No hay de otra: en elecciones hay que participar


Jaime Erazo <br>Buenos Aíres. Argentina

En época electoral se vuelve común escuchar quejas, lamentos, insultos y acusaciones hacia quienes gobiernan y hacia los candidatos a cargos de elección popular que militan en uno u otro partido o movimiento político. Como quien dice: cada cual juzga por su condición. Son personajes que se pueden agrupar caracterizándolos por la actitud o el comportamiento que asumen durante el proceso electoral. Veamos algunos de ellos:

 

Los impuros que se creen puros

 

Lo que más sorprende es escuchar a estos personajes (en su gran mayoría de “dudosa ortografía” política y administrativa) expresándose en público como si nunca hubieran hecho nada y como si fueran indiscutibles autoridades éticas y morales. Son los más ponzoñosos o virulentos, cada frase, cada palabra contra los que considera sus enemigos posee una alta concentración de mortal veneno moral. Olvidan que no están libres de pecado y que por lo tanto deberían dejar de tirar la primera y restantes piedras. Clasifican o señalan a los gobernantes en “buenos” y “malos”, de ahí que su concejo es votar por los que ellos catalogan de como “buenos”.

 

Los que se creen salvadores del pueblo

 

Para éstos personajes su principal obsesión es el pueblo y en cuyo nombre pronuncian, en contra de los gobernantes y candidatos, expresiones cargadas de calificativos tomados del vocabulario “revolucionario”. Son frases de cliché o de cajón que se repiten y se lanzan con ínfulas de ser los defensores del subyugado y explotado pueblo. No es extraño escuchar de su boca palabras como “lacayos de la clase dominante”, “pequeños burgueses”, “lumpen burguesía”, “esquiroles”, “explotadores”, “vende patrias”, “represores”, etc. Son los que incitan a acabar con el sistema dominante pero en la práctica no hacen nada para cambiarlo, su “ideología revolucionaria” solo es de dientes para afuera. Entre sus propuestas en relación con el voto son las de no votar o votar en blanco.

 

Los que tiran la piedra y esconden la mano

 

Sin ir muy lejos ni dar tantos rodeos, son los que escriben pasquines y mensajes en las redes sociales (Facebook, Twiter, etc.) o utilizan correos electrónicos haciendo comentarios con falsos nombres. Se autodenominan con nombres sugestivos como “La voz de la conciencia” y otros que dan a entender que son justicieros persiguiendo a los corruptos, los que extirpan los tumores cancerígenos de la sociedad y que limpian la sociedad de las papas podridas. Su gran debilidad es la cobardía, por eso no pueden dan a conocer su identidad. Se especializan en tirar la piedra desde la tenebrosa penumbra del anonimato donde esconden la mano. Electoralmente tienen definida su predilección bien definida, por eso atacan a quienes consideran sus contrincantes o enemigos vaciando en sus pasquines y mensajes toda la pus que los carcome.

 

Los pesimistas

 

Los hay pesimistas de verdad pero también los falsos pesimistas, es decir, los genuinos y los hechizos o que se hacen para esperar que en los últimos días de las campañas le llegue una tentadora oferta, por eso resisten y resisten hasta que finalmente dan su brazo a torcer por un buen pedazo de pastel. Los genuinos o verdaderos pesimistas son los que todo el tiempo viven pronunciando la frase “todos los políticos son iguales, son unos…” (agregándole las consabidas palabras: mentirosos, ladrones, hache pes, ratas, serrucheros, tránsfugas, etc.). No los convence nadie, como se dice, ni el mismísimo patas, por eso a éste tipo de personajes los políticos les llaman los “gallinazos” ya que dispararles para que voten francamente es “gastar pólvora en gallinazo”. Electoralmente son los abstencionistas.

 

Los indiferentes

 

Son parecidos a los anteriores pero se diferencian en que no se pronuncian ni a favor ni en contra de nadie. Son algo así como ciegos, sordos y mudos. Como se dice en el argot popular: “no rajan ni prestan el hacha”. Electoralmente son susceptibles de optar por favorecer con su voto a candidatos que generalmente  le recomiendan sus familiares, amigos o conocidos sin importarles quien es ni que propone.

 

Los independientes

 

Este tipo de personajes si es bien curioso. Son los que viven expresando a voz en cuello que ellos son “independientes”, que viven de su trabajo y no de la política. Eso sí, cuando se trata de alguna decisión o medida gubernamental que los afecta, “los independientes” son los que más “chillan”, los que se rasgan las vestiduras, encabezan las manifestaciones y le gritan a los gobernantes, diputados y concejales “palabras de grueso calibre”, les dicen hasta de que se van a morir. Como son “independientes”, su postura electoral es la de votar por el candidato que les da la gana (así de sencillo…sin más pelos ni señales son víctimas del espejismo del discurso libertario de la modernidad), en su defecto no votan por nadie pues terminan creyendo a fe ciegas en su propio cuento.

 

Los quejumbrosos o quiméricos

 

Es el grupo de los que están derrotados o casi derrotados. Son los que en vez de asumir una actitud digna y luchadora frente a la situación que los afecta, se la pasan quejándose prácticamente de todo: de la situación económica, social, administrativa, cultural, vial, etc. La manera y el tono como lo dicen indica que están en un estado de apatía crónica ya que la permanente búsqueda consciente o inconsciente de quien les brinde compasión o conmiseración, hace que electoralmente voten por el candidato que se las brinde no importando quien sea, ni como sea, ni que es lo que propone. Es el que va mansito a la mesa de votación.

 

No hay de otra…a participar

 

Un criterio muy difundido dice que “quien no participa no tiene derecho a opinar”, Para dejar de hacer el ridículo con posturas quejumbrosas, resentidas y muchas veces quiméricas, la mejor manera es participar activamente en la toma de decisiones más importante para la vida de los municipios, el departamento y el país: las elecciones.

La otra manera es asumir una postura crítica frente a la realidad, postura que admite el intenso debate de las ideas y la argumentación sin caer en el insulto rastrero de los impotente, de los incapaces, de los que sufren del complejo de inferioridad y de los que tienen tendencias delincuenciales que los obliga a recurrir a las palabras soeces o en el peor de los casos a esconderse en el anonimato para expresar su elemental opinión, más emocional que racional, desde donde “tirar la piedra y esconden la mano”.

 

Jaime Armando Erazo Villota
Buenos Aires, 17 de septiembre de 2011

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