el Gobierno porque, justa o injustamente, piensa que se prestó a estos juegos.

Todos somos generales después de las batallas. Parece hoy claro que el Gobierno cometió un error al incluir en su iniciativa el tema del juzgamiento de los congresistas y de la Comisión de Acusación. En un Congreso con muchos de sus miembros bajo investigación, esto resultó equivalente a poner a los ratones a cuidar el queso.

Por fortuna, el exministro Esguerra asumió valientemente su cuota de responsabilidad por lo que sucedió, presentando su renuncia irrevocable, y el presidente Santos ejerció toda su capacidad de liderazgo para hundir el esperpento que salió de la Comisión de Conciliación. Gracias a estas dos actitudes, el Gobierno conserva un grado mínimo de credibilidad y podría recuperar fácilmente la que ha perdido, si actúa con vigor.

Preocupa por ello que el Presidente diga que ya hizo las reformas prometidas y que se hable de que no hay ambiente para presentar la reforma tributaria o la pensional. Estas iniciativas resultan indispensables para sanear las finanzas públicas y complementar otras reformas que el Gobierno ya ha logrado, y para introducir un mínimo de equidad en los impuestos y en el gasto. Si el Presidente se la juega toda por ellas, como lo hizo al hundir la reforma de la justicia, puede sacarlas adelante. Pero, para lograrlo, tiene que estar dispuesto a retirarlas si el Congreso se empeña en cobrar un peaje inaceptable por su tránsito.

Lo que no debe hacer el Gobierno es botar ahora la toalla. Si se ‘patrasea’, terminará como un animal herido (como un lame duck, en la conocida frase anglosajona), limitándose a defenderse de los ataques de la oposición, que estuvo a punto de cobrar un doble dividendo: desprestigiar al Gobierno y sacarse de encima las investigaciones judiciales de sus exfuncionarios y aliados políticos. Más aún, ante la gran incertidumbre que aún reina en Europa y en los mercados financieros internacionales, resulta indispensable un liderazgo fuerte del Gobierno, que no solamente continúe con las reformas fiscales necesarias, sino que esté en capacidad de enfrentar con éxito una eventual tormenta económica.

Guillermo Perry

Fuente: eltiempo.com, disponible en: http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/guillermoperry/no-baje-la-guardia-presidente_12010171-4

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